jueves, 20 de junio de 2013

El reto de la competitividad

Gustavo Roosen

Los repentinos llamados oficiales a la eficiencia y los gestos con los cuales las instancias del Gobierno buscarían generar en el empresariado una percepción de confianza o un estado de esperanza no logran suavizar el impacto de informaciones que hablan, por ejemplo, de la posición de Venezuela en términos de competividad e innovación. Esta es otra dura y preocupante realidad que no todos están dispuestos a mirar.

El Informe de Competitividad Mundial elaborado desde 1989 por el IMD, Institute for Management Development, una de las escuelas de negocio mejor calificadas a escala global con sede en Suiza, en su más reciente edición ubica a nuestro país en el último lugar entre las 60 economías analizadas. El índice mide cómo los países gestionan sus recursos económicos y humanos para aumentar sus niveles de prosperidad. La lamentable posición de Venezuela se explicaría por factores como inseguridad, riesgo para la inversión, funcionamiento de las instituciones públicas, débil manejo macroeconómico y una alta inflación. Las economías más competitivas, en cambio, lo son gracias a factores como dinamismo de sus empresas, capacidad de innovación, orientación a las exportaciones manufactureras.

Otro indicador es el Índice Global de Innovación (GII), realizado por Insead (Institut Européen d’Administration des Affaires), escuela de negocios y centro de investigación con campus en Francia, Singapur y Abu Dhabi. En su quinta edición, año 2012, el informe sitúa a Venezuela en la posición 118 entre 141 países. En 2011 había ocupado el puesto número 102. Pese a una buena calificación en sofisticación en negocios y capital humano, la posición general se derrumba por los renglones institucionalidad, sofisticación del mercado e innovación.

El estudio de Nunzia Auletta, profesora del IESA, para el proyecto de investigación sobre los desafíos de la innovación en América Latina añade claves importantes. Venezuela dice invertir en innovación 2,5% del PIB, lo que nos colocaría en el rango de los países del primer mundo en esta materia; sin embargo, los resultados están muy lejos de esa posición. La falta de indicadores de desempeño y estudios de impacto no ha permitido cuantificar el valor agregado proveniente de la inversión en ciencia y tecnología, ni cómo ha contribuido la innovación al incremento de la actividad productiva en el país. Poco se sabe, por ejemplo, cómo invierte el Gobierno la contribución que recibe de las empresas en función de la Locti.

Productividad, competitividad, innovación son valores cuyo logro no es concebible sin el propósito y la coordinación de los sectores público y privado. Tampoco son concebibles aislados. Se necesitan mutuamente y se retroalimentan. Su concreción exige la vigencia de políticas públicas concertadas y eficaces, indispensables en este momento para superar el estado de postración de nuestra economía. Sin estos elementos sólo cabe esperar atraso y dependencia. Para afirmarlos como objetivo y para alcanzarlos, no basta, ciertamente, con incorporar el término eficiencia al discurso oficial. Hace falta que responda a un sincero propósito de modernización económica y que no se limite a un conjunto de medidas aisladas y coyunturales, pensadas para superar el mal rato y crear la sensación de normalidad.

Pese a las debilidades que reflejan los índices de competividad e innovación, una observación realista del país posible mostraría, en contraste, nuestro potencial para alcanzarlos. Venezuela Competitiva es, es este punto un ejemplo. En 20 años ha registrado 205 casos de éxito, vistos por la organización como la demostración de que son posibles tanto la excelencia como la transformación de los espacios cuando confluyen armoniosamente sector público, empresas, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales. Hacer de la innovación la gran palanca de nuestro desarrollo y ganar en competividad es no sólo posible, es indispensable.

lunes, 27 de mayo de 2013

Los principios por delante

"El diálogo no sería productivo ni duradero si no se realizara sobre la base de la honestidad, el respeto, el apego a la verdad, la confianza en la palabra dada, la búsqueda de objetivos comunes, la aceptación de las diferencias de visión y opinión, sin ocultamientos, sin condicionamientos inaceptables", señala Gustavo Roosen, presidente del IESA. Publicado en El Nacional, el 27 de mayo de 2013.

