jueves, 3 de octubre de 2013

Merkel y la empresa privada

Gustavo Roosen
El Nacional - 30 de septiembre de 2013

¿Tienen algo en común dos reconocimientos tan distantes como el triunfo electoral de Angela Merkel en Alemania y la percepción del venezolano corriente respecto a la importancia de la empresa privada para el progreso de todos? Ciertamente sí. Ambos, cada uno en su terreno y en su dimensión, expresan un estado de confianza, la respuesta a una acción eficiente y una mayor conciencia colectiva de la realidad. Ambos premian una actitud de responsabilidad ante la sociedad y un modelo de trabajo eficaz.

Con 42% de los votos, 8 puntos más de lo obtenido en el año 2009, el partido de Merkel –la Unión Demócrata Cristiana– acaba de obtener el mejor resultado electoral registrado desde 1990, muy cerca de la mayoría absoluta, conseguida sólo por el legendario canciller Konrad Adenauer en 1957. La lectura de las elecciones confirma que los alemanes creen que están mejor que en 2009, a pesar de la crisis europea, y reafirma la popularidad de Merkel, más allá incluso de su propio partido.

En nuestro terreno, la reciente encuesta de Alfredo Keller demuestra la recuperación de la imagen del empresario a los ojos del venezolano. 81% de los encuestados está de acuerdo con la afirmación de que “la existencia de muchas empresas privadas es importante para el progreso de todos los venezolanos”. El porcentaje de acuerdo es todavía más alto, 92%, entre quienes se ubican políticamente como independientes, y alcanza un muy positivo 66% incluso entre quienes se definen como chavistas.

¿Qué se reconoce en Merkel? El voto alemán ha sido interpretado como una afirmación de confianza en el sentido de dirección adoptado por el país y en la persona que lo conduce. Es el reconocimiento al liderazgo y al trabajo de la canciller Merkel, a su tesón, su visión, su capacidad para inspirar y dirigir un sostenido esfuerzo de recuperación, para proponer con sinceridad el tratamiento adecuado a los desajustes económicos, para lograr la comprensión e incluso el sacrificio de los ciudadanos. Y todo con discreción, con prudencia, sin estridencias, con esfuerzo, con austeridad y disciplina.

¿Qué reconoce el venezolano al empresario privado? Su función y su aporte. Pese al enfrentamiento con un Estado poderoso que ha mantenido una política de acoso, desprestigio, intervención desmedida, buena parte del empresariado se ha mantenido fiel a su función de ofrecer servicios y productos y de hacerlo con calidad. La capacidad para superar los obstáculos, para reinventarse y crecerse en las dificultades, ha contribuido al crecimiento de su aceptación entre los venezolanos. Para un número cada vez mayor de personas el empresario se ha convertido en un factor indispensable, tanto si se piensa en él como generador de oportunidades de empleo como si calcula su contribución en la oferta de bienes y servicios o en la promoción de una política de responsabilidad social. Para quien sabe que el futuro depende de su propio esfuerzo, la oportunidad de crecer está ligada indefectiblemente al trabajo, nunca a la dependencia.

Además de su propio trabajo, a la mayor aceptación de la empresa privada por parte de los ciudadanos ha contribuido el contraste con los resultados de la pretensión del Estado de convertirse en empresario, de abarcarlo todo, de intervenir en todo. La población lo ha percibido y lo ha padecido. Se ha hecho visible la falacia de un poder con enorme compulsión para entorpecer pero muy escasa capacidad para producir.

Las dificultades han demostrado la fortaleza del empresario serio cuya conducta se caracteriza por la voluntad de seguir adelante, la perseverancia, la confianza en su equipo, la decisión de mejorar sistemáticamente para ganar en productividad, en competividad, en capacidad de servicio a la comunidad. La empresa privada ha probado con hechos su compromiso con la promoción del desarrollo y de la calidad de vida de las personas.

El triunfo de Merkel en Alemania y el reconocimiento por parte de la población del valor de la empresa privada en Venezuela deben verse como una señal de realismo y sensatez.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El gran tema olvidado

Gustavo Roosen
El Nacional - 16 de septiembre de 2013

El gran tema olvidado no es otro que el de la educación. ¿Cuáles son, de hecho, las preocupaciones de nuestra sociedad a las puertas del nuevo año escolar? La de las autoridades -en el mejor de los casos- adecuar las instalaciones, programar el calendario escolar, asegurar la dotación de materiales. La de los padres, cubrir los costos de matrículas, uniformes y útiles escolares. 

