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martes, 14 de agosto de 2012

Una revolución agroalimentaria


(El profesor del IESA, Carlos Machado Allison, compara los resultados de la política agroalimentaria gubernamental, basada en el centralismo y la ideología, con la aplicada por otros países de América Latina de manera exitosa, concebida según las competencias propias de cada sector. Publicado en el diario El Universal el martes 14 de agosto de 2012)


En octubre los electores, aquellos que producen, procesan y distribuyen, deberán escoger entre dos formas de alimentar al pueblo. Una, bien conocida, ha sido aplicada durante 14 años y ha fracasado. Se basa en la idea de que las tierras son del Gobierno y que éste debe participar en la producción, almacenamiento, transporte, procesamiento y distribución. También en la necedad de creer que la indoctrinación ideológica y el centralismo son capaces de mejorar la producción.

Los resultados están a la vista: inflación, escasez, baja diversidad, pobre calidad, desempleo y una caída en la producción que obliga a gastar entre 5 y más de 7 mil millones de dólares en importaciones, factura que podría reducirse a la mitad. Además, hay que sumar controles de precios, normas burocráticas costosas, miles de empleados públicos dedicados a la inspección y control, abandono de la infraestructura vial y deterioro de los servicios.

Fórmula simple
La otra, que no es nueva, es la que practican con éxito casi todos los países de América Latina, tanto los nuevos socios de Mercosur, como los viejos del Pacto Andino y el G3. Una fórmula simple y práctica que bien se podría resumir en aquello de "zapatero a tus zapatos" o la vieja conseja, a veces mal empleada a conveniencia de algunos: los curas a la iglesia, los militares al cuartel y los civiles al poder" para hacer evidente que cada quien debe trabajar de acuerdo a su competencia. ¿Qué hacer?

Pues (1) Garantizar los derechos de propiedad y poner orden a través de un catastro nacional de tierras;

(2) Dejar en paz a los productores para que hagan lo que saben hacer sin tantos obstáculos, normas, intromisiones y amenazas;

(3) Elevar la calidad de la vida rural mediante una revolución que mejore vialidad, escuelas, el sistema de salud, la vivienda, la seguridad personal y, en general, de todos los servicios del mundo rural, para que vivir en él sea más atractivo que hacerlo en la ciudad;

(4) Destinar abundantes recursos a la investigación, el desarrollo tecnológico y la capacitación técnica, para incrementar los rendimientos y la calidad de los productos agrícolas;

(5) Propiciar los acuerdos dentro de cada cadena de tal suerte que productores, procesadores y distribuidores establezcan planes sostenibles teniendo la satisfacción del consumidor como objetivo común;

(6) Descentralizar decisiones políticas e inversiones públicas para que gobernaciones, alcaldías y organizaciones civiles puedan actuar en libertad y en consonancia con la realidad cultural, climática y geográfica de cada localidad. Esa sería la verdadera revolución.

Luego vendrán los detalles finos de una política inteligente. Ubicar nuestras competencias y estimular la producción y procesamiento de nuevos rubros. Rescatar las ventajas que tuvimos en rubros tradicionales, darles valor agregado y reconstruir nuestro comercio exterior y las condiciones de la agroindustria para negociar y competir. Es posible hacer una revolución en el campo.

cemacallison@gmail.com

lunes, 23 de julio de 2012

Sistema agroalimentario y Mercosur

(El profesor del IESA, Carlos Machado Allison, da su opinión acerca del contexto interno de Venezuela para el momento de su ingreso en el Mercosur. Publicado en El Universal el martes 17 de julio de 2012)

Me cuento entre los que consideran positivamente los procesos de integración. Ellos, junto a los derechos de propiedad, la libertad económica, política y de expresión pueden fortalecer las democracias y las economías. Pero como cualquier política de Estado, los procesos de integración deben ser analizados en el contexto de la realidad interna de cada país.

