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miércoles, 30 de enero de 2013

¿Qué tenemos nosotros de especial?

Miguel Ángel Santos, profesor del IESA, nos da su opinión sobre la novela de Haruki Murakami, Kafka en la orilla; comenta que la obra deriva su creatividad de una circunstancia común en Japón, y a la vez introduce elementos de esa cultura, en un contexto humano y lleno de experiencias. Publicado en El Universal, el 20 de enero de 2013


 
 
Nada como una buena excursión a la ficción para poder hacer sentido de nuestra realidad. Esto se debe, como ya he escrito en otra parte, a que la ficción tiene que ver con la otredad, con esas otras vidas y esos otros que no hemos vivido y no hemos sido, pero representaron y acaso aún representan una posibilidad y, en consecuencia, forman parte intrínseca de nosotros. 
 
 
Como escribe Milan Kundera en referencia a En búsqueda del tiempo perdido (Marcel Proust): "el autor no escribió esta obra para hablar de su propia vida, sino para iluminar en los lectores la propia vida de ellos". O en palabras del propio Proust: "todo lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo... La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir aquello que, sin ese libro, él no podría ver por sí mismo". Hay una segunda ventaja de refugiarse en la ficción: es un instrumento único para asistir a una época, a una circunstancia específica, y quizás también para introducirse en una nueva cultura. Todo esto para hacer una larga introducción a la novela de Haruki Murakami, Kafka en la orilla, setecientas catorce páginas de pulso existencial y metafísico que se suceden con vértigo. Me viene como anillo al dedo porque la obra deriva su asombrosa creatividad de una circunstancia relativamente común en Japón, a la vez que nos introduce de forma muy sutil a ciertos elementos de esa cultura, en un contexto humano y, por ende, lleno de experiencias de otros en quienes nos reconocemos.

Los impares

El libro está organizado de forma rigurosa. Los capítulos impares relatan en primera persona la historia de Kafka Temura, un chico de quince años que decide huir de la casa en donde vive con su padre, el famoso escultor Koichi Temura. Su madre y su hermana escaparon de allí hace mucho tiempo, cuando Kafka apenas tenía cuatro años. En su interior habita además una suerte de alter-ego, cuyo nombre deriva a su vez de la traducción checa de "Kafka": Cuervo. El joven llamado Cuervo surge de forma caprichosa en Kafka, cuando éste reflexiona acerca del curso de acción a seguir o se encuentra en situaciones embarazosas. "A veces el destino es como una pequeña tormenta de arena capaz de cambiar de dirección. Tú cambias el rumbo, y la tormenta te persigue. Vuelves a girar, y la tormenta se ajusta... ¿Por qué? Porque la tormenta eres tú". Y luego, cuando Kafka insista en evadirse: "me da la impresión de que a veces confías demasiado en la distancia".

Los pares

Los capítulos pares narran, partiendo de una miríada de documentos oficiales, la vida de Satoru Nakata, un inofensivo hombre de sesenta años con alguna deficiencia mental. Nakata fue uno de los catorce niños que muchos años atrás (1944) cayeron fulminados por una suerte de descarga eléctrica mientras recogían setas en la montaña durante una excursión escolar. A diferencia de los demás, él fue el único que no recuperó la conciencia, sano y salvo, unas horas después. Nakata tardaría unas semanas más y al hacerlo presentaría una secuela de rasgos ya clásicos en la literatura de Murakami: habrá perdido la memoria ("su cabeza se había vaciado por completo, había vuelto al mundo como una hoja en blanco"), la mitad de su sombra (la sombra de la imperfección) y habrá ganado la extraña cualidad de conversar con los gatos. Este último rasgo le sirve para complementar la pequeña pensión por discapacidad que ha obtenido del gobierno local, con pequeñas propinas que obtiene por encontrar gatos perdidos. Desde temprano un evento causal enlaza a estos personajes: una búsqueda de gato lleva a Nakata a una casa -la de Koichi Temura- donde es obligado a apuñalar a una aparición diabólica que posee al escultor. A raíz de este suceso, Nakata huye haciendo autostop hacia la pequeña isla de Shikoku, a donde Kafka Temura acaba de llegar en autobús.

