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martes, 2 de abril de 2013

El guión

Ramón Piñango, profesor del IESA, considera que: "Para zafarse de las limitaciones que este momento de la historia del país les impone tanto a Maduro como a Capriles, existe una preciosa oportunidad: ofrecer la reconciliación de los venezolanos que haga posible la paz". Publlicado en El Nacional, el 26 de marzo de 2013. 


Con frecuencia nos engañamos atribuyéndole a la voluntad de las personas un poder excesivo para generar los acontecimientos sociales. Sin duda, la conducta individual pesa, pero en muchas ocasiones lo que hacemos es más el resultado de circunstancias que nos llevan a actuar de cierta manera y no tanto de lo que queremos o podemos hacer. Lo que está ocurriendo en la coyuntura política actual constituye un claro ejemplo de cómo las circunstancias imponen un guión a quienes aparecen como sus protagonistas.



Nicolás Maduro es lo que la historia le ha obligado ser: el candidato del chavismo designado por el dedo de Hugo Chávez. No puede ser otra cosa. Está condenado a ser eso, porque toda su fuerza proviene de quien lo designó. Tan es así que es inevitable preguntarse si fue escogido como el sucesor en la presidencia, precisamente por eso, porque no puede alzarse con el poder.

Maduro está condenado a abrazar a Chávez, a utilizar la figura del difunto presidente, como referencia venerada por muchos, para pedir el voto de la gente. No nos extraña escucharlo mencionar, una y otra vez, el nombre de quien nos gobernó por catorce años.

Pero de donde proviene la fortaleza de Maduro también proviene su debilidad: mientras se aproxime a Hugo Chávez más se notarán las diferencias entre ambos personajes. El contraste se hará obvio, tan obvio que llegará el momento en que muchos se preguntarán por cuál razón el vicepresidente fue señalado como el sucesor.

Henrique Capriles hizo una larga campaña para la presidencia. Fue derrotado pero obtuvo 45% de los votos. Gracias a la campaña ganó algo invalorable como capital político: buena parte de la población sabe quién es él. La oposición no tenía otra opción sino designarlo como candidato porque no había tiempo para dar a conocer otro. Capriles estaba condenado a ser candidato y aceptó su destino.

La condena de Capriles implica, entre otras cosas, que es candidato frente a Maduro, en una campaña electoral de unos escasos días, con los dados cargados en su contra. No puede hacer otra cosa sino insistir hasta el final, y con toda su fuerza, en que Maduro no es Chávez, ni se le asemeja. Tiene que afirmar que el ungido carece de las virtudes de quien lo ungió. Y, lo que agrava las cosas, el candidato opositor no puede señalar los evidentes defectos de Chávez.

Las circunstancias son las circunstancias. Pesan, influyen. Muchas veces parecen ahogar, pero no es raro que contengan intersticios que ofrecen oportunidades que pocos ven. ¿Qué oportunidades difíciles de ver puede tener Maduro? ¿Cuáles Capriles? Complejas preguntas, pero vale la pena explorar una respuesta.

Para zafarse de las limitaciones que este momento de la historia del país les impone tanto a Maduro como a Capriles, existe una preciosa oportunidad: ofrecer la reconciliación de los venezolanos que haga posible la paz. Los datos indican que la paz es un anhelo compartido por gran parte de los venezolanos. ¿Quién podrá ser el campeón de tal anhelo? Difícil decirlo. Maduro tendría que ofrecer algo que Chávez no ofreció, para abrir una nueva etapa en la revolución bolivariana. Esto puede ser mucho pedir porque el presidente encargado no parece tener la fuerza política para asumir esta tarea. Capriles podría hacerlo, si logra vincular la oferta de paz con la de justicia social y capacidad para afrontar los problemas del país. Pero hacer esto en pocos días es tremendamente difícil.

El reto es increíble. Quien logre mover a la población con la bandera de la paz obtendrá el apoyo para gobernar. Pero que sepa quien gane las elecciones del 14 de abril que, si no se cuenta con la bandera de la paz, no podrá gobernar un país sumergido en una crisis masiva. Esto es parte fundamental de la trama en que nos enredó la historia.

jueves, 7 de marzo de 2013

“Los auges petroleros en Venezuela son cantos de sirena que llevan al naufragio”

El coordinador académico del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA advierte que en el país no se discute sobre el riesgo de que Estados Unidos reduzca su importación de crudo, gracias al petróleo de esquitos. “Nuestros países hermanos de la OPEP aumentaron en 20% la producción, pero Venezuela hizo todo lo contrario”. Reportaje de Andrés Rojas Jiménez, para El Nacional, publicado el 6 de marzo de 2013

- Coordinador académico del Centro Internacional de Energía y Ambiente del Instituto de Estudios Superiores de Administración.
- Es economista egresado de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos en el año 2007. En 2010 obtuvo la maestría en Economía de la Universidad de Cambridge en Reino Unido.
- Es profesor de las maestrías de Administración y de Políticas Públicas del IESA y de la Escuela de Economía de la UCAB.
- La pasión como estudioso del tema de hidrocarburos pudiera decirse que lo heredó de su padre, Luis Roberto Rodríguez. El libro El petróleo como instrumento de progreso surge como una investigación más profunda de los trabajos de maestría que padre e hijo emprendieron en sus respectivos estudios de posgrado.



