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jueves, 6 de septiembre de 2012

Para ser país exportador

(El Presidente del Consejo Directivo del IESA, Gustavo Roosen, expone cuáles deben ser las condiciones de base necesarias para tener una oferta exportadora competitiva de cara a la entrada de Venezuela al Mercosur. Publicado en el diario El Nacional, el 3 de septiembre de 2012)

Muchas voces se han ocupado de analizar la conveniencia y la oportunidad del ingreso de Venezuela a Mercosur, algunas con el entusiasmo de quien confunde acuerdos u oportunidades con resultados, otras con el acento en la comparación de nuestra propia –ahora escasa- capacidad exportadora frente a la abundante de los otros actores del grupo.

Más allá de estas consideraciones, quizás habría que preguntarse sobre las condiciones de base -capacidad de producción, actitud, marco legal, normas administrativas, políticas de estímulo- necesarias para tener una oferta exportadora competitiva.

Mercosur nos ofrece, ciertamente, un mercado ampliado, lo que implica una mayor oferta de productos y servicios con los cuales satisfacer las necesidades del país, pero –así deberíamos verlo- sobre todo un mayor espacio para los nuestros. ¿Están dadas las condiciones para aprovechar este mercado ampliado? ¿Podemos abrigar la esperanza de dejar de ser país fundamentalmente importador y convertirnos en exportador? ¿Sobre qué bases es posible desarrollar una economía exportadora?

Si se parte de la consideración de que en materia de negocios los países no tienen amigos sino intereses, es lógico pensar que con la incorporación de Venezuela los miembros de Mercosur aspiran a ampliar su mercado. Ya lo han venido haciendo con éxito, de manera estructurada y sistemática. Venezuela ha sido destino de sus exportaciones en importantes volúmenes, antes incluso de la formalización del acuerdo, con el resultado de ganancias para los sectores productivos de esos países, en los cuales gobierno y empresa privada actúan de forma consustanciada.

Cuando se piensa en las condiciones básicas para el desarrollo de una economía exportadora no se puede menos que mencionar la ampliación de los mercados, el desarrollo de una actividad comercial dinámica y estratégicamente dirigida, la aplicación de políticas públicas estimuladoras de la producción, incluidas políticas de financiamiento y políticas sectoriales para campo de actividad y, sobre todo, para las cadenas productivas con mayor capacidad movilizadora de la economía.

Indispensable pensar también en la capacidad institucional para abrir mercados, modernizar las estructuras productivas, comercial y de servicios, poner en práctica las políticas acordadas y dinamizar estructuras de apoyo efectivo a través de agencias de desarrollo, con participación del sector privado y con presencia del Estado como animador.

Son también condiciones indispensables privilegiar la innovación, identificar las cadenas de valor con mayor potencial exportador, ampliar la oferta exportadora al campo de los servicios y del conocimiento, atender la nueva realidad de los clusters para concentrarse en la producción especializada de partes aprovechando las ventajas comparativas de materia prima, disponibilidad de mano de obra, habilidades, cercanía de los centros de producción y de consumo.

Los países que han logrado concretar su voluntad exportadora han dado primera importancia a la promoción del diálogo entre los sectores público y privado, han legislado para favorecer el comercio, consolidado un marco institucional que permite a los agentes económicos la planificación de sus actividades a medio y largo plazo y, finalmente, desarrollado una política proactiva que confía en el crecimiento de los mercados pero que, sobre todo, se plantea objetivos y los alcanza. Son países que han fortalecido su infraestructura portuaria y la vialidad interna como elementos fundamentales para la competitividad de sus productos y han hecho de la exportación no una respuesta coyuntural sino una estrategia de desarrollo.

La buena aplicación de estas condiciones básicas se da, obviamente, cuando lo que priva es un criterio económico más que político, cuando lo que anima los acuerdos comerciales no son objetivos de influencia ideológica sino de diversificación de mercados y apertura de oportunidades. La promoción de una economía exportadora es otra herramienta para la generación de trabajo y el desarrollo de nuestra capacidad de hacer.

nesoor@cantv.net

viernes, 24 de agosto de 2012

Mercosur: ¿Amenaza o reto?

(Ante la entrada de Venezuela al Mercosur el profesor del IESA, Ernesto Blanco, comenta la necesidad de ser competitivos localmente a través de la formulación e implementación de acciones por parte de los empresarios nacionales. Publicado en El Universal, el 21 de agosto de 2012)

Tenemos años tratando de participar en el Mercado Común del Sur, Mercosur, y, en lo personal, tengo años viendo la iniciativa con escepticismo. Nuestro gobierno aduce que la participación de Venezuela en el acuerdo de libre comercio entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay nos presentará grandes oportunidades, como son el acceso comercial a un mercado de unos 240 millones de habitantes, la posibilidad de exportar con mayor facilidad a estos países y el desarrollo de la industria nacional, entre otras.

