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martes, 4 de diciembre de 2012

Repunte inflacionario

(El economista y profesor del IESA, Pedro Palma, afirma que los controles de precios tienen que ser revisados, pues los mismos están condenando a productores y distribuidores a trabajar a pérdida, lo cual, a su vez, se traduce en desabastecimientos crecientes que a la larga presionan los precios al alza. Publicado en El Nacional, el 03 de diciembre del 2012)

La desaceleración inflacionaria que se ha operado este año en Venezuela es artificial y no sostenible, no debiendo interpretarse ésta como el resultado exitoso de una política que está dominando efectivamente la inflación, sino más bien como un represamiento artificial y temporal de la misma.

Esta moderación, que incluso se ha operado a pesar del intenso incremento de la oferta monetaria debido al aumento desproporcionado del gasto público en este año electoral, se ha debido, por una parte, al recrudecimiento desproporcionado de los controles de precios, particularmente de los alimentos y, por la otra, a la importación masiva de productos de consumo con divisas subsidiadas debido a la alta sobrevaluación de la moneda. Esas dos circunstancias, sin embargo, no son sostenibles en el tiempo. Los controles de precios tienen que ser revisados, pues los mismos están condenando a productores y distribuidores a trabajar a pérdida, lo cual, a su vez, se traduce en desabastecimientos crecientes que a la larga presionan los precios al alza. Los tipos de cambio oficiales, por su parte, están profundamente distorsionados, ya que al haberse mantenido inalterados por largos períodos, a pesar de sufrirse una inflación interna muy superior a la externa, se ha producido una sobrevaluación desproporcionada, que ha hecho que lo más barato que hoy se pueda comprar en Venezuela después de un litro de gasolina, es un dólar al precio oficial. Ello ha incentivado la adquisición de divisas preferenciales, pues con los bolívares que cuesta un dólar se puede comprar mucho menos localmente en comparación con lo que se adquiere con ese dólar fuera. 

Adicionalmente, al haberse disparado el tipo de cambio en el mercado negro, la apetencia por los dólares preferenciales se multiplica, pues resulta un excelente negocio comprar divisas a un tipo de cambio oficial y revenderlas en el mercado paralelo. Todo ello ha obligado a las autoridades cambiarias a restringir el acceso a los dólares preferenciales los cuales escasean cada vez más. Adicionalmente, el bajo precio de la divisa oficial también contribuye al enorme desequilibrio fiscal existente, ya que los bolívares que se obtienen por cada dólar que se convierte son muy escasos. Esto, obviamente, se tendería a corregir con un incremento del tipo de cambio oficial, acción que no sólo aumentaría la recaudación fiscal, sino que también diluiría la deuda pública interna.

Todas las distorsiones arriba enunciadas llevan a muchos al convencimiento de que las tasas de cambio oficiales serán modificadas en el futuro inmediato, es decir, se espera una devaluación del bolívar, la cual, de producirse, encarecería los bienes de origen externo. De hecho, esa expectativa cambiaria, combinada con el divorcio de los tipos de cambio oficial y negro, están generando presiones inflacionarias, ya que, por una parte, el dólar al que todos tienen acceso –el negro, obviamente– se ha encarecido intensamente, y, por otra parte, los precios tienden a establecerse por los costos esperados de reposición, pues aun cuando un productor esté produciendo con materias primas que importó al tipo de cambio oficial de 4,30, no establece su precio basado en ese costo, pues no sabe si al momento de reponer sus insumos lo podrá seguir haciendo con dólares baratos o a un tipo de cambio mucho mayor, por lo que deberá aumentar sus precios hoy para mañana disponer de los bolívares suficientes con qué comprar las divisas más costosas. Igual sucede con el comerciante de productos foráneos, que aun cuando los haya importado a las actuales tasas preferenciales aumenta sus precios debido a la expectativa de devaluación existente.

En resumen, la impostergable revisión de los precios controlados, la esperada devaluación, el disparatado gasto público, la expansión monetaria y las distorsiones cambiarias existentes, harán que la inflación repunte en el futuro inmediato.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Vulnerabilidad económica

(El economista y profesor del IESA, Pedro Palma, afirma que la condición fundamental para romper con esa precaria dependencia de la renta petrolera es que la economía se diversifique, con el fin de lograr el desarrollo de múltiples sectores productivos. Publicado en El Nacional, el 20 de noviembre del 2012)

Una economía que depende de una renta para su funcionamiento es intrínsecamente vulnerable, particularmente si esa renta la determinan variables externas sobre las cuales se tiene poco o ningún control. Ese es el caso de la economía venezolana, que está a merced de su ingreso petrolero, el cual, a su vez, depende del comportamiento del precio internacional de los hidrocarburos, variable por demás volátil y sobre la que tenemos muy poca, o ninguna capacidad de influencia.

Cuando los precios están debilitados sufrimos recesión o estancamiento, y cuando se recuperan crecemos como producto de las políticas de expansión de gasto público, mecanismo a través del cual se inyectan a la economía los recursos petroleros adicionales, generando una situación de bonanza que llega a su fin cuando los precios vuelven a caer.

Con la finalidad de romper ese círculo vicioso se hace indispensable la creación de fondos de estabilización macroeconómica, con el fin de ahorrar parte de los cuantiosos ingresos de los buenos años petroleros, para así contar con recursos que compensen la caída de la renta en los años de menores precios.

Incluso, durante los últimos tiempos hemos aprendido que para lograr mantener tasas de crecimiento aceptables se requiere que los precios de exportación aumenten sostenidamente, ya que su estabilización, aun cuando sea a altos niveles, impide que la renta siga elevándose, condición necesaria, mas no suficiente, para que la economía continúe creciendo.

Sin embargo, la condición fundamental para romper con esa precaria dependencia de la renta petrolera es que la economía se diversifique, con el fin de lograr el desarrollo de múltiples sectores productivos eficientes y competitivos, que no sólo produzcan más y mejores productos para satisfacer el mercado interno, sino que exporten esos bienes, disminuyendo la vulnerabilidad de la economía a los vaivenes de las exportaciones petroleras.

Para ello se necesita, entre muchas cosas, que existan reglas de juego claras, racionales y perdurables, que se disponga de servicios públicos de calidad, que se priorice el desarrollo del capital humano requerido, y que haya una delimitación clara de funciones de los distintos miembros de la sociedad, incluido, obviamente, el Estado, al que le corresponde realizar tareas fundamentales muy específicas, entre otras, la de velar por el fiel cumplimiento de la normativa legal, ejercer una función de supervisión y fiscalización efectiva para evitar prácticas indebidas por parte de las empresas u otros miembros de la sociedad, y asegurar la existencia de un Poder Judicial idóneo e independiente que vele por la preservación del Estado de Derecho. En pocas palabras, el logro de aquella diversificación requiere la implementación efectiva de un plan de desarrollo sustentable.

Desgraciadamente, lo que vivimos en Venezuela es algo muy distinto. La implantación del socialismo del siglo XXI, que no es más que un comunismo matizado, pero tan retrógrado, caduco y fracasado como todos los del siglo XX, nos está llevando a una situación precaria. El hostigamiento a la empresa privada, la imposición de controles y condiciones de trabajo irracionales, las expropiaciones arbitrarias e ilegales, la ausencia de independencia de los poderes públicos, y la inexistencia de un sistema judicial imparcial y funcional, han creado un ambiente hostil a la inversión y contrario al que debe existir para el logro de aquella necesaria diversificación económica. Adicionalmente, el desmantelamiento del aparato productivo tradicional y su sustitución por otro inoperante, la dependencia cada vez mayor del suministro externo, el desenfrenado gasto público, el irresponsable endeudamiento gubernamental y la absurda política cambiaria existente, lejos de enrumbar la economía hacia el desarrollo deseable y sustentable, lo que ha hecho es hacerla mucho más vulnerable y precaria. Eso lo pagaremos todos.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las dos preguntas del 2013

 (El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, plantea dos interrogantes que regirán el futuro económico de Venezuela para el año 2013. Publicado en el diario El Universal, el 9 de noviembre de 2012)
 
Las mejores preguntas en economía siempre surgen de la gente con una formación de base distinta, o más aún, ninguna formación del todo. Vienen cargadas de esa intuición básica que quienes estamos adentro ya hemos perdido hace rato. En ese sentido, algunos economistas necesitamos una escuela para desaprender (Facundo Cabral dixit). La historia de lo que ha ocurrido en 2012 ya está escrita. El gobierno se ha lanzado un aumento del gasto público que en términos reales por persona lo coloca como el mayor de nuestra historia. Nuestros ingresos, por otro lado, permanecieron estables. Peor aún, como el precio del petróleo se mantuvo y la producción también, la contribución de Pdvsa es idéntica a 2011, pero en bolívares perdió poder adquisitivo por la inflación. Esta caída de los ingresos y aceleración del gasto produjo un déficit fiscal descomunal.

¿Cómo ha sido financiado ese déficit? Un tercio se financió imprimiendo dinero. Para la semana previa a las elecciones, la cantidad de monedas y billetes había crecido 51% con respecto al año anterior. Ahora bien, una vez que estas monedas y billetes salen a la calle, dan lugar a una cantidad de depósitos en los bancos. En ese mismo lapso, la liquidez (monedas y billetes en circulación, más depósitos en ahorro y a plazos) ha crecido 59%. Y como la demanda de crédito privado está paralizada, el gobierno aprovecha y le empuja títulos de deuda a los bancos a tasas muy bajas, que terminan pagando los ahorristas (a quienes los bancos les paga tasas aún menores). Así se financiaron los dos tercios restantes del déficit.

