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viernes, 25 de enero de 2013

Por una Renta Petrolera Permanente y de todos los Venezolanos


(Jean-Paul Leidenz, investigador del Centro de Energía y Ambiente del IESA, considera que urge formular políticas destinadas a solventar la ausencia del vínculo Ciudadano-Renta Petrolera. En la medida en que se logre tal objetivo, se crearán incentivos para un gasto público menos discrecional y pro-cíclico)

De todas las instituciones coloniales en Venezuela, quizás la única que ha sobrevivido sin mayores alteraciones tras 191 años de ejercicio gubernamental  republicano, ha sido la propiedad estatal de las riquezas del subsuelo. Las Ordenanzas de Minería para la Nueva España (1783) ya contenían esta consideración y perdurarían en la naciente República a través del Reglamento de Minas (1829) , hoy día el artículo 12 de la Constitución nacional rinde honor a tal legado.


Pese a esta herencia institucional, la histórica propiedad estatal de las reservas petroleras no se ha traducido en vínculos claros entre los intereses de la ciudadanía y la administración del flujo de ingresos fiscales a que da lugar la calidad de los recursos. Ejemplo de ello ha sido la tendencia pro-cíclica de la política fiscal desde 1974 , culpable de acentuar el impacto sobre la economía venezolana de los movimientos en el precio internacional del crudo.

Adicional a esto, el gasto discrecional de una renta externa por parte del Estado da lugar a un conjunto de deficiencias institucionales conocidas, en la literatura especializada, como “La Maldición de los Recursos”. Débiles incentivos para la rendición de cuentas sobre el gasto público, desviación de recursos fiscales para aplacar movimientos políticos adversos al gobierno de turno, cacería de rentas y corrupción generalizada como aspectos habituales del juego político; en definitiva, ausencia de un vínculo Estado – Ciudadano sólido mediado a través del pago de impuestos, todas características persistentes de la democracia venezolana. Como señalan Rodríguez & Rodríguez (2012) :

“Mientras mayor sea la pugna por el poder, mayores incentivos tendrá el partido de gobierno de usar la renta para evitar su salida. (…) El manejo discrecional de la renta le permite al gobierno emplearla de manera clientelar, favoreciendo a su base y castigando a aquellos que disientan”

“La existencia de una renta petrolera en el contexto de una institucionalidad débil redefine la relación ciudadano-Estado. En vez del Estado depender de los ciudadanos mediante el cobro de impuestos, el Estado es receptor y al mismo tiempo distribuidor de la renta petrolera. La dirección bidireccional que caracteriza a las democracias modernas se convierte, en presencia de la renta, en una relación unidireccional: del Estado hacia los ciudadanos.”

Numerosas medidas han sido propuestas para tratar de controlar el gasto discrecional de los recursos fiscales. Una de ellas, la idea de un Fondo de Estabilización Macroeconómica (FEM),  incluso alcanzó rango Constitucional en 1999 (Artículo 321). No obstante, al no existir incentivos políticos adecuados para su efectiva aplicación, terminó resultando una bien intencionada declaración de principios -  ó letra muerta.

Por las razones mencionadas previamente, urge formular políticas destinadas a solventar la ausencia del vínculo Ciudadano – Renta Petrolera. En la medida en que se logre tal objetivo, se crearán incentivos para un gasto público menos discrecional y pro-cíclico.

Una alternativa novedosa, diseñada para atajar las dificultades esbozadas, consiste en combinar el concepto económico de Renta Permanente con la aspiración de distribuir directamente la riqueza petrolera, a través de fondos de ahorro. Depositando parte de los Aportes Fiscales a la Nación tributados por la industria en fondos de ahorro, podría alcanzarse un nivel de capital suficiente para financiar programas sociales a través del retorno neto devengado.  Estos fondos deberían contar con propósitos etiquetados y cuentas personalizadas.

Sirva de ejemplo un hipotético programa de vouchers pre-escolares para las familias situadas bajo la línea de pobreza. Cada hogar elegible, tendría derecho a recibir vouchers destinados a financiar servicios de educación pre-escolar, gasto cubierto a partir del retorno neto de un fondo de ahorros destinado a tal fin, cuyo capital habría sido acumulado durante un período determinado a partir de los aportes fiscales de la industria petrolera.

Esta idea general permitiría crear programas de reparto directo de la renta, estables a lo largo del tiempo e independientes de los precios del petróleo una vez alcanzado un nivel de capital mínimo.