En el papel, todo esto luce muy atractivo, no obstante, debemos hacer algunas consideraciones. Nuestra moneda está sobrevaluada, en consecuencia, será atractivo para nosotros importar de esos países, pero casi que imposible que éstos importen nuestros productos; son muy caros. Si esta anormalidad no se corrige, lo único que podremos exportar es lo que ya exportamos: petróleo.

Además, suponiendo que solventemos este problema, durante los últimos 14 años el gobierno se ha encargado de destrozar el aparato industrial venezolano mediante toda clase de regulaciones y con la peor de todas las acciones: la expropiación de cuanta industria le parece que debe controlar o dar en administración a sus trabajadores para hacerlas "más productivas". El resultado: menos industrias, menos inversión nacional y extranjera y menor productividad de las empresas sobrevivientes.

A pesar de este panorama, podríamos pensar que ya que estamos montados en el burro, como dicen coloquialmente, hay que arrearlo. El empresariado venezolano y la propia industria gubernamental no-petrolera, debe preguntarse, qué vamos a hacer de cara a esta nueva realidad, qué estrategias, de corto y mediano plazos, debemos formular e implementar para ser competitivos.

Lo primera recomendación de los expertos en el tema es ser competitivos localmente. Si una empresa es competitiva en su país, lo que implica productos o servicios de excelente calidad, entregados a tiempo y controlando los costos, una atención esmerada para sus clientes y, sobre todo, la continua innovación en toda o cualquiera de las fases de la cadena de producción, tiene el camino allanado para competir internacionalmente. En Venezuela tenemos ejemplos de competitividad nacional que han traspasado las fronteras. Podemos mencionar a Empresas Polar y Farmatodo, ambas compitiendo con éxito en el mercado colombiano.

Frente a la entrada de Venezuela en el Mercosur, los empresarios nacionales pueden adoptar dos de las siguientes actitudes: lamentarse de lo débiles que son ante sus competidores sureños, responsabilizando a las malas políticas del gobierno nacional o formular e implementar acciones que, desde todo punto de vista, lleven a sus empresas a competir exitosamente en este nuevo mercado del cual formamos parte. Se trata, entonces, de analizar el mismo evento desde dos perspectivas: la de amenaza o la del reto. La última producirá beneficios para todos.

Coordinador del Centro de Gerencia y Liderazgo del IESA

eabm@cantv.net

lunes, 23 de julio de 2012

Sistema agroalimentario y Mercosur

(El profesor del IESA, Carlos Machado Allison, da su opinión acerca del contexto interno de Venezuela para el momento de su ingreso en el Mercosur. Publicado en El Universal el martes 17 de julio de 2012)

Me cuento entre los que consideran positivamente los procesos de integración. Ellos, junto a los derechos de propiedad, la libertad económica, política y de expresión pueden fortalecer las democracias y las economías. Pero como cualquier política de Estado, los procesos de integración deben ser analizados en el contexto de la realidad interna de cada país.

Por ejemplo, la Unión Europea no se fraguó desde la cúpula política de sus integrantes. Las consultas fueron amplias, las reglas de juego analizadas hasta el detalle por los agentes económicos y la sociedad en general. No todos estuvieron de acuerdo con la mayoría, Suiza conservó su tradicional moneda y modos de interactuar con otros países. El Reino Unido hizo algo diferente, pero en un contexto similar. Varias fueron las naciones que tuvieron que ajustar su economía para poder ingresar y aún existen algunos que no han logrado cumplir con todo lo acordado. Ahora Venezuela se incorpora a Mercosur a los trancazos, sin consulta alguna con los sectores como el industrial, financiero, agrícola o comercial. Nadie sabe a ciencia cierta si existirán salvaguardas o si los productos circularán sin barrera alguna. Esto último vale cuando los socios comparten fortalezas, poseen nichos de competitividad y una política de exportaciones bien calibrada. Nosotros no tenemos nada de eso, hemos perdido competitividad, hacer negocios en Venezuela es harto difícil, la agricultura está en crisis y han desaparecido miles de industrias.

¿Qué venderemos?

Un ministro ha declarado que con el ingreso a Mercosur se abaratarán muchos productos, entre ellos los alimentos, y debo suponer que también los vehículos, los artefactos eléctricos, los repuestos y quién sabe cuántas cosas más. Pero, ¿y qué le vamos a vender a Brasil y Argentina? ¿Ají dulce y queso telita? Nuestras exportaciones son petróleo y algunas cosillas más que pocas divisas generan. ¿Cuáles son los grandes proyectos de inversión en agricultura y agroindustria que nos permitan colocar productos en los países del Sur? ¿Qué medidas tomará el Gobierno para compensar el elevado costo que nos han impuesto con sus leyes y políticas? ¿Cómo compensarán la inflación venezolana con la estabilidad macroeconómica del Sur? ¿Cómo se integra un país con control de cambio y de precios? ¿Será al estilo del ALBA donde Venezuela pone dólares y bocas, mientras los demás nos exportan sus productos ?

