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lunes, 27 de mayo de 2013

Los principios por delante

"El diálogo no sería productivo ni duradero si no se realizara sobre la base de la honestidad, el respeto, el apego a la verdad, la confianza en la palabra dada, la búsqueda de objetivos comunes, la aceptación de las diferencias de visión y opinión, sin ocultamientos, sin condicionamientos inaceptables", señala Gustavo Roosen, presidente del IESA. Publicado en El Nacional, el 27 de mayo de 2013.

El peso de los problemas derivados del fracaso de las políticas oficiales ha convencido al Gobierno de la necesidad de convocar, parcialmente al menos, al sector privado de la economía. Hay quien ve en la convocatoria una prometedora señal de cambio; hay quien sólo la percibe como una estrategia coyuntural. Lo que es para unos sincera intención de diálogo, podría no ser para otros sino oportuna táctica de negociación. En cualquier caso, no cabe duda, necesidad obliga.

El sector privado, que con tanta razón ha insistido en ser escuchado y que se percibe como parte de la solución, no puede sino acudir a la convocatoria y hacerlo con la honesta intención de aportar. ¿Qué se espera de él? De entrada, dos cosas: su capacidad de producir y su voluntad de hacerlo. En otras palabras, el Gobierno espera que el sector privado contribuya a llenar las estanterías.

La capacidad de aporte del sector privado, sin embargo, va más allá. O debe ir más allá. Es no sólo su capacidad de producir –bienes, servicios, empleo, riqueza–, sino además los principios y el modo de ser que lo han hecho posible. Estamos hablando, entonces, del valor atribuido a la planificación, el método de trabajo, la capacitación, el esfuerzo, la iniciativa, la innovación, el seguimiento, la comprensión del mercado, la calidad, la aplicación de las mejores prácticas, la productividad, la medición por resultados, la fijación de objetivos, la capacidad para alcanzarlos. Pero estamos hablando, sobre todo, de los fundamentos en los que se sostiene el hacer empresarial y que no son otros que los principios de libertad, democracia, propiedad, responsabilidad, honestidad, valoración del ser humano y del trabajo, justicia, dignidad, desarrollo, bienestar.

Son estos los principios consagrados, por ejemplo, en el recién actualizado código de ética del sector industrial, explícito en la apelación a un concepto de responsabilidad social empresarial que compromete a la empresa con la sociedad en general, la comunidad en la que desarrolla sus actividades, sus trabajadores, socios, clientes y proveedores. Son esos mismos principios los que sostienen el llamado a honrar los compromisos, al acatamiento de leyes y reglamentos, al respeto de la competencia, al cumplimiento de las normas de calidad, a la práctica de la honestidad en la comunicación con todos los públicos, al ejercicio de la justicia en la fijación de los precios, al establecimiento de condiciones de trabajo dignas y equitativas, al cumplimiento de los deberes fiscales.

La apelación a los principios resulta válida para los encuentros a los que han sido convocados los empresarios. En efecto, el diálogo no sería productivo ni duradero si no se realizara sobre la base de la honestidad, el respeto, el apego a la verdad, la confianza en la palabra dada, la búsqueda de objetivos comunes, la aceptación de las diferencias de visión y opinión, sin ocultamientos, sin condicionamientos inaceptables. Sentarse a dialogar no cambia a los interlocutores, pero presupone un nivel mínimo de mutua credibilidad y confianza, de disposición a compartir, a flexibilizar posiciones, a buscar puntos de encuentro y colaboración, sin ingenuidad pero sin suspicacia metódica.

Formado para el diálogo y la búsqueda de beneficios compartidos, el empresario tiene mucho que aportar en estos encuentros en los cuales se abre también la oportunidad no sólo de mostrar su capacidad de proponer, planificar y ejecutar, sino también de demostrar que la acción empresarial se afirma en bases éticas, que no está ligada únicamente al beneficio, que no es ajena a la solidaridad y que encarna la responsabilidad de los ciudadanos en la generación de crecimiento económico y bienestar social. Para el empresario será también la oportunidad para desarrollar su capacidad de entender la lógica de la política y del gerente público, al mismo tiempo que probar la validez de la lógica de la economía y del gerente privado. Todo, con los principios por delante.

martes, 29 de enero de 2013

#EspaciosParaElDiálogo


(Valentina Urdaneta, Especialista en Comunicaciones Digitales del IESA, considera que hay que contar no sólo con espacios virtuales, sino con redes reales, medios y formas de organización ciudadana que permitan pensar, trabajar en equipo, crecer y actuar como nación. Publicado en El Universal, el 22 de enero de 2013)

En estos días, al encender la televisión o escuchar varias emisoras de radio, he tenido la sensación de vivir en un país con un trastorno de personalidad múltiple, de realidades opuestas, donde todo o nada está pasando. Frente a esto, las redes sociales han pasado a ser prácticamente los únicos medios para informarse y sobre todo hacer públicas las opiniones.