La de los maestros, la resolución de los conflictos pendientes y la asignación efectiva de recursos. Y de la pertinencia y calidad de la educación, ¿quién se preocupa? ¿Quién de la formación y actualización de los maestros, del reconocimiento y dignificación de su función? Parecería que el tema de la educación no es motivo de preocupación para los venezolanos. Reducido al ámbito de ministerios, escuelas, universidades, sindicatos o asociaciones, ha dejado de interesar a la comunidad como algo trascendente y ha pasado a mostrarse sólo de tiempo en tiempo como espacio de conflicto. 

Abrumados por los problemas, hemos desatendido lo que debería verse precisamente como su origen y su solución. Nadie, en efecto, pondría en duda la importancia de la educación para combatir la desigualdad. La apertura de oportunidades de una educación de calidad para todos es -se ha comprobado- el mejor camino para avanzar en los propósitos humanos de justicia e igualdad. 

No ocuparse de ella es alimentar la desigualdad. No importa dónde se ponga el acento, la importancia capital de la educación se hace siempre presente. ¿No depende, en efecto, de ella la formación para el trabajo, la calidad profesional, la productividad, la generación de conocimiento, la innovación? ¿No son las deficiencias en el sistema educativo las que explican en buena parte la falta de capacitación, el desempleo y el empleo informal? Ni qué decir del ámbito humano y social, de la formación para la vida, para la responsabilidad, para los valores de dignidad y honestidad, para el ejercicio de la libertad y de la solidaridad, para el entendimiento y la cooperación. 

¿Qué está fallando en nuestra educación que vemos con alarma el crecimiento de la deserción escolar, del embarazo precoz, de la presencia de los jóvenes en los índices de criminalidad? El círculo se cierra: educación de escasa calidad, empleo de escasa calidad, ciudadanía de poca calidad, democracia de poca calidad. Cualquier momento debería ser bueno -pero especialmente el inicio del año lectivo- para poner atención a los problemas que arrastra nuestro sistema educativo, pero sobre todo para pensar y trabajar en los elementos claves de una educación de calidad, en la actualización de métodos y contenidos, la capacitación docente, la recuperación de la figura del maestro y su reconocimiento social, la integración de la comunidad educativa y su participación. Se trata de rescatar el tema de la educación del conflicto inmediato y de ubicarlo en el plano de trascendencia que le corresponde. 

No es una tarea sólo de los educadores, aunque ellos deberían ser sus primeros impulsores; tampoco sólo de las familias ni de los estudiantes, ni sólo de las autoridades. La educación pertenece a la sociedad. No puede estar en manos de los partidos, ni de los sindicatos, ni de las apetencias ideológicas de control. La sociedad, sin embargo, no parecer estar dispuesta a darle la importancia que merece. La educación ha perdido espacio en la atención del ciudadano e, incluso, en el discurso político. Sería indispensable que estuviera presente en la voz de los líderes. 

Si es su función hacer que la sociedad se ocupe de los temas fundamentales, la educación debería tener en su agenda posición privilegiada. Los países que han prosperado son aquellos en los cuales la educación ha sido asumida de verdad como una prioridad, no como un entusiasmo momentáneo ni una declaración electoral oportunista, sino como una política nacional consensuada y permanente. Levantar la bandera de una mejor educación, universal y de calidad es una obligación de la sociedad y una señal de su lucidez.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Legalización del mercado paralelo

Pedro Palma
El Nacional - 9 de septiembre de 2013



La modificación de la Ley de Ilícitos Cambiarios, con el fin de legalizar el funcionamiento del mercado paralelo de divisas, enmendaría el grave error cometido en mayo de 2010, cuando se prohibieron las transacciones cambiarias realizadas en el mismo, transformándose éste en un mercado negro. Como siempre ocurre, esa prohibición no impidió que dicho mercado siguiera funcionando y, que a la larga, se operara en él un encarecimiento desproporcionado de la divisa.



Esto ha creado una enorme disparidad entre los tipos de cambio libre y oficial que causa severos problemas. Uno de ellos es la creciente ineficacia del control cambiario, ya que el anhelo por las divisas preferenciales artificialmente baratas genera corruptelas y asignaciones indebidas de las mismas, lo que se traduce en una escasez creciente de dólares para la realización de importaciones necesarias. Otro problema que se produce es la exacerbación de las presiones inflacionarias porque los precios tienden a establecerse por los costos esperados de reposición, los cuales, a su vez, están muy influidos por la tasa de cambio libre.

