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martes, 2 de abril de 2013

El guión

Ramón Piñango, profesor del IESA, considera que: "Para zafarse de las limitaciones que este momento de la historia del país les impone tanto a Maduro como a Capriles, existe una preciosa oportunidad: ofrecer la reconciliación de los venezolanos que haga posible la paz". Publlicado en El Nacional, el 26 de marzo de 2013. 


Con frecuencia nos engañamos atribuyéndole a la voluntad de las personas un poder excesivo para generar los acontecimientos sociales. Sin duda, la conducta individual pesa, pero en muchas ocasiones lo que hacemos es más el resultado de circunstancias que nos llevan a actuar de cierta manera y no tanto de lo que queremos o podemos hacer. Lo que está ocurriendo en la coyuntura política actual constituye un claro ejemplo de cómo las circunstancias imponen un guión a quienes aparecen como sus protagonistas.



Nicolás Maduro es lo que la historia le ha obligado ser: el candidato del chavismo designado por el dedo de Hugo Chávez. No puede ser otra cosa. Está condenado a ser eso, porque toda su fuerza proviene de quien lo designó. Tan es así que es inevitable preguntarse si fue escogido como el sucesor en la presidencia, precisamente por eso, porque no puede alzarse con el poder.

Maduro está condenado a abrazar a Chávez, a utilizar la figura del difunto presidente, como referencia venerada por muchos, para pedir el voto de la gente. No nos extraña escucharlo mencionar, una y otra vez, el nombre de quien nos gobernó por catorce años.

Pero de donde proviene la fortaleza de Maduro también proviene su debilidad: mientras se aproxime a Hugo Chávez más se notarán las diferencias entre ambos personajes. El contraste se hará obvio, tan obvio que llegará el momento en que muchos se preguntarán por cuál razón el vicepresidente fue señalado como el sucesor.

Henrique Capriles hizo una larga campaña para la presidencia. Fue derrotado pero obtuvo 45% de los votos. Gracias a la campaña ganó algo invalorable como capital político: buena parte de la población sabe quién es él. La oposición no tenía otra opción sino designarlo como candidato porque no había tiempo para dar a conocer otro. Capriles estaba condenado a ser candidato y aceptó su destino.

La condena de Capriles implica, entre otras cosas, que es candidato frente a Maduro, en una campaña electoral de unos escasos días, con los dados cargados en su contra. No puede hacer otra cosa sino insistir hasta el final, y con toda su fuerza, en que Maduro no es Chávez, ni se le asemeja. Tiene que afirmar que el ungido carece de las virtudes de quien lo ungió. Y, lo que agrava las cosas, el candidato opositor no puede señalar los evidentes defectos de Chávez.

Las circunstancias son las circunstancias. Pesan, influyen. Muchas veces parecen ahogar, pero no es raro que contengan intersticios que ofrecen oportunidades que pocos ven. ¿Qué oportunidades difíciles de ver puede tener Maduro? ¿Cuáles Capriles? Complejas preguntas, pero vale la pena explorar una respuesta.

Para zafarse de las limitaciones que este momento de la historia del país les impone tanto a Maduro como a Capriles, existe una preciosa oportunidad: ofrecer la reconciliación de los venezolanos que haga posible la paz. Los datos indican que la paz es un anhelo compartido por gran parte de los venezolanos. ¿Quién podrá ser el campeón de tal anhelo? Difícil decirlo. Maduro tendría que ofrecer algo que Chávez no ofreció, para abrir una nueva etapa en la revolución bolivariana. Esto puede ser mucho pedir porque el presidente encargado no parece tener la fuerza política para asumir esta tarea. Capriles podría hacerlo, si logra vincular la oferta de paz con la de justicia social y capacidad para afrontar los problemas del país. Pero hacer esto en pocos días es tremendamente difícil.

