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martes, 2 de abril de 2013

El guión

Ramón Piñango, profesor del IESA, considera que: "Para zafarse de las limitaciones que este momento de la historia del país les impone tanto a Maduro como a Capriles, existe una preciosa oportunidad: ofrecer la reconciliación de los venezolanos que haga posible la paz". Publlicado en El Nacional, el 26 de marzo de 2013. 


Con frecuencia nos engañamos atribuyéndole a la voluntad de las personas un poder excesivo para generar los acontecimientos sociales. Sin duda, la conducta individual pesa, pero en muchas ocasiones lo que hacemos es más el resultado de circunstancias que nos llevan a actuar de cierta manera y no tanto de lo que queremos o podemos hacer. Lo que está ocurriendo en la coyuntura política actual constituye un claro ejemplo de cómo las circunstancias imponen un guión a quienes aparecen como sus protagonistas.



Nicolás Maduro es lo que la historia le ha obligado ser: el candidato del chavismo designado por el dedo de Hugo Chávez. No puede ser otra cosa. Está condenado a ser eso, porque toda su fuerza proviene de quien lo designó. Tan es así que es inevitable preguntarse si fue escogido como el sucesor en la presidencia, precisamente por eso, porque no puede alzarse con el poder.

Maduro está condenado a abrazar a Chávez, a utilizar la figura del difunto presidente, como referencia venerada por muchos, para pedir el voto de la gente. No nos extraña escucharlo mencionar, una y otra vez, el nombre de quien nos gobernó por catorce años.

Pero de donde proviene la fortaleza de Maduro también proviene su debilidad: mientras se aproxime a Hugo Chávez más se notarán las diferencias entre ambos personajes. El contraste se hará obvio, tan obvio que llegará el momento en que muchos se preguntarán por cuál razón el vicepresidente fue señalado como el sucesor.

Henrique Capriles hizo una larga campaña para la presidencia. Fue derrotado pero obtuvo 45% de los votos. Gracias a la campaña ganó algo invalorable como capital político: buena parte de la población sabe quién es él. La oposición no tenía otra opción sino designarlo como candidato porque no había tiempo para dar a conocer otro. Capriles estaba condenado a ser candidato y aceptó su destino.

La condena de Capriles implica, entre otras cosas, que es candidato frente a Maduro, en una campaña electoral de unos escasos días, con los dados cargados en su contra. No puede hacer otra cosa sino insistir hasta el final, y con toda su fuerza, en que Maduro no es Chávez, ni se le asemeja. Tiene que afirmar que el ungido carece de las virtudes de quien lo ungió. Y, lo que agrava las cosas, el candidato opositor no puede señalar los evidentes defectos de Chávez.

Las circunstancias son las circunstancias. Pesan, influyen. Muchas veces parecen ahogar, pero no es raro que contengan intersticios que ofrecen oportunidades que pocos ven. ¿Qué oportunidades difíciles de ver puede tener Maduro? ¿Cuáles Capriles? Complejas preguntas, pero vale la pena explorar una respuesta.

Para zafarse de las limitaciones que este momento de la historia del país les impone tanto a Maduro como a Capriles, existe una preciosa oportunidad: ofrecer la reconciliación de los venezolanos que haga posible la paz. Los datos indican que la paz es un anhelo compartido por gran parte de los venezolanos. ¿Quién podrá ser el campeón de tal anhelo? Difícil decirlo. Maduro tendría que ofrecer algo que Chávez no ofreció, para abrir una nueva etapa en la revolución bolivariana. Esto puede ser mucho pedir porque el presidente encargado no parece tener la fuerza política para asumir esta tarea. Capriles podría hacerlo, si logra vincular la oferta de paz con la de justicia social y capacidad para afrontar los problemas del país. Pero hacer esto en pocos días es tremendamente difícil.

El reto es increíble. Quien logre mover a la población con la bandera de la paz obtendrá el apoyo para gobernar. Pero que sepa quien gane las elecciones del 14 de abril que, si no se cuenta con la bandera de la paz, no podrá gobernar un país sumergido en una crisis masiva. Esto es parte fundamental de la trama en que nos enredó la historia.

jueves, 28 de febrero de 2013

La doble huella


"La doble huella que nos deja Chávez hace inmensamente difícil el trabajo de los políticos opositores", comenta Ramón Piñango, profesor del IESA. Publicado en El Nacional, el 26 de febrero

De que vienen elecciones, vienen. De que el chavismo va a hacer lo posible y lo imposible por ganarlas, lo harán, eso lo han demostrado una y otra vez. De que la oposición hará mucho de lo posible por ganarlas, lo hará; también lo demostraron aunque su esfuerzo resultó insuficiente. Las elecciones que vienen pondrán en evidencia muchas cosas, buena parte de ellas predecibles por conocidas; entre otras, la fuerza arrolladora y sin escrúpulos de quienes gobiernan. Sin embargo, quedará por verse: la disposición real a pasar de las amenazas al uso desmedido de la violencia en la calle y la fuerza socio-electoral del chavismo sin la presencia carismática de Hugo Chávez.


En la población opositora muchos parecen anticipar una fatídica debilidad electoral en el chavismo por la ausencia de su líder. Incluso, puede que tal ausencia genere dudas en unos cuantos dirigentes del chavismo. Sin embargo, hay razones para pensar que Hugo Chávez dejó huella importante en la sociedad venezolana. Hay que darle tiempo al tiempo para saber cuán profunda ha sido esa huella. Es muy temprano para saber si, como algunos creen, el chavismo se ha de convertir en una suerte de peronismo tropical. Por el momento, parece prudente y sensato pensar que, al menos a corto y mediano plazo, se sentirá la influencia de lo que Chávez hizo y cómo lo hizo en el comportamiento político de muchos venezolanos.

¿Cuál parece ser la esencia de esa huella? Que los sectores populares se sienten reconocidos como actores en la vida política, de que sus necesidades y aspiraciones fueron tomadas en cuenta por alguien poderoso, que se dedicó a ellos, que compartía sus valores y que, por fin, se hacía justicia. Chávez dejó un sentimiento de inclusión. Eso es muy significativo.

En gran parte, se creó ese sentimiento utilizando la imagen de un formidable enemigo por vencer: ese monstruo de mil cabezas formado por la burguesía, la oligarquía, la empresa privada, los partidos políticos, la Iglesia, el imperio y todo el pasado reciente. Así se polarizó el país, con demostración de mucho aprecio hacia los sectores populares y mucho desprecio hacia los sectores medios y altos. Es la realidad que tenemos.