El economista Pedro Luis Rodríguez no figura entre quienes satanizan al petróleo. No dice que nunca se sembró –en alusión al editorial de Arturo Uslar Pietri- y tampoco forma parte de los que asumen como creencia que la abundancia en hidrocarburos es un ejemplo más de la maldición de la riqueza en recursos naturales porque genera inestabilidad económica y política en los países que la poseen.
“Hasta principio de los años setenta del siglo pasado si a cualquiera en el exterior le hubiésemos dicho que el petróleo es una maldición que nos cayó a los venezolanos, sencillamente nos hubiera respondido que estábamos locos o equivocados”, dice Rodríguez, coordinador académico del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA.

“Hay que ver el desarrollo y la estabilidad que tuvo Venezuela. Éramos modelo en el mundo y eso se acabó cuando el mercado petrolero se hizo volátil. A partir de entonces se han tomado medidas erradas en el manejo de la renta petrolera”, agrega.

—Se crítica que el país viva de la renta petrolera, incluso hasta por parte del ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani.

—Siempre que se produzca petróleo se va a producir una renta y eso le pasa a cualquier país con algún recurso natural. Se llama rentismo, hay que asumirlo, pero el problema no está en la generación de esa renta sino en cómo se asigna y que se reparta de manera discrecional, porque se crean los incentivos para utilizarla como herramienta política, entregarla a las personas que apoyan al mandatario de turno y castigar a quienes no.

—¿Ese rentismo se exacerbó en el gobierno del presidente Hugo Chávez?

—Se exacerbó la discrecionalidad en el manejo porque una persona es la que firma el cheque y decide quién gana o quién pierde con los recursos que van al Fondo de Desarrollo Nacional y al gasto social que realiza Pdvsa.

—¿Se creó un presupuesto paralelo?

—Exacto, y esos recursos se administran de manera discrecional y sin ningún tipo de transparencia o rendición de cuenta, pero en cambio el control de los ingresos petroleros otorga poder. Si se tuviera una economía diversificada y un sector privado que pudiera brindar cierto contrapeso, entonces el poder de esa discrecionalidad estaría más limitado como en México.

—¿No es contradictorio que el ministro Giordani critique el rentismo y al mismo tiempo propicie el gasto del excedente?

—Creo que el ministro Giordani planteó las consecuencias del rentismo, pero no entiende muy bien cuáles son las causas y cómo manejar los recursos de manera responsable desde el punto de vista macroeconómico porque hay una absoluta discrecionalidad. No es una cuestión de políticos buenos o malos o comparar entre venezolanos y noruegos, ni tampoco decir que lo administramos mal porque somos venezolanos. Con la discrecionalidad que hay en el manejo de los recursos que vienen del petróleo, difícilmente se va a tener una política macroeconómica responsable, así pongan al Dalai Lama, a la Madre Teresa o al ministro Giordani.

—Pareciera que Pdvsa ha sido la menos beneficiada de la renta petrolera.

—Pdvsa, así como el Fonden, funciona como un mecanismo para aumentar la discrecionalidad en el manejo de los recursos porque una parte de la renta que se desvió a fondos extrapresupuestarios no fue a la inversión petrolera sino que se dirigió a las misiones, y en un año electoral se le encargó la Gran Misión Vivienda. Por eso hoy vemos como el Gobierno y Pdvsa se quedaron sin reales y con una producción petrolera en declive, incluso en 2012, según cifras extraoficiales.

—Se quedaron sin reales con un precio alto del petróleo.

—A diferencia de lo que ha ocurrido en el pasado, la devaluación y el paquetazo ocurren con un precio del petróleo en 107 dólares por barril, se gastó más de lo que fueron los ingresos y tenemos un sector petrolero que no es capaz de aumentar la producción. Al fin y al cabo, el Gobierno terminó de matar a la gallina de los huevos de oro.

—En el libro El petróleo como instrumento de progreso usted propone crear un nuevo fondo de ahorro. ¿Esa propuesta no resulta extemporánea si ya se gastó el dinero que vino del excedente de años pasados y hay riesgo de que Estados Unidos reduzca su importación de crudo?

—No cabe la menor duda de que desperdiciamos una gran ventana de oportunidades en la última década. La gran mayoría de países productores de petróleo aprovecharon las condiciones favorables del mercado para aumentar significativamente la producción y beneficiarse de lo que es el desarrollo de su sector petrolero industrial. Nuestros países hermanos de la OPEP en promedio aumentaron en 20% la producción desde 1998, pero Venezuela hizo todo lo contrario. Fuimos el único que cayó en niveles de producción de manera significativa. De cara al futuro, el petróleo de esquistos y shale gas o el de las nuevas tecnologías como trakking y la perforación horizontal plantean un escenario difícil para Venezuela y el hecho de que estos temas no se estén discutiendo es sumamente preocupante porque nos vamos a enfrentar con un escenario en el que Estados Unidos, que nos paga el precio de barril en su totalidad y puntualmente, de repente se está volviendo autosuficiente.

—Ese es un asunto que no lo aborda ni el Gobierno ni la oposición.

—No. Por eso hago la pregunta: ¿Estamos preparados para una caída importante en las importaciones de petróleo de Estados Unidos? Nosotros mismos hemos estado minando nuestro mercado más preciado y además Estados Unidos está aumentando la producción. En 2011 se incrementó en 750.000 barriles diarios y el año pasado en 840.000 barriles diarios.

—¿Ese hecho no puede asumirse como el fin del petróleo?