Aquí surge la primera pregunta: ¿Es posible financiar déficit imprimiendo dinero? ¿Y eso no genera inflación? La respuesta es que sí, que esa es parte de la explicación de por qué seguimos teniendo la inflación más alta del mundo. Pero la verdad es que imprimir 51% más de dinero y tener una liquidez 59% mayor, en un país que en teoría debe crecer 5% en el año, debería provocar una inflación mucho mayor (45%-50%). No ha sido así. La respuesta se nos escapa todavía: la teoría se parece a la práctica sólo en teoría. Milton Friedman escribió un papel de trabajo en 1957 en donde establecía un período de dos años para que el crecimiento de la liquidez se transmitiera a la inflación. Aunque esos plazos aplican para EEUU, nosotros no deberíamos esperar imprimir dinero ad infinitum sin que reviente la inflación. Eso representa un problema, porque es el principal mecanismo de financiamiento.

La otra pregunta esencial, visto que ya tenemos tiempo gastando y consumiendo bastante más de los que producimos (incluyendo petróleo como "producción") es: ¿Hasta cuándo puede endeudarse un país? Venezuela en 1998 tenía una deuda externa de 25.600 millones de dólares, ahora tiene una de 95.500 millones. Incluyendo estatizaciones y proveedores de Pdvsa por pagar, nuestra deuda llegaría hasta 150.000 millones de dólares. ¿Hasta cuándo? ¿Cuál es el límite de la capacidad? Son preguntas muy intuitivas, muy válidas en esencia, para las cuales no existe una respuesta precisa. Pero si le agregas arena gradualmente a una pirámide, aunque no puedas predecir en qué momento se vendrá abajo, sí puedes decir con certeza que en algún momento lo hará.

@miguelsantos12

miércoles, 17 de octubre de 2012

Lo que Chávez hereda de Chávez

(Moisés Naím plantea cuatro grandes temas que consumirán la atención del Gobierno y el país tras la nueva victoria de Hugo Chávez. Publicado en El Nacional, el 16 de octubre de 2012)

¿Qué le espera a Venezuela después de esta nueva victoria de Hugo Chávez? Cuatro grandes temas consumirán la atención del Gobierno y el país. Primero, el tóxico legado económico que Hugo Chávez hereda de sí mismo. Segundo, el precario estado de salud del presidente. Tercero, las batallas sucesorias entre sus más cercanos colaboradores. Y cuarto, los intentos que Chávez y su Gobierno harán para cambiar la Constitución de manera que, en caso de que el mandatario se vea impedido de seguir al frente del Estado, pueda designar a su sucesor sin convocar nuevas elecciones, tal como ahora lo establece la ley.

La economía. El presidente Chávez comienza su nuevo periodo con una economía devastada por las políticas que él mismo ha implantado. Los datos son aterradores: la inflación más alta del mundo, la tasa de cambio y las reservas internacionales del país en caída libre; unas importaciones que, si bien han aumentado casi cinco veces desde 2003, no logran paliar el desabastecimiento crónico (alimentos, medicinas, etc.); la producción petrolera declinando y las refinerías estallando; la producción agrícola y manufacturera por los suelos; el endeudamiento desbocado —en 2007 no llegaba a 30.000 millones de dólares y hoy excede los 200.000 millones— y una enorme conflictividad laboral azuzada por salarios deteriorados por la inflación. Las distorsiones han alcanzado niveles que pronto obligarán al presidente a tomar las decisiones económicas más difíciles e impopulares que le han tocado desde que asumió el poder en 1999.
La salud de Hugo Chávez. El presidente no está bien. Las múltiples operaciones y los recurrentes tratamientos de radiación, quimioterapia y otros no han logrado contener el avance de su enfermedad. En los más altos círculos gubernamentales de otros países el consenso es que la salud del presidente venezolano es precaria y tiene bajas probabilidades de curación. La evolución del estado de salud de Hugo Chávez moldeará la evolución política del país en los próximos años. La biología podría ser más importante que la ideología en determinar adónde va Venezuela. Esto lo saben el presidente y sus allegados.

¿Quién viene después de Chávez? El presidente acaba de designar como vicepresidente a Nicolás Maduro, uno de sus más cercanos colaboradores y uno de los pocos en su círculo más íntimo que no proviene de las Fuerzas Armadas. En vista de la precaria salud del mandatario, este nombramiento reviste hoy más importancia que en el pasado y es difícil suponer que los cálculos sucesorios no hayan formado parte de los criterios del presidente a la hora de tomar la decisión. Maduro no es el único con las posibilidades y las ganas de suceder a Chávez. Varios otros aliados del presidente tienen las credenciales, el dinero y los vínculos con grupos militares, políticos y con otros actores internacionales influyentes en Venezuela como para ser factores de poder muy importantes. Estos otros aspirantes no acatarán sin reaccionar la decisión de ser excluidos. Saben que el patrón establecido por el presidente Chávez ha sido que una vez que se llega al poder no hay que dejarlo. Y que es posible retenerlo durante décadas. Lo que está en juego es la lotería con el premio más gordo de América Latina.

El dedo y no los votos. La Constitución venezolana establece que si el presidente no puede continuar en funciones hay que convocar elecciones. Dadas las circunstancias, esta es una norma muy inconveniente para Chávez y su equipo. En sus 13 años en el poder, cada vez que una ley no le ha sido conveniente, el presidente la ha cambiado. No hay por qué suponer que no hará lo mismo en este caso. Lo ideal para Chávez y para la continuidad de su proyecto político sería que su vicepresidente concluya el periodo presidencial en caso de ausencia del presidente.
¿Qué hacer? En vista del control del presidente Chávez sobre la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo y todos los demás órganos del poder, si él decide cambiar la Constitución es difícil que la sociedad civil y las fuerzas políticas lo puedan impedir. La única esperanza es que los líderes democráticos del mundo alcen su voz en protesta y exijan a Hugo Chávez que abandone sus pretensiones dinásticas y permita que su sucesor sea elegido por el pueblo, y no escogido a dedo. Será la oportunidad, por ejemplo, para que Dilma Rousseff o Lula da Silva rompan con el ensordecedor silencio que Brasil ha mantenido con respecto a las conductas poco democráticas del presidente Chávez. Ya es hora de dejar de felicitarlo y comenzar a exigirle públicamente que respete los principios básicos de la democracia.

@moisesnaim

martes, 2 de octubre de 2012

La amenaza del mercantilismo

 (En una entrevista para el diario La Prensa (Panamá), escrito por Alfonso Acosta, el economista y profesor del IESA, Hugo Faría, afirma que el mercantilismo es un mecanismo de acumulación de riquezas a expensas del bienestar del consumidor. Publicado el 22 de septiembre de 2012)

 
El historiador Thomas Carlyle condenó famosamente a la economía como la “ciencia lúgubre” por considerarla sujeta a una preocupante obsesión con el desastre. 

Pero para el economista Hugo Faría, hoy profesor titular del Instituto de Estudios Superiores de Administración en Venezuela, la perspectiva que ofrece esta ciencia es una forma de inocular a la sociedad contra posibles desastres mediante acciones responsables.


Faría, de cabello gris y buen ánimo, explica que el fenómeno económico está ligado de forma intrínseca con los fundamentos sociales de la democracia y que un deterioro institucional puede llevar a graves problemas que afectan el estilo de vida de los ciudadanos de cualquier país.

El economista venezolano está en una posición privilegiada para analizar el fenómeno del mercantilismo de forma empírica. Profesor en universidades prestigiosas como Harvard y Chicago, ha visto de primera mano el deterioro político de su país.

LECCIONES DE UN PAÍS VECINO


Al preguntarle el proceso que llevó al estado actual de su país, describió una situación que permite hacer reflexiones.

Faría describe la historia: “los partidos políticos se encontraban desprestigiados. La población crecía más que la producción por políticas mercantilistas aplicadas por el Gobierno”.

“Estas políticas generaron pobreza, lo cual terminó siendo un campo fértil para el surgimiento de líderes carismáticos y mesiánicos como [Hugo] Chávez”.

Las clases mercantilistas creyeron que podían controlar a este nuevo jugador político, pero Chávez cimentó rápidamente su poder al favorecer económicamente a las fuerzas armadas.

Los empresarios, una clase desprestigiada, no tuvieron argumento moral, ya que ellos se favorecieron de las políticas corruptas de los gobiernos anteriores.

Por esta razón, Faría considera que una campaña de educación sobre los peligros del mercantilismo es urgente.

LA REALIDAD DEL MERCANTILISMO

Faría cree esencial en este proceso de educación definir adecuadamente los términos.

“El mercantilismo es un mecanismo de acumulación de riquezas a expensas del bienestar del consumidor”, indica el profesor, transformando rápidamente la entrevista concedida a La Prensa en una clase.

Como explica, el mercantilismo es el desarrollo de una relación simbiótica entre jugadores de mercados establecidos que se benefician de una protección de sus intereses por parte de la clase política que administra el gobierno.

Por su parte, “el Gobierno recibe poder e ingresos y la empresa recibe menos competencia en perjuicio de los consumidores”.

Esta relación simbiótica usualmente se manifiesta en forma de “regulaciones complejas que solo las puede aguantar el empresario grande o establecido, por ejemplo, en los requisitos para la asignación de licencias o contratos de obras”, lo cual “viola el principio de trato igual para todos, en efecto, violas el estado de derecho”.

“Esto genera mecanismos de exclusión que afectan al consumidor. Por ejemplo, las barreras al comercio internacional reducen el sueldo del consumidor local y tienden a encarecer el costo de su vida”.

Sobre la opinión de que las barreras comerciales son importantes, ya que estimulan la industria local, Faría conecta la economía al marco institucional.

“La solución es un ejercicio democrático. Si es un beneficio obvio, ¿por qué no le preguntas al supuesto beneficiario si lo quiere? Somete la idea a un referéndum: ¿Deseas poder adquirir un bien a un mayor costo o a un menor costo? ¿Qué crees que respondería la gente?”, pregunta.

Igualmente, responde a los argumentos de que la protección de la industria privada, en particular del sector agrícola, es fundamental, en el caso de una emergencia nacional.

“En ese caso, ¿cómo hace Hong Kong o inclusive Aruba? Uno desarrolla un modelo económico para una situación normal, no para eventos extraordinarios. Si ese fuera el caso, también deberíamos producir cualquier otro producto importante de forma local”.