El peso de los problemas derivados del fracaso de las políticas oficiales ha convencido al Gobierno de la necesidad de convocar, parcialmente al menos, al sector privado de la economía. Hay quien ve en la convocatoria una prometedora señal de cambio; hay quien sólo la percibe como una estrategia coyuntural. Lo que es para unos sincera intención de diálogo, podría no ser para otros sino oportuna táctica de negociación. En cualquier caso, no cabe duda, necesidad obliga.

El sector privado, que con tanta razón ha insistido en ser escuchado y que se percibe como parte de la solución, no puede sino acudir a la convocatoria y hacerlo con la honesta intención de aportar. ¿Qué se espera de él? De entrada, dos cosas: su capacidad de producir y su voluntad de hacerlo. En otras palabras, el Gobierno espera que el sector privado contribuya a llenar las estanterías.

La capacidad de aporte del sector privado, sin embargo, va más allá. O debe ir más allá. Es no sólo su capacidad de producir –bienes, servicios, empleo, riqueza–, sino además los principios y el modo de ser que lo han hecho posible. Estamos hablando, entonces, del valor atribuido a la planificación, el método de trabajo, la capacitación, el esfuerzo, la iniciativa, la innovación, el seguimiento, la comprensión del mercado, la calidad, la aplicación de las mejores prácticas, la productividad, la medición por resultados, la fijación de objetivos, la capacidad para alcanzarlos. Pero estamos hablando, sobre todo, de los fundamentos en los que se sostiene el hacer empresarial y que no son otros que los principios de libertad, democracia, propiedad, responsabilidad, honestidad, valoración del ser humano y del trabajo, justicia, dignidad, desarrollo, bienestar.

Son estos los principios consagrados, por ejemplo, en el recién actualizado código de ética del sector industrial, explícito en la apelación a un concepto de responsabilidad social empresarial que compromete a la empresa con la sociedad en general, la comunidad en la que desarrolla sus actividades, sus trabajadores, socios, clientes y proveedores. Son esos mismos principios los que sostienen el llamado a honrar los compromisos, al acatamiento de leyes y reglamentos, al respeto de la competencia, al cumplimiento de las normas de calidad, a la práctica de la honestidad en la comunicación con todos los públicos, al ejercicio de la justicia en la fijación de los precios, al establecimiento de condiciones de trabajo dignas y equitativas, al cumplimiento de los deberes fiscales.

La apelación a los principios resulta válida para los encuentros a los que han sido convocados los empresarios. En efecto, el diálogo no sería productivo ni duradero si no se realizara sobre la base de la honestidad, el respeto, el apego a la verdad, la confianza en la palabra dada, la búsqueda de objetivos comunes, la aceptación de las diferencias de visión y opinión, sin ocultamientos, sin condicionamientos inaceptables. Sentarse a dialogar no cambia a los interlocutores, pero presupone un nivel mínimo de mutua credibilidad y confianza, de disposición a compartir, a flexibilizar posiciones, a buscar puntos de encuentro y colaboración, sin ingenuidad pero sin suspicacia metódica.

Formado para el diálogo y la búsqueda de beneficios compartidos, el empresario tiene mucho que aportar en estos encuentros en los cuales se abre también la oportunidad no sólo de mostrar su capacidad de proponer, planificar y ejecutar, sino también de demostrar que la acción empresarial se afirma en bases éticas, que no está ligada únicamente al beneficio, que no es ajena a la solidaridad y que encarna la responsabilidad de los ciudadanos en la generación de crecimiento económico y bienestar social. Para el empresario será también la oportunidad para desarrollar su capacidad de entender la lógica de la política y del gerente público, al mismo tiempo que probar la validez de la lógica de la economía y del gerente privado. Todo, con los principios por delante.

domingo, 26 de mayo de 2013

Mariogate y la escasez de divisas

 Miguel Ángel Santos, profesor de IESA, afirma que una única subasta del Sicad, cuyos dólares aún no han sido adjudicados,deja  la sensación de que se tiene muy poca capacidad para resolver el problema de las divisas. Publicado en El Universal, el 24 de mayo de 2013.




