martes, 14 de agosto de 2012

El fin del poder

(Moisés Naím comenta que el calentamiento global, la crisis de la Eurozona y las masacres en Siria son una manifestación de una tendencia que va más allá de ellas: el fin del poder, que  significa que el poder se ha hecho cada vez más difícil de ejercer y más fácil de perder. Publicado en El Nacional, el 31 de julio de 2012)

¿Qué tienen en común el calentamiento global, la crisis de la Eurozona y las masacres en Siria? Que nadie tiene el poder de detenerlas. Cada una de estas situaciones ha venido deteriorándose ante los ojos del mundo. Las tres implican graves peligros y el sufrimiento de millones de personas. Sobre las tres hay ideas acerca de lo que se debería hacer. Y no pasa nada. Hay reuniones de ministros, cumbres de jefes de Estado, exhortaciones de personajes eminentes, líderes sociales, políticos y académicos. Nada. Los medios nos dan angustiosas dosis de noticias que confirman que cada una de estas crisis sigue su rauda carrera al despeñadero. ¿Y…? Nada. No pasa nada.

Es como ver una película a cámara lenta, en la que un autobús lleno de pasajeros corre hacia el precipicio y su conductor no frena ni cambia de dirección. El problema es que somos los protagonistas de esa película; en ese autobús viajamos todos. En el mundo de hoy todos somos vecinos y lo que pasa en otra casa —por más remota que parezca— nos termina afectando.

Pero mi metáfora es defectuosa. Supone que hay un conductor, y que los frenos y el volante del autobús funcionan. Sobre todo, supone que hay un conductor con el poder de frenar o de cambiar de rumbo. Basta con que lo quiera hacer.

Pues resulta que no es así. Para estas tres crisis —y muchas otras que nos amenazan— no hay un solo conductor, sino muchos. Y su número está creciendo. Cada vez hay más conductores, o aspirantes a conductores, que si bien no tienen el poder de decidir en qué dirección y a qué velocidad debe marchar el autobús, sí tienen el poder de impedir que se tomen decisiones con las que no están de acuerdo.

Rusia y China no pueden solucionar la crisis en Siria. Pero sí pueden vetar los intentos de otros países o de Naciones Unidas para detener las matanzas. Los líderes de las naciones europeas sumidas en una grave crisis económica no pueden enfrentarla con éxito sin la ayuda de otros países y entidades como el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional.

Pero si bien ni Angela Merkel ni los organismos financieros internacionales tienen el poder de solventar la crisis económica de Italia, España o Grecia, sí pueden bloquear el juego. El problema del autobús europeo es que hay demasiados conductores y ninguno tiene suficiente poder para imponer el rumbo.

Lo mismo sucede con el calentamiento global. La abrumadora evidencia científica confirma que la actividad humana está calentando el planeta, lo cual a su vez produce variaciones extremas de frío y calor, de lluvias y sequías y otros cambios traumáticos en el clima. Si no disminuyen las emisiones de ciertos gases, las consecuencias para la humanidad serán desastrosas. Y si bien para algunos es fácil ignorar la tragedia siria por muy remota o la europea por ajena, es imposible ignorar los efectos del cambio climático sobre todos nosotros y las generaciones que nos seguirán.

Estas tres crisis son una manifestación de una tendencia que va más allá de ellas y moldea muchos otros ámbitos: el fin del poder. Esto no significa que el poder vaya a desaparecer o que ya no haya actores con inmensa capacidad para imponer su voluntad a otros. Significa que el poder se ha hecho cada vez más difícil de ejercer y más fácil de perder. Y que quienes tienen poder hoy están más constreñidos en su uso que sus predecesores.

El actual presidente de Estados Unidos (o de China) tiene menos poder que quienes le precedieron en ese cargo. Lo mismo vale para el Papa, el jefe del Pentágono o los responsables del Banco Mundial, Goldman Sachs, The New York Times o cualquier partido político.

Vladímir Putin tiene hoy más restricciones como presidente de Rusia de las que tenía en su primer mandato o incluso como primer ministro, durante el turno que le dio a Dmitri Medvédev para que le cuidara la silla. Lo mismo sucede con Mahmud Ahmadineyad o Hugo Chávez: hoy su poder —que es aún enorme— es más precario que antes.

