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martes, 16 de octubre de 2012

Educación superior a distancia

(El Presidente del Consejo Directivo del IESA, Gustavo Roosen, afirma que hay que hacer una revisión profundidad de la posición de la universidad frente a los cambios, ya que las universidades son parte de la crisis y tienen a su disposición las nuevas herramientas para generar las mejores respuestas. Publicado en el diario El Nacional, el 15 de octubre de 2012)

Costos, calidad, pertinencia son solo algunos de los temas relativos a la educación superior que animan las manifestaciones estudiantiles, tanto en nuestra América como en Europa, y que ocupan la atención de las autoridades universitarias y de los centros de estudio para la formulación de políticas públicas. 
 
Un reciente trabajo del Centro para el progreso de las Américas apunta precisamente a los retos que enfrenta la educación superior y su respuesta a la irrupción de las innovaciones. La comparación entre el efecto de las nuevas tendencias en el mundo del empleo y de la producción y, por otra parte, el de las universidades evidencia un gran contraste: el impacto en el ámbito académico ha sido sensiblemente más lento y menos profundo. La globalización de las comunicaciones y la digitalización han sido posiblemente, en el conjunto de las innovaciones, los fenómenos con más consecuencias visibles en la concepción y práctica del proceso de enseñanza-aprendizaje. 
 
Las experiencias de universidad a distancia generadas hasta el presente han representado una buena interpretación de los avances tecnológicos y una inteligente adopción de los mismos. Sin embargo, el reto va más allá de la incorporación, todavía tímida, de esta modalidad a la oferta universitaria. Al contrario, implica una revisión en profundidad de la posición de la universidad frente a la irrupción de los cambios y a la agudización de los problemas. Las universidades son parte de la crisis y tienen a su disposición las nuevas herramientas para generar las mejores respuestas. 
 
La revisión a fondo de la educación superior tiene muchos frentes, dos de ellos especialmente agudos, el de los costos (para el Estado, para las familias, para el graduado que ha recibido un préstamo educativo) y el de la pertinencia. ¿Está formando la universidad los profesionales o técnicos que de verdad se necesitan? ¿Se corresponde la distribución universitaria con el mercado de trabajo? ¿Por qué se da la paradoja de desempleo y, simultáneamente, falta de personal calificado? ¿Por qué crece el número de desempleados con título? La culminación de una carrera ha dejado de ser garantía de trabajo y ascenso social para convertirse en nuevo motivo de preocupación, cuando no de frustración. 
 
La respuesta tradicional a las exigencias de la sociedad en materia de educación superior ha sido crear nuevas instituciones, incrementar la matrícula, flexibilizar las condiciones de ingreso y permanencia en el sistema. Una respuesta más completa ha tomado en cuenta aspectos fundamentales como calidad, facilidad de acceso, diversidad de opciones, especialización, atención a las prioridades expresadas por la sociedad. 
 
Es allí donde se inserta la incorporación de las nuevas posibilidades de educación a distancia, la superación de paradigmas como el que impone de manera perentoria a todas las universidades las funciones de investigación y docencia como inseparables, la eliminación de las barreras que desaceleran la aplicación de las innovaciones, el establecimiento de nuevos parámetros que no limiten la calificación de las universidades a los datos de matrícula o número de graduados, ni juzgue la validez de las carreras por el prestigio social o el número de créditos o de horas de clase. Las universidades están en la obligación de definir un modelo sostenible, que conjugue la aspiración de educación para el mayor número con las exigencias de costos, calidad y pertinencia. La respuesta tiene que ser reducir los costos y aumentar la pertinencia.
 