La grabación de la que fue objeto Mario Silva tiene mucha relevancia política, acaso en la misma medida en que carece de significado económico. Aún así, a nosotros, acostumbrados tras estos años a la anécdota, a la explicación fácil, a la identificación artificial de un único factor cuya extracción quirúrgica resolvería nuestros males, la idea de que se ha devaluado el bolívar y nos quedamos sin divisas porque alguien se las ha venido llevando en una maleta nos resulta muy atractiva.

Por desgracia, el problema es bastante más complejo. Nuestro flujo de divisas está comprometido por varias razones. Entre las estructurales se encuentra el hecho de que el petróleo se ha convertido en nuestra única fuente de dólares. Las demás, las de las economías normales que no cuentan con la facilidad exportadora de un recurso natural, son las exportaciones de manufacturas e inversión extranjera. Ahora bien, mientras la mayoría de América Latina atrae una cantidad colosal de inversión como consecuencia de la caída en las tasas de interés internacionales y la crisis de las economías desarrolladas, Venezuela sigue registrando desinversión directa. Es decir, aquí es más lo que sale o lo que venden para irse de aquí que lo que entra. Por otra parte, nuestras exportaciones no petroleras (en esencia otros recursos naturales) han caído 31% en catorce años, hasta alcanzar en 2012 un mínimo de 3.770 millones de dólares (4% del total).

Las razones más coyunturales son políticas y de malas políticas. Tienen que ver con la forma en que se administra nuestra única fuente. La principal herencia del presidente Chávez es un flujo de dólares fragmentado entre diferentes unidades sin control ni mecanismos de rendición de cuentas. A Fonden han fluido 102.500 millones de dólares, sin que se sepa cuánto queda y en qué se ha invertido. Lo mismo sucede con el Fondo Chino, una cuenta administrada por Bandes adonde van a parar nuestras exportaciones a ese país y de la que tenemos muy poca noticia.

Así, entre la dependencia de importaciones para promover el boom de consumo, la ausencia de otras fuentes de divisas, la fragmentación y posterior malversación de nuestra factura petrolera, se ha ido tejiendo la escasez y la megadevaluación de nuestra moneda. Las importaciones públicas han alcanzado una cifra récord. Un estudio ordenado por Jorge Giordani en Cordiplan (2012) dictaminó que 30%-40% de la importación pública es artificial (entre 10.000 y 13.500 millones de dólares). A nivel de Cadivi muchas empresas privadas, en particular ligadas al Gobierno, incurren en sobreprecios y franca importación ficticia. Así, el BCV se ha quedado sin dólares para ofertar fuera de Cadivi. Se suspendió el Sitme (que se alimentaba de deuda) sin que hasta la fecha se conozca su sustituto. Una única subasta del Sicad, cuyos dólares aún no han sido adjudicados, ha dejado la sensación de que tienen muy poca idea o capacidad para resolver el problema. Merentes promete los dólares que no tiene. Esa es la verdadera situación. Es muy compleja. Yo sé que es más cómodo, que da cierta sensación de posibilidad, pensar que estamos así porque alguien se llevó los reales. Pero ese breve aliento no aguanta un solo análisis lógico.

@miguelsantos12

viernes, 24 de mayo de 2013

El nuevo hombre socialista

 El profesor del IESA, José Mayora, se pregunta: en qué momento los venezolanos tendrán una vida normal dedicados a producir, a crecer en armonía, a recobrar el diálogo entre actores diferentes, a recorrer las calles sin temor a ganarse la lotería del delito, a prender un radio o una televisión para  enterarse de lo que ocurre o a divertirse y no a sobresaltarse con algún anuncio nefasto o alguna cadena impertinente. Publicado en El Universal, el 24 de mayo de 2013.

Diera la impresión  que el  socialismo del siglo XXI se encuentra en una nueva fase signada por el relevo del liderazgo  en la persona del  primer presidente chavista.  Esta circunstancia hace pensar en que la dirigencia de este movimiento debe estar  revisando el modelo para hacer los ajustes correspondientes,  motivado, entre otras cosas, por  los resultados cuantitativos  del proceso que no parecen ser los más halagüeños.

Poniéndome en el lugar de la "nueva" dirigencia "peseuvista" la preocupación  inicial  es con quién se va a realizar esta nueva fase del proceso revolucionario. La inquietud es, aparentemente, fácil de resolver  pues uno de los objetivos del proceso era contar con un nuevo hombre socialista: después de 14 años, ¿existe ese nuevo hombre?