¿Acaso cree el Gobierno que un elevado precio del petróleo compensa el deterioro de nuestras instituciones públicas, universidades, carreteras, puertos y demás elementos que crean el entorno para ser competitivos? ¿O será que piensan que vamos a exportar, como lo estamos haciendo, a nuestros mejores recursos humanos?

Este acto irresponsable es una razón adicional para que en octubre cambiemos de gobierno para que el país tenga un presidente que escuche, sea responsable y vele por el futuro de la democracia y economía. Mejores políticas con menos ideología.

cemacallison@gmail.com

viernes, 20 de julio de 2012

Entrar al Mercosur

(El economista y profesor del IESA, Pedro Palma, explica por qué a pesar de que los mecanismos de integración regional suele ser positivos la entrada de Venezuela al Mercosur resulta desventajosa en los actuales momentos. Publicado en el diario El Nacional el 17 de julio)

En principio, la integración es buena para cualquier economía, pues a través de ella se amplían los mercados potenciales de exportación para el aparato productivo del país que se integra a un bloque comercial, condición necesaria, mas no suficiente, para estimular la inversión productiva requerida para la diversificación y avanzar con paso firme en el proceso de desarrollo sustentable. Eso es particularmente cierto en el caso de Venezuela, que tiene un mercado interno pequeño y una economía monoexportadora, muy poco diversificada y altamente dependiente de la renta petrolera.

Sin embargo, el ingreso de Venezuela en el Mercosur en estos momentos le va a generar muy pocos beneficios, por lo menos en el corto plazo, siendo los grandes beneficiarios de esa acción los otros países del bloque, particularmente Brasil y Argentina, pues Venezuela tiene una capacidad exportadora distinta del petróleo muy precaria, y a la vez dependemos enormemente de las importaciones para abastecer el mercado local.

El ataque persistente del Gobierno a la actividad productiva privada ha destruido buena parte del aparato productivo interno y ha desincentivado la inversión. Las expropiaciones y estatalizaciones de empresas han hecho que las actividades productivas de bienes transables, como la agricultura, la agroindustria, la manufactura de bienes básicos como el cemento y el acero y otras, sean ahora improductivas y mucho menos eficientes, ya que las empresas que pasan a ser administradas por el Estado producen mucho menos que cuando estaban en manos privadas. Eso ha restringido enormemente la capacidad de generación de oferta interna en Venezuela.

A lo anterior se suma el hecho de que la moneda está altamente sobrevaluada debido al mantenimiento de tipos de cambio oficiales irracionales que hacen que el dólar sea artificialmente barato, pero de difícil y limitado acceso para el sector privado por un estricto control cambiario que ha estado vigente desde 2003.

Ello se traduce en menor capacidad competitiva y productiva, así como en un estímulo para importar. También los precios están fuertemente controlados, haciendo en muchos casos que los productores se vean forzados a producir con márgenes muy bajos, o simplemente a pérdida, lo que desincentiva y limita aún más la producción local.

El Gobierno, a su vez, ha incrementado el gasto, particularmente el dirigido a programas sociales, a través del cual se inyectan a la economía grandes cantidades de fondos orientados hacia segmentos de la población con una alta propensión a consumir, lo que incentiva el consumo privado.

Aquella restricción de la producción local, combinada con el crecimiento de la demanda, ha impulsado la necesidad de importar enormes cantidades de bienes. A modo ilustrativo, en el primer trimestre de 2012, el valor en dólares de las importaciones de mercancías aumentó más de 48% en comparación al mismo del año 2011.

En este escenario es fácil inferir que los grandes beneficiarios de la entrada de Venezuela en el Mercosur serán los exportadores brasileños y argentinos, quienes ahora tendrán mayor y más favorable acceso al mercado venezolano.

Todo lo anterior es particularmente cierto en un año electoral como 2012, cuando el Gobierno ha incrementado notablemente su gasto, con el fin de obtener dividendos políticos, haciendo que no basten los altos ingresos petroleros, sino que se acuda al endeudamiento público masivo, situación que acarrea que la deuda pública aumente notablemente y a un ritmo muy preocupante.

Si no se cambia el rumbo y se orienta la política económica hacia el estímulo de la inversión, la diversificación económica, el desarrollo de un sólido y eficiente sector productivo y el fomento de las exportaciones, pocos serán los beneficios que nos generará el ingreso en el Mercosur, no sólo en lo inmediato, sino también en el mediano y el largo plazo.