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jueves, 1 de noviembre de 2012

Periodismo que cambia el mundo

 (Moisés Naím afirma que las tecnologías medievales como la censura se enfrentan con gran desventaja a las tecnologías de la información de la era de la globalización. Publicado en El Nacional, el 30 de octubre de 2012)

David Barboza dirige la oficina del The New York Times en Shanghai. Acaba de publicar un artículo de enorme importancia; de hecho hasta podría llegar a tener consecuencias directas para usted. Barboza escribe sobre la corrupción de los familiares de Wen Jiabao, el primer ministro chino. En principio, en esto no hay nada de nuevo. No pasa un día sin que en alguna parte del mundo estalle un escándalo de corrupción que involucre a políticos, gobernantes y sus cómplices en el sector privado. Y decir que en China hay corrupción es revelar lo obvio. Pero este artículo, y este escándalo, son distintos.

¿Cómo hablar de corrupción? Los reportajes sobre este tipo de escándalos suelen hacer mucho ruido, pero a menudo no están bien documentados y no llegan a nada. Las denuncias sin consecuencias crean gran frustración en el público y corrompen la lucha contra la corrupción. No es el caso del artículo de Barboza, quien ha realizado uno de los trabajos periodísticos mejor documentados y más rigurosos que he leído sobre el tema de la corrupción en las altas esferas. Se basa en datos confirmados por múltiples fuentes, evidencias imposibles de refutar, complejos análisis financieros auditados por contadores independientes contratados para garantizar la precisión del artículo, y un largo, arduo y evidentemente costoso trabajo de investigación periodística.

Es obvio que un artículo publicado fuera del país no va a hacer mella definitiva en la corrupción china. Pero es igualmente obvio que los dirigentes de ese país, que se creían hasta ahora protegidos por el sistema político, saben ya que en estos tiempos ni la impunidad ni la invisibilidad de la corrupción están garantizadas.

El buen periodismo vale… y cuesta. El gran artículo de Barboza no hubiese podido ser elaborado por un bloguero, o por una organización periodística que se limita a “agregar” –es decir, reproducir en la red– el contenido de otros. Las redes sociales tampoco. El artículo requirió de la organización, los recursos financieros y los altos estándares profesionales del The New York Times. Todo esto es muy costoso. Pero es lo que produce periodismo con valor social, y a nivel mundial. Internet y las tendencias que actualmente socavan la viabilidad financiera de los grandes medios de comunicación tienen mucho de imparable. Pero artículos como este del The New York Times ilustran de forma contundente cuánto nos empobreceríamos como humanidad si desaparecen las organizaciones capaces de producir contenidos objetivos, independientes y de alta calidad.

La Gran Muralla china ya no protege. En la antigüedad, la Gran Muralla no fue capaz de impedir que los mongoles invadieran China de vez en cuando. Y ahora tampoco. La gran cibermuralla que el Gobierno de Pekín ha erigido para censurar los contenidos que viajan por Internet tampoco puede garantizar que los chinos no se enteren de las revelaciones del artículo del The New York Times. El Gobierno bloqueó la página en inglés y en chino de ese periódico, así como el acceso a través de motores de búsqueda como Google y las redes sociales como Weibo, el equivalente chino de Twitter. Los miles de censores están ocupadísimos monitoreando y bloqueando la difusión de esta información. Pero la historia ya está en todos los medios de comunicación del mundo, en Internet, en redes sociales y eventualmente en boca de muchos en China. Las tecnologías medievales como la censura se enfrentan con gran desventaja a las tecnologías de la información de la era de la globalización. Seguramente, la censura hará que centenares de millones de chinos nunca se enteren de que la familia de su primer ministro acumuló una fortuna de 2.700 millones de dólares. Pero varios millones ya lo saben. Y en China eso antes no pasaba.