El fin del poder es, en mi opinión, una de las principales tendencias que definirá nuestro tiempo. Sé que es una tesis controvertida y es el tema de un libro que he estado escribiendo y que debo terminar pronto. Por eso, esta será mi última columna por un tiempo. Gracias por leerme.

@moisesnaim

lunes, 13 de agosto de 2012

El pesimismo de la banca con Venezuela

(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, afirma que los reportes de la banca internacional se han puesto más pesimistas en relación con Venezuela y sostiene que las dos únicas estrategias que existen para ajustar el déficit en que se ha incidido en 2012 serían una macro devaluación y tratar de influir en la OPEP sobre un recorte de producción. Publicado en El Universal, el 3 de agosto de 2012)

Los reportes de la banca internacional se han ido poniendo cada vez más pesimistas en relación con Venezuela. Este es un hecho que resulta todavía más curioso cuando uno se da cuenta que muchos de los que contribuyen con esas notas son analistas venezolanos. Uno infiere (en algunos de estos reportes está explícito, en otros no) que ese pesimismo viene halado por su expectativa de una nueva victoria oficial en las elecciones de octubre. Pero no siempre es así.

Yo he sostenido en otra parte que las dos únicas estrategias que tendría disponibles la revolución para ajustar el colosal déficit en que ha incurrido en 2012 serían una macro devaluación y tratar de influir en la OPEP sobre un recorte de producción. En esto último ha demostrado ser muy poco exitosa.

Por el lado de las cantidades tampoco parece haber oportunidad. De hecho, Venezuela es el único país que se mantiene por debajo de su cuota OPEP. Nuestra producción ha caído en 22% en catorce años, mientras el resto de nuestros socios OPEP aumentaban 14%. Algunos de nuestros amigos en la región, Brasil (119%) y Ecuador (32%) también han incrementado significativamente su producción.

La revolución, que ha venido prometiendo desde el plan Siembra Petrolera de 2005 la expansión de nuestra producción a 5.8 millones de barriles día, llega a 2012 boqueando con algo menos de tres. Siendo así, sólo le queda disponible una devaluación, que las bancas han estimado entre 50% y 75%, para cuadrar las cuentas fiscales. Esta magnitud aún no corregiría el desajuste, lo que obligaría a recortes del gasto adicionales y más endeudamiento. En esas circunstancias, me llama la atención que, por citar un ejemplo, Nomura crea que el producto caería sólo 1%, dada la larga historia de devaluaciones contractivas de nuestro país.

La oposición tiene un margen de maniobra muchísimo más amplio de ganar las elecciones de octubre. Tiene la posibilidad de aumentar de forma inmediata el flujo de caja de Pdvsa, suspendiendo los subsidios que hoy totalizan un equivalente a 182.000 barriles diarios o 6.600 millones de dólares.

Puede aumentar la producción en un horizonte de un año en unos 200.000 barriles diarios, con inversiones mínimas en mejoradores que ya están ahí, lo que representaría otros 7.300 millones de dólares adicionales. Puede inscribir esta acción dentro de un plan de expansión similar al que el Gobierno nos ha prometido hasta en cuatro ocasiones diferentes desde 2005, que lleve nuestra producción efectivamente a la vecindad de 6 millones de barriles día.

Más aún, la oposición puede generar un cambio de expectativas, atraer inversión a través del desarrollo de un plan de política económica y social consistente, reduciendo así la prima de riesgo que hoy le exigen a Venezuela los mercados internacionales. Como resultado de estas políticas, el ajuste no sólo sería menos traumático, sino aun tendría posibilidades de ser expansivo.

Lo demás, que nadie se engañe, es seguir devaluando y seguir endeudando a la República, a tasas cada vez mayores, hasta que el flujo de caja se agote y se haga inminente un evento de default. De seguir al ritmo que trae la revolución, no es cuestión de si ocurrirá, sino más bien de cuándo.