La corrección de estos problemas y distorsiones, o al menos su mitigación, exige como condición necesaria, más no suficiente, la normalización de operaciones en el mercado libre, buscando con ello la reversión de la tendencia alcista de la tasa de cambio paralela y la reducción de la brecha entre los tipos de cambio. Para ello hay que actuar sobre las dos fuerzas que intervienen en ese mercado, es decir la oferta y la demanda de divisas.

En cuanto a la oferta, se requiere modificar la normativa cambiaria vigente con el fin de permitirle al Banco Central de Venezuela y a otras organizaciones públicas y privadas vender divisas en ese mercado. A tales fines es necesario mejorar el flujo de caja de Pdvsa para que pueda disponer de una mayor cantidad de moneda extranjera que le permita, entre otras cosas, incrementar su venta de dólares al BCV y vender parte de sus divisas directamente en el mercado libre. Para ello es fundamental, entre otras cosas, suspender las transferencias de divisas que tiene que hacer al Fonden y a otros fondos que financian gasto público, reducir sus cuentas por cobrar y minimizar las ventas de petróleo subsidiado a otras naciones.

Adicionalmente, hay que suspender las transferencias de reservas internacionales del BCV al Fonden y permitirle a los exportadores no tradicionales vender sus dólares en el mercado libre, lo cual se podría traducir en un fuerte incentivo a la producción de bienes transables. También convendría legalizar la venta de divisas en ese mercado por parte de empresas foráneas que prestan sus servicios en el país y que reciben sus pagos en moneda extranjera, así como legalizar la libre actuación de otras empresas y de personas naturales.

En cuanto a la demanda, es fundamental limitar la cantidad de dinero que se puede canalizar hacia ese mercado, para lo cual hay que hacer esfuerzos permanentes con el objetivo de racionalizar las finanzas públicas a través de la limitación del gasto y del endeudamiento, así como de la sinceración de las tarifas de los servicios públicos y de los precios de los bienes producidos por el Estado, la gasolina entre ellos.

Adicionalmente se necesita implementar una política monetaria restrictiva que esterilice buena parte de la enorme liquidez excedente que tiene la banca y elimine la monetización del gasto público deficitario, minimizando el financiamiento del BCV a empresas públicas. También hay que actuar con decisión en la lucha contra la inflación y en la creación de un clima propicio para la actividad económica privada, lo cual reduciría la avidez por adquirir dólares como un mecanismo de protección y defensa del patrimonio.

Como se ve, no sólo basta con legalizar el mercado paralelo. Hay que complementar esa acción con muchas otras medidas para lograr los objetivos deseados.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Ingenuos y radicales

Ramón Piñango
El Nacional - 10 de septiembre de 2013

En los medios se aprecian dos posiciones opositoras diferentes ante la realidad política del país. Para unos, vivimos una circunstancia lamentable, preocupante, consecuencia de un mal gobierno durante catorce años, gobierno que podemos sustituir mediante unas elecciones normales, con el apoyo de las mayorías. 

Para otros, el desastre es mayúsculo, producto no sólo de un mal gobierno sino muy especialmente del sostenido esfuerzo para implantar un Estado comunista, lo cual ha mermado la libertad de los ciudadanos, incluyendo la libertad de expresión; por tal razón, el régimen no saldrá tranquilamente del poder en limpias elecciones. Según los primeros, la radicalidad de los segundos constituye un obstáculo para el triunfo electoral. Para los segundos, la ingenuidad de los primeros conduce a la pérdida definitiva de la poca libertad que aún nos queda y al desastre final.

¿Les creemos a los ingenuos o a los radicales? Abundan los  argumentos a favor de cada una de esas posiciones opositoras. 

Quienes defienden a capa y espada la salida electoral –por lo que hay que hacer que la gente vote el 8D– esgrimen que ya ensayamos recursos como el paro, las guarimbas, la abstención en las elecciones parlamentarias; que hemos avanzado significativamente elección tras elección, que casi ganamos o ganamos en las elecciones de abril, que el deterioro de Maduro y su gobierno cada vez tiene más rechazo, que cualquier otra salida conduce al oscuro camino de la violencia.

Quienes creen que hay que explorar otros caminos distintos del electoral plantean que los gobiernos de vocación comunista a la cubana carecen, por definición, del talante democrático para aceptar resultados electorales desfavorables, que así lo demuestra la historia, que es tal la degradación del país en todos los ámbitos que no puede esperarse más o el hundimiento será total y la recuperación tomará décadas de sacrificios. En consecuencia, afirman que el enfrentamiento directo es lo que puede hacer desistir al régimen de sus avances dictatoriales.