Cuando considera el posible costo a la generación de empleos causado por el libre comercio, Faría considera que es un argumento erróneo y se vale de las ideas del periodista económico del siglo XIX Frédéric Bastiat, comentando que “si el objetivo es puramente generar empleos, deberíamos eliminar los tractores en la construcción y regresar a las palas entonces”.

Faría explica esto indicando que “no debemos confundir producción con bienestar”, ya que, aunque usualmente van ligados, uno no implica lo otro.

La lealtad del profesor retorna a la democracia cuando menciona que “al final, debe haber un proceso de consulta y preguntarle a los ciudadanos si desean optar por reducir el costo de la vida y dedicar el esfuerzo nacional a las ventajas comparativas del país”.

Para Faría, hay una clara divergencia entre un beneficio económico inmediato y el beneficio dinámico a largo plazo mediante el uso adecuado de recursos escasos dentro de una sociedad.

“Hong Kong no era más desarrollado que ustedes en 1960, cuando implementaron sus reformas”, comenta.

UN MERCADO HUMANO Y TRANSPARENTE

Para Faría, la división no es necesariamente entre una economía de mercado y un sistema proteccionista, sino entre una visión de respeto a los derechos humanos y la inclusión social y mecanismo de exclusión producto del mercantilismo.

“La libertad económica es una condición necesaria, aunque no suficiente, para la democracia, porque cuando existe la libertad económica, el poder político está fragmentado”, comienza.

“De hecho, lo peor que le puede pasar a una democracia es una monopolización por parte del Estado de empresas, porque genera una fuente de ingresos para la clase política aparte del pueblo”.

Faría explica que “el principal contrapeso para un gobierno en una democracia es que debe financiarse de los recursos que la ciudadanía le otorga”.

Cuando este vínculo se destruye, surge una relación mercantilista que atenta directamente contra el bienestar de la ciudadanía, ahora impotente por su falta de control sobre el Gobierno.

Faría continúa explicando que el mejor antídoto desarrollado contra esa cartelización entre el poder público y empresas privadas es un mayor acceso a nuevos jugadores de mercado y por lo tanto, mayor competencia.

Esto solo se puede lograr con reglas claras de propiedad privada y un rol activo del Gobierno en castigar el fraude y el robo.

“El capitalismo, al final, persigue el beneficio del consumidor, no del empresario, aunque muchas empresas resultan beneficiadas. El sistema mercantilista va en contra de una visión del derecho humano. Se le obliga al consumidor a obtener productos a un precio más caro y en efecto se le está robando su riqueza a beneficio de ciertos grupos de interés”.

“¿Por qué hay que amarrar al Estado, entonces? Porque los políticos son personas como todos, no son ángeles y responden a sus intereses personales, no como agentes de la ciudadanía”.

lunes, 23 de julio de 2012

La vuelta al mundo con Martin Wolf


(Moisés Naím entrevista a Martin Wolf, uno de los columnistas económicos más influyentes del momento, quien afirma que tanto los periodistas, como los economistas fallaron al no ver la crisis. Publicado en El Nacional el 3 de julio de 2012)

La crisis ha transformado a algunos comentaristas económicos en personajes de fama mundial. Uno de ellos es Martin Wolf, el principal editorialista económico del Financial Times y seguramente uno de los columnistas más influyentes del momento. Hace unos días converse con él en Estambul.

- ¿Qué aspectos de la crisis le sorprendieron?
M.W. El insuficiente capital propio que tenían los bancos y otras instituciones financieras para cubrir los riesgos que corrían. Captaban dinero a corto plazo y lo colocaban a largo plazo. Tenía puesta toda mi atención en la macroeconomía y no vi lo que estaba sucediendo con la microeconomía. Es el principal error que he cometido en mi carrera. Mi otro error fue no haberme percatado de cuan débiles e inadecuados eran los controles y regulaciones a los bancos.

- ¿Qué responsabilidad tienen los periodistas en esta crisis?
M. W. Hubo muchos errores de omisión. Hemos debido ser mucho más agresivos y rigurosos en el escrutinio de los bancos, los reguladores etc. El problema es que, en general, los periodistas saben poco de economía y finanzas.

- Pero los economistas más renombrados tampoco se cubrieron de gloria. Ni previeron la crisis ni se ponen de acuerdo en cómo manejarla. ¿Quiénes fueron las excepciones?
M. W.
Nouriel Roubini alertó temprano sobre las burbujas de precios de ciertos activos financieros y su relación con el endeudamiento, y se dio cuenta que esa mezcla era explosiva. Robert Shiller analizó mejor que nadie lo que sucedía en el sector inmobiliario. Y Raghuram Rajan dio la primera campanada sobre la fragilidad del sector financiero y explicó cómo se estaba transformando en una amenaza para la estabilidad global. Pero, en realidad, no hubo muchos más. Y lo cierto es que la teoría económica ortodoxa ha resultado inútil para prevenir lo que sucedió.

- Pero los jefes de Estado deben manejar la situación aunque las recomendaciones que les dan los economistas son de dudosa calidad. ¿Cómo califica usted el manejo que han hecho de la crisis George W. Bush, Barack Obama, Wen Jiabao y Angela Merkel?
M. W
. Bush, reprobado. Obama y Wen Jiabao, aprobados. Y Merkel aprobada como líder de Alemania y reprobada como líder europea.

- Pero Obama está siendo ferozmente criticado por su manejo de la economía.
M. W.
Así es. Sus críticos argumentan que la recesión de EE UU ha debido ser más breve y la recuperación más veloz y vigorosa. Pero según la experiencia histórica y el análisis objetivo, la crisis que heredó Obama ha debido causar una recesión aún más profunda de la que hubo, y probablemente hasta una fuerte depresión. Obama logro evitar estas catástrofes y, desde que estalló la crisis hasta hoy, de las seis economías más avanzadas del mundo, la economía de EE UU es la que más se ha recuperado.

- En esta crisis los jefes de los bancos centrales se han transformado en actores fundamentales. ¿Quienes son los mejores banqueros centrales del mundo?
M. W
. Ben Bernanke, el gobernador de la reserva federal de EE UU.

- ¿Nadie más?
M. W.
Nadie. Los demás están en otra categoría. Entre 2008 y 2009 Bernanke salvó al mundo. Creo que después no ha sido lo suficientemente agresivo en estimular la economía y tampoco anticipó la crisis. Pero tuvo la responsabilidad histórica en el momento más crítico y lo hizo excepcionalmente bien.

- Paul Krugman argumenta que una política monetaria y fiscal más expansiva reduciría el nivel de paro en EE UU. Raghuram Rajan piensa que muchos de los empleos que desaparecieron en la crisis son producto de cambios estructurales y tecnológicos y ya no volverán. ¿Quién tiene razón?
M. W.
Los dos. Krugman en sostener que EE UU puede y debe hacer más a través del gasto público y la política monetaria para aumentar el empleo. Y Rajan, en decir que muchos empleos de antes ya no existirán y que a largo plazo hay que crear puestos de trabajo en otros sectores. Uno tiene razón sobre el corto plazo y el otro sobre el largo plazo.

- Dentro de diez años ¿que país va a tener una economía con más crecimiento, España o Italia?
M. W.
España.

- ¿Y entre China e India?
M. W.
India.

- ¿Estados Unidos o Alemania?
M. W.
Estados Unidos.

- Y ya que estamos en Turquía, un país que ha tenido un desempeño económico espectacular, ¿cómo ve la situación acá?
M. W.
Insostenible. Turquía sufre de desbalances económicos profundos. Su ahorro interno es demasiado bajo y su déficit en cuenta corriente demasiado grande.

- ¿Y Europa?
M. W.
Veo tres escenarios: Europa Federal; statu quo-plus y la ruptura. El statu quo va a fracasar, lo que puede llevar o al statu quo-plus o a la ruptura parcial. Lo que llamo statu quo-plus incluye reformas bancarias, un ajuste económico que no solo recaiga en los países más endeudados, un mayor estímulo por parte del Banco Central Europeo y abundante financiamiento a los países que hacen las reformas necesarias. Este es el escenario que veo más probable.

@moisesnaim

miércoles, 4 de julio de 2012

Años que terminan en 3

(El profesor del IESA, Pedro Palma, reflexiona sobres los eventos económicos ocurridos en los años de las últimas décadas que terminaron en 3, y cuál será la situación para el año 2013. Publicado en el diario El Nacional el 2 de julio)

Curiosamente, durante las últimas décadas los años terminados en 3 tienen una característica común: han sido años de profundas crisis económicas. Así, 1983 se inició con unas masivas salidas de capital y caídas de las reservas internacionales, en respuesta al debilitamiento de los precios petroleros, y a las expectativas de devaluación creadas por los menores ingresos de exportación y por la alta sobrevaluación del bolívar que entonces existía. Estas circunstancias desencadenaron el famoso "viernes negro" el 18 de febrero, con el establecimiento del control de cambios de Recadi, y se puso así fin al régimen de libertad cambiaria con tipo de cambio único y fijo, que estuvo entre nosotros por varias décadas. La devaluación implícita en esa medida, combinada con la restricción al acceso de las divisas y el redoblamiento de controles de precios, hizo que ese año se materializara una fuerte recesión y un agudo aumento del desempleo, lo que creó una situación muy difícil en el último año de la administración de Luis Herrera Campins.

1993 se caracterizó por un nuevo debilitamiento de los precios del petróleo, por un importante repunte de la inflación y por una crisis política creada por las dos intentonas de golpe del año precedente y por el enfrentamiento del Gobierno con el Poder Legislativo. Esto deterioró la confianza del público y generó masivas fugas de capital que obligaron al Banco Central de Venezuela a implantar una política monetaria severamente restrictiva, lo que disparó las tasas de interés. Todo ello creó una situación económica muy precaria que se vio agravada por la crisis política debido a la defenestración de Carlos Andrés Pérez, al escaso apoyo de los partidos al gobierno interino de Velásquez y al sesgo populista de la campaña presidencial de ese año.