@miguelsantos12

viernes, 10 de agosto de 2012

En deuda con la educación inicial

(El Presidente del Consejo Directivo del IESA, Gustavo Roosen, reconoce que a pesar del compromiso demostrado por el empresariado venezolano para la conformación de instituciones de educación superior de gran valor para la sociedad, hay una deuda pendiente con la educación inicial, fundamental para la transformación del país. Publicado en el diario El Nacional el 6 de agosto de 2012)

El tema de la educación nunca está de vacaciones. Al contrario, la pausa entre un curso lectivo y otro debería ser tiempo de reflexión, de evaluación, de planificación, de preparación. Tiempo para preguntarse por los asuntos fundamentales. Uno de ellos, con seguridad, el de la educación inicial.

Ése fue precisamente el tema sobre el que compartimos criterios y preocupaciones en el reciente encuentro del Dividendo Voluntario para la Comunidad, DVC, nacido en los albores de la democracia, como Fe y Alegría, el IESA, la Universidad Metropolitana, el Centro Médico-Docente de la Trinidad y otras tantas organizaciones creadas por empresarios con un alto sentido nacionalista y de responsabilidad social. Todavía vigente gracias a una buena gerencia, una sostenida tradición de apoyo social y el compromiso renovado de las generaciones de relevo, el DVC ha volcado su sentido de responsabilidad social a los objetivos niñez y educación.

Se inscribe así en lo que debería ser el gran reto nacional de transformar el país desde la educación, una de cuyas primeras metas no puede ser otra que lograr la cobertura universal de los niños menores de 6 años, es decir los incluidos en las etapas maternal y preescolar, primer nivel de la educación básica según se establece en el artículo 25 de la Ley Orgánica de Educación vigente.

Consagrada constitucionalmente la obligatoriedad de la educación maternal y preescolar (artículo 103 de la Constitución) la realidad dista mucho de su cumplimiento. Para el año 2011 apenas el 37,5% de los niños entre 0 y 6 años y solo el 13% de los menores de 3 eran atendidos por algún programa educativo, datos que evidencian el tamaño del abandono y de la deuda con esta vulnerable porción de la población.

Relegada o poco atendida en las políticas públicas, la educación inicial ha venido imponiéndose en las conciencias como unas de las claves del desarrollo de las personas y de la sociedad. Abundan la literatura y las demostraciones sobre la importancia de los primeros años para el desarrollo afectivo y cognitivo de la persona y para su integración social.

Asegurarla para todos es el primer paso para comenzar a hacer efectiva la igualdad de oportunidades y reducir las causas de la pobreza. La inversión en educación temprana, ha dicho James Heckman, Premio Nobel de Economía (2000), promueve equidad y justicia social, a la vez que favorece la productividad.

Para los integrantes del Foro Cerpe, preocupados por la brecha entre lo establecido en la Constitución y la realidad de nuestro sistema educativo, la atención prioritaria a la educación inicial forma parte esencial de su propuesta para transformar el país con la aplicación de un sistema educativo de calidad en todos sus niveles.

Nunca será suficiente lo que se haga para atenderla debidamente, para mejorarla en cantidad y calidad, para formar a quienes deben ocuparse de ella, para aplicar los mejores métodos y criterios, para interesar e involucrar a toda la sociedad. Siempre debió ser una prioridad. La realidad presente la hace todavía más apremiante. La transformación de la pirámide poblacional venezolana, que a partir de 2015 mostrará una reducción de la población menor de cinco años, debería ser una nueva razón para incrementar la inversión en programas dirigidos a la atención temprana de nuestros niños.

Frente al derecho humano y constitucional que significa la educación inicial es clara la responsabilidad del Estado, obligado a respetarlo, protegerlo, satisfacerlo y garantizarlo, pero también la de la sociedad y de la familia, responsables de exigirlo y de unir esfuerzos con el Estado para alcanzarlo.