La educación a distancia se impone como la solución necesaria y una alternativa prometedora, representa la adopción inteligente de las oportunidades sin límite que ofrecen las nuevas tecnologías y abre la posibilidad de de conjugar aprendizaje con entrenamiento, inserción laboral y experiencia de trabajo. Estos serán, por cierto, algunos de los temas del XV Encuentro Iberoamericano de Educación Superior a Distancia que, bajo el título central La educación a distancia en la construcción de sociedades inclusivas, tendrá lugar a finales de este mes en Cartagena, Colombia.
 
nesoor@cantv.net

miércoles, 25 de julio de 2012

Responsabilidad social universitaria

(El presidente del Consejo Directivo del IESA, Gustavo Roosen, explica como la responsabilidad social universitaria, junto con la asociación el sector privado, ha superado su objetivo tradicional de proyección social añadiendo un aporte de rigor académico, de planificación, de proyección, de capacidad para el diálogo y de asociación para la comunidad. Publicado en El Nacional, el 23 de julio de 2012)

La maduración del concepto de responsabilidad social y su aplicación en muy diversos campos ha llevado a definiciones especializadas que incorporan las características propias de cada ámbito y que enriquecen su ejercicio. Es el caso de la responsabilidad social universitaria.

Consecuencia de la asunción por parte de la universidad de su alcance ético y de la toma de conciencia de su relación con el entorno, la responsabilidad social universitaria ha superado el objetivo tradicional de la proyección social y de la extensión para asumir un concepto más vinculado a la naturaleza misma de la institución y a sus funciones: generar conocimiento, divulgarlo, ponerlo al servicio de la sociedad.

A su dimensión específica y a las condiciones de una productiva aplicación de la responsabilidad social, la universitaria ha sabido añadir el aporte del rigor académico, de la planificación, de la proyección, de la capacidad para el diálogo y la asociación. Es el caso del Instituto de Investigaciones de Enfermedades Cardiovasculares de la Universidad del Zulia, Iecluz, nacido de la alianza entre la Facultad de Medicina de esa universidad y la Fundación Venezolana de Hipertensión Arterial.

Infrecuente en Venezuela, este tipo de alianza ha probado en otros países su enorme potencial, demostrado en centros médicos de primer orden dedicados simultáneamente a la investigación, la formación de especialistas y la atención a la comunidad.

A partir precisamente de los propósitos fundamentales de generar conocimientos en el área de las enfermedades cardiovasculares, formar recursos humanos de alto nivel y prestar una atención médica calificada e integral, el Iecluz ha desarrollado un modelo de gestión probadamente eficiente y merecedor de un muy justificado reconocimiento. Atendido por profesionales de incuestionable calidad, dotado de instalaciones, laboratorios y equipos de primera, el Iecluz ofrece toda la variedad de servicios que pueden esperarse de una clínica especializada y que le convierten a todas luces en un centro del primer mundo.

Si debiéramos señalar algunas razones del éxito del Iecluz habría que destacar, sin duda, la buena gestión gerencial ­con base en una cuidadosa administración de los recursos­ y una productiva relación clínica-universidad. Gracias a los recursos obtenidos de la prestación de servicios de salud y del aporte del sector privado, el Iecluz ha sido capaz, para no citar sino dos datos, de atender a una altísima población con precios por debajo de 67% de los de las demás clínicas y de ofrecer servicios entera o casi enteramente gratuitos a más de 26% de sus pacientes, todo sobre la base de una realista política de sostenibilidad y autofinanciamiento. La conjunción clínica-universidad, por otra parte, se expresa en una visible y permanente voluntad de actualización tecnológica, la formación de equipos multidisciplinarios, el logro de una reconocida certificación internacional, la aplicación de una orientación integral para la evaluación y tratamiento del paciente y una intensa acción divulgativa y formativa dirigida a la comunidad.

Habría que destacar también su accesibilidad, su apuesta por la calidad, la capacidad para crear confianza y tejer una eficaz red de solidaridad e intereses, todo lo cual le ha convertido en una institución de referencia regional, nacional y latinoamericana en su campo. Sobre esa realidad se justifica plenamente su decisión de crecer, de perfeccionar sistemas y procedimientos, de actualizarse en la visión y en el ejercicio de la responsabilidad social.