2003 fue un año caótico. La continuación del paro petrolero hasta febrero, y el despido de más de 18.000 empleados de Petróleos de Venezuela tuvieron efectos devastadores, que se aunaron a la drástica contracción de la capacidad de compra de los ingresos de los trabajadores y a los despidos masivos debido a la quiebra de múltiples empresas, para crear una situación laboral y social muy adversa. Esto, combinado con el clima de confrontación política, se tradujo en salidas masivas de capital que forzaron a la imposición de un nuevo control cambiario que aún está vigente. La escasez de divisas que se generó, así como los severos controles de precios que se impusieron y que condenaron a múltiples productores a trabajar a pérdida, contribuyeron a crear una situación económica devastadora, caracterizada por una profunda recesión, alta inflación y un desempleo suprior a 18%.

De allí que sea válido preguntarnos si debemos esperar que esos aciagos escenarios se repitan en 2013. Desgraciadamente, creo que las posibilidades de que ello suceda son elevadas. La posible profundización de la crisis europea, y la desaceleración en las economías de Estados Unidos y de China puede traducirse en severas limitaciones a las posibilidades de exportar de los países emergentes, en la acentuación de la caída de los precios de los commodities --el petróleo entre ellos--, y en la restricción y encarecimiento del financiamiento internacional. Ello, combinado con las limitaciones de producción y exportación petrolera que tenemos, con las escasas reservas líquidas de moneda extranjera, con la dependencia cada vez mayor de suministro externo de insumos y bienes de consumo, con el dislocado endeudamiento externo que estamos contrayendo, con la sobrevaluación del bolívar que hoy existe, con la ausencia de inversión extranjera que captamos, y con el mermado sector productivo interno de que disponemos, nos pone en una posición muy vulnerable ante un eventual agravamiento de la crisis internacional en marcha.

Ojalá que ese sombrío panorama no se materialice, y que podamos decir que el próximo año no será similar a los años terminados en 3 de las décadas pasadas.

palma.pa1@gmail.com

martes, 26 de junio de 2012

¿Qué pasó el 28 de marzo?

(Moisés Naím analiza el fenómeno económico ocurrido el 28 de marzo de 2012 cuando las economías de los países menos desarrollados en su conjunto superaron en tamaño a las de los países más ricos, además de cuáles son los factores que hace que una nación se consolide como una potencia. Publicado en el diario El Nacional el 26 de junio)

Fue uno de esos días importantes que, sorprendentemente, pasó casi inadvertido en los medios de comunicación del mundo. Resulta que, según los cálculos del Departamento del Tesoro de Australia, el 28 de marzo pasado las economías de los países menos desarrollados en su conjunto superaron en tamaño a las de los países más ricos. "Ese día terminó una aberración que duró un siglo y medio", escribió el columnista australiano Peter Hartcher, refiriéndose al hecho de que, hasta el año 1840, China había sido la mayor economía del mundo. "Los chinos ven esto y dicen: lo único que pasó es que tuvimos un par de siglos malos", señala el experto en Asia Ken Courtiss, también citado por Hartcher. Courtiss añade: "Lo que está ocurriendo es que, en un abrir y cerrar de ojos, en tan solo una generación, el poder se ha mudado de Occidente a Oriente. Y con el tiempo veremos que no se trata solo de un movimiento del poder económico y financiero, sino que también migrará a Oriente el poder político, cultural e ideológico".

¿Será así? Los comentarios de los lectores de la columna de Hartcher ofrecen una espontánea pero reveladora síntesis de un debate que también consume a gobernantes, políticos, militares y académicos en todas partes: ¿cuál será el país más poderoso en el mundo? Derek, por ejemplo, afirma desde Canberra: "No tenemos por qué preocuparnos. En el papel, China e India aparecen como potencias, pero en realidad la mayoría de sus ciudadanos no tienen acceso a servicios sanitarios o a electricidad". Otro lector que se identifica como Barfiller añade: "No olvidemos estas realidades de los países emergentes: conflictos fronterizos y enfrentamientos por el control del agua y otros recursos; débil protección de patentes y propiedad intelectual; diferencias étnicas, religiosas e ideológicas; desavenencias históricas y culturales, etc., etc. Los países emergentes no lo tienen nada fácil". A su vez, David insiste en la necesidad de tomar en cuenta "la mala distribución de la riqueza entre la población de estos países. La diferencia entre la riqueza del chino promedio y sus más privilegiados camaradas del partido es una brecha insalvable. Y esa misma brecha existe en la India. En China se debe a una profunda corrupción controlada desde arriba y en India es causada por indelebles divisiones de clase basadas en la religión y la cultura".

Así, según estas opiniones, China e India son países demasiado debilitados por sus divisiones y otros problemas internos como para ser las potencias rectoras del mundo.

Pero los problemas de estos grandes países en ascenso ya no solo les incumben a ellos. Caledonia, una lectora que escribe desde Sidney, cree que los otros comentaristas no se dan cuenta del peligro que les acecha: "Si la economía de China sufre un crash, ustedes se van a encontrar en las filas de los desempleados y podrán darse por afortunados si consiguen un trabajo limpiando baños".

Detrás de todas estas observaciones subyacen importantes suposiciones acerca de lo que hace que una nación llegue a ser tan poderosa como para imponerle su voluntad a otras. Esto antes era privilegio de los imperios. Después lo fue de las dos superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Y tras el hundimiento de esta última, se puso de moda suponer que entrábamos en una era unipolar en la cual una sola superpotencia, Estados Unidos, dominaría el mundo.

Esta percepción duró poco. El ascenso de China y otros países, sumado a los problemas de EE UU, hicieron que la idea del mundo unipolar fuese perdiendo vigencia. Pero si no es el mundo bipolar de soviéticos y norteamericanos, ni el unipolar donde EE UU reina solo, ni el multipolar dominado por la influencia de América, Europa y un Asia en ascenso, ¿entonces qué tipo de mundo es el que está naciendo?

En los últimos años, las respuestas a esta pregunta han estado influidas por el despegue económico de los países emergentes y la crisis financiera en Europa y EE UU. Pero ahora, a medida que los emergentes entran en una más lenta y difícil situación económica que inevitablemente alimentará la turbulencia social y política, y Europa sigue sumida en la crisis, el debate va a cambiar de nuevo. Y cuanto más rebotan de un lado a otro las opiniones acerca de qué nación será la potencia dominante del mundo que se nos viene, más claramente comienza a perfilarse la respuesta: ninguna.

@moisesnaim

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Por qué no amaina la crisis?


(Moisés Naím analiza la crisis económica europea, qué factores podrían disminuir la incertidumbre en la región, qué problemas enfrentan para superarla y qué actores tienen el peso suficiente para influir en la toma de decisiones. Publicado en el diario El Nacional el 5 de junio)

¿Por qué sigue agudizándose y extendiéndose la crisis económica europea? ¿Ignorancia? ¿Demasiado poder concentrado en pocas manos? ¿O será, quizás, todo lo contrario: que los que deben tomar las decisiones necesarias no tienen el poder para hacerlo? Creo que es una diabólica combinación de estos tres factores.

Ignorancia. Está claro que ni entre los Gobiernos ni entre los expertos hay acuerdo acerca de qué hacer. El debate entre los defensores de la austeridad y quienes proponen gastar más para estimular el crecimiento de la economía domina los titulares. A medida que la crisis arrecia, este debate se transforma en un torneo de frases hechas y afirmaciones superficiales. Después de todo, la austeridad no suele ser una opción entre varias. Los pobres no viven austeramente porque, después de pensárselo bien, decidieran que prefieren ser frugales y no manirrotos. Así, para muchos países —y familias— la austeridad es una feroz e ineludible realidad.

Por otro lado, imponerle más austeridad a quienes ya no pueden vivir con lo poco que tienen tampoco es una opción válida. En todo caso, el debate sigue y la seguridad con la cual los más renombrados economistas ofrecen sus recomendaciones contrasta con la validez de sus pronósticos e interpretaciones antes y durante la crisis. Andrew Lo, un economista del MIT, acaba de publicar en el prestigioso Journal of Economic Literature una reseña de los 21 libros que más resonancia han tenido en los debates sobre la crisis.

Su conclusión: “De este amplio y contradictorio conjunto de interpretaciones no emerge una narrativa única; la gran variedad de conclusiones… enfatiza la desesperada necesidad que tienen los economistas profesionales de ponerse de acuerdo sobre una base de datos común de la cual puedan construir inferencias y narrativas más precisas”.

En otras palabras, si los mejores economistas ni siquiera se pueden poner de acuerdo sobre cuáles son los hechos y datos relevantes para explicar la crisis, no debe sorprendernos que tampoco estén de acuerdo acerca de qué hacer para salir de ella. Pero no se dan por aludidos. Esta crisis ha revelado que la arrogancia intelectual es uno de los riesgos ocupacionales de practicar la economía como profesión.

Mucho poder en pocas manos. Por otro lado, también es obvio que la crisis no es solo económica y que las contradicciones y desacuerdos entre los expertos no bastan para explicar lo que está sucediendo. La política tiene mucho que ver con lo que está pasando, y hablar de política es hablar de poder.

Hay protagonistas de este drama que, aunque no tienen el poder para solucionar la crisis, tienen el poder de vetar las iniciativas ajenas que no les convienen y así truncar el juego. La canciller alemana, Angela Merkel, por ejemplo, es uno de estos protagonistas con enorme poder de veto. Alemania podría estimular más su economía y apoyar otras medidas que ayuden al resto de Europa a salir de la crisis. La venta en los mercados mundiales de un bono único emitido por Europa es un buen ejemplo de iniciativas válidas que hasta ahora han sido frenadas por Alemania.

Estos eurobonos tendrían la garantía colectiva de todo el continente, lo que disminuiría su prima de riesgo y los pagos que deben hacer los países más atribulados por la crisis —y que más dependen del crédito del extranjero—. Pero en estos tiempos el poder no solo se concentra en algunos países y líderes. Los financieros que tienen la capacidad de mover grandes volúmenes de capital de un país a otro también son protagonistas importantes del drama europeo. Si bien no pueden imponer políticas, sí pueden vetar decisiones o limitar las opciones de los Gobiernos.