—No lo es. Hay un piso para la caída en los precios por este aumento de producción porque se trata de una tecnología que requiere alta inversión y cada barril que se produzca con ella es sumamente costoso, mucho más de lo que es la producción venezolana. Por el lado de la demanda, las proyecciones indican que los países emergentes como China y la India seguirán incrementando su consumo. Ciertamente en el mediano plazo pareciera que las dos tendencias van a llevar a un precio más moderado, pero difícilmente vuelva a un piso de 50 o 60 dólares por barril y, por tanto, los ingresos seguirán siendo importantes para plantearnos el petróleo como instrumento de desarrollo.

—Ibsen Martínez al final de su obra de teatro Petroleros suicidas pregunta: ¿Qué tiene el petróleo que envenena? ¿Venezuela está envenenada?

—En la portada del libro pusimos una imagen de Ulises atado a un mástil con unas sirenas. Nosotros decimos que los auges petroleros en Venezuela son como cantos de sirena porque son irresistibles, pero llevan al naufragio. Quizás Ibsen quiso decir algo similar en su obra de teatro, pero el petróleo también tiene la posibilidad de convertirse en algo distinto a un veneno. Más bien deberíamos preguntarnos: ¿A qué mástil nos atamos para aprovechar esos cantos de sirena sin llevar el barco al naufragio?

El instrumento del progreso 

Un fondo de ahorro como en Alaska

Pedro Luis Rodríguez y su padre Luis Roberto Rodríguez publicaron El petróleo como instrumento de progreso, editado por el IESA, en el cual más que hablar de “sembrar el petróleo” –como dijo Arturo Uslar Pietri- exhortan a “sembrar en el petróleo”. Una de las propuestas es la de crear un fondo de ahorro del excedente de los ingresos provenientes de la exportación de hidrocarburos, pero a diferencia de instrumentos similares que han aprobado en Venezuela en los últimos 35 años, esta vez se involucra directamente al ciudadano.
Recogen la experiencia del fondo petrolero de Noruega, que actualmente tiene acumulado 700 millardos de dólares y parte de esos recursos garantizan el sistema de pensiones y la seguridad social de un ciudadano de ese país, pero también el modelo que hay en el estado de Alaska.

“Desde 1982, entre 1.100 y 1.200 dólares se le ha entregado anualmente a cada ciudadano de Alaska”, recuerda Pedro Luis Rodríguez. “Es un suicidio político si un dirigente de ese estado dice que se cambiarán las reglas del fondo para utilizar los recursos en inversión social o en proyectos del estado”.

martes, 26 de febrero de 2013

La petropolítica de Venezuela en el Nuevo orden Internacional

"La geopolítica de la producción de energía es clave en negociaciones internacionales, generando alianzas y conflictos entre las regiones y arenas multilaterales", comenta Amanda Beaujon, investigadora del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA. Publicado el 19 de febrero de 2013, en Petroguía

 

El equilibrio geopolítico se encuentra en un punto de transición. Al finalizar la Guerra Fría el sistema caracterizado por la bipolaridad ha ido evolucionando hacia la multipolaridad. Consecuencia de nuevas realidades económicas, el surgimiento de nuevos poderes políticos y militares, globalización económica, política y cultural y el desarrollo de tecnologías de comunicación 2.0.


Estados Unidos ha enfrentado un desafío creciente para mantener su posición hegemónica. La presión Internacional resultado del crecimiento incomparable de los BRICs como nuevos poderes económicos, y las ambiciones nucleares de países no alineados, evidencia cómo la mencionada multipolaridad viene a ser reflejo de la coherción ejercida en un sistema donde los recursos clave son más fácilmente accesibles por los jugadores más débiles.

Las subidas agudas en los precios de los commodities también han sacudido el equilibrio político internacional -especialmente los precios del petróleo. La geopolítica de la producción de energía es clave en negociaciones internacionales, generando alianzas y conflictos entre las regiones y arenas multilaterales.

La política exterior de Venezuela durante el período de la Revolución Bolivariana, es un interesante caso para discutir las implicaciones de este fenómeno. Caracterizada por desafiar a los Estados Unidos y otros países desarrollados catalogados por los representantes del gobierno como "poderes imperialistas", mientras son utilizadas las reservas petroleras y los petrodólares como un instrumento para consolidar su posición ante una red de aliados internacionales más pequeños, dirigiéndolos a desafiar el orden mundial establecido.

Los altos precios del crudo durante la última década han permitido que el Gobierno venezolano sostenga políticas internas que atentan contra las libertades civiles de los ciudadanos; el presidente Hugo Chávez ha soportado los costos políticos que implican el cierre de un canal de televisión, la expropiación de propiedades privadas, encarcelar jueces y adversarios políticos, así como manejar las ganancias excedentarias de la renta petrolera con la opacidad y el secreto más alto observado en la región.

A nivel internacional, Venezuela ha podido mantener una política internacional de cooperación donde intercambia petróleo a tarifas preferenciales por especies agrícolas que podrían ser cosechadas localmente. Implícitamente, estas relaciones comerciales aseguran el voto de los países cuando es necesario en organizaciones internacionales, en donde un país representa un voto. Ejemplo de esto es la reciente elección de Venezuela para formar parte del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas con 154 votos – situación contraintuitiva, dados los acontecimientos mencionados anteriormente.

Utilizar el petróleo para obtener apoyo en instituciones internacionales como Naciones Unidas y la OEA puede evaluarse como una postura neo-imperialista para un gobierno que dirige la narrativa anti-imperialista moderna. Según la primera ley de la petropolítica, de Thomas Friedman este cambio radical en la política exterior venezolana y las políticas de derechos humanos puede ser extrapolada a otros países productores de petróleo, pareciera que existe una correlación entre estos hechos con la subida de los precios del crudo en momentos históricos diferentes. La experiencia de Irán, Rusia y varios países africanos y latinoamericanos pueden atestiguar que la radicalización interna y externa es un fenómeno predominante en las partes del mundo que poseen riquezas naturales.