Para tratar de confeccionar un perfil de este nuevo "homo rojitum" hemos debido escarbar  en diversos documentos y, más importante aún,  observar  las conductas  de los que desde la cúpula oficial, modelan la propuesta. 

Las virtudes  incluidas en este novedoso perfil la encabeza  la solidaridad con los semejantes siempre y cuando ese semejante sea verdaderamente semejante, es decir profese el mismo credo, de manera que la solidaridad debe ser excluyente pues, y he aquí el segundo atributo, el amor sugiere selectividad, no  se puede amar a todo el mundo y menos a quien nos adversa. El tercer atributo debe ser el culto a la única  verdad aceptable, la verdad socialista aquella que navega en el mar de la felicidad. Este nuevo hombre debe ser capaz de proveer felicidad en medio  de las carencias propias de un régimen que pretende que todos los hombres sean iguales.

¿Quiénes son los prototipos de este nuevo ser? Obviamente uno se pregunta quiénes pueden ser los modelos a seguir y los nombres que me salen al camino son: Diosdado Cabello, Nicolás Maduro, Pedro Carreño, Iris Varela, Cilia Flores, Luisa Estela Morales, Mario Silva, Tania Díaz, Jorge Rodríguez. Esta lista, que no es exhaustiva, es, a mi manera de ver las cosas, representativa de lo más graneado del socialismo reinante, portadores de todos los atributos del perfil ya definido.

¿Ha percolado este perfil a todo el contexto social? Más que hacer una pregunta hagamos una prueba empírica: recorramos las calles de día pues de noche es riesgoso; visitemos la morgue de Bello Monte con frecuencia;  realicemos  un tour alimentario para buscar harina, papel o aceite; busquemos  un repuesto automotor para descansar del tedio que significa manejar. En  estas situaciones, ¿se puede corroborar la felicidad socialista que embarga a los ciudadanos venezolanos?

La gran pregunta que debemos hacernos es en qué momento los venezolanos tendrán una vida normal dedicados a producir, a crecer en armonía, a recobrar el diálogo entre actores diferentes, a recorrer las calles sin temor a ganarse la lotería del delito, a prender un radio o una televisión para  enterarse de lo que ocurre o a divertirse y no a sobresaltarse con algún anuncio nefasto o alguna cadena impertinente.

Desde el día que Nicolás Maduro se encargó de los destinos del proceso socialista increíblemente se olvidó del país, en otras palabras, aún no se ha encargado de gobernar al país y  lo peor es que no sabemos cuándo se sentará en su escritorio de Miraflores a asumir las tareas del jefe del Estado. Por cierto, que esta misma preocupación la sentimos por los jefes de cada uno de los poderes que integran el sistema democrático venezolano.

Mayora.j@gmail.com

Patriotas, realistas y ambidiestros

 "No existen burgueses que quieran ser pobres, ni pobres que no deseen ser ricos", asegura Carlos Machado Allison, profesor del IESA. Publicado el 21 de mayo de 2013, en El Universal

Aunque fue más una guerra civil que otra cosa, nos enseñaron que había dos bandos en pugna: los patriotas, hacendados y comerciantes burgueses inspirados por cosas como la libertad económica y los derechos humanos, y los realistas que defendían el gobierno autocrático de España, sus monopolios y modos feudales de producción.

Dos siglos después, con diferencias marcadas por la historia seguimos divididos. Ahora tenemos patriotas que salen a trabajar todos los días para mejorar su situación económica e ingresar, o mantenerse, en la clase media, conocidos en el lenguaje marxista como "burgueses". El término nace a fines de la Edad Media cuando en la Europa de aristócratas y siervos, aparece gente que se ganaba la vida como artesanos, comerciantes, clérigos o profesores en las pequeñas ciudades llamadas burgos. Gentes que iban construyendo comunidades con nuevas reglas y derechos, que luego darían lugar a ideas liberales, parlamentos y gobiernos democráticos. Por el contrario los defensores del rey vitalicio, dueño de todas las tierras, almas y vidas, eran llamados realistas, que odiaban y temían que congresos o parlamentos los controlaran.