Poco poder en muchas manos. Por otro lado, un paradójico y contradictorio aspecto del poder en estos tiempos es su escasez, precariedad y transitoriedad. Aún los más poderosos se encuentran con inmensas limitaciones para ejercer el poder. Y además lo pierden con inusitada frecuencia, siendo reemplazados por rivales, colegas o sorprendentes contendientes que aparecen súbitamente.

Angela Merkel no puede hacer todo lo que le gustaría y sus opciones son restringidas por una miríada de micropoderes que, si bien no tienen la fuerza de imponer sus deseos, sí tienen cómo limitar a los más poderosos. Ni siquiera los líderes de las finanzas pueden hoy dormir tranquilos suponiendo que sus cargos e instituciones están a salvo de la turbulencia en la que vivimos.

En el mundo de hoy, el poder está muy fragmentado y la crisis europea es la evidencia más clara de esta tendencia. Incluso quienes más poder tienen solo pueden influir sobre su evolución de manera tenue e indirecta. La crisis sigue porque en Europa no hay quien tenga el poder para contenerla. Por ahora.

@moisesnaim

Grecia y Venezuela


(El profesor del IESA, Ricardo Villasmil, hace un análisis comparativo entre las situaciones económicas de Grecia y Venezuela, que se enfrentan a escenarios similares pero necesitan soluciones diferentes. Publicado en el diario El Universal el 2 de junio)

El dilema en el que se encuentra Grecia es muy aleccionador para los venezolanos. A mi juicio, sin embargo, las soluciones son distintas: la de Grecia radica fundamentalmente en la austeridad, la de Venezuela en el crecimiento. Veamos.

Ambos países vienen de procesos de expansión económica financiados con expansiones aún más aceleradas del endeudamiento público. Sobra decir que estos son procesos insostenibles e inherentemente riesgosos. Mientras los mercados crean que la expansión va eventualmente a revertirse y que existe capacidad de pago, el incremento de la relación deuda/producto puede continuar. Pero si por alguna razón se convencen de lo contrario, se desata una espiral de deterioro: el financiamiento se encarece y la inversión, el empleo y los ingresos fiscales se contraen. Y como consecuencia de ello, se expanden el déficit fiscal y las necesidades de endeudamiento.

Al llegar a esta encrucijada, se abren dos opciones. La primera es contractiva: tomar medidas orientadas a corregir el déficit fiscal y adoptar un ritmo de endeudamiento consistente con una reducción de relación deuda/producto por la vía del numerador.

La segunda opción es expansiva: tomar medidas orientadas a estimular las inversiones, la generación de empleo y el crecimiento económico. Si el crecimiento económico logra tomar fuerza, la relación deuda/producto comenzaría a caer por la vía del denominador.

La primera es la que se le ha impuesto a Grecia. Naturalmente, los griegos habrían preferido optar por la segunda, pero los mercados no la ofrecieron. ¿Por qué? Porque las perspectivas de crecimiento de ese país son muy poco halagadoras. Pero este no es el caso venezolano en la eventualidad de un cambio de gobierno. Ello producto de la existencia de gigantescas oportunidades de inversión desaprovechadas por el régimen actual, particular pero no exclusivamente en el sector petrolero.

Y lo mejor de todo, es que como consecuencia de la confianza resultante de un cambio de gobierno, en una primera etapa Venezuela podría incluso continuar incrementando su deuda, pero reduciendo la tasa de interés aplicable a su deuda y elevando su tasa de crecimiento. Esta combinación haría que la relación deuda/producto caiga y la relación servicio de deuda/producto caiga aún más. Casi demasiado bueno para ser cierto, ¿no?

@rvillasmilbond; www.ricardovillasmil.com

jueves, 17 de mayo de 2012

La estatización de YPF: ¿Soberanía energética o voracidad fiscal?


Por: Jean-Paul Leidenz Font
Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA
Gráfica realizada por Domingo Cavallo (10)
El pasado 16 de abril el Gobierno de Argentina decretó la estatización de 51% de las acciones de la empresa YPF, pertenecientes a la firma española Repsol. Se esgrimió como sustento para tal decisión el efecto de las importaciones petroleras sobre la balanza comercial, que afectan negativamente su saldo superavitario.


Además, el gobierno argentino reprochó la presunta desinversión de la petrolera siendo, no obstante, capaz de repartir cuantiosos dividendos a sus accionistas. El objetivo último de la medida, cristalizado en la Ley de Soberanía Hidrocarburífera de la República Argentina (1), establece:

“Artículo 1º: Declárese de interés público nacional y como objetivo prioritario de la República Argentina el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos”

Conviene analizar esta decisión en la coyuntura específica de la industria argentina, en particular, dado el descubrimiento de un importante yacimiento de oil shale en Neuquén.

El anuncio del yacimiento en Vaca Muerta fue realizado el 7 de noviembre de 2011 (2), teniendo éste un volumen de reservas de 22.807 millones de barriles equivalentes de petróleo (Mbep) (3). Esto lo haría uno de los principales yacimientos de oil shale en el mundo, dando a Argentina un volumen de reservas de este tipo de crudo superiores a las de Canadá (4).

Además, alrededor de 12 mil kilómetros cuadrados de Vaca Muerta están otorgados en concesión a YPF. Las inversiones requeridas para su explotación podrían ascender a $25.000 MM anuales, logrando con ellas duplicar la producción de crudo presente en una década (5).

Ante este panorama, es interesante considerar que el hostigamiento gubernamental contra la petrolera comenzó a partir del anuncio. Incluso, se le revocaron concesiones a principios del mes de marzo, tal fue el caso de los campos Escalante-El Trébol y Central-Cañadón Perdido (6).

Es pertinente considerar una serie de incentivos fiscales que han podido dar pie a la abrupta nacionalización de YPF.

A partir de 2008 el balance fiscal de la República Argentina ha tenido una tendencia deficitaria clara, ocasionada por un fuerte crecimiento del gasto público y un aumento no proporcional de los ingresos fiscales. En 2011 el déficit público como porcentaje del PIB fue de 2.8%, deduciendo las rentas a la propiedad que actúan como financiamiento monetario, mediante transferencias de utilidades del Banco Central al Tesoro Nacional.

Según proyecciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) (7) en el peor escenario, el saldo negativo podría ubicarse en 3.5% del PIB para 2012. Las presiones que esta situación genera sobre los pagos del servicio de la deuda externa, podrían explicar el interés del gobierno argentino por adueñarse de rentas derivadas de la explotación de crudo.
Tomado de IARAF, Informe Económico Nº 147
Aunado a ello, YPF-Repsol y Exxon Mobil mantenían conversaciones para iniciar inversiones conjuntas en el yacimiento (8). Esto probablemente motivó una apresurada decisión, para evitar afectar los intereses de otro actor y mayores presiones internacionales.

Es de esperar que el gobierno argentino vea con preocupación su restricción creciente de ingresos, sobre todo al sostener un discurso francamente opuesto a recortes de gasto. Así mismo, las limitaciones del financiamiento monetario del déficit comienzan a sentirse a través de inflación y fenómenos como la fuga de capitales experimentada en 2011 (9). Socavar la seguridad jurídica de Argentina, sin embargo, no parece ser una adecuada solución, particularmente si consideramos las cuantiosas inversiones que serán necesarias para explotar Vaca Muerta.


(1) http://www.lanacion.com.ar/1465503-ley-de-soberania-hidrocarburifera
(2) ttp://www.expansion.com/2012/04/17/empresas/energia/1334662437.html
(3) http://www.repsol.com/es_es/corporacion/prensa/notas-de-prensa/ultimas-notas/08012012-repsol-eleva-prevision-recursos-vaca-muerta.aspx
(4) http://www.worldenergy.org/documents/ser_2010_report_1.pdf
(5) http://ve.noticias.yahoo.com/argentina-ypf-eleva-estimaci%C3%B3n-recursos-en-vaca-muerta-043800686.html
(6) http://www.elcomercio.com/mundo/provincias-argentinas-quitan-concesiones-YPF_0_663533771.html
(7) Instituto Argentino de Análisis Fiscal. Balance fiscal definitivo 2011 Escenarios fiscales alternativos para el 2012. Informe Económico Nº 147. 31 de Enero de 2012.  www.iaraf.org/descargar.asp?id=334
(8) http://www.elmundo.es/america/2012/03/29/argentina/1333034639.html
(9) http://www.americaeconomica.com/index.php?noticia=10510&name=MERCADOS%20Y%20FINANZAS
(10) http://www.cavallo.com.ar/?p=1347

Artículo publicado en el Boletín del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA  Marzo-abril 2012 Volumen 2 - N°1

viernes, 1 de julio de 2011

Pedro Rodríguez \\ Lecciones del FIEM

Un principio básico de una política fiscal responsable es ahorrar en los tiempos de abundancia para poder mantener el gasto en los tiempos de escasez. Si bien ningún gobierno es totalmente inmune a las tentaciones de una política fiscal expansiva, los países dependientes del petróleo enfrentan un reto mayor debido a la volatilidad inherente a sus ingresos. En este contexto los fondos de estabilización suelen ser vistos como una panacea. No obstante, hay ciertos elementos que de no tomarse en cuenta a la hora de diseñarlo, el mismo puede resultar inútil. Nuestra propia experiencia es ilustrativa y nos brinda lecciones a futuro.

El Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (FIEM) fue creado en 1998 para proteger la economía de los vaivenes del ingreso petrolero. Doce años más tarde el fondo no ha logrado el objetivo planteado. De hecho, ha funcionado a la inversa de como supone funcionar. En momentos de precios bajos, el fondo ahorró más de 6.000 millones de dólares. Luego a partir de 2001 y a lo largo del boom petrolero se gastó la totalidad de lo ahorrado, contando hoy en día con sólo 3 millones de dólares. ¿Qué ocurrió?