Se trata de hacer efectiva esa "tríada solidaria entre sociedad, familia y Estado" planteada en la Constitución de 1999 para asegurar la realización de los derechos sociales. Si en algún ámbito es especialmente indispensable el funcionamiento de esta triada es en el de la educación. La iniciativa del DVC de centrar su estrategia de Responsabilidad Social en la educación inicial se enmarca en este esfuerzo compartido.
nesoor@cantv.net

Innovar en Venezuela


(La profesora del IESA, Nunzia Auletta, contrasta dos cifras del Monitor Global de Emprendimiento. Se evidencia, por una parte, el poco "aporte en innovación" del emprendimiento en Venezuela y, por otra, la alta "eficiencia en la aplicación de la innovación". Esta aparente contradicción encuentra respuesta en la capacidad creativa del venezolano a pesar de la ausencia de políticas que incentiven el progreso y la innovación. Publicado en el diario El Mundo Economía&Negocios el 1 de agosto de 2012.)


"El potencial creativo de nuestros emprendedores es un talento que podríamos aprovechar si hubiera la voluntad política de estimular los procesos de innovación en el país."

En nuestra experiencia de formación de emprendedores nos encontramos con hombres y mujeres llenos de pasión, con capacidad de moverse en un entorno volátil, actuar de manera rápida, no parar ante las dificultades y buscar soluciones creativas a los problemas. La inventiva y creatividad criolla son, sin duda, unos de nuestros principales activos, que nos gustaría ver plasmados en procesos de innovación más estructurados y de mayor valor agregado. Lamentablemente, no siempre es así.

Como confirma el estudio del GEM 2011 (Monitor Global de Emprendimiento), de los dos millones y medios de emprendedores que están comenzando empresas en nuestro país, solo el 18,8 % plantea ofertas innovadoras para sus potenciales clientes, comparado con un 55 % en Chile, un 44% en Perú y un 34% en Argentina.

Esta imposibilidad de generar innovaciones y transformar la creatividad en implantación exitosa de iniciativas, puede ser atribuida a situaciones estructurales de nuestro entorno económico y de negocios. De hecho, en el recién publicado Global Innovation Index 2012, basado en el análisis de los factores que estimulan la innovación -como son las instituciones, el capital humano, la infraestructura, la investigación, la sofisticación del mercado y el ambiente de negocios- y de los resultados de la misma, Venezuela aparece en el lugar 118 de 141 países, último en América Latina, seguido solo por países africanos y asiáticos cuyo nivel de desarrollo económico ha sido históricamente muy inferior al nuestro. Resulta interesante además observar que entre nuestros vecinos continentales, los más cercanos son nuestros “hermanos” de Nicaragua (105) y Bolivia (114).

Pero, veamos con más detalle los resultados. En cuanto a las instituciones nos encontramos en el lugar 140, debido a un entorno regulatorio, con una espeluznante combinación de mala calidad de las leyes y escasa aplicación de las mismas, así como un entorno de negocios en el cual es difícil comenzar nuevas empresas y cumplir con requerimiento financieros y fiscales.

Similar es la situación de la sofisticación de mercado, donde tocamos el piso (141) en cuanto a la protección de la inversión, desarrollo del mercado de capitales e inversionistas de riesgo, así como en los aspectos de facilidad de obtener créditos y su disponibilidad, con la honrosa excepción de los microcréditos (76). El mejor resultado lo obtenemos en el factor de capital humano (33), con altas tasas de estudiantes matriculados en la educación superior  y buenos resultados en la escala PISA, la cual mide la calidad del aprendizaje en lectura, matemáticas y ciencias. Particular atención merece el indicador de sofisticación de negocios, en el cual quedamos en el lugar 48, es decir, en la misma liga de países como Brasil (42) y por encima de Perú (59), Colombia (68) y México (87), entre otros de la región.

Entre los factores que nos favorecen se encuentra, en primer lugar, el compromiso de las empresas en el entrenamiento de su personal (18), así como la intensidad de empleo de trabajadores del conocimiento, la importación de servicios de computación y telecomunicaciones, y el número de jóvenes que toman el test de GMAT, estándar internacional para la admisión en escuelas de negocios, y el resultado promedio del mismo.

Curiosamente, nuestra posición general en el ranking varía de manera importante al considerar el índice de eficiencia de innovación, en el que ocupamos el lugar 42 en la misma muestra. ¿Qué explicación hay de esto? Este indicador refleja la relación entre los factores que estimulan la innovación y los resultados de la misma, divididos en aspectos científicos y tecnológicos, y aspectos creativos.