El reto es increíble. Quien logre mover a la población con la bandera de la paz obtendrá el apoyo para gobernar. Pero que sepa quien gane las elecciones del 14 de abril que, si no se cuenta con la bandera de la paz, no podrá gobernar un país sumergido en una crisis masiva. Esto es parte fundamental de la trama en que nos enredó la historia.

jueves, 28 de febrero de 2013

La doble huella


"La doble huella que nos deja Chávez hace inmensamente difícil el trabajo de los políticos opositores", comenta Ramón Piñango, profesor del IESA. Publicado en El Nacional, el 26 de febrero

De que vienen elecciones, vienen. De que el chavismo va a hacer lo posible y lo imposible por ganarlas, lo harán, eso lo han demostrado una y otra vez. De que la oposición hará mucho de lo posible por ganarlas, lo hará; también lo demostraron aunque su esfuerzo resultó insuficiente. Las elecciones que vienen pondrán en evidencia muchas cosas, buena parte de ellas predecibles por conocidas; entre otras, la fuerza arrolladora y sin escrúpulos de quienes gobiernan. Sin embargo, quedará por verse: la disposición real a pasar de las amenazas al uso desmedido de la violencia en la calle y la fuerza socio-electoral del chavismo sin la presencia carismática de Hugo Chávez.


En la población opositora muchos parecen anticipar una fatídica debilidad electoral en el chavismo por la ausencia de su líder. Incluso, puede que tal ausencia genere dudas en unos cuantos dirigentes del chavismo. Sin embargo, hay razones para pensar que Hugo Chávez dejó huella importante en la sociedad venezolana. Hay que darle tiempo al tiempo para saber cuán profunda ha sido esa huella. Es muy temprano para saber si, como algunos creen, el chavismo se ha de convertir en una suerte de peronismo tropical. Por el momento, parece prudente y sensato pensar que, al menos a corto y mediano plazo, se sentirá la influencia de lo que Chávez hizo y cómo lo hizo en el comportamiento político de muchos venezolanos.

¿Cuál parece ser la esencia de esa huella? Que los sectores populares se sienten reconocidos como actores en la vida política, de que sus necesidades y aspiraciones fueron tomadas en cuenta por alguien poderoso, que se dedicó a ellos, que compartía sus valores y que, por fin, se hacía justicia. Chávez dejó un sentimiento de inclusión. Eso es muy significativo.

En gran parte, se creó ese sentimiento utilizando la imagen de un formidable enemigo por vencer: ese monstruo de mil cabezas formado por la burguesía, la oligarquía, la empresa privada, los partidos políticos, la Iglesia, el imperio y todo el pasado reciente. Así se polarizó el país, con demostración de mucho aprecio hacia los sectores populares y mucho desprecio hacia los sectores medios y altos. Es la realidad que tenemos.

Dura realidad, pero existe y hay que reconocerla: tenemos una nación dividida. Y esa nación no tiene porvenir si no se integra. El reconocimiento de que las cosas son de esta manera es indispensable para conformar una sociedad más vivible, con más riqueza, en paz, con más justicia. Una sociedad en la cual el futuro sea mucho mejor de lo que ha sido en las últimas décadas. No será posible construir un mejor país sin aceptar que los sectores populares incluidos, movilizados por el chavismo, existen y van a influir en nuestra historia, al menos en los próximos años.

Hay quienes –no sé cuántos– no ven las cosas de esa manera. Consideran que el chavismo comenzará a esfumarse una vez se conozca la muerte de su líder. Para quienes así piensan el problema del país es esencialmente electoral, se trata de hacer una buena venta del candidato opositor. Pero hay algo más grave: Hugo Chávez también dejó otra profunda huella: el desprecio de cierto antichavismo hacia los sectores populares percibidos como culpables de muchos de los males que padecemos.

La doble huella que nos deja Chávez hace inmensamente difícil el trabajo de los políticos opositores. No es fácil movilizar, al mismo tiempo, a los sectores populares y a los sectores medios y altos para ganar elecciones, y mucho menos para construir un país en paz, en medio de dificultades económicas. No contamos con personas, grupos o partidos políticos que solos puedan hacerlo. Cualquier esfuerzo requerirá una convocatoria amplia, sin exclusiones. Todos somos necesarios.

lunes, 28 de enero de 2013

Cómo acabar con la tiranía de la riqueza petrolera

(En un artículo para The Wall Street Journal escrito por Mary Anastasia O'Grady, Francisco Monaldi, profesor del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA, señala que el gasto total en 2012 fue equivalente a un 51% del Producto Interno Bruto y generó un déficit fiscal de 17% del PIB, el mayor en la historia del país. Publicado el 27 de enero de 2013)


En los 12 meses previos a la elección presidencial de octubre del año pasado, el gasto fiscal en Venezuela aumentó 40% interanual en términos reales, según Francisco Monaldi, profesor visitante en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, que estudia la economía venezolana.

