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jueves, 23 de agosto de 2012

Deuda pública desbocada

(El economista y profesor del IESA, Pedro Palma, explica las razones de la creciente deuda pública venezolana y de las implicaciones que ésta tiene para el futuro económico del país. Publicado en el diario El Nacional, el 13 de agosto de 2012)


Durante los últimos cinco años la deuda pública ha experimentado un crecimiento desproporcionado. Esto se debe a la voracidad financiera del Gobierno, para el que no bastan los abultados ingresos que hoy recibe de la industria petrolera, sino que necesita de abundantes recursos extraordinarios para financiar el desenfrenado gasto público.

Estos fondos proceden, además del endeudamiento tanto interno como foráneo, del financiamiento del BCV a través de la masiva transferencia al Ejecutivo de buena parte de sus reservas internacionales sin recibir compensación alguna.

Otra razón que explica el alto endeudamiento, en este caso el externo, es la necesidad de alimentar al mercado cambiario del Sitme con títulos denominados en moneda extranjera, lo que ha llevado a la República y a Pdvsa a emitir estos papeles en cantidades considerables.

Esto representa una carga financiera desproporcionada, porque esos bonos son vendidos en bolívares a la tasa de cambio oficial, produciendo ingresos primarios limitados en moneda local a quienes los emiten, pero generándoles unas obligaciones en dólares por demás costosas, debido a los elevados intereses que estos papeles tienen que pagar por la alta percepción de riesgo que sobre Venezuela existe en los mercados internacionales. En resumen, el sector público incurre en un costoso endeudamiento a largo plazo en moneda extranjera a cambio de unos pocos bolívares, con el fin de venderle dólares baratos y altamente subsidiados al público.

Sin embargo, después de un período de alto crecimiento de la deuda externa comprendido entre comienzos de 2009 y el tercer trimestre de 2011, en los meses recientes se ha notado una estabilización, mas no ha sido ese el caso de la deuda interna, la cual se ha disparado desde fines del año pasado hasta nuestros días.

De hecho, en febrero de este año se modificó el decreto que rige las operaciones del Fonden con el objetivo de autorizarlo a realizar operaciones que representan endeudamiento, permitiendo que tanto ese ente como otros organismos públicos hayan emitido obligaciones por más de 36 millardos de bolívares desde noviembre de 2011 a esta parte, lo que ha constituido la llamada deuda indirecta. El Gobierno central ha ofertado este año más de 60 millardos, lo que ha hecho que hoy la deuda pública interna supere holgadamente los 200 millardos de bolívares.

Gran parte de esos papeles se le ha vendido a la banca local. Esto ha tenido implicaciones de importancia. Muchos de esos títulos pagan unos intereses muy bajos, que en algunos casos no llegan al 5% anual, haciendo que su valor calculado de mercado sea muy inferior a su valor nominal, lo cual, en principio, implica una pérdida para las instituciones que los adquirieron. 

Incluso, si esos títulos son registrados contablemente a 100% de su valor nominal, los bajos rendimientos que generan implican de hecho una carga financiera de importancia para la banca, que ocasionan que los intereses que ésta pueda pagar por los depósitos que recibe del público sean también muy bajos y no estimulan el ahorro.

Adicionalmente, la vertiginosa acumulación de obligaciones del sector público en la banca incrementa la dependencia de estas instituciones financieras del Estado y las expone a los irresponsables manejos de las finanzas gubernamentales y de las políticas públicas a los que ya nos tiene acostumbrados el Gobierno.

Si bien la abultada deuda interna se diluirá una vez que se materialice el inevitable ajuste cambiario que se producirá en poco tiempo, el dislocado aumento de la deuda pública tendrá consecuencias muy negativas a largo plazo, ya que los pagos futuros de intereses y capital limitarán cada vez más la disponibilidad de recursos para inversión productiva y en capital humano, y serán las generaciones futuras las que pagarán las consecuencias del irresponsable endeudamiento de este gobierno.

@palmapedroa

miércoles, 13 de octubre de 2010

Carlos M. Allison \\ ¡Los grandes carujos!

El general Pedro Carujo (1801-1836) traicionó a Bolívar y a Vargas, le rogó amnistía a Páez y murió a consecuencia de las heridas recibidas. Los carujos, que vienen en varios modelos y cuyo oficio es destruir, pululan en nuestra geografía. Sus objetivos: la agricultura y la educación; su lema: el talento con probidad es un azote.Algunos son egresados o profesores universitarios que pasaron desapercibidos y protegidos por la tolerancia tradicional de las universidades.

Poseedores de trémulos conocimientos, huérfanos de los valores del mundo académico y carentes de fidelidad al Alma Mater; nunca tuvieron el coraje de renunciar a la cátedra y dedicarse por entero a su maligno oficio destructor. Entre ellos hay grandes carujos y otros que no pueden recibir otra designación que la de carujitos. Son como el famoso general, que en 1835, a pesar de dominar varios idiomas y ser competente en geometría analítica, no vaciló en proclamar, armado hasta los dientes, que "el mundo es de los valientes", al arrestar a José María Vargas, presidente constitucional, médico y ex rector de la universidad. Vargas le contestó que estaba equivocado y que el mundo era de los hombres justos.

Estrangular
Uno de estos carujos, más bien de los pequeños, tiene como misión estrangular económicamente a la universidad y de paso a sus valores mediante una fórmula populista -la paridad electoral- método infalible para abatir la calidad de la educación. Este pequeño carujo además aspira que cualquier bachiller, con o sin conocimientos o capacidad, pueda ingresar libremente a la universidad, cosa que jamás ocurrió en la Unión Soviética o Cuba. Solución práctica para gobiernos incapaces de generar soluciones educativas ingeniosas o promover nuevos empleos.

Otros carujos están acabando con la producción nacional a través de confiscaciones, expropiaciones y amenazas. Han tenido éxito en crear empleos en los países exportadores y desarrollar una burocracia importadora cuyo máximo logro fue Pdval y la avalancha de alimentos descompuestos. Lograron reducir a la mitad la producción nacional de carne, en 30% la de caña de azúcar y café, en cerca de 40% la de frutas. La última carujada es la expropiación de Agroisleña, una empresa que por más de medio siglo ha vendido insumos agrícolas, transfiriendo tecnología, comprando cosechas y otorgando crédito a los pequeños productores. Su falta, ser eficiente y poseer una amplia red de establecimientos; muy atractiva para los corsarios que avanzan a paso de vencedores. Incapaces de innovar, optan por apropiarse del esfuerzo de otros

En Agroisleña existe medio siglo de experiencia, agrónomos y veterinarios que conocen cómo dosificar fertilizantes, qué plaguicidas emplear y cuáles semillas sembrar para obtener los mejores rendimientos. Factor de competitividad, muestra de la eficiencia del sector privado y por ello es indispensable destruirla. El Gobierno necesita apagar todas las luces para que nadie perciba su fealdad.

Artículo de opinión
Miércoles, 13 de Octubre de 2010
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