Algunos países productores de petróleo, como Arabia Saudita, han reconocido que durante los momentos de altos precios del crudo, los países desarrollados alinean su política exterior en materias de energía y ambiente, traduciéndose en las significativas inversiones en el desarrollo de fuentes energéticas locales y tecnologías de energía verde. Una visión a largo plazo en gobiernos de países ricos en recursos rara vez es alcanzada, dado cómo el petróleo juega un papel determinante en las luchas internas por el poder. No obstante, alcanzar esa perspectiva quizás termine siendo fundamental para sostener la importancia del petróleo como la principal fuente de energía en el mundo, y de esa manera podrán los países que lo poseen mantener su relevancia económica y geopolítica.

viernes, 15 de febrero de 2013

Nuestra problemática política: ¿Cómo superar el oportunismo petrolero?

José Ramón Morales Arilla, colaborador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA, comenta que para darle respuesta al drama de la exclusión social se requiere solventar la "problemática política" del país que constituye el oportunismo petrolero. Publicado en Prodavinci, el 9 de febrero de 2013



Si le preguntas a cualquiera por la calle cuál es el principal problema del país, muchos responderían que es la exclusión de los venezolanos más humildes - o yo respondería eso, y me gustaría creer que después de todos estos años, al menos eso hemos aprendido.

Los más humildes del país carecen de una educación de calidad que les permita alcanzar su potencial y autorrealizarse a partir de su esfuerzo. Los más humildes no tienen la oportunidad de ofrecer sus servicios productivamente a la sociedad a través de un mercado laboral que les ofrezca estabilidad, crecimiento en capacidades y satisfacción material y espiritual. Los más desposeídos no tienen acceso – o en el mejor de los casos, tienen acceso muy precario y costoso - a servicios públicos básicos de toda naturaleza: seguridad, agua, electricidad, transporte, banca y financiamiento, etc. Los más humildes están desprotegidos ante los achaques de la salud, de los envites de la naturaleza y la volatilidad de la economía, es decir, el locus de control en su vida es efectivamente externo. Todo esto siendo Venezuela un país de ingresos medio-altos, de acuerdo al Banco Mundial.

La pobreza es una condición, no una característica. En otras palabras, la pobreza no es irremediable, y remediarla debería ser la prioridad de un Estado que se hace llamar “Social de Derecho y Justicia”. La exclusión de los más humildes es el principal problema del país, pero no es la problemática del país. La problemática es la razón de fondo por la cual el país no puede organizarse para darle una respuesta sostenible a sus principales problemas. No poder eliminar la exclusión es consecuencia de la problemática del país.

Diagnosticar una problemática no es sencillo – algo tan profundo se presta para muchas interpretaciones. En 1931, algunos de los eventuales padres de la democracia venezolana se aventuraron a escribir el Plan de Barranquilla, donde proponían su interpretación sobre la problemática de la Venezuela de aquellos años.

El Plan de Barranquilla criticó a quienes en su época ya sugerían que bastaba contar con “hombres honestos al poder” para salvar al país. Plantea que el despotismo era producto de “una estructura social-económica de caracteres diferenciados y precisables sin dificultad”. El objetivo no era sacar a Gómez, era cambiar el sistema. Sacar a Gómez era el requisito.

De acuerdo a su visión, el poder del Estado se basaba en una organización político-económica semifeudal, cooptado por una alianza histórica entre latifundistas y caudillistas, oportunamente robustecida por el capitalismo internacional para los tiempos de Gómez y del reventón petrolero. Yendo de problemática a problema, el Plan de Barranquilla elabora:

“Para caudillos y latifundistas la situación semi-hambrienta de las masas y su ignorancia son condiciones indispensables para asegurarse impunidad en la explotación de ellas. Sin libertad económica, analfabetos y degenerados por los vicios, los trabajadores de la ciudad y del campo no pueden elevarse a la comprensión de sus necesidades ni son capaces de encontrarle cauce a sus anhelos confusos de dignidad civil.”

Muchos de los planteamientos en el Plan de Barranquilla se mantienen vigentes, pero lo menciono por fines netamente ilustrativos. Los problemas del país los tenemos más o menos claros. El debate fundamental en la sociedad venezolana debe buscar clarificar su problemática. Es decir, entender las razones políticas, económicas y sociales que hacen que nuestra democracia no le de respuesta sostenible a los problemas prioritarios de nuestra sociedad.

Revisando nuestra historia, este no siempre fue el caso. Durante los primeros 20 años de nuestra democracia, la dinámica de cooperación entre las principales fuerzas vivas del país permitió que desde el gobierno se asumieran las necesidades sociales como la prioridad. Se implementaron políticas económicas sostenibles y esfuerzos sociales intensos en educación y salud. Estos se mantuvieron estables a pesar de la alternancia pacífica de personas y partidos en el poder. Se experimentaron mejoras sociales sin paralelos internacionales, mientras se gozó de libertades políticas que si bien no eran perfectas, constituían una democracia funcional - es decir, la envidia de la región. El petróleo había sido un motor de crecimiento, pero no fue hasta esos años que se convirtió realmente en un instrumento de desarrollo.