Dura realidad, pero existe y hay que reconocerla: tenemos una nación dividida. Y esa nación no tiene porvenir si no se integra. El reconocimiento de que las cosas son de esta manera es indispensable para conformar una sociedad más vivible, con más riqueza, en paz, con más justicia. Una sociedad en la cual el futuro sea mucho mejor de lo que ha sido en las últimas décadas. No será posible construir un mejor país sin aceptar que los sectores populares incluidos, movilizados por el chavismo, existen y van a influir en nuestra historia, al menos en los próximos años.

Hay quienes –no sé cuántos– no ven las cosas de esa manera. Consideran que el chavismo comenzará a esfumarse una vez se conozca la muerte de su líder. Para quienes así piensan el problema del país es esencialmente electoral, se trata de hacer una buena venta del candidato opositor. Pero hay algo más grave: Hugo Chávez también dejó otra profunda huella: el desprecio de cierto antichavismo hacia los sectores populares percibidos como culpables de muchos de los males que padecemos.

La doble huella que nos deja Chávez hace inmensamente difícil el trabajo de los políticos opositores. No es fácil movilizar, al mismo tiempo, a los sectores populares y a los sectores medios y altos para ganar elecciones, y mucho menos para construir un país en paz, en medio de dificultades económicas. No contamos con personas, grupos o partidos políticos que solos puedan hacerlo. Cualquier esfuerzo requerirá una convocatoria amplia, sin exclusiones. Todos somos necesarios.

martes, 27 de noviembre de 2012

Sensatez y sensibilidad

(El profesor del IESA, Ricardo Villasmil, afirma que las preferencias políticas responden mucho más a la emoción que a la razón. Publicado en El Universal, el 17 de noviembre de 2012)


"Conócete a ti mismo", decían los sabios griegos, "y conocerás a los Dioses". Hoy sabemos que la complejidad del ser humano obedece a su proceso evolutivo, y más concretamente, a la superposición reciente de una estructura movida por la razón -la corteza cerebral- sobre una estructura antiquísima movida por el instinto y la emoción. Nuestras motivaciones y nuestras decisiones son, por ende, una compleja e inseparable mezcla de razones y emociones.


Los movimientos intelectuales se han diferenciado entre sí en buena medida en función de la primacía que le dan a los componentes de esta mezcla. Estas divisiones han marcado tendencias y movimientos en la literatura, en la música y en las artes en general, así como en ciencias políticas y sociales. La tendencia hasta hace unos años fue la de ver al hombre como un ser perfectamente racional, pero la incapacidad de sus modelos para explicar la realidad, unida a importantes hallazgos en el campo de la psicología cognitiva, están conduciendo a desechar esta premisa.

En retrospectiva, parece absurdo que hayamos llegado a modelarnos como seres racionales. Como decía Alexander Hamilton, "somos seres razonables más que racionales, movidos fundamentalmente por el impulso de la pasión". Y como lo han sabido por décadas los expertos en mercadeo, muchas si no todas nuestras decisiones las tomamos manipulados, consciente e inconscientemente, por nuestras emociones.

Somos como somos y no seríamos ni más exitosos ni más felices gobernados exclusivamente por la razón o por la emoción. Una de las personas a mi juicio supo comprender mejor nuestra inevitable y afortunada dualidad, fue Jane Austen. En Sense and Sensibility, Elinor y Marianne sufren como arquetipos de la sensatez y de la sensibilidad, respectivamente, pero un día se abren emocionalmente, desarrollan la empatía necesaria para aprender de la otra e inician su camino hacia la felicidad.

La conducción de campañas políticas es una de las disciplinas en donde estos hallazgos tienen mayor aplicabilidad, ya que las preferencias políticas responden mucho más a la emoción -a la identificación que genera el líder, su discurso, sus ideales, principios, valores y prioridades- que a la razón. Porque como dicen las Escrituras, el pan es importante, pero no sólo de pan vive el hombre.

@rvillasmilbond; www.ricardovillasmil.com

jueves, 8 de noviembre de 2012

Lo que está en juego el 16D

 (La Directora Académica y de Investigación del IESA, Rosa Amelia González, destaca la importancia de ejercer el derecho al voto en las elecciones del 16D. Publicado en el diario Últimas Noticias el domingo 4 de noviembre de 2012)


Dentro de mes y medio los venezolanos tenemos una nueva cita electoral; esta vez para escoger a los gobernadores de los 23 estados que conforman el territorio nacional. Nuestra historia política reciente muestra que este tipo de elección genera menos interés entre los ciudadanos, lo cual se traduce en menor participación o mayor abstención.

En el caso de esta elección en particular, hay razones para pensar que, a diferencia de lo ocurrido el 7O, cuando se consiguió un nivel de participación nunca visto -de más de 80 por ciento-, el 16D se pudiera registrar otro récord, pero esta vez de abstención. 

Del lado de la oposición, muchos no han logrado sobreponerse del resultado de octubre, a lo cual se suman la desconfianza en la actuación del CNE y el cuestionamiento de la justicia de la contienda, dado el ventajismo del Gobierno. Del lado oficialista, pareciera que el fervor que genera el presidente Chávez no necesariamente es transferible a sus candidatos a gobernador, cuyo liderazgo político está totalmente ensombrecido por la figura del líder.

En todo caso, dado que el voto opositor depende en mayor medida de la disposición personal del elector -a diferencia del voto oficialista donde ya se puso en evidencia el poder de la maquinaria “partidista”-, si la oposición no logra entusiasmar a sus seguidores, se corre el riesgo de que el resultado le resulte adverso.

Sin ánimo de ser apocalípticos, un triunfo avasallador del oficialismo el 16D sería equivalente al fin de la descentralización. Aunque el presidente Chávez le salió al paso a las declaraciones de Aristóbulo Istúriz en el programa José Vicente Hoy (14 de octubre), el candidato del Psuv a la Gobernación del estado Anzoátegui afirmó que “desmontar las alcaldías y gobernaciones es un paso indispensable para el avance efectivo del proceso de cambios socialistas en Venezuela”, agregando que “los mejores gobernadores serán aquellos que primero desbaraten las gobernaciones”. Estas declaraciones están en perfecta sintonía con los ataques que le ha propinado el actual gobierno a la descentralización y con la propuesta de una “Nueva geometría del poder”, que se incluyó en la propuesta de reforma constitucional que fue rechazada por el electorado en 2007.