Existe la posibilidad de corregir las distorsiones institucionales a que da lugar la propiedad estatal del subsuelo, acercándola a la ciudadanía, a la vez que se atiende la posibilidad de un Estado benefactor sustentable. Debe explorarse esta alternativa de políticas públicas con entusiasmo, pues parece contar con las razones económicas adecuadas y los incentivos políticos necesarios.
Fuentes:
Rodríguez Eraso, Guillermo. Evolución de la industria petrolera en Venezuela. Sembrando el petróleo. Fundación Venezuela Positiva. Caracas, 2001. Capítulo 1, pp. 34
Rodríguez Pardo, Luis Roberto & Rodríguez Sosa, Pedro Luis (2012). El Petróleo como instrumento de Progreso: Una nueva relación Ciudadano-Estado-Petróleo. Ediciones IESA. Caracas. pp. 94
Ibídem. pp. 53 y 56.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Lo que Chávez hereda de Chávez

(Moisés Naím plantea cuatro grandes temas que consumirán la atención del Gobierno y el país tras la nueva victoria de Hugo Chávez. Publicado en El Nacional, el 16 de octubre de 2012)

¿Qué le espera a Venezuela después de esta nueva victoria de Hugo Chávez? Cuatro grandes temas consumirán la atención del Gobierno y el país. Primero, el tóxico legado económico que Hugo Chávez hereda de sí mismo. Segundo, el precario estado de salud del presidente. Tercero, las batallas sucesorias entre sus más cercanos colaboradores. Y cuarto, los intentos que Chávez y su Gobierno harán para cambiar la Constitución de manera que, en caso de que el mandatario se vea impedido de seguir al frente del Estado, pueda designar a su sucesor sin convocar nuevas elecciones, tal como ahora lo establece la ley.

La economía. El presidente Chávez comienza su nuevo periodo con una economía devastada por las políticas que él mismo ha implantado. Los datos son aterradores: la inflación más alta del mundo, la tasa de cambio y las reservas internacionales del país en caída libre; unas importaciones que, si bien han aumentado casi cinco veces desde 2003, no logran paliar el desabastecimiento crónico (alimentos, medicinas, etc.); la producción petrolera declinando y las refinerías estallando; la producción agrícola y manufacturera por los suelos; el endeudamiento desbocado —en 2007 no llegaba a 30.000 millones de dólares y hoy excede los 200.000 millones— y una enorme conflictividad laboral azuzada por salarios deteriorados por la inflación. Las distorsiones han alcanzado niveles que pronto obligarán al presidente a tomar las decisiones económicas más difíciles e impopulares que le han tocado desde que asumió el poder en 1999.
La salud de Hugo Chávez. El presidente no está bien. Las múltiples operaciones y los recurrentes tratamientos de radiación, quimioterapia y otros no han logrado contener el avance de su enfermedad. En los más altos círculos gubernamentales de otros países el consenso es que la salud del presidente venezolano es precaria y tiene bajas probabilidades de curación. La evolución del estado de salud de Hugo Chávez moldeará la evolución política del país en los próximos años. La biología podría ser más importante que la ideología en determinar adónde va Venezuela. Esto lo saben el presidente y sus allegados.

¿Quién viene después de Chávez? El presidente acaba de designar como vicepresidente a Nicolás Maduro, uno de sus más cercanos colaboradores y uno de los pocos en su círculo más íntimo que no proviene de las Fuerzas Armadas. En vista de la precaria salud del mandatario, este nombramiento reviste hoy más importancia que en el pasado y es difícil suponer que los cálculos sucesorios no hayan formado parte de los criterios del presidente a la hora de tomar la decisión. Maduro no es el único con las posibilidades y las ganas de suceder a Chávez. Varios otros aliados del presidente tienen las credenciales, el dinero y los vínculos con grupos militares, políticos y con otros actores internacionales influyentes en Venezuela como para ser factores de poder muy importantes. Estos otros aspirantes no acatarán sin reaccionar la decisión de ser excluidos. Saben que el patrón establecido por el presidente Chávez ha sido que una vez que se llega al poder no hay que dejarlo. Y que es posible retenerlo durante décadas. Lo que está en juego es la lotería con el premio más gordo de América Latina.

El dedo y no los votos. La Constitución venezolana establece que si el presidente no puede continuar en funciones hay que convocar elecciones. Dadas las circunstancias, esta es una norma muy inconveniente para Chávez y su equipo. En sus 13 años en el poder, cada vez que una ley no le ha sido conveniente, el presidente la ha cambiado. No hay por qué suponer que no hará lo mismo en este caso. Lo ideal para Chávez y para la continuidad de su proyecto político sería que su vicepresidente concluya el periodo presidencial en caso de ausencia del presidente.
¿Qué hacer? En vista del control del presidente Chávez sobre la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo y todos los demás órganos del poder, si él decide cambiar la Constitución es difícil que la sociedad civil y las fuerzas políticas lo puedan impedir. La única esperanza es que los líderes democráticos del mundo alcen su voz en protesta y exijan a Hugo Chávez que abandone sus pretensiones dinásticas y permita que su sucesor sea elegido por el pueblo, y no escogido a dedo. Será la oportunidad, por ejemplo, para que Dilma Rousseff o Lula da Silva rompan con el ensordecedor silencio que Brasil ha mantenido con respecto a las conductas poco democráticas del presidente Chávez. Ya es hora de dejar de felicitarlo y comenzar a exigirle públicamente que respete los principios básicos de la democracia.

@moisesnaim