Si algo está lleno de ejemplos y contraejemplos es la historia. Por eso no se pueden tomar las apreciaciones y prescripciones políticas como verdades absolutas o infalibles recetas claramente respaldadas por la experiencia. Cada una de las posiciones señaladas tiene aristas dignas de ser tomadas en cuenta. Por ejemplo, los avances electorales son innegables, pero ello no significa que un futuro triunfo vaya a ser reconocido o, lo que es más importante, que será defendido con contundencia por el liderazgo opositor actual. Esta desconfianza está basada en un hecho tan histórico como el inoportuno paro de 2002. Por otra parte, creer que el enfrentamiento directo, posiblemente violento, inmediatamente y sin mayores consideraciones, precipitará la caída del régimen suena tan ingenuo como creer que mansamente saldrá por elecciones.

Lo que está escrito es que cada circunstancia histórica trama sus propias condicionantes a la acción humana y ofrece salidas no siempre obvias ni visibles. Por eso hay que insistir en que si bien debe trabajarse para el triunfo en las elecciones del 8D, debe prepararse su defensa efectiva ese mismo día y los días subsiguientes. Si parte del electorado opositor –y no parecen ser pocos– desconfía de esa defensa es porque vio lo ocurrido en abril, y, además, es consciente de que estamos ante un régimen de nula vocación democrática, cuyo modelo es Cuba.

Para asegurar que la población opositora vote masivamente el 8D hay que convencerla de que el voto será defendido con algo más que palabras y que servirá para detener el avance totalitario del régimen, porque de esas elecciones se derivarán acciones efectivas que nos llevarán a un país efectivamente democrático.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Semejanzas y consejos

Pedro Palma
El Nacional - 26 de agosto de 2013

Recientemente llegó a mis manos la transcripción de un extraordinario discurso pronunciado por el doctor Guillermo J. H. Mizraji, destacado jurista argentino, quien fue invitado a pronunciar el discurso de orden durante el acto de grado la de Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, celebrado el 12 de julio pasado. Además de dar una seria de recomendaciones a los graduandos sobre lo que deberá ser el ejercicio de la profesión y los principios y valores que siempre deberán guiarla, el profesor Mizraji dedicó buena parte de su discurso a hacer un análisis crítico sobre las realidades que hoy se viven en ese país. Por considerar que sus precisas y contundentes apreciaciones bien se pueden aplicar a Venezuela y podrían contribuir a la formación de conciencia de muchos compatriotas, me permitiré reproducir algunas partes de esa excelente pieza de oratoria.

Les decía a los recién graduandos: "Una sociedad los espera ansiosa, preocupada, golpeada por la inseguridad, la educación menoscabada, la censura, el patoterismo. Lo que hasta ayer preocupaba, hoy desespera. Quizás nunca como ahora el futuro de la Patria dependa de quienes tengan por oficio o profesión el deber de remediar injusticias. Quizás nunca como ahora nuestro futuro dependa de la justa elección que sepamos hacer entre el temor y la esperanza, el acierto y el error, la ventura y el riesgo." Continuaba Mizraji: "Vivimos momentos de confusión.

La perversión del orden constitucional a la que esta mos asistiendo aspira a coronarse con la desarticulación del papel actual de la Corte Suprema.

"El populismo `cala hondo’.

Manipula al pueblo para satisfacer al caudillo de turno.

Pre tende una sociedad sin contradicciones, sin disenso, sin pluralidad. No ama la democra cia, la soporta. En el populismo siempre molesta la división de poderes, la alternancia política, la independencia de la justicia. Inyecta pereza en el pensamiento, se atrofia la lógica.

"Jóvenes colegas, nos toca vivir días implacables. Percibimos que somos parte de un país donde se auspicia la ignorancia, reaparecen los fantasmas del desabastecimiento, de la carencia de seguridad, de la inflación cínicamente negada, de la imposibilidad de brin dar a los más carenciados un servicio de salud que les permita sentir la vida con opti mismo en esta Patria pensada como tierra de promisión y futuro. A ello se suma, como el Leviatán descripto en el libro de Job, la ya endémica corrupción que desprecia la ley e instaura el culto al coraje. Representado en la llamada "viveza criolla", la trapisonda, el exhibicionismo farandulesco con declaraciones retóricas y declamaciones vacías que conllevan promesas incumplidas".