La recentralización del poder tendría consecuencias nefastas para el ciudadano, unas más tangibles que otras en el corto plazo. Una muy importante está relacionada con la crítica que se ha hecho -y ha sido admitida por el propio Presidente- sobre la ineficiencia del Gobierno nacional. Cuando la gestión de ciertos asuntos públicos (como la vialidad y el funcionamiento de los servicios) se aleja demasiado del ciudadano, disminuye la capacidad de respuesta del Gobierno, así como la posibilidad de que la población exija respuestas por parte de las autoridades.

Otra consecuencia menos tangible sería la pérdida de la única instancia que todavía permite contrabalancear el poder político en el país. En un escenario donde el oficialismo domina todos los poderes públicos, las gobernaciones y alcaldías son el espacio que nos queda para el ejercicio del pluralismo que es consustancial a la democracia.
Finalmente, el país perdería el semillero del liderazgo político. Frente al estilo dominante del presidente Chávez, que no permite el surgimiento de otras figuras que puedan competir por la simpatía del pueblo, la existencia de gobernaciones y alcaldías autónomas es el único medio para que emerjan las otras opciones de liderazgo que reclama el ciudadano.

viernes, 26 de octubre de 2012

El arma secreta de Obama

(Moisés Naím afirma que en cada campaña presidencial en Estados Unidos ha habido una nueva herramienta tecnológica que contribuyó a la victoria del candidato que mejor la supo aprovechar. ¿Cuál será la innovación tecnológica que tendrá más peso en determinar el ganador de las próximas elecciones en EEUU?. Publicado en El Nacional, el 16 de octubre de 2012)

Para Franklin D. Roosevelt fue la radio. Y para John F. Kennedy, la televisión. Para la primera elección de Barack Obama fue Internet y, en particular, Facebook. Es sabido que, en cada una de esas elecciones, una nueva tecnología contribuyó a la victoria del candidato que mejor la supo aprovechar.

¿Cuál será la innovación tecnológica que tendrá más peso en determinar el ganador de las próximas elecciones en EEUU? La respuesta es Data Mining, la minería de datos, y más concretamente elmicrotargeting o la microsegmentación.

Entre los expertos existe el consenso de que, en este campo, el equipo de la campaña electoral del presidente lleva una gran ventaja al de Romney. Es el arma secreta de Obama, y sus principales asesores están convencidos de que, en una elección tan reñida como esta, la superioridad en el uso de estas tecnologías va a ser el factor determinante en su reelección.

La minería de datos es una rama de las ciencias de la información que utiliza complejos algoritmos y métodos estadísticos para identificar los patrones que puedan existir en las enormes bases de datos que hoy en día se acumulan gracias a las nuevas tecnologías. Se trata de convertir esa información en conocimiento útil para la toma de decisiones. 

En el mundo de la empresa privada, el data mining se usa hace tiempo y con gran sofisticación. Cuando usted entra en Internet y aparece una publicidad, es probable que su contenido resulte del uso de estas tecnologías. El mensaje específico es seleccionado de una lista de posibles anuncios, y la máquina escoge cuál enviarle a partir de un cálculo que se nutre de información sobre quién es usted (mujer, 37 años, casada con hijos, vive en la ciudad X, barrio Y), qué le gusta (ha comprado esto y aquello), qué hace (visita regularmente las páginas A y B en la Red) y la información extraída de una base de datos de personas con sus mismas características, gustos y hábitos. Todo esto revela los patrones más comunes sobre las motivaciones que determinan una decisión de compra en su segmento. Así, la publicidad que usted recibe, apunta a sus motivaciones, posibilidades y deseos. Esto es el microtargeting: apuntar micrométricamente no a un mercado, al público o a los votantes, sino a segmentos muy específicos dentro de esas categorías.

En el mundo de la política estas tecnologías se habían utilizado menos, pero ahora se han vuelto indispensables.

La ventaja de Obama en este campo se remonta a las elecciones primarias de 2007 y luego a su campaña presidencial de 2008. Su candidatura atrajo a un número sin precedentes de jóvenes, novatos en política pero magos en el uso de Internet. Terry McAuliffe, quien fuera el jefe del Partido Demócrata, me dijo: “Obama tiene a la mejor gente del mundo en el uso de Internet para campañas políticas. Lo sé porque lo sufrí en carne propia: ¡yo dirigí la campaña de Hillary en las primarias contra Obama! Eran extraordinarios. Y esa tecnología y esa gente ni siquiera son del partido. Son de la organización de Obama”.

Muchos de ellos son empleados a tiempo completo y provienen de empresas como Google, Facebook o Amazon. Actualmente, Harper Reed, antiguo hacker y exitoso vendedor de camisetas por Internet, dirige la operación de data mining de Obama. No da entrevistas y sus actividades se mantienen en secreto. Pero ha montado la más ambiciosa y eficiente estructura tecnológica para saber a quiénes acudir, qué decirles y qué pedirles (su voto, una donación, los votos de sus amigos y familiares, hacer llamadas telefónicas, un coche para llevar a la gente a votar, etcétera). De hecho, la tecnología les permite enviar mensajes distintos a dos personas de la misma familia y que viven en la misma casa.

En contraste, la campaña de Romney, que también hace un amplio uso de estas tecnologías, depende más de empresas privadas cuyos servicios el candidato utilizó con éxito en sus tiempos de empresario.

La tasa de desempleo, el dinero del que los candidatos disponen para su campaña y los SuperPacs, los comités de acción política que pueden dedicar enormes sumas de dinero a favor —o en contra— de Obama o Romney; los debates, la personalidad de los candidatos y su oferta electoral son algunos de los factores que van a influir en quién será el próximo presidente de EE UU. Y esta lista es aún más larga. Pero la capacidad para convertir información masiva y desordenada en conocimiento que aporta votos estará muy en el tope de esa lista.