En dos platos, lo que esto quiere decir es que en razón de la escasez de factores de estímulo, nuestros resultados de innovación, en particular en los aspectos creativos, están muy por encima de lo esperado. Ello evidencia un enorme potencial no solo desaprovechado, sino sistemáticamente castrado por políticas que nos alejan de los estándares de progreso e innovación mundial.

Invertir la tendencia descendiente en nuestra posición global de innovación, sin duda no es una tarea fácil, pero los indicadores nos dan claras direcciones de lo que habría que resolver. Mientras tanto consolémonos con saber que tenemos mucho talento humano, tanto emprendedor como empresarial, más de lo que nuestros gobernantes han querido comprender y aprovechar.

Nunzia Auletta, Directora del Centro de Emprendedores IESA
@nunziaauletta

miércoles, 8 de agosto de 2012

Atender a los sectores populares


(La Psicóloga Social y Profesora del IESA, Silvana Dakduk, asegura que debido a los prejuicios existentes sobre los sectores populares y la creencia de que deben ser atendidos por el Estado y por instituciones sin fines de lucro, éstos no han sido servidos adecuadamente por el sector privado. Plantea la necesidad de asumirlos como un mercado atractivo, rentable y de grandes oportunidades. Publicado en el diario El Universal el martes 7 de agosto de 2012)


Cuando pensamos en retos para el desarrollo de negocios en Venezuela y América Latina, es inevitable pensar en los sectores populares, ya que constituye uno de los segmentos más importantes en tamaño y oportunidades para toda la región.

Aunque los países latinos han hecho esfuerzos por aumentar su crecimiento económico y mejorar su desempeño en indicadores sociales, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, solo 7 de 18 países podrían reducir sus niveles de pobreza a la mitad para el 2015, en seis continuaría disminuyendo sin llegar a la meta, y en los cinco restantes, entre ellos Venezuela, se prevé un incremento. Esto implica que la base de la pirámide poblacional representa más de la mitad de los habitantes de los países latinoamericanos.

A pesar de su gran tamaño y potencial, estos sectores a nivel global han sido percibidos como personas que deben ser atendidas por el Estado, empresas públicas, instituciones sin fines de lucro y los programas de responsabilidad social de las empresas, y no como un mercado atractivo, rentable y de grandes oportunidades.

Un aspecto distintivo de las investigaciones acerca de los sectores populares es que el interés se ha centrado en sus conductas, y excepcionalmente en las actitudes y creencias que otros grupos de la sociedad tienen acerca de ellos. Considerando el peso relativo de esta población, es cuestionable la poca importancia que se ha otorgado en América Latina a las implicaciones que los rasgos atribuidos a estas personas han ejercido para perpetuar o erradicar sus oportunidades de mejora; especialmente, las atribuciones que provienen de actores con influencia social, como son las organizaciones políticas, el sector público y el sector empresarial.

Una de las consecuencias más importantes de este trato hacia los sectores menos favorecidos, es que no han sido servidos por el sector privado de manera apropiada. En el intento por atenderlos, un error común del sector privado es un amplio y profundo desconocimiento de esta población, aunado al predominio de prejuicios y sesgos de su conducta de consumo.

Un mito ampliamente difundido es que el consumo de los pobres es aspiracional. El cumplimiento de aspiraciones es una condición inherente a la conducta de consumo y no a la clase social, pues tanto ricos como pobres adquieren bienes y servicios no por lo que son, sino por lo que esos bienes y servicios les permiten lograr en su vida cotidiana.

Para sacar este país adelante es importante reflexionar sobre las experiencias de países y organizaciones que han tenido éxito sirviendo a los sectores populares. Lo común a muchas de estas iniciativas es que se tomaron el tiempo para conocerlos y se liberaron de los prejuicios que condicionaban su percepción hacia estos mercados, lo que abonó el terreno para que pudieran desarrollar ofertas innovadoras y específicas para ellos. En Venezuela es hora de cambiar, pues todo indica que nosotros mismos hemos sido nuestros peores enemigos a la hora de atender a quienes más lo necesitan.

