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jueves, 7 de junio de 2012

Relevancia del capital intangible


(Para Maritza Izaguirre, miembro del Junta Ejecutiva del IESA, el capital intangible se fortalece únicamente con instituciones públicas sólidas, para garantizar la adecuada eficiencia en el uso de los recursos. Publicado en el diario El Nacional el 5 de junio)


En publicaciones recientes del Banco Mundial (Canuto y Cavallari, 2012), los autores identifican, entre otros, el capital social, el desarrollo del talento humano y la innovación como factores que, combinados con una inteligente intervención del Estado, logran la modernización y el progreso de la sociedad.

Se refieren a ello como el capital intangible, para diferenciarlo del capital productivo y del capital natural, este último asociado con la abundancia de recursos naturales, cuya utilización favorece al Estado con importantes recursos financieros.

En sus investigaciones llegan a la conclusión de que la calidad de las instituciones públicas y la gobernabilidad juegan un papel relevante. Ello explica por qué algunos países desafían la maldición de los recursos naturales, mediante la formulación de políticas adecuadas, adopción de estrategias destinadas a fortalecer el capital físico, la capacidad productiva y el capital humano, lo que contribuye a disminuir su elevada dependencia del ingreso fiscal originado en la explotación de dichos recursos.

Es así como la riqueza súbita, en un entorno de debilidad institucional y gobernabilidad limitada, conduce con frecuencia a la ineficiencia e ineficacia en el uso de los recursos. Cuando el Estado actúa sin los balances y controles, propios del Estado de Derecho, ocurre con frecuencia la apropiación de lo producido por grupos vinculados al entorno gobernante, se enriquecen unos pocos en detrimento de las mayorías; la utilización sin control de enormes recursos que alimentan a un Estado poderoso, el cual, con frecuencia, incurre en el financiamiento de programas y proyectos de dudosa rentabilidad que al reducirse el ingreso fiscal incurren, para mantener el nivel de gasto, en el endeudamiento y comprometen, así, a las futuras generaciones.

De allí la importancia de disponer de un sector público capaz y eficiente, que actué con transparencia y respete el Estado de Derecho, que promueva la transparencia en las decisiones y fortalezca el capital humano y social, y así genere confianza y estimule la creación de empleo, ahorro, inversión y solidaridad.

Dado que somos un país que vive de la renta petrolera, y que nuestras oportunidades para lograr la verdadera independencia se alejan por el entorno que nos rodea, se hace urgente un cambio de rumbo.

Por lo tanto, a participar, para que mediante el voto libre y secreto optemos por la opción que asegure el incremento en nuestra sociedad del capital intangible, clave del crecimiento sostenido.

izaguirre.maritza3@cantv.net

viernes, 11 de mayo de 2012

Capital social y participación


(Para Maritza Izaguirre, miembro de la Junta Ejecutiva del IESA, la eficiencia de las instituciones encargadas de atender a los ciudadanos es fundamental para la creación de una sociedad abierta al progreso y al cambio sin exclusiones. Publicado en el diario El Nacional el martes 8 de mayo de 2012. Foto de Cristian Hernández)


En otras oportunidades hemos destacado la relevancia del capital social en una sociedad. De allí la importancia de la participación de los actores sociales, su nivel de organización y presencia en el proceso de toma de decisiones, a objeto de que las instituciones respondan a las exigencias de la coyuntura actual que vive el país.

La sociedad venezolana demanda organizaciones capaces de afrontar los múltiples problemas que afectan al ciudadano en su vida diaria.

Casos exitosos implican la existencia de instituciones eficientes, políticas públicas que estimulan la participación de los ciudadanos de todo nivel y, lo más importante, conductas transparentes por parte de la autoridad responsable. De esta manera la sociedad afronta con mayor eficiencia los diversos problemas que día a día inciden en la vida de los ciudadanos.

Al contrario, cuando las condiciones mencionadas no están presentes se genera un sentimiento de desconfianza hacia la autoridad que refuerza la ineficiencia institucional.

En la Venezuela de hoy frecuentes incidentes señalan la debilidad de nuestras instituciones y la falta de confianza del ciudadano en sus autoridades.

El deterioro de los servicios públicos refleja el debilitamiento progresivo de las organizaciones responsables; la creciente inseguridad; el descuido de la infraestructura vial y, lo más importante, la falta de planes de mantenimiento rutinario, llevan, entre otros, a que la población se sienta abandonada por sus autoridades y desconfíe de las mismas.

Se exige, por lo tanto, un cambio de rumbo que facilite el fortalecimiento del capital social, mediante la presencia de actores conscientes de su importancia en la construcción de una sociedad abierta al progreso y al cambio sin exclusiones.

En nuestro caso, no es sólo hablar de la contribución del otro en el diseño de políticas y marcos legales, sino asegurar que el derecho a la consulta se cumpla, a través de mecanismos idóneos, tomando en cuenta los distintos puntos de vista a fin de asegurar el consenso necesario para su aplicación posterior. La emergencia de los actores sociales, actuando responsablemente, cataliza la interacción y fortalece el capital social.

Curiosamente, lo anterior no necesariamente implica generar marcos regulatorios rígidos e inflexibles; por el contrario, las experiencias positivas, señalan que a mayor interferencia del Estado el promover marcos legales complejos, difíciles de aplicar, lleva a la conducta contraria: la no observancia y el irrespeto colectivo de la norma.

Día a día somos testigos de lo señalado.

izaguirre.maritza3@cantv.net