@moisesnaim

martes, 23 de octubre de 2012

Civilización y barbarie

(El profesor del IESA, Ricardo Villasmil, afirma que el proceso electoral del 7-O puede verse en tres grandes etapas. La primera etapa, a la que busca entender mejor, comienza cuando el elector empieza a valorar las alternativas y culmina cuando define sus preferencias. Publicado en El Universal, el 20 de octubre de 2012)

El proceso electoral del 7-O puede verse en tres grandes etapas. La primera comienza cuando el elector empieza a valorar las alternativas y culmina cuando define sus preferencias. La segunda comprende el acto electoral, cuando el elector manifiesta o no sus preferencias. Y la tercera, el conteo de los votos. Muchos de los comentarios de los últimos días se han referido al efecto del ventajismo sobre las últimas dos etapas. En esta ocasión me gustaría limitar el análisis a la primera, es decir, a procurar un mejor entendimiento de las preferencias del elector.

Todas las encuestas que pude ver durante el proceso electoral reflejaban una valoración muy positiva para el candidato oficial. En casi todas las preguntas asociadas a la preferencia del elector -popularidad, imagen, evaluación de gestión- las respuestas lo ubicaban por encima del 50%. Para muchos esto resulta incomprensible en virtud de la enormidad de problemas que enfrentamos los venezolanos. Las justificaciones a esta aparente paradoja van desde aquellas que acuden a explicaciones utilitarias a las que enfatizan el vínculo emocional y cuasirreligioso del candidato oficial con los excluidos.

La propuesta del candidato oficial puede resumirse en la palabra: revolución. Y la de la alternativa democrática en la palabra evolución. Y ganó la revolución. Entender esto pasa por comprender que no es la primera vez que esto sucede en nuestro país ni en nuestro continente. En efecto, Domingo Sarmiento alude a una larga y persistente lucha entre Civilización y Barbarie, una lucha que hunde sus raíces en la enorme frustración por parte de las mayorías que sienten que la civilización no ha hecho nada por ellos, que nada han obtenido de la división de poderes, de la alternabilidad de la descentralización o de la independencia del Banco Central. Y claro, es absurdo esperar que una población defienda un sistema del cual siente que no obtiene ningún beneficio.

El siglo XIX fue un período largo y tortuoso en Venezuela y en la región por las mismas razones que este llamado "proceso" también lo está siendo. Porque en ambos se enfrentan la civilización y la barbarie, la evolución y la revolución. El éxito de Venezuela entre 1936 y mediados de los 70 fue posible porque los partidos lograron convencer a una mayoría incrédula de que le convenía apostarle a la civilización sobre la barbarie.

@rvillasmilbond; www.ricardovillasmil.com

viernes, 5 de octubre de 2012

El 7-O, oportunidad para los ciudadanos

 (El profesor del IESA, José Mayora, invita a ejercer la participación ciudadana el 7 de octubre. Publicado en eluniversal.com, el viernes 05 de octubre de 2012)


El debate moderno sobre las democracias apunta hacia el desarrollo de sistemas más incluyentes y de participación múltiple, que envuelven actividades de pertenencia como una iglesia, un consejo comunal,  una junta de padres y representantes, un condominio, un club de diversión, un grupo de reflexión intelectual. Pero quizás, la participación más importante es aquella que nos permite gerenciar el funcionamiento de la democracia, decidiendo, a través del voto, a quien le corresponde conducir los destinos del país.


El actor fundamental de las actividades de  participación  es el ciudadano, no sólo como habitante de un país, sino como el eje de las decisiones dentro de  una sociedad cuya cultura es democrática.   La participación exige normas que regulen la conducta de los individuos para que sus interacciones converjan y permitan el normal desenvolvimiento institucional. Los mecanismos regulatorios no solo pautan las decisiones de los miembros de la democracia, los ciudadanos, también pautan las actuaciones de los responsables de gerenciar estas instituciones, a quienes corresponde, entre otras cosas, producir y diseminar la información  necesaria para la toma de decisiones por parte de los ciudadanos.

El ejercicio de la ciudadanía  es el resultado de un quehacer compartido entre la educación formal (sistema educativo), los mecanismos informales (familia, amigos, medios de comunicación, ambiente social) y las instituciones públicas (poderes públicos). En el esfuerzo combinado de estos actores, "radica la enseñanza de la ciudadanía", no porque la ley lo establezca, sino porque en tales instituciones deben prevalecer los principios de participación activa, de justicia, equidad e igualdad de acceso a las finalidades públicas.

En este punto es pertinente aclarar que los ciudadanos pueden tener  razones para abstenerse  de participar, circunstancia que no exime a los servidores públicos de gerenciar adecuadamente las instituciones, producir la información veraz y suficiente, así como garantizar que esta información esté a la disposición de todos los ciudadanos.

La premisa de la cual partimos es que el ciudadano debiera ser en esencia "un ciudadano bien informado" para dar mayor soporte a sus decisiones.  En todo caso, lo cierto es que la participación exige tomar decisiones y la calidad de esta  estribará en que los que participan lo hagan de manera consciente y, fundamentalmente, con la debida información.

La  idea del ciudadano bien informado focaliza  la dimensión de la participación pues en la convivencia, los ciudadanos entienden que existen fronteras en su actuación vinculadas con la relación entre derechos y deberes.

La cita del 7 de octubre es una oportunidad más para ejercer la participación ciudadana. Es una cita normal dentro de una sociedad democrática, tanto para los que sufragaran, como para los que aspiran gerenciar la democracia venezolana, de allí que el reconocimiento del resultado no debe ser motivo de preocupación o duda. Mientras mayor sea la  normalidad en la que transcurra el proceso, los venezolanos estaremos dando muestra de cuán democrático es nuestro talante.

En lo que no cabe duda alguna es que cada elección  es una nueva oportunidad para mejorar la democracia: ¡no la desperdiciemos!

mayora.j@gmail.com

viernes, 14 de septiembre de 2012

Después de las elecciones

 (El profesor del IESA, Carlos Machado Allison, reflexiona sobre el futuro de Venezuela después de las elecciones, y cómo actuará el triunfador y el derrotado de esta contienda. Publicado en el diario El Universal, 11 de septiembre de 2012)
  

Cuando esta nota se publique faltarán tres semanas para las elecciones y estarán lloviendo ofertas, ofensas y promesas. ¿Qué harán el triunfador y el derrotado? En el pasado esto era predecible, el derrotado pasaba a la "reserva" de su partido y tenía la opción de reactivarse cinco años después, seguir siendo dirigente de su tolda política o regresar a su profesión inicial. Alguno optó por el retiro total, pero todos aceptaron los resultados en la tradición del sistema democrático. Uslar Pietri retornó a la literatura, Piñerúa y Caldera a la política, Betancourt, Leoni y Pérez pasaron a ser centro de consultas o referencias obligatorias y hay quienes siguen activos en la vida nacional, como Eduardo Fernández y Andrés Velázquez.