La twitósfera venezolana se ha convertido en un espacio frenéticamente participativo, repleto de quejas, ideas, desahogos y conversaciones sobre el acontecer nacional; donde los usuarios virtuales (ciudadanos reales) pueden expresarse.

Con las redes sociales, los públicos han dejado de ser receptores de información pasivos y pasaron a ser activos, con poder de decisión e influencia en procesos sociales y políticos. Una de estas redes es Twitter. El uso de este nuevo medio ha sido una variable significativa en la victoria y derrocamiento de gobernantes. Tal es el caso de la victoria de Obama, donde Twitter se convirtió en un canal legítimo en la arena política tras el resultado de la campaña presidencial del 2008 a través de una estrategia online. Igualmente, la salida del poder de Mubarak en Egipto en el 2011 obedeció a un fenómeno donde Twitter jugó un papel importante.

Los tweets, mensajes de 140 caracteres, son valiosos por dos razones: pueden servir a los historiadores de fuente en tiempo real de los eventos que suceden y pueden ser testimonio del rol significativo que las redes sociales juegan en eventos políticos o transformaciones sociales.

Venezuela es el noveno país del planeta que más usa las redes sociales y Latinoamérica es una de las regiones de más rápido crecimiento para Twitter. Sin embargo, a pesar del poder de esta red y de las ventajas que ofrece, aún los usuarios que tienen acceso a ella representan un porcentaje muy pequeño de la población venezolana (12% en 2012). Por lo tanto, hay que preguntarse cuáles serían los espacios idóneos para llegar no sólo a un sector, sino a todos los estratos sociales y grupos etarios del país. No bastan las redes sociales para esto. Se necesitan medios masivos, comunicación cara a cara y redes humanas para escuchar propuestas y soluciones.

No es viable una sociedad que sólo se exprese y comunique por Twitter, que además restringe los mensajes a pocas palabras y no permite una conversación lineal.

Los venezolanos debemos cuestionarnos sobre cuáles espacios tenemos para comunicarnos y cómo lo hacemos. Por ejemplo, los medios tradicionales, ¿A qué noticia le dan prioridad? ¿Los artículos de opinión llegan realmente al colectivo? Asimismo, las personas con poder en la opinión pública deberían preguntarse cuál lenguaje llega más a la gente. Los líderes deben esforzarse por seducir a su pueblo, y escucharlo. Un buen liderazgo no es sordo; sirve de puente y debe de estar al servicio de la comunidad antes que al de una ideología.

No se puede lograr un diálogo exitoso sin que exista encuentro. Hay que contar no sólo con espacios virtuales, sino con redes reales, medios y formas de organización ciudadana que permitan pensar, trabajar en equipo, crecer y actuar como nación.

Especialista en comunicación - IESA

lunes, 21 de enero de 2013

Hora de dialogar

 (El profesor del IESA, Ricardo Villasmil, afirma que no se puede concebir un diálogo político sin estar dispuesto a reconocer la legitimidad de la contraparte. Publicado en El Universal, el 12 de enero de 2013)


El clima de polarización política actual hace difícil pensar en un diálogo constructivo entre las partes, uno que subordine los intereses de cada uno al cumplimiento de un objetivo superior, pero eso es precisamente lo que necesitamos edificar para poder enfrentar la amenaza que representa para la gobernabilidad la confluencia de cinco elementos en una suerte de tormenta perfecta:



1. El boom económico llegó a su fin: la popularidad y el apoyo a la gestión de Hugo Chávez han estado sustentados en niveles de consumo privado financiados por aumentos en los precios petroleros y en el endeudamiento público que son claramente insostenibles. Mas aún, la magnitud de los desequilibrios obligan a imponer un ajuste contractivo en el corto plazo con consecuencias significativas sobre los niveles de consumo privado.

2. Los venezolanos -particularmente en los sectores populares- mantienen un optimismo infundado en torno a su futuro inmediato y no anticipan una contracción económica.

3. Muchos problemas metidos bajo la alfombra amenazan con a salir a la luz: el incremento en los niveles de consumo y el liderazgo del presidente Chávez han compensado hasta ahora por el deterioro en otras áreas críticas para la calidad de vida de los venezolanos (seguridad, empleo, servicios públicos, etc.), y por violaciones en el cumplimiento de obligaciones del Estado como patrono.