Por ejemplo, la Unión Europea no se fraguó desde la cúpula política de sus integrantes. Las consultas fueron amplias, las reglas de juego analizadas hasta el detalle por los agentes económicos y la sociedad en general. No todos estuvieron de acuerdo con la mayoría, Suiza conservó su tradicional moneda y modos de interactuar con otros países. El Reino Unido hizo algo diferente, pero en un contexto similar. Varias fueron las naciones que tuvieron que ajustar su economía para poder ingresar y aún existen algunos que no han logrado cumplir con todo lo acordado. Ahora Venezuela se incorpora a Mercosur a los trancazos, sin consulta alguna con los sectores como el industrial, financiero, agrícola o comercial. Nadie sabe a ciencia cierta si existirán salvaguardas o si los productos circularán sin barrera alguna. Esto último vale cuando los socios comparten fortalezas, poseen nichos de competitividad y una política de exportaciones bien calibrada. Nosotros no tenemos nada de eso, hemos perdido competitividad, hacer negocios en Venezuela es harto difícil, la agricultura está en crisis y han desaparecido miles de industrias.

¿Qué venderemos?

Un ministro ha declarado que con el ingreso a Mercosur se abaratarán muchos productos, entre ellos los alimentos, y debo suponer que también los vehículos, los artefactos eléctricos, los repuestos y quién sabe cuántas cosas más. Pero, ¿y qué le vamos a vender a Brasil y Argentina? ¿Ají dulce y queso telita? Nuestras exportaciones son petróleo y algunas cosillas más que pocas divisas generan. ¿Cuáles son los grandes proyectos de inversión en agricultura y agroindustria que nos permitan colocar productos en los países del Sur? ¿Qué medidas tomará el Gobierno para compensar el elevado costo que nos han impuesto con sus leyes y políticas? ¿Cómo compensarán la inflación venezolana con la estabilidad macroeconómica del Sur? ¿Cómo se integra un país con control de cambio y de precios? ¿Será al estilo del ALBA donde Venezuela pone dólares y bocas, mientras los demás nos exportan sus productos ?

¿Acaso cree el Gobierno que un elevado precio del petróleo compensa el deterioro de nuestras instituciones públicas, universidades, carreteras, puertos y demás elementos que crean el entorno para ser competitivos? ¿O será que piensan que vamos a exportar, como lo estamos haciendo, a nuestros mejores recursos humanos?

Este acto irresponsable es una razón adicional para que en octubre cambiemos de gobierno para que el país tenga un presidente que escuche, sea responsable y vele por el futuro de la democracia y economía. Mejores políticas con menos ideología.

cemacallison@gmail.com

martes, 8 de mayo de 2012

Éxitos y fracasos agroalimentarios

(El profesor del IESA, Carlos Machado Allison, nos habla sobre los aciertos y desaciertos en las políticas agroalimentarias en Venezuela. Publicado en el diario El Universal el martes 8 de mayo de 2012)


La defensa de su política, el ocultamiento de los resultados y el filtro ideológico del Gobierno es tan coherente como falaz. El Gobierno sí se ha apuntado algunos éxitos en materia alimentaria. Con un gasto excesivo y con frecuencia poco eficiente, elevó la disponibilidad diaria de calorías de la población más pobre. Esto es cierto, la evidencia viene de las confiables hojas de balance, cifras recientes del INN y estudios sobre salud alimentaria que muestran aumento de peso en los niños, pero sin incremento en la estatura y un porcentaje preocupante de obesidad con mala nutrición.

Lo ha hecho mediante subsidios que rondan los 8 mil millones de bolívares sólo para mantener la red Mercal. A esta erogación es necesario sumar varios miles de millones de dólares en importaciones y un costoso crecimiento burocrático. Además se han gastado, de modo ineficiente, miles de millones a través del crédito público, erogaciones de Pdvsa, pago de bienhechurías y algunas propiedades, pago a asesores cubanos, gastos de movilización de efectivos, compra de maquinaria, pérdida de alimentos, creación de empresas agrícolas públicas y quién sabe cuantas cosas más.

No se ha incrementado ni la producción nacional ni su eficiencia, tampoco la sostenibilidad de la producción, el empleo de tecnología moderna, las fuentes de trabajo bien remuneradas y el consumo de frutas, hortalizas, raíces y tubérculos. Los venezolanos están comiendo más harinas, azúcar, grasas y carne de aves debido al modo en que se aplican los subsidios, pero no han mejorado su dieta y tampoco se han logrado las metas del Gobierno: desarrollo endógeno, auto-abastecimiento, seguridad alimentaria, calidad y sanidad, así como la cacareada, pero incomprensible, soberanía alimentaria. Han obtenido votos, no han logrado progreso.

