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martes, 13 de noviembre de 2012

¿Y la iniciativa opositora?

(El profesor del IESA y sociólogo, Ramón Piñango, opina que el liderazgo de uno u otro lado del espectro político coinciden en su actitud bíblica: tengan fe, tengan fe porque lo bueno llegará. Publicado en El Nacional 17 de noviembre de 2012)


Más de un mes después de las elecciones presidenciales, - que ganó cerca de la mitad del país que vota y que quería ganar, o que perdió cerca de la mitad del país que vota y que también quería ganar -  nos encontramos en una circunstancia peculiar: quienes ganaron no se sienten felices y protestan como nunca por la lamentable situación en que se encuentran  ni están seguros de que lo mejor les espera;  y quienes perdieron se sienten pesimistas esperando lo peor. A todas estas, el liderazgo de uno u otro lado del polarizado espectro político coinciden en su actitud bíblica: tengan fe, tengan fe porque lo bueno llegará, aunque así no parezca, si ustedes siguen haciendo lo que han hecho, si siguen creyendo en quienes los han guiado. 

Pero además de esa coincidencia en el llamado a la fe, hay otra similitud entre el liderazgo oficialista y el opositor. El oficialista maniobra como nunca tratando de asegurarse de que el poder nacional no se les escape. El opositor lucha como gatos patas arriba para no perder la pequeña cuota de poder regional que tiene. Pero en esa lucha por el poder hay una diferencia significativa: el oficialismo, con audacia cercana a la temeridad, recurre al planteamiento de una reorganización de la estructura política administrativa del país con eso de la sociedad comunal, e incluso a la redefinición a fondo del pacto base de la nación representado en la Constitución. Hablan de una constituyente. 

Unos cuantos se burlarán de esas acciones del régimen. No es de extrañar que algunos analistas digan pronto su muy manoseada argumento del “trapo rojo”. Digan lo que digan analistas y políticos, el hecho constatable es que el oficialismo está mostrando una iniciativa política, una capacidad para poner la agenda de la discusión pública que está acorralando a la oposición. Esto es grave y debe ser reconocido así por el liderazgo opositor.

El liderazgo opositor debe tomar plena conciencia de que muchos de quienes no participamos directamente en la lucha política, pero que ejercemos nuestro derecho a opinar y votar, percibimos en ese liderazgo una prudencia que, por extrema, es imprudente. Cada vez más da la impresión de que la dirigencia opositora está sumergida en un profundo sopor, tal vez generado por el mar de comentarios de todo tipo a raíz de los resultados electorales.


No se trata de criticar a la dirigencia opositora por criticarla, sino de expresar una apreciación que parece ser compartida por muchos. De esa dirigencia, uno espera acción, movimiento, fuerza, propuesta, crítica contundente a la gestión gubernamental, en una palabra: “iniciativa”. Iniciativa que mueva al país que se oponga al régimen, que haga pensar a quienes lo apoyan y que exija reacciones al oficialismo. Tener iniciativa es todo lo contrario a tener una actitud defensiva. En esta actitud ha estado hundido el liderazgo opositor cuando el único mensaje que de ella tenemos en nuestro cerebro es el llamado a votar en las próximas elecciones. Ciertamente ese llamado es muy importante, pero también es muy insuficiente. Insuficiente porque la gente espera mucho más. Tan es así que cayó como agua fresca el llamado de Antonio Ledezma al modesto acto de desobediencia civil de no pasar las máquinas de control.


La Venezuela opositora al régimen, e incluso parte de la no opositora, espera de sus líderes que hagan algo significativo en relación con las condiciones para votar, y sobre por qué estaría mejor el pueblo si la mayor parte de las gobernaciones las gana la oposición, pero algo significativo mucho más allá de oponerse al gobierno chavista. Cosa particularmente importante sería que la oposición esté con la gente en sus luchas para mejorar sus vidas.


Lo que esperamos es una oposición con garra y no simplemente reactiva, capaz de colocar al gobierno a la defensiva.

(Twitter: @rapinango )
 

Si te interesa el tema del liderazgo, te invitamos a ver este video: 
La prueba del ácido del liderazgo >>

jueves, 25 de octubre de 2012

¿Cambiará el Gobierno?