Y esa dinámica se rompió a mediados de los 70s con el primer boom petrolero. No solo se gastó todo el excedente extraordinario de ingresos, sino que la deuda aumentó 17 veces en esos años. Nunca antes se implementaron tantos “decretos-ley” unilaterales, y la filosofía del gobierno “de amplia base” se abandonaría para siempre. El gobierno acumuló tanto poder económico con el boom petrolero, que perdió la necesidad y la voluntad de cooperar con las demás fuerzas vivas.

Y en la trampa política del petróleo hemos estado atrapados desde entonces. Su lógica consiste en el uso oportunista del petróleo desde el poder. Es decir, el uso del petróleo para promover objetivos unilaterales del gobierno de turno, con énfasis en la permanencia en el poder del partido o del líder. Las bajas en el precio del petróleo siempre se consideraron momentáneas, por lo que nunca se repensó el arreglo institucional. Una vez que se rompe la cooperación, lo que quedó fue la desconfianza y el rencor, y como consecuencia definitiva, el oportunismo.

En términos intertemporales, el oportunismo se manifiesta a través de la voracidad fiscal: Tarda más un petrodólar en llegar al país que el gobierno en gastarlo, siendo incapaces de ahorrar en períodos de precios altos para poder estabilizar en períodos de precios bajos. En términos distributivos, el oportunismo se manifiesta a través de la discrecionalidad, el clientelismo y la corrupción: “Solo yo decido quien tiene acceso al petróleo, lo tendrán mis aliados o simpatizantes políticos, y no importa si ellos y yo violamos la ley en el proceso”.

El uso oportunista del petróleo no es rechazado por las grandes mayorías. Al carecer de información sobre el manejo de su petróleo y de un punto de referencia aspiracional, estas “no pueden elevarse a la comprensión” de la problemática. El ingreso petrolero se le cobra a agentes externos que no tienen un rol relevante en la política venezolana, y por eso lo ciudadanos no perciben su uso oportunista como el derroche de algo que es fundamentalmente propio.

Dada esta relación entre el venezolano y su principal industria, la respuesta natural es “jugar dentro del sistema”. Es decir, al venezolano y a las organizaciones en el país no les queda sino ceder ante el chantaje político para acceder a algún beneficio proveniente del petróleo. Este es el rentismo petrolero.

Los resultados de este sistema político disfuncional son el problema: Políticas de gasto e inversión social radicalmente politizada y con impactos limitados e insostenibles, niveles de corrupción espeluznantes, y una economía totalmente dependiente y vulnerable a los caprichos del mercado petrolero mundial. Así pues, el locus de control del gobierno y del resto del país (así como el de los venezolanos más humildes) es efectivamente externo.

Desde este paradigma, la revolución no es más que una versión brutalmente exacerbada de lo que ya vivíamos durante los 80s y 90s: la creciente concentración de poder en el gobierno, producto de los cambios en la constitución del 99 y de los exorbitantes niveles en la cotización internacional de los hidrocarburos, han estimulado al oficialismo en su socavar progresivo de todos los controles institucionales al poder a través de vías legales o de facto. En este contexto, no hay ninguna razón por la cual se tenga que negociar decisión alguna con otro factor político, por lo cual se hace tan sencillo como deseable el negar su existencia, y forzar al país al máximo extremo de polarización política en su historia democrática.

Pareciera tonto, pero la lección es que no se puede esperar concentrar todo el poder en una sola instancia, en una sola persona, y esperar que esta se comporte democráticamente. Cualquier proyecto político que aspire responder a la problemática del país, y por consiguiente a los problemas del país, debe tener como primer punto de agenda una reforma institucional que reduzca el poder de estar en el poder.

Cualquier propuesta de reforma institucional que no intente eliminar la trampa política del petróleo va a ser fallida, y no dará respuesta a los problemas de exclusión prevalentes en nuestra sociedad. En este sentido, proponemos la distribución directa de la renta petrolera a los venezolanos como una apuesta para atender la necesidad de revertir la manera en que los ciudadanos se vinculan con su petróleo.

Al saberse con el derecho de recibir su porción del ingreso petrolero, y con dicha porción como un referente aspiracional claro, el ciudadano exigirá información veraz y oportuna sobre el negocio petrolero y sobre el destino de cualquier descuento realizado a su porción por cobro de impuestos, inversiones en mayor producción futura, o para el ahorro y la estabilización del flujo de ingresos. El debate público sobre el petróleo, su industria y el uso de sus ingresos alcanzará el nivel de atención y escrutinio que siempre ha debido tener, motivándose así su buen uso.

Revirtiendo la relación de dependencia entre el ciudadano y el Estado, se socava la posibilidad de que el gobierno utilice los ingresos petroleros de forma arbitraria y oportunista. Dichos ingresos pasarían a tener un doliente interno, y su mal manejo no sería aceptable por las mayorías. Esto le daría poder efectivo a los grupos políticos fuera del gobierno para exigir acordar de forma cooperativa los términos de la inversión de estos recursos.

Al hablar del petróleo como el gran minotauro de nuestra sociedad, Uslar Pietri concluía que “Junto a esta gran cuestión de vida o muerte, todo lo demás no sólo debería ser secundario, sino pospuesto”. La exclusión de los venezolanos más humildes es el principal problema del país. La extrema concentración de poder económico en el Estado a partir de su control sobre los ingresos petroleros es su problemática política de fondo. Nuestra propuesta es una apuesta para socavar la trampa política del petróleo sin hambrear al Estado de recursos – no es una propuesta para hacer que el gobierno sea más pequeño, sino para hacer que el gobierno sea mejor.