Terminaba sus palabras invitando a sus nuevos colegas a defender la justicia y la República, diciéndoles: "Defiendan la justicia por sobre todas las cosas, desde cualquier ámbito en el que ejerzan la profesión. El término `justicia’ no debe confundirse con `caridad’. La justicia entra en la jurisdicción del Estado, es ciega y trata a todos los hombres de manera igual. Si la jus ticia se sometiese al poder político, todos nosotros terminaríamos al servicio de un amo y ya no de la ley. Una nueva servidumbre se habrá perfilado. Aristóteles enseñaba que los gobiernos se disuelven principalmente por las transgresiones de la justicia.

"Defender la República implica exigir: 1) Periodicidad en los cargos públicos; 2) Publicidad de los actos de gobierno; 3) Prohibir los gastos reservados; 4) Responsabilidad de los funcionarios; 5) Soberanía de la ley; 6) Pleno ejercicio de la ciudadanía; 7) El respeto por las ideas opuestas; 8) La idoneidad en los cargos públicos; 9) Exigir la separación de poderes".

Sabias palabras las del doctor Mizraji, escritas para sus compatriotas, pero aplicables cabalmente en nuestro país debido a las similitudes de las realidades políticas y económicas que vivimos. Ojalá estos consejos sean escuchados allá y aquí.

martes, 27 de agosto de 2013

Por el diálogo educación-trabajo

Gustavo Roosen
El Nacional - 19 de agosto de 2013

Cada día aparecen nuevas señales que advierten sobre el estado de contracción del sector productivo venezolano. La de ahora viene desde el ángulo de la capacitación de los jóvenes para incorporarse al empleo y a la producción. No es solamente que el INCES, ahora con la s socialista, ha desviado su función y abandonado sus propósitos iniciales, sino que incluso los esfuerzos del sector privado en este campo pasan por un momento de declinación. Así se revela en un reciente informe de la Fundación Educación Industria, Fundei, que reconoce la reducción del número de pasantes y la atribuye, con razón, a la contracción económica, la pérdida de empresas privadas y la menor participación de las instituciones del Estado en los programas impulsados por ella, básicamente pasantías, becas, formación para la inserción profesional, formación para emprendedores, perfeccionamiento profesional.

Desde hace 38 años Fundei viene cumpliendo su propósito de estimular el desarrollo del talento humano, apoyar la formación de los jóvenes y contactarlos con las oportunidades de trabajo. En su función de engranaje entre el mundo académico y el sector empleador, ha sabido expresar la voluntad de más de 1.500 empresas afiliadas y de más de 600 instituciones académicas y organismos de cooperación empeñados en estimular la formación de los jóvenes y su integración al trabajo productivo. La capacitación ha sido vista por todos ellos como la condición para un mejor desempeño en el mundo laboral y, en consecuencia, para la productividad.

Una de las barreras con las que tropieza el necesario diálogo entre educación y trabajo es la falta de pertinencia entre las necesidades reales de la economía y los contendidos y prácticas de la educación. En el origen de esta brecha está, entre otros factores, el distanciamiento entre los responsables de definir políticas públicas, el sector académico y el sector empresarial. Lo mostró también Fundei en su reciente presentación al aludir a la investigación conducida por Mckinsey & Company sobre más de 100 iniciativas en el campo de la relación educación­trabajo en 25 países.

La investigación revela que más del 70% de los empleadores no tiene comunicación con las instituciones educativas a pesar de la brecha existente respecto a las carreras, contenidos, dominio de competencias y destrezas que afectan el rendimiento profesional y las oportunidades de inserción laboral. Revela también que la mitad de los jóvenes no están seguros de si la educación que reciben realmente les está aumentando posibilidades de conseguir empleo; que más de un tercio de las instituciones educativas no pueden estimar la tasa de empleo que van a tener sus egresados; que más del 25% de los graduados no consigue empleo en la disciplina estudiada y debe emplearse en otras áreas; que para cerca de 40% de los empleadores la falta de competencias y destrezas es la principal razón que les impide llenar las vacantes disponibles para recién graduados.

