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jueves, 10 de enero de 2013

¿Hacen falta académicos para emprender?

(El investigador y profesor del Centro de Emprendedores del IESA, Aramis Rodríguez, afirma que no debe rechazarse el papel de la educación como un medio para reforzar la actitud emprendedora. Publicado en El Universal, el 8 de enero de 2013)



En algunas oportunidades he escuchado opiniones como: "no tiene sentido que un estudiante monte y desarrolle un negocio de la mano de un académico que nunca ha comenzado uno, sería como aprender natación en un salón de clases", "es como que un sacerdote me aconseje sobre el matrimonio" "el emprendedor aprende emprendiendo un negocio".

Los avances realizados en la teoría del aprendizaje social han llevado al desarrollo de diferentes programas educativos que tratan de impulsar, a través del aprendizaje, el fenómeno emprendedor en una forma más activa. El papel que pueda jugar la educación en los fenómenos de emergencia y calidad empresarial se viene debatiendo desde hace algún tiempo. Hay quien piensa que a través de la educación no es posible impulsar y mejorar el desarrollo de la actitud emprendedora en los individuos, ya que se podría reducir su capacidad de crítica, de independencia, impregnándole de una visión ajena a la realidad. Sin embargo, hay otro grupo de pensadores que sugieren que la educación no sólo proporciona los conocimientos necesarios para realizar las diferentes tareas, sino también desarrolla la creatividad, el ingenio, la imaginación y, también, la flexibilidad y capacidad de adaptación necesarias para desencadenar el proceso emprendedor.

Sin entrar en el debate teórico del aprendizaje, se puede intuir que el emprendedor, para montar su negocio, no sólo requiere de algunas características específicas que provienen de su carga genética. Aunque es cierto que hay una actitud básica de curiosidad y de inquietud interna, que no todos tienen, también es cierto que estas cualidades se desarrollan y se potencian.

Se ha demostrado que no basta con poseer rasgos de personalidad idóneos para ser emprendedor. Si una persona muestra un amplio sentido de independencia, necesidad al logro, asunción de riesgos, además muestra ser innovador y proactivo, pero no cuenta con las habilidades y aptitudes necesarias (experiencia y formación) para llevar a cabo una iniciativa, y tampoco con factores ambientales y externos favorables, probablemente la motivación y confianza en sí mismo se vean afectadas negativamente y, por ende, las probabilidades de convertirse en emprendedor, y sobre todo exitoso, puedan disminuir.

Estoy de acuerdo en que quizás nuestro sistema educativo actual no es el más adecuado para potenciar actitudes empresariales, sin embargo, también creo que no debe rechazarse, ni simplificarse, el papel de la educación como un medio para reforzar la actitud emprendedora de los individuos.

Si bien es difícil aprender a nadar sin echarse al agua, es más difícil aún ganar una medalla olímpica en natación sin rodearse de tecnología, ni de aprendizajes de un equipo, en el cual no necesariamente todos nadan. Pienso que la solución está en el adecuado diseño de una formación específica que estimule el comportamiento empresarial, y no en hacer comparaciones simplistas que desmeritan la labor de los académicos.

aramis.rodriguez@iesa.edu.ve

miércoles, 22 de febrero de 2012

Políticas para emprender

La profesora Nunzia Auletta, directora del Centro de Emprendedores del IESA comparte su visión sobre la importancia de las políticas públicas en temas de emprendimiento. A continuación el texto del artículo publicado en el diario El Universal el 21/02/2012.

Quienes nos ocupamos de la formación o apoyo a emprendedores, estamos muy ocupados en los últimos tiempos. Se multiplican foros, conferencias, programas y espacio en los medios para explicar qué significa emprender y cómo podemos sacarle el mayor provecho a ese 30% de venezolanos (GEM 2011), que sin distinción de clase social o género realiza alguna actividad de emprendimiento comercial o social.

Resulta natural que la discusión caiga en lo que nos falta por lograr, en la conformación de un ecosistema del emprendimiento capaz de alimentar iniciativas dinámicas y de alto valor agregado. En especial, porque muchos de nuestros emprendedores -evito aquí abrir la discusión sobre las taxonomías- generan pocos empleos, son poco innovadores y no poseen visión internacional. Esto nos hace reflexionar sobre lo que nos está faltando y revisar experiencias exitosas como la de Israel, el primer país del mundo en cuanto a número de iniciativas de alto potencial.

Si pensamos en ubicación y recursos, Venezuela tiene todas las de ganar en comparación con Israel, sin recursos naturales y en un contexto geopolítico que resulta eufemístico definir hostil. La gran ventaja de Israel reside en las políticas públicas que con determinación le han permitido superar su situación de desventaja.