(El profesor del IESA, Carlos Machado Allison, se preguntan si tomarán en cuenta a los seis millones y medio de electores que votaron por la oposición con un modo distinto de gobernar y de ver al mundo que nos rodea. Publicado en el diario El Universal, 23 de octubre de 2012)

El título de este artículo está en la mente de muchas personas. Se preguntan si tomarán en cuenta a los seis millones y medio de electores que votaron por la oposición, es decir, por un modo distinto de gobernar y de ver al mundo que nos rodea. En principio debería ser así y se esperaría que en la nueva gestión cambiaran algunas cosas. Pero en lo medular, en lo ideológico, parece harto difícil que ocurran grandes cambios, en particular después de obtener más de ocho millones de votos, muchos mediante un abusivo ejercicio del poder.

El Presidente ya anunció al menos un cambio. Tendremos un ministerio para la eficiencia. Sin duda le ha preocupado al Gobierno que la campaña de la oposición haya apuntado con tanta precisión a lo inconcluso, lo no iniciado y en general a las cosas que deberían tener todos los venezolanos con la hemorragia de dólares que ha percibido. Si es así, bienvenido el nuevo ministerio, pero ¿y si la ineficiencia a la que se refiere no es esa? Bien podría ser que lo inconcluso sea el cambio ideológico esperado y luego un triunfo abrumador en las siguientes elecciones.

¿Los cambios estarán asociados a las cortesías cruzadas entre los contendientes? ¿Será que el diálogo, tan necesario para hacer que el país progrese y se asome al mundo moderno, se hará realidad? ¿Será posible, como ocurre en otros países, que el Gobierno tome ideas y propuestas de la oposición y con tal actitud logre abatir la división existente? ¿Pensamientos ingenuos? Probablemente.

Equilibrio

Esto ha ocurrido más de una vez. Recuerdo términos como el glásnost y la cohabitación, los pactos políticos y acuerdos comerciales, actos de Estado, que impidieron conflictos, acercaron pueblos e ideologías. Un punto de equilibrio entre lo público y lo privado ha sido logrado en varios países de nuestro continente. Citaré dos porque en ambos los gobiernos han sido poderosos y al mismo tiempo abrieron espacios al ciudadano: Brasil y México. Países que en las últimas dos décadas han progresado tanto, que, hacia lo externo junto a China e India, tienen una posición internacional entre las grandes naciones y en lo interno han logrado reducir el hambre y la pobreza. ¿Por qué no mirar un poco hacia esos caminos? Ya que poco hemos logrado en los últimos años y la sombra de una crisis económica nos envuelve.

Por ejemplo, nuestra agricultura podría florecer con algunos cambios. Menos regulación, más libertad, fortalecimiento de los derechos de propiedad otorgando títulos firmes a los productores, negociando con ellos planes y precios, mejorando la educación, la infraestructura y la calidad de la vida rural en el país. ¿Será posible que el Gobierno admita que el costo de políticas agrícolas equivocadas es tan alto como las divisas que se emplean en las abultadas importaciones? Les será difícil retroceder aunque el sentido común lo dicte y el bienestar nacional esté en juego. Aún así, porque uno no puede negarse a sí mismo, espero que el diálogo domine sobre la imposición.

cemacallison@gmail.com

martes, 27 de septiembre de 2011

Los grandes majunches

Tan majunches que hacen causa común con Gadafi, Mugabe y otros bates quebrados

CARLOS MACHADO ALLISON cemacallison@gmail.com

Por mucho tiempo busqué el término más adecuado para describir a parte del actual gobierno y ahora, gracias al señor Presidente, lo he encontrado. En efecto, como todo el mundo sabe, nuestro primer magistrado y muchos de sus seguidores tienen tanta capacidad para el insulto, como incompetencia para gobernar. Los opositores han sido calificados de mil modos, como escuálidos, derechistas, pitiyanquis, ratas, vendepatrias, excrementos (en varias versiones) y lacayos. También ha mandado a más de uno a "lavarse ese paltó", o a enrollar el periódico y "metérselo en el bolsillo". Al difunto monseñor Castillo lo llamó fariseo, hipócrita, bandido y alcahuete; apodos a los candidatos de la oposición e insultos personales a varios presidentes. En materia de insultos sólo ha tenido un competidor, el conductor de La Hojilla. Ahora llama majunches a los precandidatos de la oposición.