La ponemos en la mesa para despertar un debate que ha estado irresponsablemente silente en nuestra agenda pública: ¿Cómo superar el oportunismo petrolero para lograr que el petróleo sea un instrumento de desarrollo social y económico?

lunes, 4 de febrero de 2013

Tendencias 2013

Edwin Ojeda, profesor del Centro de Emprendedores del IESA, comparte  las últimas tendencias de consumo, en materia de emprendimiento, para este año 2013


Amigo emprendedor, ¿quiere inspirarse o identificar oportunidades de negocios? De acuerdo a la firma independiente trendwatching.com estas son algunas de las tendencias de consumo que veremos “explotar”, a nivel global, durante este año.



•    Momentos móviles (Mobile Moments): el hecho es que en la agitada vida moderna queremos aprovechar cualquier cantidad de tiempo posible para intercalar más contenidos, conexión, consumo o diversión. Llaman la atención los casos de Jana y de Peapod. Jana es una aplicación que permite a los consumidores de países en desarrollo participar en investigaciones de mercado mediante el uso de SMS. El servicio “paga” a los participantes con minutos gratis. Fundada en 2009, la empresa opera en más de 100 países (en Venezuela con las tres principales operadoras de celulares) y alcanza a 3.500 millones de personas.  Peapod, tienda fundada en 1989,  anunció en octubre de 2012 que iba a lanzar más de 100 tiendas virtuales, basadas en códigos de barra, en las estaciones de trenes de Boston, Nueva York, Washington y Chicago. Con el servicio de ventas por códigos de barra los consumidores pueden adquirir desde hortalizas hasta comidas preparadas simplemente al hacer click en su dispositivo móvil.

•    Celebración de la nación (Celebration Nation): Los mercados emergentes exportarán con orgullo parte de su herencia cultural.  Studio Tsimáni  es una empresa mexicana que desarrolla mobiliario y artículos para el hogar contemporáneo inspirados en la gente y la identidad del país. Fundada por dos diseñadores industriales tiene como objetivo “aportar una nueva estética de diseño contemporánea que tenga como base los elementos característicos  y únicos de las tradiciones mexicanas”. El 90% de la producción es hecha a mano. House de Masaba es la marca que ha reinventado los tradicionales saris hindúes a través de modernos y novedosos diseños, convirtiendo un traje típico en objeto de interés para jóvenes consumidores.

•    Emergente² (Emerging²): ¿Sabía usted que BluePad es una tableta diseñada y fabricada en Bogotá? Esta tableta, de la empresa Compumax ilustra de que se trata el Emerging²:
productos y servicios procedentes de mercados emergentes para los mercados emergentes.

Independientemente del mercado o sector en el cual usted emprenda, no olvide que un factor de éxito es saber comprender y entender lo que sus clientes (en Venezuela o a nivel global)  quieren para así poder atar la necesidad con la oportunidad. Quienes comprendan y sepan atender estas necesidades podrán aprovecharse de una gran cantidad de oportunidades de negocios.

Edwin.ojeda@iesa.edu.ve
@edwinojeda



viernes, 1 de febrero de 2013

Juez y parte

Gustavo Roosen, Presidente del Consejo Directivo del IESA, asegura que para satisfacer las necesidades de abastecimiento de la población,  la única fórmula es más producción. Publicado en El Nacional, el 21 de enero de 2013


La propaganda oficial sobre logros inexistentes en la producción de bienes para el consumidor, el silencio respecto de los fracasos en las empresas estatales, el acoso a las del sector privado y el recurso al escándalo como instrumento para denunciar lo que engañosamente se presenta como acaparamiento se han convertido en las políticas con las que el Gobierno intenta cubrir –no resolver– el problema del desabastecimiento.

Mientras en la mayoría de los países se avanza en una más clara separación de funciones económicas, adjudicando al Estado las de fijación de políticas y control, y al sector privado la de producción, en Venezuela sufrimos los efectos de la pretensión estatista de abarcarlo todo, de constituir nuevas formas monopólicas y reducir el campo de acción del sector privado, camino contrario al propuesto incluso en la propia China. Allí, desde los setenta, cuando se introdujo la economía de mercado, más de 90% de las compañías estatales se han convertido en corporaciones y algunas se han reestructurado para convertirse en compañías de propiedad privada por acciones. La decisión china de adelantar reformas incluye reducir la posición dominante de las empresas estatales, consideradas focos de corrupción y despilfarro. Se propone acelerar el proceso de transformación, mejorar la gestión de los recursos humanos, incrementar la eficiencia y la productividad, buscar la actualización tecnológica, avanzar en el control de costos y de la contaminación. Los estudiosos de esta apertura se preguntan qué puede hacer China para avanzar con su modelo económico, y se responden: agilizar el entramado burocrático y resolver el viejo problema de las empresas estatales –atrasadas, pesadas, ineficientes–.

En Venezuela se mantiene el conflicto de intereses de un Estado que pretende ser simultáneamente regulador y competidor, que además no es capaz de regularse a sí mismo y menos de mostrar los resultados de su propia evaluación. Rehúye la rendición de cuentas de sus propias empresas mientras ahoga en exigencias a las del sector privado. La eficiencia de las empresas del Estado se ha convertido en tema cerrado. Sólo se toca con cifras manipuladas cuando se trata de culpabilizar al otro. Es la forma de cubrir la propia ineficiencia. Se minimiza el hecho de que el Estado concentra la mitad de la capacidad de producción de varias cadenas alimenticias y de que esas empresas públicas no están supliendo oportunamente al mercado.