El gasto total en 2012 fue equivalente a un asombroso 51% del Producto Interno Bruto y generó un déficit fiscal de 17% del PIB, el mayor en la historia del país, señala Monaldi. Lo más preocupante es que el incremento del gasto se realizó, en gran parte, a discreción del poder ejecutivo.


Estos datos zanjan de una vez por todas cualquier duda sobre la forma en que Hugo Chávez fue reelecto pese al deterioro de los estándares de vida en el país. De cara a la elección, el mandatario simplemente inundó la economía con clientelismo y otros favores para sus partidarios, como lo había hecho en otras elecciones  importantes en 2004 y 2006. Se levante o no de su lecho de enfermo en La Habana y vuelva al poder, este pasado podría ser un prólogo de lo que puede ocurrir durante muchos años.

El Estado venezolano obtuvo más US$60.000 millones en ingresos petroleros en 2011, haciendo del oro negro su principal fuente de financiamiento para las estratagemas clientelistas de Chávez. Los opositores del chavismo se han preparado desde hace mucho para el día en el que los precios del crudo colapsen y las elecciones ya no se puedan comprar. Mientras tanto, han tratado de presentarse —como lo hizo el candidato Henrique Capriles el año pasado— como gestores más capacitados que los propios chavistas para administrar el gran número de programas sociales del gobierno. Esto no los conduce a ninguna parte y la caída de los precios del crudo aún podría tardar en llegar.
 

Monaldi, junto a los economistas venezolanos Pedro Rodríguez y José Morales, tiene una mejor idea. En un trabajo publicado en septiembre por el Centro para el Desarrollo Global, proponen ofrecer a los venezolanos un plan para reemplazar muchos de los subsidios y programas sociales del gobierno financiados por los ingresos petroleros con "pagos universales, transparentes y regulares" a los ciudadanos.


Los autores sostienen que este "mecanismo de distribución directa" sería una forma más equitativa de distribuir la riqueza proveniente de las vastas reservas petroleras del país y mejoraría la situación de los venezolanos. Promocionar esta idea al electorado tal vez sea una de las pocas cartas que le quedan a la oposición por jugar.

Cuesta negar que Venezuela sea actualmente una dictadura. Pero las ideas aún importan, porque las dictaduras se caen cuando las masas se vuelven en contra de ellas. Conforme la economía se estanque este año, el gobierno podría tener que reconocer que Chávez no regresará. Haya o no una nueva elección, como lo exige la Constitución, el terreno será fértil para cultivar las semillas del cambio.

Los puristas prefieren acabar con el dominio de la petrolera estatal y abrir el sector a una competencia plena. No obstante, una solución de libre mercado para la decadencia de Venezuela probablemente no ganará adeptos en un país donde la dependencia del Estado se ha vuelto una forma de vida y donde la reputación del capitalismo se vio gravemente dañada durante los años de favoritismo y corrupción previos a Chávez.

Una alternativa más persuasiva es el mecanismo de distribución directa, que aseguraría que la población se beneficie de la riqueza petrolera del país al tiempo que aborda lo que los autores llaman los "efectos corrosivos" del crudo en manos del Estado.

Cuando el Estado utiliza los gravámenes petroleros de un pequeño grupo de productores para financiar el gobierno, rompe la conexión que los votantes normalmente hacen entre lo que pagan en impuestos y lo que esperan recibir en servicios, lo que los autores llaman "dividendos de gobierno positivo". Además, cuando el Estado puede distribuir a discreción los frutos de la extracción petrolera sin obligación de rendir cuentas, es probable que los use para recompensar a sus aliados políticos.

Bajo este mecanismo, el pago directo de los ingresos petroleros es posteriormente gravado. De esta forma, el costo de financiar los programas del gobierno recae en los contribuyentes. Según los autores, el costo de gestionar el Fondo de Desarrollo Nacional, o Fonden, y "varios programas sociales", incluyendo lo que Chávez llama "misiones", fue de casi US$125.000 millones entre 2003 y 2011, lo que equivale a unos US$480 anuales por persona.

¿Es probable que los venezolanos acepten la idea? Los autores dicen que sí, a pesar de que que el candidato opositor Manuel Rosales haya presentado una variante de la propuesta en 2006. Realizaron una serie de focus groups con familias de bajos ingresos y se encontraron con un considerable respaldo para un sistema que deposite los pagos en la cuenta bancaria personal de cada ciudadano, en lugar de la idea de Morales de emitir una tarjeta de débito. Hubo incluso más apoyo para un sistema que otorgue vales "que puedan ser usados en la institución preferida" para salud y educación. En ambos casos, los sondeados respaldaron con firmeza la "universalidad" de los pagos.