Defectos de calidad

Ahora bien, majunche significa de calidad inferior, deslucido o mediocre. Es un venezolanismo que se utiliza tanto para describir defectos en la calidad como pobreza en el desempeño. Yo la recuerdo del beisbol: "ese es un pitcher tan majunche" que es incapaz de ponchar a un ciego, o a la calidad o cantidad de la comida: "me sirvieron un plato majunche". Pues entonces, qué mejor término que el mencionado para describir la gestión de un gobierno que ha logrado acabar con la mitad del ganado del país, tener al 70% de los planteles públicos en condiciones deplorables y una proporción similar de las carreteras plagadas de huecos. La verdad es que deben ser bien majunches para tener más de 40.000 presos en ínfimas condiciones, haber duplicado la burocracia para ejecutar la mitad de las obras públicas y generar tanta inseguridad que más venezolanos mueren en manos del hampa que en alguna guerra reciente.

Para continuar disfrutando de este artículo de opinión puede ingresar en la siguiente dirección:

http://www.eluniversal.com/2011/09/27/los-grandes-majunches.shtml


Artículo de opinión
El Universal, 27 de Septiembre de 2011
www.iesa.edu.ve



miércoles, 11 de mayo de 2011

Pedro Palma \\ La propuesta electoral

El Gobierno es un caso perdido. Si la situación actual se prolonga después de diciembre de 2012, la devastación del país será terrible. Estamos obligados a trabajar para que se produzca un cambio político dentro de veinte meses. Insistimos en que es imprescindible que la oposición se convierta en una opción atractiva por sí misma; su esfuerzo electoral no puede fundamentarse en el simple rechazo al régimen.


Para ello requiere de una propuesta convincente, no basta con lanzar un buen candidato. Esto lo hemos planteado unas cuantas personas cientos de veces, pero poco se ha logrado. Las reacciones del liderazgo político opositor son del siguiente tipo: "Tengan calma, estamos trabajando"; "entiendan que es muy complicado poner de acuerdo mucha gente, eso toma tiempo pero estamos trabajando"; "no es bueno criticar tanto porque eso le da armas al enemigo"; "ese es el problema de la antipolítica que critica lo que hacemos los políticos".


Pero hay que insistir porque el tema de la propuesta merece las más cuidadosa atención. ¿Qué debe caracterizar la propuesta de la oposición? La propuesta ha de ser atractiva, inspiradora, movilizadora. Tanto que el gran electorado y no sólo el antichavismo de los sectores medios y altos comprenda lo que puede obtener si gana la oposición y, por tanto, lo que perdería si el Gobierno gana. Sólo de esta manera se logrará que la gente se sienta parte de una causa común que va mucho más allá del simple desplazamiento de unos políticos por otros. Para lograr lo anterior será preciso que la propuesta electoral sea, usando palabras de Neruda, "clara como una lámpara, simple como un anillo".


Que sea una idea que alguien pueda comunicar a otro en tiempo breve, sin mayor explicación. Debe ser como un buen chiste: breves y no requieren explicación. Ya pasaron los tiempos de los programas de gobierno recogidos en uno o dos pesados volúmenes que pocos leían.


La propuesta debe sonar realista, viable. Que inspire a la gente no implica que sea etérea. Para inspirar en relación con temas concretos es imprescindible que esté referida a necesidades fundamentales como la vivienda. Pero que no se desprecien planteamientos más generales como la paz, si son vinculados con asuntos como la seguridad personal. Hay temas como la eficacia en la gestión que podrían enfatizarse si son expuestos como respuesta efectiva a las necesidades cotidianas de la gente. Capacidad para cumplir lo que se promete podría ser un gran motivador. Pero téngase cuidado con la amenaza tecnocrática.


La propuesta ha de ser presentada como compromiso de la oposición, y no nada más del candidato que emergerá en las primarias. Por lo tanto, no puede dejarse para después de las primarias; eso sería perder la oportunidad de presentarla efectivamente al gran electorado. Tres razones para hacerlo así son: permitirá probar la habilidad del precandidato para comunicarla de manera convincente; podrá experimentarse con ella, para afinar su contenido y manera de ofrecerla a los electores; y constituiría una clara demostración de unidad, lo que es clave en las actuales circunstancias.


Finalmente, hay que insistir en que es indispensable hablar con gente de las grandes mayorías antes de lanzar una propuesta. Los sectores populares tienen mucho que decir. Que no cunda la errada idea de que las mayorías se han equivocado.La historia demuestra que los errores de las élites dirigentes del país han sido numerosos y graves. El mayor de ellos, no haber escuchado a la gente.


Artículo de opinión

Publicado 10 de mayo de 2011