Los ministros hablan de desabastecimiento pero olvidan que crearon empresas para competir con el sector privado y que estas empresas han sido ineficientes. No sólo han impedido el trabajo a quienes saben producir sino que han creado desaguaderos de los bienes públicos. Allí está la razón de la crisis de abastecimiento y la razón de nuestra creciente dependencia de las importaciones.

Olvidan también que las decisiones oficiales en materia laboral no han contribuido a estimular la responsabilidad y dedicación del trabajador y, en consecuencia, a incrementar la productividad. La inamovilidad laboral ha facilitado el ausentismo y la práctica del menor esfuerzo. Eliminado el principio de premio y castigo, da igual ser productivo que no serlo. Se repite el círculo vicioso de menos productividad, menos unidades de producción, carestía, inflación. A la larga, se castiga al consumidor. Las previsiones de la nueva Ley del Trabajo, por otra parte, hacen esperar nuevos costos y crean obligaciones contables y legales que afectan la capacidad de inversión de las empresas, todo lo cual termina en estancamiento o reducción de la producción.

Para satisfacer las necesidades de abastecimiento de la población, no hay duda, la única fórmula es más producción. El sector privado no rehúye su responsabilidad, pero aspira a políticas que le permitan producir con eficiencia. El Estado, por su parte, convertido en controlador y competencia, juez y parte, está en la obligación de resolver este conflicto de intereses. No le es suficiente el silencio sobre su propia

jueves, 31 de enero de 2013

Vacío de liderazgo

 “Cuando coinciden el vacío de liderazgo y el vacío de poder, cualquier grupo o persona puede emerger para llenarlo a como dé lugar”, comenta Ramón Piñango, profesor del IESA. Artículo de opinión, publicado en El Nacional, el 29 de enero de 2013




Por enésima vez en los últimos años, cunde en muchos la sensación de que, a pesar de que acontecen muchas cosas, no pasa nada. El “no pasa nada” se refiere a que, aun cuando ocurren eventos alarmantes en la vida del país, la sociedad venezolana permanece más o menos impávida, sin reaccionar como colectivo al menos para expresar con fuerza su angustia e impotencia.


Quienes se preocupan por el “no pasa nada” son personas descontentas con el actual estado de cosas, que forman, en su casi totalidad, parte de la oposición al régimen; constituyen la mitad de la población. Poco sabemos del grado de insatisfacción de la otra mitad, aunque debe estar en aumento, dado el comportamiento del electorado en los últimos años.

Lo que inicialmente despierta la preocupación de quienes desean y esperan que pase algo es la gravedad de lo que observan; por ejemplo, el bárbaro incremento de las muertes por homicidio, la implacable inflación, la obvia injerencia cubana en Venezuela y la flagrante violación de la Constitución. A esa preocupación inicial se agrega el hecho de que el revuelo que generan hechos preocupantes no dura más de pocos días en los medios de comunicación, se disuelven en la conversación cotidiana o se esfuman del discurso de los analistas y líderes políticos. Muy pocas veces generan acciones concretas para corregir lo indeseable, a no ser un reclamo ante un tribunal, reclamo que sabemos en qué parará.

A todas estas, la gente sigue exigiendo que se haga algo o esperando que pase algo. Como las cosas van empeorando –más homicidios, más inflación, más cubanización y más descaro anticonstitucional– y no pasa nada, la gente descontenta vuelve la cara hacia los líderes, y se encuentra con que estos no hablan, lo hacen tarde o sin la contundencia esperada. Así ha ido surgiendo la decepción con el liderazgo. Y las cosas siguen agravándose. Y esa decepción sigue aumentando. Para empeorar las cosas, el liderazgo opositor no puede mostrar un logro significativo para detener el avance destructivo del régimen. No es exageración afirmar que, hasta ahora, lo que el chavismo ha querido hacer lo ha hecho o ha avanzado significativamente para lograrlo.

En esta situación plagada de provocaciones y frustraciones, de reclamos y exigencias, surgen respuestas e iniciativas diversas. De parte del liderazgo opositor dominante: solicitud de calma, serenidad y confianza en el liderazgo, sin caer en trapos rojos o provocaciones, esperando pacientemente las próximas elecciones. De parte de los contestatarios de la oposición: exigencia de un reclamo recio mediante duras acciones en la lucha contra una dictadura. Los que defienden una u otra posición se atacan con creciente aspereza tratando de ganarse el favor de los opositores. ¿Quién lo logrará? Probablemente ninguno de los dos bandos. Lo que puede ocurrir es una mayor confusión y una mayor desconfianza. Es innegable la desconexión de la dirigencia opositora con las angustias de la gente, incurriendo en la impaciencia con quienes disienten de la manera de actuar aterciopelada a pesar de la gravedad de los acontecimientos. Pero también es innegable que quienes emergen como alternativa carecen de propuestas de acción convincentes, y hasta ahora no han trascendido las palabras.

Lo que se está creando en la oposición es un vacío de liderazgo, es decir, desorientación, ausencia de criterios útiles para entender dónde estamos parados y qué podemos hacer para avanzar. Ese vacío de liderazgo opositor es grave porque se suma a un vacío en el chavismo que se manifiesta en el vacío de poder que todos sufrimos. Cuando coinciden el vacío de liderazgo y el vacío de poder, cualquier grupo o persona puede emerger para llenarlo a como dé lugar. Mal andamos.