Los autores aluden a una reciente encuesta que halló que "67,5% de los venezolanos no creen que se hayan beneficiado de los ingresos petroleros del país durante el gobierno de Chávez". Eso representa una oportunidad para la oposición, a menos que, por supuesto, quieran preservar el sistema actual para sus propios propósitos y sólo cambiar a los actores.

---> Si desea leer completo el trabajo de investigación de José Morales y los profesores del IESA, Francisco Monaldi y Pedro Luis Rodríguez se encuentra disponible aquí

miércoles, 23 de enero de 2013

La economía política del chavismo: implicaciones para el 2013

"El gobierno puede ser capaz de mantener parcialmente la bonanza por lo menos durante el primer semestre del año" 

Francisco Monaldi, profesor del IESA.

Publicado en Prodavinci, el  18 de enero de 2013

El gobierno de Hugo Chávez recurrió a un “auge en esteroides” del gasto público para ganar la elección presidencial del 2012 (en este caso al parecer más allá de la metáfora). Su estrategia económica ha provocado una dramática apreciación del tipo de cambio real, el aumento de las importaciones a un récord histórico, y un auge considerable de los salarios reales especialmente en el sector público. Confrontando a Henrique Capriles, un formidable rival, y a las limitaciones impuestas por su enfermedad durante la campaña, recurrió a la estrategia ya probada de inyectar dinero en los bolsillos de sus electores, especialmente en los sectores populares. Esta fue la misma estrategia utilizada de manera muy eficaz en los eventos electorales del 2004 y el 2006, y que eventualmente tendrá dramáticas consecuencias económicas, algunas de las cuales ya se pueden observar, pero que aún no impactan de manera contundente al ciudadano común.

Durante 2009 y 2010, la recesión producto de la caída en el precio del petróleo y el mal manejo macroeconómico del gobierno habían provocado una sustancial caída en la aprobación del presidente Chávez a niveles no vistos desde 2003, inferiores al 45%. Esta situación llevó a que el oficialismo obtuviera su peor resultado electoral en las elecciones legislativas de 2010 con 47% del voto popular.

Con el objeto de revertir esta situación, a partir de la segunda mitad de 2011, el ciclo de gasto electoral comenzó con un dramático aumento de la oferta monetaria y el gasto público. Seis meses después, los resultados eran visibles: la popularidad de Chávez aumentó en más de 10 puntos porcentuales en todos los sondeos de opinión.

Muchos observadores políticos atribuyeron erróneamente este aumento de apoyo a la simpatía obtenida por el anuncio de su padecimiento de cáncer, o al lanzamiento de la Misión Vivienda. Pero, en realidad, la principal fuente de popularidad del presidente a sido el aumento de la capacidad de consumo de los sectores populares, que ha sido posible por el incremento del gasto público, alimentado por el auge del petróleo, y por el impulso macroeconómico de corto plazo generado por la manipulación de las políticas monetarias, fiscales, cambiarias y salariales.

En 2012, el gobierno gastó alrededor del 51 por ciento del PIB -el nivel más alto de la región-, aprovechando los altos precios del petróleo y su control sin precedentes sobre los recursos públicos, el sistema financiero y el Banco Central. En el año previo a la elección, el gasto público total se incrementó en más del 40 por ciento en términos reales, similar al aumento en el año 2006 durante la elección presidencial anterior. Este salto en el gasto dio lugar al mayor déficit del sector público en nuestra historia de alrededor del 17 por ciento del PIB –una magnitud impresionante estando en medio de un auge inédito de los precios del petróleo.

El aumento del gasto permitió al gobierno aumentar los salarios públicos en más del 30 por ciento en términos reales, crear un boom de construcción pública y sacar al país de la recesión, a pesar del relativamente pobre crecimiento del sector privado. La inflación del 20 por ciento en 2012 sigue siendo muy alta, pero se redujo significativamente en comparación con el 2011, a pesar del espectacular aumento de la oferta monetaria.

El control de la inflación fue en gran parte resultado de la importación de un récord de más de $ 50 mil millones de dólares en bienes y servicios a un tipo de cambio excesivamente apreciado, y del cual una porción creciente fue realizada directamente por el gobierno, que luego vendió los productos a precios subsidiados. El programa de distribución masiva de electrodomésticos chinos, fue un factor fundamental en
incrementar el consumo real de un grupo muy significativo de los hogares.