Poco probable
Hay alimentos que debemos importar, en otros el autoabastecimiento total es poco probable, pero podríamos producir más e importar menos, y están aquellos que no sólo deberían satisfacer el consumo interno, sino que es posible exportar. Es factible producir más azúcar, carne bovina, leche, maíz blanco, arroz, plátano, cambur, café, cacao, piña, guayaba, tomate, cebolla, pimentón, papa, palma aceitera y una larga lista de cultivos tropicales que la industria privada podría darle valor agregado.

¿Los fracasos del Gobierno? Erosionar los derechos de propiedad, elevar la inseguridad personal en el campo, eliminar fuentes de conocimiento ahogando a las universidades, haberse metido a productor, industrial e importador en lugar de ocuparse de la infraestructura vial, de riego, sanitaria y educativa del mundo rural. Haber creado una trama de permisos y controles, entre ellos los de precios y divisas que han paralizado al sector agroalimentario generando episodios de escasez e inflación desmedida.

Consumidores, productores, industriales y distribuidores necesitan tanto una nueva y moderna política agroalimentaria como un nuevo gobierno.

cemacallison@gmail.com

martes, 1 de febrero de 2011

Carlos M. Allison \\ ¿Dónde están los campesinos?

Pocos gobiernos han armado tanta alharaca con el tema de la tierra como el actual. Sin embargo la población rural de Venezuela no es muy grande. En el censo de 2001 era de apenas 2.672.453 y se había reducido con respecto al censo anterior. La migración del campo hacia la ciudad ha continuado y el censo de este año mostrará que apenas 7 u 8% del total es rural. Si esto es cierto, la población rural ha disminuido aún más y apenas sobrepasaría los 2 millones mientras que la urbana supera los 27.

La fuerza de trabajo agrícola, entre empleados y campesinos o productores independientes, entre 600 y 900 mil personas, están ubicados sobre más de 30 millones de hectáreas o 60 millones, si incluimos el área potencial, entre 33 y 100 hectáreas por persona. Sobran tierras y falta gente al comparar nuestras cifras con otros países del mundo.

Existen otros aspectos relevantes (a) la mayoría de los trabajadores rurales están amparados por la misma legislación y salario urbano; (b) el modo de vida es cada día más parecido al urbano y una elevada proporción de los trabajadores del campo viven en las conurbaciones cercanas y no dentro de las fincas; (c) muchos ocupantes de viviendas rurales trabajan en centros urbanos (industria, comercio, actividades informales, transportistas y otros); (d) muchos ubicados por el Gobierno en las fincas confiscadas nunca han cultivado la tierra y sólo buscan vivienda, o espacio físico donde construirla.

Por estas razones, ha sido muy difícil lograr que se produzca algo en las 3,5 millones de hectáreas decomisadas.Muy pobresQuedan campesinos, en la visión tradicional, ranchito con perro en la puerta y humo de leña. Son pocos, están "montaña adentro", muy pobres y de avanzada edad. Los estudios sobre la reforma agraria hacia 1995 mostraban que la mayoría de los habitantes de los asentamientos campesinos eran estudiantes, comerciantes o amas de casa, pocos se dedicaban a la producción agrícola. Ésta, en más del 90%, salvo las hortalizas, procede de fincas medianas y mecanizadas, que emplean semillas, fertilizantes y agroquímicos, con productores que conocen de tecnología y mercado.

Este gobierno feudal expropia y otorga papeles sin valor, no entrega títulos firmes a los campesinos, ni los educa para insertarlos en el mundo contemporáneo. Los mantienen en la miseria. Con respecto a la ganadería sobre grandes extensiones, tenga la seguridad que si el Gobierno compra y paga, muchos propietarios venderían y si la infraestructura vial, de riego o drenaje existiera, ya hubieran parcelado sus haciendas.