Ambos están conectados por un vínculo oscuro. De hecho, en la misma noche en que Nakata ha asesinado al padre de Kafka, éste último despertará en el jardín de un antiguo templo Shinto cubierto de sangre. Descifrar ese vínculo corre por cuenta exclusiva del lector, una tarea que se extenderá mucho más allá del fin de la novela. En cualquier versión que usted se haga de lo que ha sucedido aquí tendrá un rol clave la señora Saeki, dueña y curadora de la biblioteca Komura. Allí donde Kafka obtiene un empleo parcial y se aloja en una pequeña habitación. En ella empezará a ser visitado de forma alternativa por la señora Saeki, y por visiones del espíritu de ésta cuando tenía quince años. A esa edad la señora Saeki había perdido a su gran amor, uno de los herederos de la familia Komura, durante unos disturbios estudiantiles. "Es difícil advertir la diferencia entre el mar y el cielo, entre el viajero y el mar, o entre la realidad y las artificios del corazón".

Espíritu

La existencia dual de este personaje, en presencia y en espíritu, hace referencia al "Cuento de Genji" de Murasaki, un clásico de literatura japonesa del siglo XI cuya protagonista se ha convertido en un espíritu viviente sin llegar a darse cuenta. En su pesar, la señora Saeki ha dado con una puerta, a través de la cual pudo acceder al amante perdido. Esa puerta se ha abierto alrededor del día en que Nakata ha recibido la descarga eléctrica, de manera que éste último se ha vuelto una especie de conducto entre ambas realidades. Kafka Temura podría ser el hijo de la señora Saeki, también una reencarnación del primogénito de la familia Komura. Por esa razón, se siente atraído fuertemente hacia ella. "'No somos metáforas'. Lo sé -le digo- pero las metáforas pueden eliminar la distancia que nos separa". "Me recuerdas a alguien del pasado". "Los recuerdos proveen calor desde adentro, pero también nos desgarran en pedazos". El complejo de Edipo se cierne sobre el propio Kafka, acaso como un obstáculo que le impide crecer. La aparición de Nakata permite de nuevo "poner orden" y cerrar las puertas, y devolver a cada quien a donde corresponde.

Unos días después de terminar de leer Kafka en la orilla mi hijo me pidió que lo llevara al club de video a alquilar una película. Para mi sorpresa, resultó ser un Anime japonés, una historia sobre un chico (Novita) y su gato (Doraemon). Por la calidad de los gráficos, debía ser bastante vieja. Pero el Doraemon no es un gato común: Posee una puerta que da acceso a una realidad paralela, una en donde los juguetes cobran vida y se arma una enorme batalla campal entre juguetes buenos y malos. Y he aquí que, en medio de la batalla, un mono de cuerda huye de esta realidad paralela y se devuelve a la primera, presumiblemente a la nuestra, y comienza a darle vida a los juguetes de "este lado", que a su vez empiezan a dar guerra a los humanos. A diferencia de Constantino, de apenas cinco años, a mí me costó bastante encontrarle el sentido y hacerle seguimiento. Y entonces lo vi. Vi la puerta, la realidad paralela, los sueños que encuentran canales inconscientes a través de los cuales se abren paso hacia la realidad, y viceversa. No había tanta creatividad en Murakami. Él, al igual que Pedro Almodóvar, ha explotado esa realidad en donde ha nacido y crecido y que a nosotros a ratos se nos antoja a ratos tan extraña y a ratos tan próxima. Esa es la fuente de la que han bebido. Así también, en nosotros, en nuestra propia circunstancia, debe haber algo de único y especial. Es cuestión de dar con ello.

@miguelsantos12

martes, 22 de enero de 2013

¿Para qué sirven los economistas?

(El economista y profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, se plantea la pregunta: ¿Para qué sirven los economistas?, y considera que esta ciencia necesita con urgencia a gente dispuesta a levantarse y denunciar. Publicado en El Universal, el 18 de enero de 2013)



Es una pregunta legítima. Tanto para quienes están pensando, están ahora o alguna vez estudiaron economía (¿qué se puede hacer con todos esos conocimientos?) como para quienes consumen lo que producen los economistas (¿en qué se puede creer?). Inclusive para los amateurs, para quienes se acercaron más tarde, atraídos por la omnipresencia del hecho económico. ¿Para qué sirve un economista?