Una victoria no tan perfecta
Desde una perspectiva de economía política el margen de victoria de Chávez el 7 de octubre, de casi 11 puntos porcentuales, no fue muy amplio. Dado el boom de precios del petróleo y el auge artificial manufacturado por el gobierno, el margen de victoria ha debido ser mucho mayor, en el orden de los 26 puntos que obtuvo en 2006. Especialmente si se considera que se combinó un auge económico con las inmensas ventajas de la reelección. De hecho, en el mundo entero, las dos variables más importantes para explicar los resultados de una elección son esas dos: la situación económica de los hogares en el año electoral, y si el presidente en ejercicio es o no candidato.

En toda la historia de la democracia en América Latina solo dos presidentes que se postularon a la reelección perdieron, Daniel Ortega en Nicaragua e Hipólito Mejía en Dominicana, ambos con situaciones económicas desfavorables. Los presidentes de América Latina que han sido reelectos en los últimos 30 años, lo han hecho en promedio con márgenes superiores a 25 puntos porcentuales.

Por otra parte, los presidentes que recibieron un auge de rentas de recursos naturales en la última década han terminado sus mandatos con niveles de popularidad superiores al 65% o 70%; piensen en Lula, Uribe, Kirchner, Bachelet, Uribe, Vázquez, Correa y Morales. Solo Alan García constituye la notable excepción. La razón fundamental es que durante sus mandatos ha habido un auge económico que se tradujo en mayores niveles de consumo para las mayorías. Pero Chávez recibió un auge de rentas minerales muchísimo más grande que el resto de los países de la región, tuvo mucho mayor control discrecional de los recursos provenientes de ese auge, y unas ventajas mucho mayores de control institucional de los poderes para reelegirse. ¿Cómo se explica entonces el relativamente pobre desempeño de Chávez en 2012?

A mi modo de ver hay dos variables que lo explican. La más importante es la magnífica campaña de Henrique Capriles. Esta logró que una porción de los electores que, según las encuestas, aprobaban la gestión de Chávez, votaran por Capriles. Cerca de un 10% de los que apoyaban la gestión del presidente,  sí lo hicieron. El mensaje centrista y centrado en los problemas de las mayorías lo hizo posible. La obra de Capriles en Miranda y su testimonio personal de lucha y esfuerzo, le dieron un gran impulso a su mensaje. La expectativa de sectores de la oposición de que ganaría, hoy les hace ver su derrota como un fracaso en relación con ese marco referencial, pero si se compara con lo que las variables predictivas pronosticaban, el resultado fue de hecho mejor de lo predecible.

La segunda variable tiene que ver con el radicalismo y la incompetencia del gobierno. Los venezolanos no compran la versión radical del socialismo que el chavismo quiere imponer y sufren los efectos de la mala gestión en áreas como seguridad e infraestructura. Por ello, muchos venezolanos de sectores populares que están hoy mucho mejor económicamente que en 1998, no votaron por Chávez.

La enfermedad del presidente, no parece haber tenido un efecto claro en la elección. Ciertamente, afectó negativamente al presidente que no pudiera hacer campaña con su energía habitual. Pero, según los estudios de opinión, la inmensa mayoría de los venezolanos “compró” la idea de que se estaba recuperando. Por otra parte, la ventaja del control de medios le permitió que a pesar de su convalecencia, su mensaje tuviera muchísima más presencia en los medios que el de Capriles.

Implicaciones económicas y políticas para 2013 

Con el presidente hospitalizado en Cuba durante el último mes y una crisis de liderazgo en el país, ¿cómo hará el Gobierno para manejar el ajuste que inevitablemente sigue al ciclo de auge artificial?


Los desequilibrios macroeconómicos generados por el ciclo electoral de 2012 son tan significativos que la mayoría de los analistas económicos creen que un importante ajuste es inevitable durante el 2013. La consecuencia previsible sería una disminución en el consumo real, que generalmente se traduce en una pérdida de apoyo hacia el gobierno. De hecho, los efectos de las políticas irresponsables de 2011-2012 ya están empezando a hacerse evidentes. En diciembre, la inflación se disparó a u a tasa mensual del 3,5 por ciento, el nivel más alto desde 2008. Asimismo, durante el mismo mes, el Banco Central observó que el nivel de escasez de bienes era el más alto en más de cuatro años.