@rapinango

Si te interesa el tema del liderazgo, te invitamos a ver este video:
La prueba del ácido del liderazgo >>

viernes, 25 de enero de 2013

Por una Renta Petrolera Permanente y de todos los Venezolanos


(Jean-Paul Leidenz, investigador del Centro de Energía y Ambiente del IESA, considera que urge formular políticas destinadas a solventar la ausencia del vínculo Ciudadano-Renta Petrolera. En la medida en que se logre tal objetivo, se crearán incentivos para un gasto público menos discrecional y pro-cíclico)

De todas las instituciones coloniales en Venezuela, quizás la única que ha sobrevivido sin mayores alteraciones tras 191 años de ejercicio gubernamental  republicano, ha sido la propiedad estatal de las riquezas del subsuelo. Las Ordenanzas de Minería para la Nueva España (1783) ya contenían esta consideración y perdurarían en la naciente República a través del Reglamento de Minas (1829) , hoy día el artículo 12 de la Constitución nacional rinde honor a tal legado.


Pese a esta herencia institucional, la histórica propiedad estatal de las reservas petroleras no se ha traducido en vínculos claros entre los intereses de la ciudadanía y la administración del flujo de ingresos fiscales a que da lugar la calidad de los recursos. Ejemplo de ello ha sido la tendencia pro-cíclica de la política fiscal desde 1974 , culpable de acentuar el impacto sobre la economía venezolana de los movimientos en el precio internacional del crudo.

Adicional a esto, el gasto discrecional de una renta externa por parte del Estado da lugar a un conjunto de deficiencias institucionales conocidas, en la literatura especializada, como “La Maldición de los Recursos”. Débiles incentivos para la rendición de cuentas sobre el gasto público, desviación de recursos fiscales para aplacar movimientos políticos adversos al gobierno de turno, cacería de rentas y corrupción generalizada como aspectos habituales del juego político; en definitiva, ausencia de un vínculo Estado – Ciudadano sólido mediado a través del pago de impuestos, todas características persistentes de la democracia venezolana. Como señalan Rodríguez & Rodríguez (2012) :

“Mientras mayor sea la pugna por el poder, mayores incentivos tendrá el partido de gobierno de usar la renta para evitar su salida. (…) El manejo discrecional de la renta le permite al gobierno emplearla de manera clientelar, favoreciendo a su base y castigando a aquellos que disientan”

“La existencia de una renta petrolera en el contexto de una institucionalidad débil redefine la relación ciudadano-Estado. En vez del Estado depender de los ciudadanos mediante el cobro de impuestos, el Estado es receptor y al mismo tiempo distribuidor de la renta petrolera. La dirección bidireccional que caracteriza a las democracias modernas se convierte, en presencia de la renta, en una relación unidireccional: del Estado hacia los ciudadanos.”

Numerosas medidas han sido propuestas para tratar de controlar el gasto discrecional de los recursos fiscales. Una de ellas, la idea de un Fondo de Estabilización Macroeconómica (FEM),  incluso alcanzó rango Constitucional en 1999 (Artículo 321). No obstante, al no existir incentivos políticos adecuados para su efectiva aplicación, terminó resultando una bien intencionada declaración de principios -  ó letra muerta.

Por las razones mencionadas previamente, urge formular políticas destinadas a solventar la ausencia del vínculo Ciudadano – Renta Petrolera. En la medida en que se logre tal objetivo, se crearán incentivos para un gasto público menos discrecional y pro-cíclico.

Una alternativa novedosa, diseñada para atajar las dificultades esbozadas, consiste en combinar el concepto económico de Renta Permanente con la aspiración de distribuir directamente la riqueza petrolera, a través de fondos de ahorro. Depositando parte de los Aportes Fiscales a la Nación tributados por la industria en fondos de ahorro, podría alcanzarse un nivel de capital suficiente para financiar programas sociales a través del retorno neto devengado.  Estos fondos deberían contar con propósitos etiquetados y cuentas personalizadas.

Sirva de ejemplo un hipotético programa de vouchers pre-escolares para las familias situadas bajo la línea de pobreza. Cada hogar elegible, tendría derecho a recibir vouchers destinados a financiar servicios de educación pre-escolar, gasto cubierto a partir del retorno neto de un fondo de ahorros destinado a tal fin, cuyo capital habría sido acumulado durante un período determinado a partir de los aportes fiscales de la industria petrolera.

Esta idea general permitiría crear programas de reparto directo de la renta, estables a lo largo del tiempo e independientes de los precios del petróleo una vez alcanzado un nivel de capital mínimo.

Existe la posibilidad de corregir las distorsiones institucionales a que da lugar la propiedad estatal del subsuelo, acercándola a la ciudadanía, a la vez que se atiende la posibilidad de un Estado benefactor sustentable. Debe explorarse esta alternativa de políticas públicas con entusiasmo, pues parece contar con las razones económicas adecuadas y los incentivos políticos necesarios.
Fuentes:
Rodríguez Eraso, Guillermo. Evolución de la industria petrolera en Venezuela. Sembrando el petróleo. Fundación Venezuela Positiva. Caracas, 2001. Capítulo 1, pp. 34
Rodríguez Pardo, Luis Roberto & Rodríguez Sosa, Pedro Luis (2012). El Petróleo como instrumento de Progreso: Una nueva relación Ciudadano-Estado-Petróleo. Ediciones IESA. Caracas. pp. 94
Ibídem. pp. 53 y 56.