Creo que es predecible lo que haría Capriles, pero no tengo ni la más pálida idea de cual será la conducta de Chávez si, como bien podría ser, resulta derrotado en los próximos comicios. ¿Pasará a retiro? ¿Se transformará en el líder de la oposición? ¿Tomará el último vuelo con rumbo a su amada Habana? Para especular sobre estas cosas hay una pregunta que corre de boca en boca en estos días: ¿Aceptará la derrota como lo hicieron Barrios, Piñerúa, Fernández, Velázquez y Caldera más de una vez? O gritará que su propia gente y sistema lo traicionó? No tengo respuesta porque el hombre y el contexto son diferentes. No forma parte de generaciones como las de 1919, 1928, o la de las juventudes universitarias de 1958, que tenían como norte libertad, los derechos humanos, el combate a la pobreza, el progreso económico del país, la educación y otros valores trascendentales qué luego dejaron más del 90% de la infraestructura y las instituciones del país.

Aquelarre

Acompasado por un costoso aquelarre de símbolos, eventos y pancartas, nos deja una zarrapastrosa administración del erario público: Amuay, Yare, El Rodeo, Cavim, narcotráfico, corrupción, jueces fugados, 19.000 asesinatos por año, centralización del poder, abusos, intimidación, inflación, desabastecimiento, irrespeto a la propiedad privada, abatimiento de la producción y fuga de talento.

En el pasado dominó el respeto entre ganadores y perdedores, no sólo candidatos y dirigentes, sino también entre electores. Excepciones, las había, pero eran eso, casos aquí y allá intolerancia, pero la mayoría, concluida la emocional pugna electoral, retornaba al equilibrio dinámico que caracteriza las democracias. Equilibrio que es ahora más importante que nunca, porque el país debe ser reconstruido, la confianza reestablecida, la honestidad y la justicia, rescatadas. 

Es necesario aumentar la producción y el empleo digno. El daño ha sido enorme, el país está como un mueble abandonado, carcomido y cojitranco. Las instituciones no están en mejor estado que las carreteras, los puentes, las cárceles y la educación: es el legado de casi tres lustros de retroceso. Una juventud sin puentes, ni futuro, harta de la verborrea preñada de ilusiones, sabrá bien por quién votar.

cemacallison@gmail.com

jueves, 7 de junio de 2012

Maquinaciones


(El profesor del IESA, Ramón Piñango, hace un análisis del escenario político-electoral del país, destacando la importancia de respetar la legitimidad de los procesos que se han desarrollado hasta la fecha de cara a las próximas elecciones presidenciales. Publicado en el diario El Nacional el 5 de junio)


Es difícil anticipar, aunque sea de manera penumbrosa, lo que ha de ocurrir de aquí hasta el final del año. Sin embargo, en las últimas semanas los eventos parecen esbozar los rumbos que puede tomar la historia del país, y es bueno escucharlos no sólo para anticiparlos, sino también para tratar de hacer más probable lo que consideramos más deseable.

Los días que vivimos se prestan para torcer el rumbo político que quienes creemos en la democracia nos hemos trazado. Antes de señalar lo que puede estarse engendrando, primero es bueno considerar lo obvio: 1) que hay un candidato unitario opositor cuya campaña progresa; 2) que el Presidente está seriamente enfermo con un cáncer.

De la candidatura de Capriles se dirá lo que se quiera, pero es difícil negar su avance, aunque a algunos les parezca insuficiente. Más aún, los ataques recientes parecen responder al temor de que triunfe. De la enfermedad del Presidente es difícil dudar, aunque parte de la población no crea en ella.

Es innegable que cada vez lo vemos y escuchamos menos. Se trata de un mutis progresivo. ¿Cómo no pensar que, con velocidad creciente, se aproxima el día del mutis definitivo? Esos hechos, por ser claramente constatables, generan maquinaciones nada santas revestidas de amor al país y compromiso con su futuro.

No es un secreto que la grave enfermedad de Hugo Chávez, razón de ser y eje del Gobierno, la revolución y el PSUV, ha destapado ambiciones, conflictos e intrigas de todo tipo. Ni la persona más candorosa puede dudar que la gente del régimen está pensando qué hacer cuando la enfermedad inutilice a su líder o cuando él desaparezca. La candidatura de Chávez es inminente, lo cual complica las cosas.

Si algo le llega a ocurrir al candidato, lo cual es probable, habrá que improvisar un candidato sustituto, y, a estas alturas, cualquier candidato será un improvisado porque los votos no se endosan fácilmente, aunque Chávez lo quiera y así lo proclame. En tal situación es fácil pensar que el PSUV pedirá postergar las elecciones. Argumentará que hay que presentar un nuevo candidato a no menos del 40% del electorado.

Pero las ambiciones, conflictos e intrigas no son rasgos exclusivos del chavismo. El antichavismo tiene también una dosis de estos fenómenos humanos. Los comentarios negativos, hechos públicamente, sobre la campaña de Capriles no pueden ser tomados como simples críticas "constructivas".

Hay una clara intención de minar desde ahora la candidatura del candidato de la oposición. Es más, hay razones para pensar que si su crecimiento es aún mayor, los esfuerzos para disminuirlo o desplazarlo arreciarán. Ya se escucha el comentario de que "no es que Capriles no pueda ganar, sino que el muchacho no va a poder con un país tan enredado... no es mala idea postergar las elecciones y pensar en otras opciones".

Y así comienza la convergencia del chavismo y cierto antichavismo. Por eso las exploraciones de conveniencias mutuas que algunos llaman negociaciones. La idea de postergar las elecciones es parte de un paquete que incluye un gobierno de transición hacia una indefinida fecha electoral. Poco a poco se urde el argumento de que "a ustedes y nosotros nos conviene". Y entre una y otra cosa se mezcla el "hay que negociar para que no nos matemos".

Pero resulta que ese "ustedes" y ese "nosotros" son muy amplios y abusivos. Nadie puede ignorar el voto de más de 3 millones de personas en las primarias. Nadie puede intentar negociar impunemente la postergación de las elecciones del 7 de octubre, por una supuesta conveniencia del interés nacional.