Si Iecluz constituye un ejemplo de las posibilidades que abre en el campo de la salud la alianza de la universidad con el sector privado y con instituciones especializadas, es también la demostración de los beneficios que es posible derivar en otros campos de una renovada visión de la relación sociedaduniversidad. Y una demostración también de que se puede trabajar, de que somos capaces de lograr grandes metas de servicio colectivo y de generación de bienestar.

nesoor@cantv.net

miércoles, 24 de marzo de 2010

Gustavo Roosen \\UCV Diálogo y violencia

Tienen razón las autoridades universitarias cuando exigen al Gobierno dejar de ver a las universidades como objetivo político. Tienen razón también quienes observan una muy preocupante coincidencia entre los absolutamente condenables hechos de violencia contra las universidades, particularmente los más recientes contra la Universidad Central de Venezuela, y esa otra violencia que se expresa institucionalmente mediante mecanismos como la desvalorización y el desprestigio sistemáticos, el ahogamiento presupuestario, el ataque a las autoridades y a los líderes de la comunidad universitaria, el hostigamiento seudolegal, la imposición desde el poder de leyes políticamente sesgadas y de normas cuya pertinencia sólo compete a las propias universidades en ejercicio de su autonomía.

Frente a la tentación de ver a la universidad como objetivo político habría que recordar su valor estratégico para la nación, tan distante del aislamiento académico como del control político, tan exigido de pertinencia como de autonomía. Cuando se piensa en el bono demográfico del que por algunos años disfrutará Venezuela, ventana de oportunidad para adelantarse a las necesidades futuras, y en la función que las generaciones ahora universitarias deberán cumplir, no se puede menos que pensar en la necesidad de una universidad en consonancia con las exigencias de una sociedad productiva.

El trabajo de diversificación y adecuación a la realidad que han venido haciendo las universidades para atender más a las verdaderas exigencias del país pese a ser amplio, no ha sido suficiente y justifica algunos reclamos, pero no precisamente en la línea de la masificación sin calidad, sino de programas consensuados y de una relación más estrecha con el mundo del trabajo y de la producción.Los datos sobre desempleo de los graduados universitarios o la constatación de los grandes baches entre los intereses académicos o de prestigio y las realidades del mercado productivo siguen sosteniendo un justificado reclamo.

El compromiso de la universidad es ­y no puede ser de otra manera­ con el país.Frente a los hechos de violencia contra la universidad, cabe preguntarse qué se busca con ellos. ¿Impedir su normal funcionamiento? ¿Quebrar la condición autonómica de las universidades, espacio de libertad y condición necesaria para el cumplimiento de sus fines? ¿Quién saca provecho de esa violencia? No, desde luego, la universidad. No, con absoluta seguridad, Venezuela. Pierde la universidad. En su estructura física, su patrimonio, su seguridad, su posibilidad de ser y de hacer. Pierden el saber, la investigación, la cultura. Se frenan los planes o programas de extensión. Se desperdicia el talento. Se alimenta la frustración de profesores y alumnos, y de la propia sociedad. Pierde el país.La universidad atacada genera, al menos, dos preocupaciones: el silencio de la sociedad y los casi insalvables obstáculos para el diálogo.

¿Nos estamos acostumbrando a la violencia protegida por la impunidad? ¿En qué condiciones puede restablecerse el diálogo Gobierno-universidades? ¿Son superables los motivos que lo impiden: la pretensión dominadora de uno de los interlocutores y el plenamente justificado recelo del otro de ver convertido el diálogo en mecanismo para el chantaje, la intromisión y la imposición? ¿Puede el Consejo Nacional de Universidades recuperar su función de lugar para el diálogo, la coordinación y la concertación? ¿Es posible restablecer este diálogo necesario en función de los intereses de la sociedad? ¿Puede el tema universidad ser parte de una gran agenda nacional? La violencia, en cualquier caso, además de condenable, no es el camino.

Artículo de opinión
El Nacional, 24 de marzo de 2010
http://www.el-nacional.com/

http://www.iesa.edu.ve/