En Venezuela la economía está asociada de manera inseparable a predecir el futuro, en el mejor estilo de Adriana Azzi. A esa concepción han contribuido mucho los "analistas" que andan por ahí, siempre prestos a jugar a Casandra para ganar algo de espacio. La idea de que la profesión es inútil si no es capaz de predecir lo que vendrá no puede ser más errada: los médicos no viven de predecir quién sanará y quién no, y cuándo, sino de prescribir remedios y corregir desequilibrios. De allí que lo que deba preocupar de la economía como ciencia sea su incapacidad para resolver nuestras dificultades (i.e. la crisis financiera), más allá del hecho de no haber sido capaz de predecirlas.

Se trata, al menos en su acepción más agregada (macroeconomía) de administrar de la mejor forma nuestros recursos escasos para satisfacer nuestras necesidades ilimitadas. A ese nivel los resultados dependen de las decisiones de millones de personas, lo que introduce un grado de complejidad que a su vez limita la precisión que la ciencia es capaz de alcanzar. Para tratar de analizar las más frecuentes de esas situaciones, los economistas recurrieron al uso de representaciones "simples" de la realidad (modelos), la mayoría de las veces amparados en un grado significativo de abstracción matemática.

Al principio, se procuró reducir toda nuestra compleja realidad a unas pocas ecuaciones. Apenas un código de representación, de alguna forma cobró vida propia y empezó a caminar, al estilo de los naipes del náufrago en la novela de Jostein Gaarder. Su decodificación de vuelta al mundo real quedó suspendida. Los modelos de "equilibrio general" que de allí derivaron, en palabras de Ricardo Caballero (MIT), "se dejaron hipnotizar por su propia lógica de una forma tal que empezaron a confundir su capacidad para predecir las circunstancias de ese mundo abstracto en el que surgieron con su capacidad para predecir la realidad". La futilidad de estos métodos llevó a otros a estudiar fenómenos específicos de manera más precisa, sin pretender "explicarlo todo". De este segundo grupo (ridiculizados como "modelos mascota" por los más generalistas) se derivan conclusiones más precisas pero más simplistas: su relación con el todo no siempre queda clara. La economía de los datos, esa que parte de y vuelve a los resultados concretos del hecho económico, ha pasado a un segundo plano.

A partir de aquí, la ciencia necesita con urgencia a gente dispuesta a levantarse y denunciar que el emperador lleva rato desnudo. Es hora de hacer algo distinto, de intentar algo nuevo. Es eso o quedar a merced de los opinadores de oficio. Como bien apunta Caballero, esos, aunque parezca imposible, sufren del síndrome de pretender-saber de una forma todavía más aguda que los economistas de academia.

@miguelsantos12

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La obsesión por redistribuir

(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, afirma que el fracaso económico de Venezuela en términos de producción de bienes y servicios ha sido colosal. Publicado en El Universal, el 27 de noviembre de 2012) 

La semana pasada asistí a una discusión sobre crecimiento de largo plazo en América Latina en la Universidad de Barcelona. Aquí, la pieza de información que más ha llamado la atención de los participantes ha sido el hecho de que la producción por habitante de Venezuela cerrará el 2011 en un nivel similar al que tenía hace treinta y cinco o cuarenta años. Si se ajustan las tasas de crecimiento económico que reporta el Banco Central por las de crecimiento poblacional, cerramos 2011 en el mismo nivel de 1974. Ajustando nuestra capacidad de producción por su poder de compra, estaríamos al nivel de 1969. En cualquier caso, son treinta y cinco o cuarenta años perdidos, estacionados allí, en el mismo lugar en donde nos dejaran Raúl Leoni o Rafael Caldera (I).

Alguien apuntó por ahí que semejante fracaso no tenía precedentes en países que no hubieren sufrido guerras. Se me antojó una observación interesante y me di a la tarea de revisar los datos. El único país con un desempeño en crecimiento por habitante inferior a Venezuela entre 1970-2010 (-6,4% o -0,2% anual) es Nicaragua (-38,3% o -1,2% anual), que en efecto sufrió una larga y cruenta guerra civil. Es decir, es cierto que todos los que están peor que Venezuela (uno, en realidad) han pasado por una guerra, pero no al revés. Hay países en América Latina que han sufrido guerras civiles y conflictos armados internos y aún así exhiben un desempeño muy superior al nuestro. Es el caso de Haití (cuya producción por habitante creció 11,8% o 0,3% anual entre 1970-2010), El Salvador (48,3%; 1,0%), Perú (49,0%; 1,0%), Guatemala (49,5%; 1,0%), Honduras (51,0%; 1,0%), y ya no digamos Colombia (110,3%; 1,3%).