Israel invierte el 4,5% del PIB en investigación y desarrollo, la tasa más elevada del mundo. Además, su ministerio de Industria y Comercio, aplica incentivos de hasta un 50% a la inversión privada en este renglón. Ello la ha convertido en el lugar de elección de empresas como Apple e Intel, pero más aún en la cuna de competitivas start-ups basadas en el conocimiento, que la han llevado al lugar 14 en el Índice de Innovación Global (GII).

Sus universidades cultivan la excelencia sin complejos, aliándose con otras de clase mundial e impulsando la internacionalización de sus estudiantes, al tiempo que los académicos se integran con los emprendedores. Existen 24 incubadoras tecnológicas públicas y privadas en las que se despliegan más de 200 proyectos en electrónica, software, biotecnologías y ambiente. A la vez, la inversión de capital de riesgo es 2,5 veces mayor que en Estados Unidos y 300 veces más que en un gigante emergente como la India.

En contraste, nuestro país, bendecido por la naturaleza, se encuentra en los sótanos de los mayores indicadores mundiales: 122 de 139 en el Índice Global de Competitividad; 102 de 121 del GII; y 175 de 179 en el Índice de Libertad Económica. A menos que queramos leer estos números como evidencia de un complot internacional en contra de experimentos económicos tropicales, todo indica que estamos, inexcusablemente, en una situación tóxica para los millones de aspirantes emprendedores del país. Sin querer aplicar recetas universalmente válidas -que no las hay-, queremos alertar sobre la necesidad de políticas de desarrollo y progreso que nos permitan rescatar nuestro enorme potencial emprendedor.

@nunziaauletta
Directora del Centro de Emprendedores IESA

martes, 7 de febrero de 2012

Todo el mundo emprende

En su artículo de hoy, publicado en el diario El Universal, Rebeca Vidal nos ofrece una reflexión sobre los retos de los emprendedores en Venezuela, tomando como referencia el monitor global de emprendimiento. A continuación el texto completo:

Todavía emprendemos, pero con enormes retos de por medio. Podemos emprender más y mejor

Y es literal. Resulta que la moda de emprender es mundial. Luego de varios años observando el monitor global de emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés), se han evidenciado tendencias interesantes en torno a la creación de empresas e iniciativas sociales.

El lanzamiento mundial de los resultados más recientes del GEM se realizó durante la segunda semana de enero en San Francisco, California. Allí se dieron cita representantes de más de 70 países que han participado en este estudio a lo largo de los años.

La primera tendencia que salta a la vista es el incremento del promedio mundial en la tasa de creación de nuevas iniciativas. Venezuela comenzó a participar en este estudio en el año 2003, cuando la tasa de emprendimiento global era en promedio 8,8%. Para ese entonces, nuestro país resaltaba con un flamante 27,3% de la población adulta creando nuevos negocios u organizaciones sociales. Ese resultado nos llevó a colocarnos en el segundo lugar del mundo.

De acuerdo con los resultados de 2011, la tasa global promedio de emprendimiento se ubica en 10,75%, es decir, que ha aumentado en más de dos puntos; y la de Venezuela en 15,4%, mostrando una caída de doce puntos.

Si bien nos mantenemos como uno de los países más emprendedores, hoy en día hemos bajado a la posición número once, con una gran disminución en la creación de nuevas iniciativas, mientras a nivel mundial la moda de emprender crece cada día.

Algunas experiencias son notables, como el caso de Panamá. Este país participó en el GEM por primera vez en 2009, cuando 9% de su población adulta estaba en proceso de emprender. Dos años después, la tasa supera el 21%, lo que quiere decir que esta nación centroamericana duplicó, y más, su actividad emprendedora.

El fenómeno de incremento en la tasa de emprendedores se repite, aunque en menor magnitud, en otros países de Latinoamérica. En los últimos 8 años, la tasa de todos los países participantes de la región aumentó, menos la de Venezuela. En efecto, el indicador de Brasil se incrementó de 13% a 15%, en Chile pasó de 14% a 23,7%, y en Argentina de 20% a 21%.

En torno al GEM ha habido una reflexión mundial que ha pasado por el reconocimiento de la importancia de la creación de nuevas iniciativas para potenciar el bienestar, siempre que se promuevan modelos de organización con alto potencial de crecimiento, creación de empleo productivo e impacto económico y social.

Este consenso ha rendido sus frutos. La mayoría de los gobiernos ha empleado el GEM como insumo para diseñar políticas públicas que favorezcan la creación de organizaciones sostenibles, orientadas al desarrollo e implementación de mejoras en educación, transferencia de tecnología, apertura del mercado, infraestructura física, entre otros temas fundamentales, para robustecer la matriz empresarial.

Venezuela parece ir en la dirección contraria, y esto ha impactado esa propensión a emprender que parecía tan inmersa en nuestra cultura y nuestros genes. Todavía emprendemos, pero con enormes retos de por medio. Podemos emprender más y mejor.

rebeca.vidal@iesa.edu.ve @rebecavidal111
http://www.eluniversal.com/opinion/120207/todo-el-mundo-emprende