Y lo de la "paz" no es más que un burdo chantaje, utilizado muchas veces por gente que, desde distintos campos de acción, la ha minado.

rapinango@gmail.com

martes, 7 de junio de 2011

Ramón Piñango\Liderazgo en estas circunstancias

El asunto de las precandidaturas de la oposición desató un torbellino de acuerdos y desacuerdos y de egos desmedidos que obliga a plantearnos el tema del liderazgo de manera clara y directa. La difícil y compleja circunstancia que vive el país está a la vista de todos. Si pocas cosas están bien, lo único seguro es que casi todo va a empeorar.

En tal circunstancia, la preventa de las candidaturas presidenciales muestra cosas poco alentadoras: el lanzamiento, a como dé lugar, de jóvenes que se sienten predestinados a ser Presidente, o de no tan jóvenes que se sienten mejor preparados que nadie para serlo; conspiraciones para cerrarle el paso a uno o a otro; grupos políticos que, por creerse superiores al resto, consideran que no tienen que negociar con nadie; la inexistencia de una propuesta concreta y atractiva para la gran población.

Algunos analistas comentan que así es la dinámica política, pero que lo importante es que está en marcha el proceso previsto para escoger el candidato, que las cargas se enderezan en el camino y la unidad triunfará. Pero las cosas no parecen tan sencillas. No puede darse por descontado el triunfo electoral de la oposición en 2012. Chávez todavía cuenta con el respaldo de un sector nada despreciable de la población y con los cuantiosos recursos materiales e institucionales de Estado. Por ello preocupa que la oposición se desgaste en enfrentamientos internos que merman la capacidad de lucha contra el régimen, y que el liderazgo opositor tolere, cada vez menos, las críticas que, con la mejor buena fe, le formulan personas y grupos abiertamente apuestos al actual Gobierno. Tal actitud obliga a hacer tres precisiones en relación con el ejercicio del liderazgo en la Venezuela actual.

Primero, liderar es no es imponerse con trucos baratos, desprestigiando a quienes piensan de otra manera. El más barato de todos los trucos es acusar como parte de la antipolítica a quien critique a los políticos o sus partidos. De esta manera se convierte a entes valiosos como la MUD en una formidable fuerza centrífuga que repele a todo el mundo que disienta de ella.

Segundo, no hay liderazgo que pueda fundamentarse en el desprecio del colectivo que se aspira a liderar: hoy un partido, mañana la oposición y eventualmente el país entero. Y cómo se ejerza el liderazgo en cada una de esas fases servirá para predecir cómo ha de ejercerse en fases posteriores. En tal sentido, el comportamiento de casi todos los aspirantes a ser Presidente no luce muy esperanzador. En el ejercicio del liderazgo para moldear las expectativas de la gente primero hay que reconocerlas. Esto exige una humildad que parece estar muy oculta en estos días.

Tercero, la calidad del liderazgo depende de las exigencias de los seguidores.Luego, la mayor responsabilidad de los ciudadanos es exigir a los líderes políticos el tipo de conducta que consideramos deseable. Podemos comprender las complejidades de los papeles que desempeñan, podemos tener algo de paciencia. Pero ni esa comprensión ni esa paciencia pueden ser desmedidas, porque si lo son atentan contra el fortalecimiento del liderazgo y las organizaciones políticas. En tal sentido, ni la unidad ni la lucha contra el chavismo pueden enarbolarse para proteger a los líderes políticos y su desempeño mediocre, ni mucho menos el argumento de "eso es lo que tenemos".

Que consideraciones como éstas sean tomadas en cuenta dirá mucho de la capacidad de los aspirantes no sólo para ganar las elecciones sino también de su capacidad para gobernar, en una circunstancia inmensamente más difícil que la actual, a un pueblo mucho más impaciente y exigente.

Artículo de opinión
El Nacional, 07 de junio de 2011
www.el-nacional.com
www.iesa.edu.ve

martes, 10 de mayo de 2011

Pedro Palma \\ Surgimiento del líder

La historia está plagada de episodios en los que, de forma súbita e inesperada, surge un líder que, del ostracismo o de ocupar posiciones secundarias, pasa a ejercer funciones de relevancia y alta influencia.Uno de esos casos fue el de Giacomo della Chiesa, un taciturno pero inteligente obispo que, a principios del siglo XX, se perfilaba como un influyente y prometedor miembro de la Curia romana, bajo la tutela del influyente cardenal Rampolla, secretario de Estado del papa León XIII.

A la muerte de este último, en 1903, lo sucedió Pío X, pontífice que no dudó en revertir las progresistas ideas y prácticas de su predecesor, quien había intentado construir un puente entre la Iglesia y los novedosos desarrollos científicos y políticos de la época.El papado de Pío X, por el contrario, se caracterizó por el rechazo al modernismo y por el retorno al fundamentalismo y a la intolerancia de cualquier manifestación progresista, dentro y fuera de la Iglesia.

El brazo ejecutor de esa política retrógrada fue el cardenal español Rafael Merry del Val, quien como secretario de Estado del Vaticano desde 1903 desató una verdadera persecución contra los promotores del modernismo católico, o contra quienes recayera alguna sospecha de inclinación progresista. Para ello se valió de la colaboración de monseñor Umberto Benigni, quien presidía la Soladitium Pianum o Asociación de Pío, una organización destinada a identificar y señalar a religiosos que predicaran o defendieran ideas modernistas, con el fin de neutralizarlos y apartarlos de cualquier posición de influencia dentro de la jerarquía de la Iglesia.

Una de las víctimas de esa persecución fue Della Chiesa, quien por orden de Merry del Val tuvo que abandonar el Vaticano, y fue nombrado obispo de Bologna, donde pasó largos años de práctico ostracismo. A pesar de ser esa una posición que correspondía a un cardenal, Della Chiesa tuvo que esperar largos años para llegar a purpurado, se dice que debido la reiterada oposición de Merry del Val, y no fue sino hasta mayo de 1914 cuando, en el último consistorio presidido por Pío X, Della Chiesa obtuvo el capelo.