Después de la victoria de Chávez en octubre, muchos analistas habían pronosticado, razonablemente, una devaluación significativa a finales de 2012, y el gabinete parecía estar estudiando opciones para hacerlo. Pero con el presidente en Cuba desde mediados de diciembre, cualquier ajuste de políticas ha sido suspendido.

La incertidumbre ahora impregna el discurso político y económico en Venezuela. ¿Seguirá adelante el gobierno con un ajuste, como se esperaba previamente, a sabiendas de que es probable que haya nuevas elecciones en el 2013? ¿Pueden permitirse no hacerlo? ¿Cuánto tiempo puede ser pospuesto?

Algunos ajustes parecen ser inevitables: el ritmo de gastos e importaciones después de las elecciones ha disminuido. Esto puede ser un problema serio para Nicolás Maduro. Él sabe muy bien que el chavismo ha ganado utilizando las ventajas de estar en el poder y la manipulación del ciclo electoral. Así que, llegado el momento, puede esperarse que Maduro insista en plantear elecciones rápidas, mientras el chavismo sigue siendo mayoría y antes de que cualquier ajuste importante ocurra. Sin embargo, convocar elecciones con Chávez gravemente enfermo parece poco plausible. Por ello, Maduro y los dirigentes del chavismo tendrán que esperar y ver si ocurre la muerte del presidente, o si este se mejora y puede regresar para ayudar en la campaña de Maduro. Pero ¿qué pasa si el presidente sigue gravemente enfermo dentro de un par de meses? ¿Pueden arreglárselas para seguir postergando las decisiones económicas importantes?

Lo más probable es que tengan algo de espacio para maniobrar. Por ejemplo, una de las razones principales por las que se espera una devaluación es que tendría un impacto positivo en las finanzas públicas y permitiría al gobierno transformar los petrodólares en una mayor cantidad de bolívares, lo que reduciría el déficit fiscal de manera importante. Sin embargo, el gobierno ya está haciendo algo similar, ya que el
Banco Central está financiando PDVSA en bolívares. Esta es una política muy poco ortodoxa e irresponsable, pero que se puede seguir utilizando durante un tiempo para evitar una devaluación abierta.

Sin embargo, la principal restricción que el gobierno enfrenta es externa. Para mantener los niveles actuales de consumo tienen que continuar con los mismos niveles altos de importación; la pregunta es si tienen (o pueden encontrar) los dólares suficientes para hacerlo. Con los actuales altos precios del petróleo y niveles estables de producción de crudo, el balance externo de Venezuela debería ser confortable. Sin embargo, dada la dramática sobre-valuación del tipo de cambio y el nivel masivo de importaciones, si el gobierno quiere mantener el actual nivel de consumo probablemente tendrá que agotar todos los fondos de divisas que dispone. Esto dejaría al país en una posición extremadamente vulnerable para finales del año.

En conclusión, el gobierno puede ser capaz de mantener parcialmente la bonanza por lo menos durante el primer semestre del año y tal vez más, pero los costos de hacerlo serán cada vez más altos, a menos que el precio del petróleo se dispare. En este sentido, la estrategia óptima para el chavismo parece ser la de celebrar elecciones lo antes posible, mientras que el dinero siga fluyendo.

Por otra parte, Maduro quiere tener las ventajas de ser el presidente en ejercicio durante la campaña para tratar de lograr algunas de las “ventajas de la reelección” mencionadas anteriormente. Sin embargo, el tiempo conspira contra él en la esfera económica. Si el chavismo logra realizar elecciones rápidas con Maduro como presidente en ejercicio y toma ventaja del efecto de “simpatía” por el duelo emocional, será difícil que pierda. Por otra parte, Henrique Capriles, no puede ser subestimado.

La economía no será la misma de 2012 y Chávez no estaría en el tarjetón. Si Capriles juega bien sus cartas, todavía tiene una buena oportunidad.

Lamentablemente, quien sea que asuma el cargo tendrá que hacer frente al terrible legado de un presidente que estuvo dispuesto a acabar con la economía del país para reelegirse y llevar adelante su proyecto político. Paradójicamente, en el recuerdo de la mayoría de los venezolanos, la imagen de Chávez siempre estará unida a la bonanza, por lo que su mito, como el de los esposos Perón, probablemente perdurará.