Psicóloga Social y profesora del IESA

Silvana.dakduk@iesa.edu.ve

jueves, 2 de agosto de 2012

Cuentas en moneda extranjera

(El economista y profesor del IESA, Pedro Palma, analiza las implicaciones que tendrá la autorización de crear cuentas bancarias en moneda extranjera en los bancos locales en el sistema cambiario venezolano. Publicado en el diario El Nacional, el 30 de julio de 2012)

El nuevo convenio cambiario número 20 autoriza a empresas extranjeras asociadas con el Estado, así como a personas naturales o jurídicas residenciadas o domiciliadas en el país, a mantener cuentas bancarias en moneda extranjera en los bancos locales. Esta decisión tendrá, o podrá tener, una serie de implicaciones importantes. Así, las empresas extranjeras podrán recibir fondos del exterior y convertirlos en moneda local al tipo de cambio oficial, con el fin de obtener los bolívares que requieren para sus operaciones.

Esto podría traducirse en una mayor oferta de dólares proveniente del exterior, aunque de carácter marginal, pues el financiamiento de las operaciones y proyectos que desarrollan estas empresas tiende a ser local.

Sin embargo, de ser ciertos los rumores de que algunas de estas empresas venden en el mercado negro parte de los dólares que reciben del Estado, con el objetivo de obtener muchos más bolívares que si los vendieran al BCV al tipo de cambio oficial, con esta nueva normativa se pudiera tratar de evitar esa práctica ilícita, porque la autoridad monetaria tendría un control más directo de los dólares que entren o salgan de esas cuentas locales en divisas. No obstante, ello podría traducirse en una restricción de oferta en ese mercado paralelo y en una mayor presión al alza del tipo de cambio libre, ensanchándose así la brecha entre los tipos de cambio oficiales y el negro, implicando esto más presión inflacionaria e incentivos aún mayores de obtención de divisas preferenciales a través de prácticas ilícitas, lo que entrabaría aún más el ya enrevesado control cambiario.

Con respecto a las personas naturales, la nueva normativa podría permitirle a muchos residentes tener acceso a dólares preferenciales que antes no podían adquirir por no tener una cuenta en el exterior, lo cual es algo positivo.

Sin embargo, esto, además de incrementar la demanda de divisas, podría incentivar prácticas ilícitas a través de la apertura masiva de cuentas bancarias en moneda extranjera para obtener dólares preferenciales que se transfieran a cuentas en el exterior de personas que aportan los bolívares para la realización de las operaciones, por lo que los titulares de las cuentas locales servirían como simples intermediarios. Algo muy parecido a lo sucedido con los cupos de Internet y de viajeros que ha otorgado Cadivi.

Otro aspecto novedoso de la nueva norma cambiaria es que Pdvsa podrá utilizar 5% del saldo promedio mensual que mantenga en moneda extranjera producto de sus exportaciones, para adquirir bonos denominados en dólares emitidos por la República o por sus entes descentralizados, papeles que después serán negociados por medio del Sitme. Con ello se busca, por una parte, elevar la oferta de divisas que se pueden adquirir a través de este sistema administrado por el BCV y, por la otra, permitirle a Pdvsa captar más bolívares por los dólares que vende localmente, ya que obtendría 5,30 bolívares por dólar en vez de los 4,2893 bolívares que recibe al venderle esas divisas al BCV.

De ser ciertos los rumores de que Pdvsa vende dólares en el mercado libre por medio de intermediarios, el mecanismo propuesto podría buscar impedir esas prácticas, haciendo que la empresa estatal vea más bien reducido su ingreso en bolívares por la venta de sus dólares, situación que complicaría aún más sus restricciones de caja.

Esto, a su vez, constreñiría la oferta en el mercado libre y elevaría el precio del dólar que allí se transa.
Adicionalmente, tienen razón los bancos al decir que las nuevas cuentas les implicarán un aumento de sus pasivos en divisas, debiendo también aumentar paralelamente sus activos en moneda extranjera, por lo que deben flexibilizarse los límites hoy existentes en esta materia.