Nuestros realistas tienen cosas en común con los del siglo XIX. En primer lugar les encantan los reales obtenidos sin trabajar, procedentes de coimas y contratos con un rey que reparte mercedes entre condes, duques, seguidores y protectores. Luego detestan principios democráticos como la separación de poderes y la contraloría, ya que si existieran, tendrían que trabajar como burgueses para poder ser realistas, es decir, aquellos que tienen muchos reales. De allí que juran que decirle burgués al que trabaja es un insulto, pues lo ven como un extraterrestre que labora para vivir. 

No entienden que mientras los campesinos y obreros quieren vivir como burgueses, no existen burgueses que quieran ser pobres, ni pobres que no deseen ser ricos. No faltan quienes aspiran mejorar siendo primero realistas y después burgueses. Como verán todo esto es muy confuso, en particular porque hay marxistas burgueses, realistas autocráticos de izquierda y asalariados de derecha, amén de ambidiestros que sin jugar pelota, obtienen buenos ingresos en los negocios públicos. Me explico, hay zurdos que son de derecha y diestros que batean a la izquierda. De allí que sea posible que dos católicos de origen judío, Capriles y Maduro, con tradición en materia de negociaciones puedan dialogar, aunque uno defienda a los que trabajan para vivir, convertidos por la inflación en proletarios conservadores y el otro a los que hacen más reales, conocidos como realistas revolucionarios. Pero dos de cada tres venezolanos, no son realistas ni burgueses, eran y siguen siendo "limpios", aunque Marx no conociera la palabreja.

Sancho, cosas veredes./ Frase atribuida a un Cervantes que nunca la escribió,/ útil para expresar sorpresa y estupor,/ con su cierto origen en versos del Cid Campeador,/ ilustra los pesares de un pueblo que ya se arruinó/.

cemacallison@gmail.com

jueves, 23 de mayo de 2013

Nadando desnudos

Ricardo Villasmil, profesor del IESA, comenta:"En Chile y Perú siguen creciendo y generando empleo y bienestar. ¿Y nosotros?". Pulicado en El Universal, el 18 de mayo de 2013.


Cuando baje la marea, dijo una vez Warren Buffett, sabremos quién ha estado nadando desnudo. Su advertencia estaba dirigida a Wall Street y fue premonitoria de la crisis financiera del 2008, pero bien pudo haberla dirigido a América Latina. Entre enero del 2003 y julio del 2008, el índice S&P de la Bolsa de Nueva York se elevó 48%, pero los precios de las materias primas -pilares fundamentales de las economías latinoamericanas- se elevaron aún más: el petróleo 333%, los metales 230%, y los productos agrícolas algo menos, con 28%. Y cuando con la crisis financiera a mediados del 2008 bajó la marea, las materias primas también cayeron más: para diciembre, el S&P había bajado 29% desde su pico en julio, pero el petróleo había caído 69%, los metales 43% y los productos agrícolas 28%. Definitivamente, la marea bajó, revelando quién andaba desnudo. 

De acuerdo con la Cepal, petróleo, gas y metales suman 60% del valor de las exportaciones chilenas, 64% de las peruanas, y 99% de las venezolanas. Mientras la marea estaba alta, a todos les parecía ir bien: la pobreza se reducía de manera asombrosamente similar en los tres países. En Chile y en Perú, esta reducción se sustentó en altas tasas de inversión privada y crecimiento económico, aumentos en la producción nacional, baja inflación, responsabilidad fiscal, inversión en infraestructura, inversión social y un clima cada vez más atractivo para invertir. En Venezuela, por el contrario, se sustentó en altas tasas de consumo privado financiadas por el gasto y el endeudamiento público, transferencias y subsidios poco eficientes, baja inversión privada e importaciones masivas en un entorno de alta inflación y sumamente adverso para invertir. 

Al encontrarse de frente con la crisis, el Gobierno venezolano optó por huir hacia delante, elevando el déficit fiscal sobre los 18% del Producto Interno Bruto del 2012 (mayor al ingreso petrolero que representa 17 puntos) y llevando el endeudamiento externo de 39 mil millones de dólares a finales del 2008 a 102 mil millones de dólares al cierre del 2012, según cifras del Banco Central, que no incluyen los enormes atrasos del sector público con sus proveedores, socios, empleados.