Tres meses más tarde, tras la muerte de Pío X, el nuevo cardenal fue elegido papa y tomó el nombre de Benedicto XV.Sus conocidas cualidades diplomáticas, políticas y progresistas, por demás importantes en aquellos álgidos momentos en que se iniciaba la Primera Guerra Mundial, influyeron grandemente en su elección.No tardó Della Chiesa en corresponder el trato a Merry del Val, quien no sólo fue removido de su posición como secretario de Estado, sino que tuvo que abandonar el Vaticano al encomendársele la dirección de una abadía, y perdió así el gran poder que había ejercido.Entonces dijo el nuevo pontífice: "Nosotros perdonamos pero no olvidamos".

Otro ejemplo de surgimiento súbito de liderazgo fue el de Hugo Chávez en la campaña presidencial de 1998. Cuando se lanzó como candidato en los primeros meses de ese año, muy poca gente pensaba que tenía algún chance de ganar y abundaban incluso las expresiones de burla y desmérito por esa candidatura, que era tildada de bufa, sin contenido y sin oportunidad alguna.Las cosas cambiaron en poco tiempo, pues faltando pocos meses para la elección se había transformado en el candidato con mayor chance de ganar, entonces se tomaron muy en serio su candidatura y los planteamientos que hacía el aspirante.

Debido a estos ejemplos, y a otros tantos que nos enseña la historia, estoy convencido de que la reiterada preocupación de muchos opositores al gobierno del presidente Chávez, en el sentido de que no existe el líder que se le pueda enfrentar y ganar la elección de 2012, no tiene mayor fundamento.Siempre he dicho que los líderes aparecen en el momento en que deben aparecer, y se posicionan sólidamente para alcanzar los objetivos que persiguen. Por ello creo que eso será lo que veremos en el futuro inmediato.

Artículo de opinión
Publicado el lunes 9 de mayo de 2011
www.iesa.edu.ve
www.el-nacional.com

lunes, 11 de octubre de 2010

Pavel Gómez \\ Delirium Tremens

Estos últimos días nos han regalado sorpresas de las deseables. No sólo es cosa de los números electorales, ni de los grandes giros de la política corriente. En tiempos de tanta precariedad, de tanta timidez de los buenos gestos, de tanta costumbre de permanecer rumiante en una sabana que por la simple brisa se desnuda en desierto, es dable celebrar los pequeños signos, los casi imperceptibles, los que pasan como desapercibidos en la tormenta.En este aguacero, el ruido oculta los pequeños giros, los gestos chicos que parecen imperceptibles. Pero si nos ponemos atentos, descubrimos un mazo golpeando el gong de nuestra política doméstica.

Hoy quiero referirme a dos de estos gestos, que han pasado por debajo de la mesa de los estrépitos que pueblan los portales de noticias y la bulla intermitente de los programas de radio y televisión. Lo que me resulta curioso es que he encontrado dos detalles, que quiero tomar como elocuentes y prometedores, a ambos lados del espectro político. El primero de estos fue la declaración de la "mesa de la unidad democrática", ofrecida justo en las horas tensas que vivió Ecuador, la cual rechazaba que "las confrontaciones de orden político sean resueltas por vías de hecho", y hacía votos por que el presidente Correa reapareciera "en el ejercicio pleno de sus funciones".

Esto, que rápidamente fue barrido por el caudal de información que vomitan a diario los medios, no es poca cosa. Este "detalle" es un hito en la política doméstica. El gesto del contundente apoyo a Correa es un giro notable y celebrable de una concepción política que hasta hace poco pasaba agachada en ciertos temas, que guardaba silencio frente a manifestaciones antidemocráticas, siempre que el presidente Chávez estuviera "en la acera del frente". Esto es parte de la rectificación que algunos sectores de la oposición le adeudan al país, por su conducta en el golpe de abril del 2002 y en el paro petrolero de diciembre de ese mismo año.

Ya era hora de que se revelara una visión que bien puede leerse, al interior de la oposición, como la derrota de unos o como la rectificación de otros. Ya era tiempo. Los cambios ocurridos al interior de la coalición opositora deben dejar de ser subrepticios para asumir la contundencia de los símbolos, la consistencia en el discurso y la elocuencia del lenguaje. Demasiado alto ha sido el costo de aquella política basada en el desconocimiento del otro, en la intención de aniquilar al contrario político, que durante un tiempo marcó la postura opositora.Ya es harto sabido que esa política le hizo el juego a la consolidación hegemónica del oficialismo.Tampoco hay que engolosinarse ni sobredimensionar esto.

La vocación autoritaria, la visión totalizadora y hegemónica no es patrimonio de un sector. Más bien, la consolidación en el poder de ese sector habla del sustrato autoritario de la sociedad venezolana, de la búsqueda permanente de héroes, de la sumisión ante jefes, del sueño con voz de mando y hombres fuertes.El otro signo esperanzador, ocurrido al otro lado del espectro político, es un detalle contenido en uno de las más interesantes evaluaciones de los resultados electorales que he leído hasta ahora. Me refiero al análisis realizado por Edgardo Lander, profesor de sociología de la UCV y uno de los más importantes teóricos de los cambios que vive Venezuela desde 1999. Lander ha escrito en los primeros días de octubre un ensayo titulado "¿Quién ganó las elecciones parlamentarias en Venezuela? ¿Estamos ante la última oportunidad de debatir sobre el rumbo del proceso de cambio?".

Más allá del análisis de los resultados electorales, y de la muestra de las contradicciones que existen en el seno del oficialismo, lo que me llamó la atención del análisis de Lander fue, de nuevo, un detalle casi imperceptible. Cuando Lander habla de los principales problemas que enfrenta el proyecto bolivariano, se refiere a la relación entre el petróleo y el modelo productivo. Allí, invoca un debate sobre la sobrevaluación cambiaria y la relación de esta con la propensión a importar y con la desindustrialización del país. Esto en boca de cualquier otro sería un lugar común. Pero en boca de un intelectual de la izquierda oficialista puede ser leído como el comienzo de la aceptación de que los incentivos importan, de que el voluntarismo anticapitalista es una especialización en estrellarse contra rocas.

Si algo le falta a cierta izquierda es comprensión y aceptación del rol de los incentivos en la conducta humana. Sin comprensión de los incentivos económicos detrás de los problemas no hay agricultura, ni consejos comunales, ni aeropuertos, ni distribución de alimentos que pueda funcionar con un grado aceptable de eficiencia. Sólo habrá ruina y más guisos y alcaldes millonarios y ministros millonarios y amigos y familiares millonarios. Lo mismo del último siglo de historia patria, pero ahora adornado con lentejuelas ideológicas.

