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viernes, 10 de agosto de 2012

En deuda con la educación inicial

(El Presidente del Consejo Directivo del IESA, Gustavo Roosen, reconoce que a pesar del compromiso demostrado por el empresariado venezolano para la conformación de instituciones de educación superior de gran valor para la sociedad, hay una deuda pendiente con la educación inicial, fundamental para la transformación del país. Publicado en el diario El Nacional el 6 de agosto de 2012)

El tema de la educación nunca está de vacaciones. Al contrario, la pausa entre un curso lectivo y otro debería ser tiempo de reflexión, de evaluación, de planificación, de preparación. Tiempo para preguntarse por los asuntos fundamentales. Uno de ellos, con seguridad, el de la educación inicial.

Ése fue precisamente el tema sobre el que compartimos criterios y preocupaciones en el reciente encuentro del Dividendo Voluntario para la Comunidad, DVC, nacido en los albores de la democracia, como Fe y Alegría, el IESA, la Universidad Metropolitana, el Centro Médico-Docente de la Trinidad y otras tantas organizaciones creadas por empresarios con un alto sentido nacionalista y de responsabilidad social. Todavía vigente gracias a una buena gerencia, una sostenida tradición de apoyo social y el compromiso renovado de las generaciones de relevo, el DVC ha volcado su sentido de responsabilidad social a los objetivos niñez y educación.

Se inscribe así en lo que debería ser el gran reto nacional de transformar el país desde la educación, una de cuyas primeras metas no puede ser otra que lograr la cobertura universal de los niños menores de 6 años, es decir los incluidos en las etapas maternal y preescolar, primer nivel de la educación básica según se establece en el artículo 25 de la Ley Orgánica de Educación vigente.

Consagrada constitucionalmente la obligatoriedad de la educación maternal y preescolar (artículo 103 de la Constitución) la realidad dista mucho de su cumplimiento. Para el año 2011 apenas el 37,5% de los niños entre 0 y 6 años y solo el 13% de los menores de 3 eran atendidos por algún programa educativo, datos que evidencian el tamaño del abandono y de la deuda con esta vulnerable porción de la población.

Relegada o poco atendida en las políticas públicas, la educación inicial ha venido imponiéndose en las conciencias como unas de las claves del desarrollo de las personas y de la sociedad. Abundan la literatura y las demostraciones sobre la importancia de los primeros años para el desarrollo afectivo y cognitivo de la persona y para su integración social.

Asegurarla para todos es el primer paso para comenzar a hacer efectiva la igualdad de oportunidades y reducir las causas de la pobreza. La inversión en educación temprana, ha dicho James Heckman, Premio Nobel de Economía (2000), promueve equidad y justicia social, a la vez que favorece la productividad.

Para los integrantes del Foro Cerpe, preocupados por la brecha entre lo establecido en la Constitución y la realidad de nuestro sistema educativo, la atención prioritaria a la educación inicial forma parte esencial de su propuesta para transformar el país con la aplicación de un sistema educativo de calidad en todos sus niveles.

Nunca será suficiente lo que se haga para atenderla debidamente, para mejorarla en cantidad y calidad, para formar a quienes deben ocuparse de ella, para aplicar los mejores métodos y criterios, para interesar e involucrar a toda la sociedad. Siempre debió ser una prioridad. La realidad presente la hace todavía más apremiante. La transformación de la pirámide poblacional venezolana, que a partir de 2015 mostrará una reducción de la población menor de cinco años, debería ser una nueva razón para incrementar la inversión en programas dirigidos a la atención temprana de nuestros niños.

Frente al derecho humano y constitucional que significa la educación inicial es clara la responsabilidad del Estado, obligado a respetarlo, protegerlo, satisfacerlo y garantizarlo, pero también la de la sociedad y de la familia, responsables de exigirlo y de unir esfuerzos con el Estado para alcanzarlo.