Los últimos catorce años, a pesar de la enorme bonanza petrolera de la segunda mitad, no han cambiado el panorama. Entre 1998-2010 el crecimiento de la producción por persona de Venezuela (ajustada por el poder de compra) cayó 1,7% en total (-0,1% anual). Ese es el segundo peor de toda la región, sólo por detrás de Jamaica (-2,1%; -0,2%). Curiosamente, una de las tasas de crecimiento per cápita más altas del período la registra Cuba, que cabalgando sobre las ayudas de Venezuela logró crecer 76,8% en esos doce años, equivalente a 4,9% anual. A otros países que reciben nuestra ayuda también les ha ido bastante mejor que a nosotros, como Nicaragua y Bolivia (ambos 18,5% o 1,4% anual). Nos han dejado atrás Perú (56,7% o 3,8% anual), Argentina (31,7%; 2,3%), Colombia (24,5%; 1,8%) y Brasil (24,1%; 1,85%). Para México ha sido un período duro, contagiado por la fuerte crisis de Estados Unidos, pero aún así su producción por habitante creció 13,2% (1,0% anual) en estos doce años. Es decir, por dondequiera que se le mire, el fracaso económico de Venezuela en términos de producción de bienes y servicios ha sido colosal. Alguien podría apuntar que faltan los últimos dos años, en donde crecimos alrededor de 5,0% en cada uno. Si, es cierto, he utilizado las cifras hasta 2010 para poder hacer comparaciones regionales en términos de poder de compra, pero no es menos cierto que ese crecimiento empujado a punta de deuda y gasto público será severamente reversado en los años por venir. En el largo plazo no tiene sentido seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes. Esa, según me contó un apreciado psicólogo judío, es la definición de locura.

Es natural que una sociedad en donde la producción de bienes y servicios no crece se obsesione con la redistribución. En nuestro país el discurso que hace énfasis en el crecimiento se ha vuelto tabú, banalizado por las cadenas presidenciales en donde se divide el producto interno bruto de Venezuela en bolívares entre 4,30, y luego se insiste en que hemos crecido alrededor de 300% por ciento "en dólares" (como dijo el presidente Chávez, "si algo se duplica es que creció 200%, si se triplica es que creció 300%, y así sucesivamente... "). Inclusive, la expresión "productividad" ha llegado a ser prohibitiva, "suena a neoliberal", mera trampa de la jerga capitalista para promover la explotación del hombre por el hombre. Hemos sido necios según la acepción de Boecio, pues para no caer en esa trampa, hemos caído en otra peor. Si se trata de promover el desarrollo y reducir la pobreza de manera sostenible, en algún momento alguien tendrá que atreverse a levantar la bandera del crecimiento económico y de la productividad, alguien deberá aceptar el reto de persuadir y convencer, de ir mucho más allá del repetir lo que los focus groups (apoteosis de la desconexión política) nos indican que la gente quiere oír.

@miguelsantos12

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las dos preguntas del 2013

 (El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, plantea dos interrogantes que regirán el futuro económico de Venezuela para el año 2013. Publicado en el diario El Universal, el 9 de noviembre de 2012)
 
Las mejores preguntas en economía siempre surgen de la gente con una formación de base distinta, o más aún, ninguna formación del todo. Vienen cargadas de esa intuición básica que quienes estamos adentro ya hemos perdido hace rato. En ese sentido, algunos economistas necesitamos una escuela para desaprender (Facundo Cabral dixit). La historia de lo que ha ocurrido en 2012 ya está escrita. El gobierno se ha lanzado un aumento del gasto público que en términos reales por persona lo coloca como el mayor de nuestra historia. Nuestros ingresos, por otro lado, permanecieron estables. Peor aún, como el precio del petróleo se mantuvo y la producción también, la contribución de Pdvsa es idéntica a 2011, pero en bolívares perdió poder adquisitivo por la inflación. Esta caída de los ingresos y aceleración del gasto produjo un déficit fiscal descomunal.