4. El caos latente: El Estado no tiene el monopolio de la violencia como consecuencia de haberla cedido progresivamente a grupos irregulares (colectivos, bandas, malandros, pranes, guerrilla, milicia, etc.), y por la politización de los cuerpos policiales, de la Fuerza Armada y del Poder Judicial.

5. La fragmentación política: Hugo Chávez ha sido el factor aglutinante a lo interno del chavismo y de la oposición, producto en parte de su capacidad para contener las enormes diferencias internas existentes en cada uno. Los herederos del Chávez parecen tener capacidad para darle continuidad a esa forma de liderazgo y los acontecimientos por venir amenazan también con fragmentar la coalición opositora.

Naturalmente, no puede concebirse un diálogo político o de ningún otro tipo sin estar dispuesto en primer lugar a reconocer la legitimidad de la contraparte y luego a ceder. Al fin y al cabo, de eso se trata la política.

@rvillasmilbond; www.ricardovillasmil.com

miércoles, 24 de marzo de 2010

Gustavo Roosen \\UCV Diálogo y violencia

Tienen razón las autoridades universitarias cuando exigen al Gobierno dejar de ver a las universidades como objetivo político. Tienen razón también quienes observan una muy preocupante coincidencia entre los absolutamente condenables hechos de violencia contra las universidades, particularmente los más recientes contra la Universidad Central de Venezuela, y esa otra violencia que se expresa institucionalmente mediante mecanismos como la desvalorización y el desprestigio sistemáticos, el ahogamiento presupuestario, el ataque a las autoridades y a los líderes de la comunidad universitaria, el hostigamiento seudolegal, la imposición desde el poder de leyes políticamente sesgadas y de normas cuya pertinencia sólo compete a las propias universidades en ejercicio de su autonomía.

Frente a la tentación de ver a la universidad como objetivo político habría que recordar su valor estratégico para la nación, tan distante del aislamiento académico como del control político, tan exigido de pertinencia como de autonomía. Cuando se piensa en el bono demográfico del que por algunos años disfrutará Venezuela, ventana de oportunidad para adelantarse a las necesidades futuras, y en la función que las generaciones ahora universitarias deberán cumplir, no se puede menos que pensar en la necesidad de una universidad en consonancia con las exigencias de una sociedad productiva.

El trabajo de diversificación y adecuación a la realidad que han venido haciendo las universidades para atender más a las verdaderas exigencias del país pese a ser amplio, no ha sido suficiente y justifica algunos reclamos, pero no precisamente en la línea de la masificación sin calidad, sino de programas consensuados y de una relación más estrecha con el mundo del trabajo y de la producción.Los datos sobre desempleo de los graduados universitarios o la constatación de los grandes baches entre los intereses académicos o de prestigio y las realidades del mercado productivo siguen sosteniendo un justificado reclamo.

El compromiso de la universidad es ­y no puede ser de otra manera­ con el país.Frente a los hechos de violencia contra la universidad, cabe preguntarse qué se busca con ellos. ¿Impedir su normal funcionamiento? ¿Quebrar la condición autonómica de las universidades, espacio de libertad y condición necesaria para el cumplimiento de sus fines? ¿Quién saca provecho de esa violencia? No, desde luego, la universidad. No, con absoluta seguridad, Venezuela. Pierde la universidad. En su estructura física, su patrimonio, su seguridad, su posibilidad de ser y de hacer. Pierden el saber, la investigación, la cultura. Se frenan los planes o programas de extensión. Se desperdicia el talento. Se alimenta la frustración de profesores y alumnos, y de la propia sociedad. Pierde el país.La universidad atacada genera, al menos, dos preocupaciones: el silencio de la sociedad y los casi insalvables obstáculos para el diálogo.

¿Nos estamos acostumbrando a la violencia protegida por la impunidad? ¿En qué condiciones puede restablecerse el diálogo Gobierno-universidades? ¿Son superables los motivos que lo impiden: la pretensión dominadora de uno de los interlocutores y el plenamente justificado recelo del otro de ver convertido el diálogo en mecanismo para el chantaje, la intromisión y la imposición? ¿Puede el Consejo Nacional de Universidades recuperar su función de lugar para el diálogo, la coordinación y la concertación? ¿Es posible restablecer este diálogo necesario en función de los intereses de la sociedad? ¿Puede el tema universidad ser parte de una gran agenda nacional? La violencia, en cualquier caso, además de condenable, no es el camino.

Artículo de opinión
El Nacional, 24 de marzo de 2010
http://www.el-nacional.com/

http://www.iesa.edu.ve/