Durante sus primeros 5 años las reglas del fondo fueron modificadas 5 veces hasta ser sustituido por el FEM en 2003. Exceptuando la primera modificación, que aumentaba la cantidad que el gobierno estaba obligado a aportar al fondo en momentos en que no se justificaba, todos los cambios implicaban menor ahorro y mayor discreción en los retiros. Hoy en día, las contribuciones al FEM son condicionadas a la existencia de un superávit fiscal, lo cual impone poca disciplina. Cabe además destacar que el ahorro inicial vino acompañado de mayor endeudamiento por parte del gobierno a altas tasas.

Nuestra experiencia ilustra que el desafío principal al diseñar un fondo no es seleccionar la regla óptima de ahorro y egresos, aunque ello de por sí no es tarea fácil. El reto está en garantizar que la regla se cumpla y no sea modificada a conveniencia. Para ello es necesario diseñar mecanismos que protejan el fondo. Por un lado, el fondo puede crearse mediante disposición constitucional o estar en manos de autoridades independientes que velen por su integridad. Si bien ambas cosas ayudarían, no son suficientes frente a fuertes presiones para aumentar el gasto por parte de la ciudadanía. Una manera de aliviar esas presiones es alineando los incentivos de los ciudadanos con la integridad del fondo. Los casos de Alaska y Alberta son ilustrativos.

Mediante la entrega de dividendos provenientes del capital ahorrado, efectivamente se protegió la integridad de los fondos al hacer que los ciudadanos fueran dolientes directos.Otra lección es que los fondos, si bien pueden ayudar, no son suficientes por sí solos. De poco sirve obligar al gobierno a ahorrar por un lado si puede endeudarse por el otro. En este sentido, los fondos deben venir de la mano de reglas fiscales que limiten el endeudamiento y faciliten la formulación de presupuestos plurianuales.

Por último, la sencillez tiene su virtud, mientras más sencillas sean las reglas del fondo, menos espacio habrá para manipularlas.

Coordinador Académico e Investigador del Centro Internacional de Energía y Ambiente
pedro.rodriguez@iesa.edu.ve
www.iesa.edu.ve
www.eluniveral.com

viernes, 27 de mayo de 2011

Miguel Angel Santos \\ Pasado de revoluciones

He pensado un momento antes de quitar la "s" y dejar el título de arriba en singular. Siempre es mejor hablar a título personal y no acoger ninguna pretensión representativa. Ahí están las carpas del movimiento 15M. Tienen ocupadas las principales plazas de cada ciudad importante de España. Según el lugar, el número va de cientos en algunas ciudades de Galicia, a las decenas de miles en Barcelona y Madrid. Es relativamente simple atravesar las carpas, sorteando los hilos de nylon que las sujetan a árboles y faroles, las colchonetas y las sillas de plástico. Los símbolos de la transitoriedad por todas partes.


Luego están las pancartas. "Indígnate". "Sin casa, sin curro (trabajo), sin pensión y sin miedo". "Políticos y banqueros: Los mismos carroñeros". "¡Democracia real ya!". Tengo sentimientos encontrados. Por un lado, la protesta juvenil difícilmente podría tener mayor justificación. España sigue siendo, de los países que aún no han caído en Europa, al que más le ha costado recuperarse de la crisis. El desempleo se encuentra en 21%, con los más jóvenes por encima de 40%. El mercado laboral está regulado de una forma rígida que promueve los ajustes lentos vía cantidades (número de empleos) y no vía precios (salarios).


El sistema político español hace difícil la conformación de alternativas, y consagra de forma práctica la hegemonía bipartidista nacional que convive con las fuerzas políticas regionales no-nacionales.Y hasta ahí. Por lo demás, este grupo con el que he tenido la oportunidad de compartir esta mañana se me asemeja mucho a esos matrimonios venidos a menos que no encuentran manera de expresar su descontento de fondo, y se pasan los días en querellas más o menos anodinas extendidas a todos los ámbitos de la convivencia. Están en contra de todo. Transmiten una enorme insatisfacción, que uno sospecha en el fondo tiene que ver con una realidad mucho más simple: A este país (y aquí sí puedo usar la tercera persona) le va a costar mucho asimilar que ya no puede seguir viviendo más allá de sus propias posibilidades de trabajo, de su capacidad de producción.


Alguien me invita a un café. Me cuentan que "estamos podridos de raíz... el sistema ha creado un aparato educativo que nos prepara para funcionar de la forma que más les conviene a los dueños del capital... a quienes les servimos sin darnos cuenta... ". Ya a estas alturas uno está un poco pasado de revoluciones. No tengo demasiada fe en que una iniciativa tan frontal pueda superar la prueba ácida de toda acción entusiasmada: Si en definitiva será capaz de producir una mejora tangible en las condiciones de vida del prójimo. Me acuerdo de mis profesores del colegio, recordándome que en la vida nada era blanco o negro y enfatizando las bondades y los matices del gris. Me doy cuenta de que el tiempo ha pasado, pero esta vez ha sido para bien.

El próximo de los nuestros que no inaugure una nueva era, ni encienda una revolución. Baste con que nos ayude a resolver nuestros problemas de coordinación social para alcanzar una mejor forma de vivir. Esto estaba bien, y se mantiene; esto existía, pero se puede mejorar; esto si no lo vamos a hacer más, y en su lugar vamos a hacer esto otro. Algo así.


Artículo de opinión

Viernes, 27 de mayo de 2011




lunes, 25 de abril de 2011

Pedro Palma \\ El gobierno entrampado

El Gobierno ha enredado todo de tal manera que ahora se encuentra atrapado por una maraña que él mismo creó. Estataliza empresas a diestra y siniestra e irrespeta derechos fundamentales, como el de la propiedad, para ahora verse cada vez más impedido de producir los bienes que requiere la economía.Impone un enjambre de controles y obligaciones a las empresas privadas hasta condenarlas a trabajar a pérdida, y crea problemas de desabastecimiento y dependencia de suministro externo cada vez más agudos.


Ha incrementado notablemente el número de empleados del Estado, para ahora verse impedido de manejar la enorme carga financiera que ello le ha implicado, y condena a las personas que trabajan en el sector público a recibir remuneraciones de hambre, pues la capacidad de compra de sus ingresos nominales se contrae día a día por la voraz inflación que padecemos. Los trabajadores que en el pasado tenían la esperanza de mejorar su condición de vida al pasar a trabajar para el Estado son los que ahora protestan vehementemente con el fin de forzar al Gobierno a tomar medidas para mejorar sus condiciones de trabajo.



Hizo despidos masivos en Pdvsa y revirtió el proceso de apertura petrolera, violó contratos y atropelló derechos de los trabajadores y de los socios extranjeros, para ahora ver mermada la capacidad de producción y exportación de hidrocarburos, de la que dependemos más que nunca.Sin duda, el Gobierno está en un atolladero. Pero, ¿cómo manejará el problema? Creo que entrampando aún más la situación. El DRAE le da varias acepciones a la palabra entrampar. Dice que, además de significar meterse en un trampal o atolladero, que es lo que sin duda ha sucedido, también es enredar y confundir un negocio, de modo que no se pueda aclarar o resolver; hacer que un animal (o una población) caiga en la trampa; engañar artificiosamente, y, finalmente, contraer deudas o endeudarse.



Pienso que todo eso es lo que hará la actual administración.Si en algo es bueno el equipo que nos gobierna es en enredar las cosas y en tergiversar las realidades, achacándole la culpa de todos los males que padecemos a cualquiera, menos al Gobierno. Sólo basta mencionar la insólita desfachatez de los voceros gubernamentales al decir que después de doce años en el poder los problemas nacionales fundamentales, tales como la inflación, la inseguridad, el caos eléctrico y tantos otros, son culpa de las anteriores administraciones. Adicionalmente, ya nos tienen acostumbrados a las reiteradas prácticas propagandísticas de corte fascista de decir mil veces una mentira hasta convertirla en verdad; un ejemplo palpable de ello es la acusación de golpistas a todos los opositores al régimen, y la justificación de las sangrientas acciones militares de 1992 como una necesaria insurrección contra el oprobioso e ilegítimo régimen de entonces.



Ante la realidad de las próximas elecciones presidenciales, no me cabe duda de que se hará todo lo que haya que hacer, sin importar las consecuencias, para asegurar el triunfo. A tales fines, los jerarcas gubernamentales saben que lo importante es crear una ilusión de mejora en la condición de vida de la masa poblacional de más bajos ingresos, en vez de buscar la verdadera solución al problema de la pobreza, a través del abatimiento de la inflación y del estímulo a la inversión, con el fin de crear abundantes oportunidades de trabajo permanentes y bien remuneradas.



Por eso creo que lo que veremos será el relanzamiento de las misiones con el fin de que proliferen las dádivas que tantos dividendos electorales generan en sociedades como la nuestra. Ello implicará un incremento notable del gasto público, que será cubierto con los ingresos adicionales del petróleo, con financiamiento del BCV y con nuevo y abundante endeudamiento. En otras palabras, volveremos a ser testigos de las prácticas de entrampamiento a las que ya nos tiene acostumbrados este entrampado Gobierno.



Artículo de opinión

Publicado el lunes 25 de abril de 2011
http://www.iesa.edu.ve/


lunes, 11 de abril de 2011

Pedro Palma \\¿Cederá la inflación?

Al conocerse la inflación de marzo destaca el hecho de que se está desacelerando, pues pasó de 2,7% en enero a 1,4% en marzo. Eso motivó a que altos voceros gubernamentales anunciaran para el año una inflación esperada entre 23% y 25% menor que la de 2010, con lo que se inició, de acuerdo con ellos, una caída sostenida de ese indicador. De allí que sea válido preguntarnos si los indicadores del primer trimestre nos deben llevar a la conclusión de que la inflación está cediendo.

Yo pienso que no, ya que si bien es incuestionable la moderación del aumento del índice nacional de precios al consumidor (INPC) en ese lapso, al examinar más detalladamente el comportamiento de sus componentes podemos llegar a conclusiones distintas.La principal razón que explica la desaceleración del aumento del INPC en febrero y marzo fue el substancial refrenamiento del incremento de los precios de los alimentos y de las bebidas no alcohólicas, generado por el abrupto abaratamiento de los productos agrícolas que se produjo esos meses debido fundamentalmente a factores estacionales.