¿Cómo ha sido financiado ese déficit? Un tercio se financió imprimiendo dinero. Para la semana previa a las elecciones, la cantidad de monedas y billetes había crecido 51% con respecto al año anterior. Ahora bien, una vez que estas monedas y billetes salen a la calle, dan lugar a una cantidad de depósitos en los bancos. En ese mismo lapso, la liquidez (monedas y billetes en circulación, más depósitos en ahorro y a plazos) ha crecido 59%. Y como la demanda de crédito privado está paralizada, el gobierno aprovecha y le empuja títulos de deuda a los bancos a tasas muy bajas, que terminan pagando los ahorristas (a quienes los bancos les paga tasas aún menores). Así se financiaron los dos tercios restantes del déficit.

Aquí surge la primera pregunta: ¿Es posible financiar déficit imprimiendo dinero? ¿Y eso no genera inflación? La respuesta es que sí, que esa es parte de la explicación de por qué seguimos teniendo la inflación más alta del mundo. Pero la verdad es que imprimir 51% más de dinero y tener una liquidez 59% mayor, en un país que en teoría debe crecer 5% en el año, debería provocar una inflación mucho mayor (45%-50%). No ha sido así. La respuesta se nos escapa todavía: la teoría se parece a la práctica sólo en teoría. Milton Friedman escribió un papel de trabajo en 1957 en donde establecía un período de dos años para que el crecimiento de la liquidez se transmitiera a la inflación. Aunque esos plazos aplican para EEUU, nosotros no deberíamos esperar imprimir dinero ad infinitum sin que reviente la inflación. Eso representa un problema, porque es el principal mecanismo de financiamiento.

La otra pregunta esencial, visto que ya tenemos tiempo gastando y consumiendo bastante más de los que producimos (incluyendo petróleo como "producción") es: ¿Hasta cuándo puede endeudarse un país? Venezuela en 1998 tenía una deuda externa de 25.600 millones de dólares, ahora tiene una de 95.500 millones. Incluyendo estatizaciones y proveedores de Pdvsa por pagar, nuestra deuda llegaría hasta 150.000 millones de dólares. ¿Hasta cuándo? ¿Cuál es el límite de la capacidad? Son preguntas muy intuitivas, muy válidas en esencia, para las cuales no existe una respuesta precisa. Pero si le agregas arena gradualmente a una pirámide, aunque no puedas predecir en qué momento se vendrá abajo, sí puedes decir con certeza que en algún momento lo hará.

@miguelsantos12

martes, 30 de octubre de 2012

Perspectivas 2013: ¿Viene el lobo?



(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, afirma que el gobierno ejecutará una devaluación heterodoxa que combine mayores tasas de cambio. Publicado en el diario El Universal, el 26 de octubre de 2012)


Tras pasar los últimos meses pensando en cómo corregir los desequilibrios de la economía sin impactar el consumo de las familias de menores ingresos, estamos en buena posición para analizar lo que se nos viene en 2013. El gobierno ha conseguido cabalgar las elecciones con el gasto público más elevado de nuestra historia. En términos del tamaño de la economía el gasto público (gobierno central, Pdvsa, Fonden, Fondo Chino e hijos de estos últimos) superó el 50%, cuando América Latina promedia 30%. El aumento fue equivalente a 33% más de gasto por persona en sólo un año.

Dado que nuestros ingresos no aumentaron de forma significativa, incurrimos en un déficit de 19% del PIB: por cada cuatro que nos ingresan gastamos cinco. ¿Qué tan grave es eso? Llevar la gasolina de un céntimo a setenta y cinco bolívares el litro recaudaría 1,6% del PIB. Cada 1% de IVA levanta 0,5% del PIB. ¡De ahí a 19%! España hoy se ahoga en un déficit de 8% del PIB y riesgo país de 4%, nosotros con un déficit de más del doble tenemos una prima de riesgo que ronda 10%. ¿Cómo fue posible financiar en 2012 ese hueco colosal?

El gobierno utilizó tres mecanismos. En primer lugar, el BCV cubrió con emisiones de dinero el déficit de Pdvsa (que paga regalías por barriles que no cobra y lleva una pesada carga del gasto social). ¿Cómo funciona esto? Pdvsa firma pagarés al Banco Central a cambio de circulante. En 2012 este mecanismo financió 6,4% del PIB (o un tercio del déficit). Ahora bien, una vez que Pdvsa paga a proveedores y empleados, el dinero sale a la calle e ingresa en el sistema financiero. Como la demanda de crédito productivo está estacionada, los bancos utilizaron esos depósitos para comprar títulos de deuda pública. Así se financiaron otros 12% del PIB (60% del déficit). Por último, una parte pequeña (1,6% del PIB) se financió emitiendo deuda externa.