Entonces, ¿A dónde nos lleva la política agrícola del Gobierno? Pues a las urnas electorales a través de la venta de ilusiones a los más pobres, mas no a la equidad, el empleo digno, el progreso económico familiar, uso de la tecnología y satisfacción de las necesidades alimentarias del país ¿Por qué se niega el Gobierno a otorgar propiedad plena a los trabajadores del campo? Para mantener votos cautivos de la pobreza y la ignorancia.

Artículo de opinión
Publicado en El Universal, 01 de ferebro de 2011
http://www.eluniversal.com/
http://www.iesa.edu.ve/
cemacallison@gmail.com

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Gustavo Roosen\\ ¿Agropesimismo?

Las comparaciones pueden poner de relieve las semejanzas, pero también golpear con el dramatismo de las diferencias. Es lo que sucede cuando se analiza el desarrollo agrícola y pecuario de Venezuela y el de su socio y vecino Brasil. A sus ya numerosas distinciones, Brasil suma ahora la del país con más potencial de desarrollo agrícola. Es, de hecho, el más grande exportador de cereales ­luego de Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina y la Comunidad Europea­ y el primer exportador mundial de carne de res, pollo, soya, maíz, jugo de naranja, azúcar, algodón y café.

Aplicando un modelo que reivindica la investigación científica, la productividad y la producción en escala, Brasil se ha convertido en el sexto productor de soya, un cultivo más propio de clima templado que del cálido brasileño; ha logrado producir trigo en tierras del Amazonas, modestas en capa vegetal, y está haciendo del estado de Mato Grosso la granja del mundo y símbolo de su milagro agrícola. Son varias las razones que explican este desarrollo: una visión de realismo y de grandeza en los propósitos, la capacidad de convocar y coordinar los esfuerzos de los sectores público y privado, la voluntad de conjugar la adecuación a las realidades de suelo y clima con la afirmación de la investigación científica para la aplicación de innovaciones, ensayo de nuevos cultivos, mejoramiento de suelos y semillas.

Negado a atender los llamados del proteccionismo, Brasil optó por la innovación y la productividad; decidió apoyarse en la investigación científica y en el uso intensivo de tierras y capital; apostó por la apertura al comercio internacional y la competitividad, más que por los subsidios y el aislamiento; se alineó con un modelo que propone el adecuado balance entre desarrollo agrícola y ambiente; estimuló la mecanización de extensas áreas de producción, la capacitación de sus técnicos y la incorporación de las mejores prácticas en el manejo del negocio.

No es el caso de Venezuela.
Estamos, al contrario, frente a un panorama de destrucción de la capacidad productiva nacional, de inseguridad jurídica, de aprobación de leyes que afectan o permiten la arbitraria afectación de la propiedad, de acoso y atropello a los productores, de desaliento a la inversión, de entorpecimiento de la actividad privada, de competencia desleal del Estado a través del mecanismo de la importación. Se privilegia la importación sobre la producción, se piensa más en términos de conuco o de agricultura de subsistencia que en dimensiones de expansión y exportación, las políticas apuntan más al control de la tierra que a su productividad.Lejos de sentir garantizada su seguridad alimentaria, el país es sacudido cada día con un nuevo motivo de preocupación: desabastecimiento; incremento de precios; merma en la producción de rubros como frutas, café, cacao, caña de azúcar, maíz, café y arroz.De acuerdo con los expertos, Venezuela es el único país de la región cuya producción interna mantiene una tendencia negativa.

Según cálculos de la FAO, en producción de alimentos Venezuela sólo supera a Cuba y Haití. Aumentan, en cambio, las importaciones.Incluso de productos como el arroz, antes con capacidad excedentaria; o el café, ahora venido de Nicaragua; o el sorgo, los pollos, el queso o el ganado.Se habla de "agropesimismo" como el temor a que la humanidad no pueda alimentarse sino destruyendo el ambiente.En el caso de Venezuela cabría hablar con más propiedad de "agrodepresión" para referirse al resultado de políticas equivocadas que lejos de estimular la producción agropecuaria, la están conduciendo a su destrucción.Muy diferente al caso del vecino Brasil.

Artículo de opinión
Miércoles, 08 de septiembre de 2010
www.el-nacional.com
www.iesa.edu.ve