Se trata de hacer efectiva esa "tríada solidaria entre sociedad, familia y Estado" planteada en la Constitución de 1999 para asegurar la realización de los derechos sociales. Si en algún ámbito es especialmente indispensable el funcionamiento de esta triada es en el de la educación. La iniciativa del DVC de centrar su estrategia de Responsabilidad Social en la educación inicial se enmarca en este esfuerzo compartido.
nesoor@cantv.net

jueves, 3 de febrero de 2011

Ramón Piñango \\ El compromiso necesario

La oposición ya muestra su ansiedad por las elecciones de 2012. Ha comenzado a hablar de candidaturas y métodos para seleccionar a quien ha de competir con Hugo Chávez.

Ciertamente, si la oposición escoge un buen candidato y maneja adecuadamente su campaña, tendrá opciones de triunfo. Pero ello no significa que el triunfo sea seguro ni tampoco que conlleve un buen gobierno. Y esto es lo que todos queremos. Desplazar a Hugo Chávez del poder no puede ser un fin en sí mismo.

La transformación positiva del país exige mucho más: una dirigencia ­un liderazgo, si se quiere­ convencida de que aspectos fundamentales de la organización y orientación de la sociedad venezolana deben ser repensados. Aunque suene grandioso, podría decirse que el país requiere un nuevo contrato social.

La expresión "contrato social" puede ser entendida de muy diferentes maneras e incluir una amplia variedad de asuntos. Sin embargo, hay uno, insoslayable en la Venezuela de estos tiempos: el replanteamiento de las relaciones con los trabajadores del país, para asegurarles un trato justo como verdaderos socios indispensables en los procesos productivos de bienes y servicios muy diversos. Sin ese trato no se producirá el compromiso de los asalariados con el éxito de las organizaciones para las cuales trabajan ni con el progreso de la nación, y tampoco habrá paz política y social duradera.

El compromiso de la dirigencia política y económica del país con los asalariados ha sido débil en la cuarta y en la quinta república. Ejemplos sobran. Luego del importante avance ocurrido en los años cuarenta y algunos logros modestos en la segunda mitad del siglo pasado, quedaron pendientes asuntos fundamentales como el establecimiento de un sistema efectivo de seguridad social. De hecho hubo engaños como la eliminación del régimen de prestaciones dobles con el argumento de que ese régimen creaba tal incertidumbre y tales costos que se inhibía el aumento del empleo y de las remuneraciones.

Además se prometió la creación de un sistema de seguridad social que nunca ocurrió. No es asunto de defender las prestaciones dobles sino de señalar el engaño y que los sectores dirigentes del país no mostraron ninguna diligencia para que se creara un sistema de seguridad social amplio, efectivo y viable. En la quinta república hemos sufrido un retroceso como lo demuestra el sostenido esfuerzo oficial para eliminar la contratación colectiva y los sindicatos. Nada de esto puede volver a ocurrir.

El compromiso con los trabajadores ­categoría social que no sólo incluye a los obreros­ va más allá de lo estrictamente laboral, para abordar temas esenciales como vivienda, salud y educación. La escasez de viviendas dignas, la condición deplorable de los hospitales y el lamentable funcionamiento de buena parte de escuelas básicas y los liceos evidencia el débil compromiso de las élites de la cuarta y de la quinta con los trabajadores de menos ingresos. Ese compromiso deberá ser asumido por diversos sectores. Por ejemplo, la banca tendrá que abandonar su actitud conservadora para atender con creatividad a trabajadores de menos ingresos. El Estado deberá trazar políticas que incentiven la invención de nuevos productos financieros y maneras novedosas de atender a clientes no tradicionales, pero, por su parte, el mismo sistema financiero tendrá que ingeniárselas para tomar la iniciativa y hacer propuestas atractivas.

Hacer realidad un nuevo trato con los trabajadores no será fácil. Ciertos tecnócratas argumentarán que primero hay que atender la producción. Nos guste o no, los tiempos no están para viejos simplismos. No habrá manera de sobrevivir como nación sin creatividad, sin audacia y sin compromiso para lograr compromiso.

Artíuculo de opinión
Jueves, 03 de febrero de 2010
www.el-nacional.com
www.iesa.edu.ve