Hoy Chile y Perú siguen creciendo y generando empleo y bienestar. ¿Y nosotros? Bien gracias, parados en la orilla con una mano delante y otra atrás. 

@rvillasmilbond; www.ricardovillasmil.com

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Por qué no hay dólares?

 El profesor del IESA, Pedro Palma, señala que Los altos precios de exportación del petróleo aseguran la captación de importantes recursos que pueden cubrir las actuales necesidades de divisas. Publicado en El Nacional, el 20 de mayo de 2013.

Entre las razones que se aducen para explicar por qué se ha producido el grave problema de desabastecimiento que hoy se padece en Venezuela, se menciona como uno de los más importantes la insuficiencia de divisas que suministra el BCV a los empresarios privados para la realización de sus importaciones, a pesar de que estamos exportando nuestro petróleo a un precio superior a los cien dólares por barril desde hace ya más de un año. De allí que sea válido que nos preguntemos ¿a qué se debe esa escasez de moneda extranjera? Para contestarnos esa pregunta es útil comparar las cifras de comercio exterior de 2008 y 2012, años en los que los resultados financieros operativos de Pdvsa fueron bastante similares, se alcanzaron las mayores exportaciones petroleras de la historia, y el BCV tuvo sus mayores ingresos de divisas, en parte como consecuencia de las ventas superiores a los cuarenta millardos de dólares que le hiciera Pdvsa en cada uno de esos años. De hecho, en 2008 esos ingresos se acercaron a los 66 millardos de dólares, contribuyendo para ello las ventas superiores a los 15,5 millardos de dólares que le hicieran operadores cambiarios privados a ese organismo. Ese año los egresos de divisas del instituto emisor fueron de 57 millardos de dólares, de los cuales 47 millardos fueron vendidos al sector privado para la realización de importaciones, remesas familiares, viajes al exterior y otros.

En 2012, a pesar de que las ventas de divisas de Pdvsa al BCV fueron superiores que en 2008, sus ingresos totales de moneda extranjera fueron 54,7 millardos, siendo la razón principal de la contracción con respecto a 2008 las mermadas ventas de dólares que el año pasado le hicieran los operadores cambiarios privados, debido a la ilegalización del mercado cambiario libre decidida en 2010. Sin embargo, los egresos de divisas del año precedente fueron prácticamente similares a los de 2008, pero con una composición muy diferente. En efecto, las ventas de dólares al sector público pasaron de 10 millardos en 2008 a 26,5 millardos en 2012, producto de un aumento de sus importaciones superior al 81% entre esos dos años, y a unas abultadas transferencias de recursos al Fonden por las mayores contribuciones especiales por precios extraordinarios y exorbitantes en el mercado petrolero, que las debió haber hecho Pdvsa, pero que en buena medida las acabó haciendo el BCV, reduciendo sus reservas internacionales. Por su parte, las ventas de dólares al sector privado fueron inferiores a 30 millardos, es decir, un 37% menos que en 2008, a pesar de que sus importaciones de mercancías sólo se contrajeron en un 6,6%. En otras palabras, la asignación de las divisas captadas por el BCV cambió radicalmente a favor del sector público en detrimento del privado, producto de las mayores compras externas de aquél, y del anhelo depredador del gobierno de captar la mayor parte del ingreso petrolero para financiar gasto público. Eso explica en buena medida la aguda escasez de dólares que ha sufrido el sector privado durante los meses recientes, con el consecuente efecto de desabastecimiento que se padece.

Pero, ¿se puede corregir esta situación con la necesaria prontitud? Creo que sí.

Los altos precios de exportación del petróleo aseguran la captación de importantes recursos que pueden cubrir las actuales necesidades de divisas. Lo que hay que hacer, no obstante, es reasignar en forma más eficiente ese dinero, reduciendo a un mínimo las transferencias de recursos a los fondos gubernamentales para el financiamiento de gasto, haciendo un esfuerzo por reducir las cuentas por cobrar de Pdvsa, y tomando decisiones para reducir la ayuda a terceros países, por ejemplo, cambiando las condiciones de venta y financiamiento de petróleo a países aliados del gobierno. Con acciones como esas se podrían incrementar notablemente las ventas de dólares al BCV y la provisión de divisas a los importadores privados.