Sin embargo, cuando se analiza el comportamiento del núcleo inflacionario ­que no es más que el INPC, pero con correcciones de factores estacionales transitorios y de controles de precios­ advertimos que aumentó mucho más intensamente que el INPC y que eso se debe en marzo a un incremento de 4% de los precios de los alimentos elaborados.En otras palabras, cuando analizamos la evolución del núcleo inflacionario, que es un índice que mide más fehacientemente la presión inflacionaria que se está materializando de manera efectiva, nos damos cuenta de que la inflación acumulada que verdaderamente se produjo en el primer trimestre de 2011 fue de 7,6%, mayor que la de igual período de 2010 (6,6%) y de 2009 (6,3%), mostrando así una tendencia al alza. Pero, ¿qué podemos esperar para los próximos meses del año?

La existencia de una serie de circunstancias indica que la inflación pudiera ser alta en el futuro inmediato.Será necesario permitir ajustes en los precios de una serie de productos que han estado severamente controlados durante largos períodos (condenando a sus productores a trabajar a pérdida), debido a que sus costos de producción y distribución han aumentado substancialmente.De no permitirse esos ajustes de precios, se agravarán los problemas de desabastecimiento. Esto se hace particularmente crítico en el caso de los alimentos y de los medicamentos porque la devaluación de enero aún no se ha reflejado en los precios de muchos de esos productos o lo han hecho de forma parcial.

Los insumos requeridos para la producción o los bienes terminados de origen externo que se podían importar hasta fines de 2010 al tipo de cambio de Bs/$ 2,60, a partir de enero de este año se tienen que comprar con dólares a Bs 4,30.Por otra parte, la caída en la producción y en la eficiencia de las empresas estatalizadas seguirá elevando la dependencia externa para el abastecimiento de múltiples productos, muchos de los cuales han aumentado substancialmente de precio en los mercados internacionales.

Eso hará que para realizar las crecientes y más costosas importaciones se requieran más dólares que en el pasado, divisas que en algunos casos se tendrán que adquirir a un precio mucho mayor.Estos y otros factores, tales como la indisciplina fiscal actual, la inexistencia de autonomía del BCV, que cada vez tiene que financiar más gasto público, y la ausencia de inversiones que estimulen la producción y aumenten la eficiencia del aparato productivo, me llevan a la conclusión de que lejos de producirse una franca y sostenida reducción de la inflación, lo que nos espera es la consolidación de este flagelo, que continuará afectando a los venezolanos mientras se insista en mantener la actual agenda política y económica.


Artículo de opinión

Publicado 11 de abril de 2011




lunes, 21 de marzo de 2011

Gustavo Roosen \\ El venezolano como contribuyente

nesoor@cantv.net
Termina marzo y las autoridades del Seniat se ufanarán de haber logrado un nuevo récord de recaudación.En la conciencia de muchos, sin embargo, incluso de quienes cancelan puntualmente su impuesto sobre la renta, sobrevive la falsa creencia de que el grueso de bolívares que ingresa al fisco proviene de Pdvsa y de que la contribución de los ciudadanos es, para decirlo de alguna manera, secundaria.Somos un país rentista, se dice, atribuyendo al petróleo el sostén del Estado y dejando de ver que el principal soporte al presupuesto nacional viene de la contribución de los ciudadanos, históricamente cerca de 50% y ahora más.
Larga sería una enumeración de los impuestos que cancelan los venezolanos: tributos nacionales, estadales y municipales, el IVA, el ISRL, impuestos a los licores y al tabaco, gravámenes a la importación de bienes y servicios, impuesto sobre sucesiones y donaciones, contribución al Seguro Social Obligatorio, pagos de las empresas a Conatel, Fogade, Sudeban, etc. Programas originalmente concebidos para estimular la formación de los trabajadores (Inces), promover la ciencia, la tecnología y la innovación (Locti) o contribuir a la prevención y control de las drogas (ONA) han sido desfigurados hasta convertir la participación empresarial en simples tributos o recaudaciones parafiscales.
Se suele argumentar con la comparación de los altos impuestos que pagan los ciudadanos en otros países. No se dice, sin embargo, que el porcentaje del IVA venezolano es superior al de muchos de la región, igual que el impuesto sobre la renta corporativo y la tasa de impuesto para lasLarga sería una enumeración de los impuestos que cancelan los venezolanos: tributos nacionales, estadales y municipales, el IVA, el ISRL, impuestos a los licores y al tabaco, gravámenes a la importación...personas naturales.

Y menos se habla de las erogaciones adicionales que deben hacer empresas y ciudadanos para suplir las ineficiencias del Estado en la atención de sus obligaciones básicas y en la calidad de los servicios que está constitucionalmente obligado a prestar. El ciudadano tiene que pagar por servicios que deberían estar garantizados por el Estado y cubiertos con su participación tributaria. A falta de calidad y pertinencia en la educación pública, los padres se ven constreñidos a dedicar parte de su presupuesto a la alternativa de la educación privada.

La falta de seguridad obliga a los ciudadanos y a las comunidades al pago de vigilancia privada, custodia y patrullaje.La carencia de un sistema de salud digno y confiable es cubierta con el pago directo de servicios médicos o de seguros privados. Sobre la espalda de las empresas, por otra parte, se carga el peso de seguros de salud, comedores, tickets de alimentación, planes de vivienda y otras obligaciones, costos ocultos que se reflejan en aumento en los precios de los bienes y servicios producidos en el país y afectan sensiblemente la competitividad de la empresa venezolana. El desorden estructural de la economía, finalmente, se paga con inflación, el mayor y más injusto de los tributos aplicado a los ciudadanos.
Se presenta como un logro el desarrollo de una cultura tributaria. Se pone, sin embargo, el acento en uno sólo de los aspectos ­el ciudadano que paga­, y se olvida otro tan importante como es el del ciudadano que exige. De tanto insistir en la conducta rentista del venezolano, hemos dejado de dar importancia a su aporte real al fisco y a la obligación del Estado de retribuirlo en servicios de calidad. Hoy tributamos más pero no recibimos más ni ejercemos el derecho de exigir la necesaria rendición de cuentas y los servicios que justifican ese aporte. Salvo excepciones, se percibe escasa disposición de los ciudadanos a hacer reclamos importantes por la calidad de los servicios.
Y menos cuando la autoridad asimila reclamo con desorden o insubordinación, o la descalifica al atribuirle intenciones desestabilizadoras.Se hace bien en estimular una más aguda cultura tributaria, pero lo que realmente hace falta es promover una verdadera cultura ciudadana, consciente de las obligaciones pero también de los derechos, dispuesta a tributar, pero también a exigir.

Artículo de opinión publicado el 21 de marzo de 2011
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viernes, 4 de marzo de 2011

Miguel A. Santos \\ 2011:¿Otra bonanza inútil?

Las expectativas más optimistas sobre los precios petroleros se han materializado. Según la evolución de Libia y las posibilidades de que la insurrección se extienda a otros productores, podría durar más o menos. El caso es que, aún con los niveles de exportación tan bajos de Pdvsa, cada dólar que sube el precio de la cesta venezolana, por encima de los 73 que promedió en 2010, representa 500 millones de dólares anuales.

El Gobierno no debería tener problema en seguir bombeando 120 millones de dólares diarios a través de Cadivi, además de los 30-40 del Sitme. Visto de otra forma: habrá disponibilidad para cubrir el servicio de deuda, los 14.000 millones de dólares en salidas de capital y los 40.000 (quizás algo más) en importaciones de este año. Seguirán escaseando cosas aquí y allá, seguirá la corrupción, y siempre nos parecerá que se hace muy poco o nada con esa enorme cantidad de divisas. Pero no cabe esperar que la situación se deteriore aún más (aunque en esto el Gobierno siempre nos sorprende, en una sola dirección). Habrá más gasto: sólo en enero los egresos base caja del Gobierno central crecieron 48% en relación con ese mes en 2010, 16% en términos reales.El problema está en cuáles serán los efectos de esa inyección de gasto adicional.

El Gobierno tiene ya años en el afán de demoler el aparato productivo. Nuestra capacidad de reacción ya no es la misma. Tomemos el ejemplo de la construcción. En el último trimestre de 2010 el volumen de construcción cayó 9%, 19% el sector privado y 6% el público (también arrasa con su propia capacidad). Dentro de este apartado la infraestructura vial cayó 43%, con los metros de Los Teques y Caracas con volumen de trabajo 80% menor, y Maracaibo y Valencia paralizados (y sin asignación presupuestaria). Por la categoría que se mire el inventario de construcciones interrumpidas continúa creciendo. Son los zombies de concreto. Es consecuencia natural de la escasez de insumos básicos. Las cementeras, sean públicas o privadas, tienen el mismo problema: la regulación del precio del saco de cemento (fijo en 8,35 desde 2003). Ahora son públicas, de manera que la crisis de flujo de caja termina por ahogar la inversión y el mantenimiento, en favor (relativo) de los salarios.

Poco a poco toda Venezuela se va convirtiendo en un gran conflicto sindical en donde los trabajadores se esfuerzan por tomar una porción cada vez mayor de una torta que se hace cada vez más pequeña. En otras áreas, cabillas, acero, el problema parece ser la depreciación absoluta de los activos utilizados en el proceso de extracción.Siendo así, esa inyección de gasto desembocará en una inflación mayor (30%-35%). No será aún más alta porque existen divisas para reciclar el gasto de vuelta al BCV (a través de importaciones).

El efecto crecimiento será positivo, pero muy bajo (menor al 1,7% que crece la población). En este escenario y según el Sitme vaya cobrando importancia, los bancos serán las nuevas alcabalas de negocios. Han recibido del Gobierno una fracción del mercado de divisas que antes llevaban las Casas de Bolsa. Hay que recordar la historia de la rana y escorpión y su naturaleza. Sobre esto volveremos más adelante.