Artículo de opinión
Tal Cual, 11 de Octubre de 2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Carlos M. Allison \\ Hay que derrotarlos

De acuerdo a ciertos analistas la mayoría de los venezolanos quiere una Asamblea plural y un país con menos polarización y más diálogo. Pero para tener una Asamblea diversa y no los corifeos que hoy tenemos, es necesario tomar una posición firme. Para ello hay que derrotar a los candidatos del PSUV. La diferencia estriba en que los opositores vemos a los candidatos y seguidores de este partido como adversarios, mientras que ellos nos ven como enemigos a los que hay que borrar de la faz de la tierra sin contemplaciones. Así que para que exista un espacio para todos, hay que derrotar al Gobierno y su partido.

El PSUV seguirá insistiendo en dividir a los venezolanos entre patriotas y apátridas, tratará de mantener el vínculo emocional que su amo genera a través del control de los medios porque para preservar su descompuesto poder, les resulta indispensable tener el control de la Asamblea. No para gobernar mejor, cosa que evidentemente no saben hacer, sino para impedir que exista una oposición que, en nombre del pueblo, ejerza la urticante función contralora, presupuestaria y legislativa que tanto les duele a los malos gobiernos. El país, cierto es, no necesita mayor polarización, como tampoco necesita una mayor tasa de criminalidad, desempleo, inflación y destrucción del sistema educativo. Pero sí que necesita un sistema de control participativo que impida una mayor destrucción de la economía, la propiedad privada, el tejido social, los valores y las instituciones.

Una Asamblea con elevada participación opositora es un dique poderoso para impedir más destrucción.VotaVotaremos aunque el Gobierno use todos sus recursos y a los sumisos jefes de los poderes del Estado, sordos ante el clamor de justicia y equidad, complacientes ante la barbarie que los alimenta. Vota para que no haya impunidad como en los casos de Pdval y del señor Brito. Haz realidad las encuestas, que casi todas coinciden, señalando que la mayoría está harta del mal gobierno y de la avalancha de mentiras que intentan justificar la criminalidad, la inflación, los apagones, la destrucción del sistema educativo, la falta de empleo decente, la carencia de viviendas y el pésimo estado de los servicios.

En algún poblado del interior será posible manipular o fraguar resultados, pero no en la gran mayoría de los centros poblados donde está el 90% de los electores y la organización para vigilar el resultado. Las encuestas señalan que el 70% acudirá a las urnas y que más del 60% piensa que este es un mal gobierno. Si la oposición logra superar el 55% de los votos y sin importar cuántos diputados se elijan, el PSUV sufrirá una derrota mayúscula.No te quedes en tu casa. Ve a votar y escoge entre la barbarie o la civilización del siglo XXI. Vota alegre por el futuro. Que la madre vote por el futuro de su hijo y el hijo por el bienestar de su madre, vota para que tú y los 500.000 venezolanos que nacerán éste año tengan una vida mejor. Deja de llorar por el pasado.

Artículo de opinión
Miércoles, 15 de septiembre de 2010

miércoles, 17 de febrero de 2010

Carlos Machado Allison \\ María la del barrio existe

María es un personaje real. Tiene 45 años, cuatro hijos de dos compañeros de vida que ya no están con ella. El primero murió de una afección intestinal cuando tenía tres años y el segundo está paralítico como resultado de una bala perdida. La hija mayor trabaja como doméstica y la menor, a veces, va a la escuela. Viven en un barrio, resultado de una reciente invasión, como a un kilómetro de la vía hacia El Junquito. No cuentan con agua, electricidad o cloacas, ni escalinata como en los barrios “consolidados”. Con otras vecinas buscan a alguien que tire un cable desde un poste que está como a 300 metros.

El sueldo de la hija no alcanza para comer, menos para vestirse o adquirir las medicinas que requiere el hijo paralítico, arreglar los numerosos dientes con caries y menos para la intervención quirúrgica que necesita María con urgencia. Comen arepas y pasta, a veces con salsa de tomate o margarina.

María le da las gracias al Gobierno porque no la han sacado de su vivienda de latas y palos y, además, en las últimas elecciones votó por el PSUV porque la llevaron en un camión, le dieron un paquete de comida y 40 bolívares como premio por traer a los dos hijos que están en edad de votar. Acuden a una casa de alimentación y, aunque la caminata es larga, también ha logrado llegar a un módulo de Barrio Adentro donde una enfermera cubana le recetó y le regaló unas medicinas.

María no entiende mucho de marchas, protestas, estudiantes o derechos humanos. Tampoco sabe qué es seguridad, soberanía alimentaria o socialismo. Apenas cursó tres años de primaria y nunca ha tenido ni empleo formal ni derechos de ninguna clase. Sabe de lavar y planchar, pero no es hábil en eso de pedir, y un cura le metió en la cabeza que robar era malo.

Sabe que hay Gobierno y oposición y que en los tres sitios en que ha vivido, han aprobado “proyectos” para poner agua y vivienda, pero no ha visto que ninguno termine o que la beneficie a ella. Alguien le metió en la cabeza que eso no es culpa del comandante, sino de quienes lo rodean. Conoció a uno de esos, dizque líder comunal en la Panamericana que montó una empresa pirata, abrió un hueco, puso dos tubos y desapareció.

María nunca ha visto a ningún líder opositor y a pocos del Gobierno. Tiene esperanzas limitadas, no espera gran cosa en esta vida, pero quisiera que alguien cuidara a su hijo cuando ella ya no esté y que sus dos hijas vivan en un lugar mejor. Su mayor ambición es una casita cerca del kilómetro 13. No está contenta con el Gobierno porque no le cumplió y la vida está muy cara. En su corazón busca a alguien que le dé alguna esperanza.

Una de las vecinas, Rosita para más precisión, logró conseguir una beca para su hija a pesar que la jovencita no estudia, y ofreció presentarle al que le consiguió la beca, eso sí, hay que pagarle el primer mes cuando la cobren. Como María hay más de seis millones de venezolanos.

¿Quién obtendrá el voto de María y de sus dos hijos?

Artículo de opinión
Martes, 16 de febrero de 2010
www.eluniversal.com
cemacallison@gmail.com