Vincular productivamente el sector empleador con el educativo sigue siendo una labor imprescindible. De allí la conveniencia de apostar por el fortalecimiento y renovación de las instituciones dedicadas a este fin. El país necesita de estas iniciativas y de estos esfuerzos, minimizados desde el poder por una visión excluyente que aspira a la hegemonía en todos los espacios, que ve enemigos en todo lo que no puede controlar. La acción del sector privado en este terreno, impulsada por su sentido de responsabilidad y su voluntad de hacer, no releva al Estado de su obligación. Sigue siendo una de las más necesarias inversiones, más aún en esta Venezuela de hoy con casi ocho millones de jóvenes entre 15 y 29 años escasamente atendidos por las políticas de educación y empleo; en esta economía en la que se ha producido en los últimos años una caída del 36% del parque industrial, con la pérdida consecuente de más de 300 mil puestos de trabajo.

Estimular los esfuerzos para recuperar la economía y abr

viernes, 16 de agosto de 2013

Inflación y remuneraciones

Pedro Palma
El Nacional - 12 de agosto de 2013

La acentuada escalada inflacionaria de este año está causando estragos entre todos los miembros de la sociedad, pero, como siempre, los que se ven más perjudicados son los que pertenecen al segmento de menores ingresos, y las personas que tienen una baja remuneración nominal fija, tales como la mayoría de los asalariados y los pensionados, ya que los ajustes de sus estipendios, cuando se dan, son muy inferiores al aumento de los precios. Obviamente, eso hace que la capacidad de compra de esas personas se reduzca con fuerza, agravando así las penurias y estrecheces que a diario padecen.



Este fenómeno es particularmente cierto en Venezuela, ya que el grupo de ítems que mayor inflación está experimentando es el de alimentos, lo cual hace que las personas más desposeídas tengan que destinar altos y crecientes porcentajes de sus presupuestos familiares a la adquisición de esos bienes esenciales, llevando a sus hogares cada vez menores cantidades, o dejando de adquirir productos imprescindibles de una dieta balanceada. Algunas cifras presentadas por el BCV y por el Instituto Nacional de Estadística dan soporte a lo que digo. La inflación anualizada a nivel nacional entre julio de 2012 y julio de 2013 fue 42,6%, pero la de los alimentos fue 60,9%, y los bienes agrícolas se han encarecido en más de un 80% en igual lapso. Más aún, los precios de los bienes avícolas y pecuarios, que conjuntamente con los pesqueros, son los que por excelencia proveen las proteínas que la población necesita, han aumentado a nivel de mayorista en más de 150% durante el último año, y han subido más de 80% desde diciembre de 2012 hasta hoy.

Todo lo anterior ha hecho que las remuneraciones reales de los trabajadores, en las que se incluyen no sólo los sueldos y salarios, sino también todos los demás beneficios que perciben, como bonos vacacionales, prestaciones, etc., hayan experimentado una importante reducción en términos reales, es decir, corregidas del factor inflacionario. En efecto, la capacidad de compra de esas remuneraciones es hoy 13,2% menor que hace cinco años, siendo los trabajadores del gobierno los que más han visto mermadas las cantidades que hoy pueden adquirir con las compensaciones que reciben. No sólo eso, el poder adquisitivo de las retribuciones laborales es hoy 21% más bajo que el existente a mediados de 1998, pudiendo concluirse que, de acuerdo a ese importante indicador, la calidad de vida de los trabajadores se ha visto seriamente deteriorada en los últimos 15 años. Para ponerlo en términos coloquiales, es como si los precios subieran por el ascensor y las remuneraciones lo hicieran por la escalera.

Ahora bien, ¿a qué se ha debido ese disloque inflacionario? Según los voceros del gobierno, es producto de la especulación desmedida de los empresarios que sólo buscan el beneficio personal sin importarles el sufrimiento del pueblo. Como siempre, hay que endilgarle las culpas a otros. Si bien es cierto que, al igual que en cualquier economía, ocurren acciones especulativas indeseables, es un sinsentido pretender inculpar a los empresarios de ser los causantes de ese flagelo en nuestro país. Creo que el principal culpable, si bien no el único, es el Gobierno, ya que en gran medida la inflación que hoy nos carcome se ha debido a las desquiciadas políticas fiscal y monetaria que ha implantado, y a acciones que restringen la oferta, tales como el hostigamiento permanente a la actividad económica privada, la restricción al acceso a las divisas, la imposición de controles de precios que condenan a productores y distribuidores a trabajar a pérdida, las amenazas permanentes de intervención, las estatizaciones de empresas que al pasar a manos del Estado se vuelven ineficientes, y los desincentivos a la inversión privada, para mencionar sólo algunas. Ojalá se tome consciencia y se hagan los correctivos debidos, pues sólo así se podrá doblegar ese mal que nos corroe.