Artículo de opinión

Viernes, 04 de marzo de 2011

viernes, 21 de enero de 2011

Miguel A. Santos \\ La magnitud del atraso

En los últimos días, a raíz del discurso del Presidente en donde en teoría debía rendir cuentas por los últimos doce años, muchos se han dado a la tarea, cada uno en su área, de explicar qué es lo que no se ha hecho. Porque con una bonanza petrolera de la magnitud que hemos tenido es evidente que no se puede citar como único mérito el que esto se haya mantenido en pie (si es que eso se puede decir, al menos hay más de 150.000 que ya no están en pie).

Esa dimensión, la de lo que no se ha hecho, nos saca de la atontada realidad en la que vivimos y nos pone en presencia de lo que pudo haber sido (y podemos llegar a ser). Ese es acaso uno de los retos más difíciles de quienes hacen política: alimentar la imaginación del venezolano con la posibilidad de alcanzar un nivel de bienestar superior, que quizás no hayan tenido antes. Algo así como la república aérea de Bolívar, pero en términos de bienestar.

En economía los números son devastadores. A pesar de la colosal bonanza petrolera, el ingreso por habitante promedio ha crecido 4,8% en doce años, que viene a ser 0,4% anual. Los farsantes (los hay de lado y lado) suelen decir que Venezuela "siempre ha sido un país de bajo crecimiento". No es verdad, Venezuela fue el país de mayor crecimiento económico en el mundo entre 1950-1977 y también creció lo suyo entre 1990-1992. (Pero en fin: Analistas económicos y políticos son dos ocupaciones muy de moda por estos días, y a veces ambos se funden en uno sólo) ¿Qué han hecho otros países en ese tiempo? No vamos a citar el caso de China, cuyo ingreso promedio ha crecido en doce años 161% (8,3% anual) o el de la India, que ha crecido 85% (5,3% anual).

Vamos a pensar en gente como nosotros. Entre 1999 y 2010, Chile consiguió incrementar el ingreso promedio de cada habitante en 36% (2,6% anual). Bueno, te dicen, Chile tuvo a Pinochet (a quien se sobreestima, se olvida que su gestión económica fue un rotundo fracaso hasta 1982 y que la democracia volvió en 1990, hace ya veinte años). "Es un caso distinto". Hablemos de Argentina y Brasil. En los doce años de Chávez, ambos consiguieron incrementar su ingreso por habitante 25% (1.8% anual). ¿Tampoco? Veamos Perú y Colombia. Perú consiguió aumentar el ingreso real promedio de sus habitantes en 47% en doce años (3,2% anual). Colombia ha conseguido crecer 14% por encima del crecimiento poblacional (equivalente a 1,1% anual). Y hasta en México, que no ha tenido doce años fáciles, el ingreso promedio creció más del doble de lo que creció el nuestro: 12% en doce años (0,9% anual).

Visto de otra forma, al ritmo de crecimiento de Venezuela tomaría 98 años crecer lo que ha crecido Perú en doce, 33 años crecer lo que ha creció Colombia y 29 años lo que creció México en ese mismo período. Y cuando se hacen todas estas cuentas hay que considerar que el resto de América Latina ha recibido el impacto negativo de los precios del petróleo, que para Venezuela representa viento a favor.

Muchos de esos países aún tienen ingresos promedio que en términos absolutos están por debajo de Venezuela. Pero con esas enormes diferencias en las tasas de crecimiento, es sólo una cuestión de tiempo. Hecho en socialismo.

Artículo de opinión
21 de enero de 2011
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lunes, 17 de enero de 2011

Pedro Palma \\ 2011, año difícil?

Después de dos años de recesión y altísima y creciente inflación, los voceros gubernamentales nos han vendido 2011 como de recuperación económica y de moderación inflacionaria. Si bien deseo que así sea, no creo realistas esas expectativas optimistas. Por el contrario, estoy convencido de que este será un año difícil con alta presión sobre los precios, reducción de la capacidad de compra, limitadas posibilidades de empleo y muy pobre desempeño económico. Con respecto a la inflación, no veo razones para que este año la misma baje. Por el contrario, una serie de factores contribuirán a mantenerla en los elevados niveles del año pasado, o incluso superarla.

El recrudecido acoso a la actividad productiva privada contribuirá a restringir la oferta local de bienes y servicios, y se podrán presentar problemas de desabastecimiento en caso de que los controles de precios, producción y distribución arrecien de tal forma que condenen a los productores y comerciantes a trabajar a pérdida, o bajo condiciones muy adversas. También contribuirá a restringir la oferta la merma de la producción y de la productividad en las empresas expropiadas, ahora manejadas de forma cada vez más ineficiente por el Estado, así como los efectos por las pérdidas de cosechas y semovientes debido a las inundaciones de diciembre pasado.

Si bien el Gobierno puede intentar compensar esas mermas de oferta interna con importaciones, la devaluación reciente, combinada con el notable encarecimiento de los commodities a escala mundial, particularmente los de origen agrícola, harán mucho más costosas esas compras foráneas, lo que contribuirá a elevar los precios de una serie de productos básicos, en especial los alimentos; es ilusorio pensar que estas presiones alcistas se puedan neutralizar con el recrudecimiento de los controles de precios anunciados por el Gobierno.

La alta inflación, combinada con ajustes menos intensos de las remuneraciones, particularmente las de las personas que trabajan para el sector público, hará que, al igual que en los tres años anteriores, la capacidad de compra de los venezolanos se siga contrayendo, particularmente la de los más pobres, ya que la elevada inflación de alimentos y medicamentos a quien más afectará será al segmento de la población de menores ingresos. Esto, combinado con una generación de empleo cada vez más limitada, y con mayores restricciones de financiamiento bancario a personas naturales, hará que los gastos de consumo privado se mantengan reprimidos, o incluso continúen bajando.

Por su parte, la formación bruta de capital fijo del sector privado seguirá cayendo, ya que serán muy pocos los que querrán invertir en un ambiente tan enrarecido y hostil hacia el sector empresarial como el que tenemos.Nos debemos preguntar entonces qué puede generar una sólida recuperación económica si el consumo y la inversión continuarán constreñidos, y si el Gobierno se empecina en imponer un esquema de producción que ha fracasado en todas las economías del orbe donde se ha implantado.

Creo que la respuesta a esa interrogante no es alentadora, y es lógico prever que la actividad productiva de este año seguirá mostrando una gran debilidad, lo que hará que, en el mejor de los casos, se produzca un crecimiento marginal como producto de un rebote después de dos años de severa caída. Esto, de darse, no sería el inicio de una sólida recuperación económica que sacará la economía de la postración en que se encuentra, sino más bien un evento circunstancial de poca significación.

Artículo de opinión publicado el 17 de enero de 2011
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viernes, 14 de enero de 2011

Miguel A. Santos \\ La república exhausta

La semana pasada decía yo que en los últimos doce años Venezuela había recibido 516.280 millones de dólares por exportaciones petroleras, 245% más que en los doce años previos a Chávez. Siendo un período tan largo, habría que ajustar por la inflación en dólares (hoy no valen lo mismo que hace 24 años). Tras ese ajuste, la cifra se reduce a 141%. También somos muchos más.

Como la población ahora es 24% mayor que hace doce años, las exportaciones petroleras reales por persona son ahora 95% más altas. Por donde se le mire y tras los ajustes que se le quieran hacer, es un período de bonanza descomunal. Es como si al final de estos doce años, en diciembre pasado, a cada venezolano le hubiesen hecho un cheque por 21.875 dólares (1.823 por año). Hace doce años, el cheque habría sido apenas de 11.740 dólares (978 por año). ¿A dónde se ha ido todo ese dinero? Uno tiene que pensar que si el Gobierno no existiera, y alguien se hubiese tomado la tarea de distribuir la renta petrolera, a todos nos hubiese tocado 95% más (¡en dólares!).

Uno también se puede imaginar que con ese cheque, al menos a los fines de las estadísticas del INE, habría sido posible eliminar por completo la pobreza. ¿Por qué digo esto? Porque según una de esas reglas prácticas de los organismos internacionales (esos que suele citar el Gobierno cuando las estadísticas son favorables y vilipendiar cuando no es así, tipo Insulza), en pobreza crítica se encuentran quienes viven con menos de un dólar al día, y en pobreza relativa en general con menos de dos dólares diarios.

Un cheque de 1.823 dólares cada año le hubiese dado a cada venezolano en promedio unos cinco dólares diarios, todos y cada uno de los 4.380 días de los últimos doce años. Sin embargo, la producción por habitante en estos doce años ha crecido apenas 5% y ni siquiera el gigantesco boom del volumen de consumo (43%) alcanza para explicar el destino de la mitad de los recursos recibidos. Pero la cuenta no termina ahí. También en estos años el endeudamiento del sector público consolidado ha crecido de forma colosal.

Si uno realiza cálculos similares a los anteriores para nuestros niveles de deuda se da una coincidencia interesante: Ha crecido en 240% en doce años, que en términos reales (corrigiendo por inflación en dólares) representa 140%, lo que equivale a decir que cada venezolano debe ahora 95% más en términos reales que hace doce años. ¡Idéntico al ingreso petrolero!Más allá de esta curiosidad estadística, se hace cada vez más evidente que el desgobierno de Chávez dejará a Venezuela en la bancarrota total, sin activos de valor, sin reservas internacionales, con una enorme deuda y con una fracción de la producción petrolera futura ya cobrada por adelantado.

Es decir, lo que dejó Lusinchi y el año 1989 van a parecer un paseo por el Parque del Este al lado de esto.Pero como decía el Presidente Nixon, hope for the best, but plan for the worst. No sólo es que ese escenario se puede enfrentar, sino que alguien tendrá que hacerlo porque sí. Siendo tan previsible como lo es, y tan imprevisible el qué podría ocurrir con el curso del poder, no queda otra que empezar a planificar para entonces. Lo más difícil es creérselo.

Artículo de opinión publicado el 14 de enero de 2011
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