Como se ve, la aplicación de las nuevas normas, si bien pueden generar beneficios, también pueden acarrear problemas que enreden aún más las cosas de lo que ya están.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿Para qué sirve un ex presidente?

(Moisés Naím contrasta las acciones tomadas por los ex presidentes de Brasil, Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva, para responder a la interrogante para qué sirve un ex presidente. Publicado en El Nacional el 24 de julio de 2012)

Según el viejo chiste, los ex presidentes son como jarrones chinos: todo el mundo dice que son muy valiosos, pero nadie sabe qué hacer con ellos. Y muchos jefes de Estado tampoco saben qué hacer una vez dejan de serlo. Algunos, como Bill Clinton, mantienen una actividad frenética; otros, como Vladimir Putin, se las arreglan para no dejar nunca el poder y otros, como Silvio Berlusconi, dedican su pos presidencia a preparar el regreso.

En estos días, dos eventos protagonizados por dos ex presidentes ilustran formas muy distintas de asumir el papel de ex. El contraste de sus actuaciones no ha podido ser más extremo y aleccionador. Se trata de los dos ex presidentes más famosos -y exitosos- de Brasil: Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva. Cardoso ganó el premio más importante del mundo en ciencias sociales: el Kluge, otorgado por la Biblioteca del Congreso de EE. UU.

El jurado enfatizó que el premio reconocía los aportes intelectuales de Cardoso, un prestigioso sociólogo antes de entrar en la política. Este hizo contribuciones pioneras al análisis de la desigualdad y el racismo en el subdesarrollo. Y fue el padre de la famosa Teoría de la Dependencia, que sostenía que el subdesarrollo era en parte causado por los países más ricos y las relaciones de explotación que mantenían con los países pobres. Idea popular en los 70 y 80, ha perdido vigencia y él mismo reconoce que sus conclusiones ya no son válidas.

Casi al tiempo con el galardón de Cardoso, Lula intervenía por videoconferencia en la reunión del Foro de São Paulo, agrupación de la izquierda latinoamericana fundada con el auspicio del Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) en 1990. A los asistentes Lula les dijo: "Solo con el liderazgo de Chávez el pueblo realmente ha tenido conquistas extraordinarias. Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad. Esas conquistas deben ser preservadas y consolidadas. Chávez, cuente conmigo, cuente con el PT, cuente con la solidaridad y apoyo de cada militante de izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano. Tu victoria será nuestra victoria".

Es legítimo que Lula exprese su afecto y admiración por Hugo Chávez. Pero no lo es que intervenga en la campaña electoral de otro país. Eso no lo hacen los demócratas. Lula lo sabe. Y ya lo había hecho antes, cuando, en vísperas de un importantísimo referéndum en Venezuela, irrumpió en el proceso afirmando que Chávez era el mejor presidente del país en los últimos cien años.

Tampoco es legítimo distorsionar, como lo hizo Lula, la realidad venezolana, en especial la de los pobres. Chávez ha tenido un efecto devastador para Venezuela y los pobres son sus principales víctimas. Son ellos quienes pagan las consecuencias de vivir en uno de los países más inflacionarios del mundo, quienes deben arreglarse con un salario real que ha caído al nivel que tenía en 1966. Quienes no consiguen trabajo a menos que sea en el sector público y a condición de demostrar constantemente su adoración y fidelidad "al comandante". Quienes ven a sus hijos e hijas asesinados a una de las tasas más altas del mundo. No es de extrañar, por tanto, que en las últimas elecciones legislativas más de la mitad de los votos fueran contra Chávez. En Venezuela es imposible alcanzar ese porcentaje sin millones de votos de los más pobres. Tampoco es legítimo que Lula aplauda en otro país políticas públicas diametralmente opuestas a las que impuso con gran éxito en Brasil.

En este sentido, no sería malo que, al igual que imitó las políticas de Cardoso cuando fue presidente, Lula lo emule ahora como ex presidente. Sería bueno que aprenda del Cardoso político; el que sabe que un verdadero demócrata no usa su prestigio e influencia como ex presidente para intervenir de manera abusiva en las elecciones de otro país.