Las consecuencias para usted. China está pasando por tiempos difíciles. El crecimiento económico se está desacelerando. Las protestas callejeras por todo tipo de quejas se multiplican. El próximo 8 de noviembre comienza el Congreso del Partido Comunista Chino, liderado por su nuevo jefe, Xi Jinping, que en marzo será nombrado presidente. La transferencia de poder ha estado llena de tensiones y pugnas entre facciones rivales, incluida la defenestración de Bo Xilai, uno de los más influyentes líderes del partido. Las revelaciones del artículo del The New York Times van a nutrir estas pugnas. Por ahora nada indica que el cambio de poder en China vaya a afectar de manera grave la estabilidad política de ese país. Pero si eso sucede, la economía china sufrirá, lo cual a su vez agravará la crisis europea y afectará a los muchos países que dependen de la buena salud de la segunda economía del planeta.

martes, 16 de octubre de 2012

Educación superior a distancia

(El Presidente del Consejo Directivo del IESA, Gustavo Roosen, afirma que hay que hacer una revisión profundidad de la posición de la universidad frente a los cambios, ya que las universidades son parte de la crisis y tienen a su disposición las nuevas herramientas para generar las mejores respuestas. Publicado en el diario El Nacional, el 15 de octubre de 2012)

Costos, calidad, pertinencia son solo algunos de los temas relativos a la educación superior que animan las manifestaciones estudiantiles, tanto en nuestra América como en Europa, y que ocupan la atención de las autoridades universitarias y de los centros de estudio para la formulación de políticas públicas. 
 
Un reciente trabajo del Centro para el progreso de las Américas apunta precisamente a los retos que enfrenta la educación superior y su respuesta a la irrupción de las innovaciones. La comparación entre el efecto de las nuevas tendencias en el mundo del empleo y de la producción y, por otra parte, el de las universidades evidencia un gran contraste: el impacto en el ámbito académico ha sido sensiblemente más lento y menos profundo. La globalización de las comunicaciones y la digitalización han sido posiblemente, en el conjunto de las innovaciones, los fenómenos con más consecuencias visibles en la concepción y práctica del proceso de enseñanza-aprendizaje. 
 
Las experiencias de universidad a distancia generadas hasta el presente han representado una buena interpretación de los avances tecnológicos y una inteligente adopción de los mismos. Sin embargo, el reto va más allá de la incorporación, todavía tímida, de esta modalidad a la oferta universitaria. Al contrario, implica una revisión en profundidad de la posición de la universidad frente a la irrupción de los cambios y a la agudización de los problemas. Las universidades son parte de la crisis y tienen a su disposición las nuevas herramientas para generar las mejores respuestas. 
 
La revisión a fondo de la educación superior tiene muchos frentes, dos de ellos especialmente agudos, el de los costos (para el Estado, para las familias, para el graduado que ha recibido un préstamo educativo) y el de la pertinencia. ¿Está formando la universidad los profesionales o técnicos que de verdad se necesitan? ¿Se corresponde la distribución universitaria con el mercado de trabajo? ¿Por qué se da la paradoja de desempleo y, simultáneamente, falta de personal calificado? ¿Por qué crece el número de desempleados con título? La culminación de una carrera ha dejado de ser garantía de trabajo y ascenso social para convertirse en nuevo motivo de preocupación, cuando no de frustración. 
 
La respuesta tradicional a las exigencias de la sociedad en materia de educación superior ha sido crear nuevas instituciones, incrementar la matrícula, flexibilizar las condiciones de ingreso y permanencia en el sistema. Una respuesta más completa ha tomado en cuenta aspectos fundamentales como calidad, facilidad de acceso, diversidad de opciones, especialización, atención a las prioridades expresadas por la sociedad. 
 
Es allí donde se inserta la incorporación de las nuevas posibilidades de educación a distancia, la superación de paradigmas como el que impone de manera perentoria a todas las universidades las funciones de investigación y docencia como inseparables, la eliminación de las barreras que desaceleran la aplicación de las innovaciones, el establecimiento de nuevos parámetros que no limiten la calificación de las universidades a los datos de matrícula o número de graduados, ni juzgue la validez de las carreras por el prestigio social o el número de créditos o de horas de clase. Las universidades están en la obligación de definir un modelo sostenible, que conjugue la aspiración de educación para el mayor número con las exigencias de costos, calidad y pertinencia. La respuesta tiene que ser reducir los costos y aumentar la pertinencia.
 
La educación a distancia se impone como la solución necesaria y una alternativa prometedora, representa la adopción inteligente de las oportunidades sin límite que ofrecen las nuevas tecnologías y abre la posibilidad de de conjugar aprendizaje con entrenamiento, inserción laboral y experiencia de trabajo. Estos serán, por cierto, algunos de los temas del XV Encuentro Iberoamericano de Educación Superior a Distancia que, bajo el título central La educación a distancia en la construcción de sociedades inclusivas, tendrá lugar a finales de este mes en Cartagena, Colombia.
 
nesoor@cantv.net