¿Cuáles son los riesgos de esta estrategia? Esta secuencia de políticas provocó un crecimiento fenomenal de la liquidez, que en las semanas previas a la elección llegó a 60%- 65% (vs. misma semana del 2011). Una expansión así, cuando el crecimiento es de 5%, es consistente con una inflación mucho mayor. No ha sido así, pero es un riesgo latente. En lugar de inflación, lo que hemos observado es una caída en la velocidad de circulación del dinero: es como si los bolívares se hubiesen estacionado y hubiesen dejado de perseguir bienes. Entre 2006 y 2012 el número de vueltas que un bolívar de liquidez da al año bajó de seis a tres. Difícil que caiga más. Si seguimos imprimiendo dinero a este ritmo el riesgo de caer en una espiral inflacionaria más acelerada será cada vez mayor. Algo de esto habrá. El gobierno también recortará el gasto en 2013 y ejecutará una devaluación heterodoxa que combine mayores tasas de cambio a nivel de Cadivi, Sitme y el dólar negro. Todas estas medidas tendrán impactos negativos sobre el crecimiento, o al menos lo han tenido en nuestra historia. Dado que los pronósticos de precios del petróleo son estables, a uno le cuesta pensar de dónde saldrán los 2% o 3% de crecimiento que muchos analistas, bancos e instituciones multilaterales tienen previsto para Venezuela. ¡Todo un paquetazo!

@miguelsantos12

viernes, 26 de octubre de 2012

Con deuda interna el Gobierno financió un gasto equivalente a 11 puntos del PIB

(En un reportaje del diario El Mundo, escrito por  Carjuan Cruz, el economista y profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, explica que  con el aumento de un punto del IVA, apenas se recauda medio punto del PIB y llevando la gasolina de un céntimo el litro a 75 bolívares el litro, esa recaudación representaría solo 1,7 puntos del PIB. Publicado el 24 de octubre de 2012)

Aunque se estima que para 2013 las erogaciones del Estado se reducirán y la liquidez no crecerá a igual ritmo, es posible que el Ejecutivo siga emitiendo en bolívares

La estrategia de endeudamiento del Gobierno está orientada a buscar financiamiento interno y no externo. Esto, sobre todo, porque emitir títulos en los mercados implica pagar intereses de 8% a 12% y en dólares.
 

Esta tendencia a emitir internamente y en bolívares observada durante lo que va de 2012 le permitirá al Ejecutivo un financiamiento equivalente a 11 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) para este año, según las proyecciones del economista Miguel Ángel Santos.

"Con la deuda interna el Gobierno está pagando el mismo porcentaje de cupón, pero en bolívares y con una inflación que está en 20%", señala.

 
Ese pago por debajo de la inflación implica, según indica el experto, que al Gobierno ese endeudamiento interno le está saliendo "prácticamente gratis": "Pagan intereses que están por debajo del alza de los precios en el país", apuntó Santos.

La política monetaria aplicada por el Ejecutivo este año apuntó a esa línea. Desde el último trimestre del año pasado, el financiamiento directo hecho por el Banco Central de Venezuela a PDVSA impulsó el crecimiento de la liquidez.

En efecto, ese dinero se tradujo en pagos de la petrolera a los proveedores de servicio, que a su vez pasaron a impulsar el aumento de los bolívares depositados en los bancos del país. Y dado que estos altos montos de captaciones no podían ser colocados en su totalidad en créditos, las entidades bancarias acudieron a la compra de los títulos emitidos por el Estado para rentabilizar los fondos.

"Cuando la banca se encuentra con esta cantidad de depósitos en bolívares y no puede acelerar más la entrega de créditos, viene el Gobierno y les vende títulos de deuda interna", explica Santos. "El Ejecutivo no tenía cómo financiarse porque sabe que la deuda externa está muy cara", agregó.

Pero pese a esta estrategia de financiamiento, el fisco se enfrentará al cierre del año con un déficit que alcanzará los 19 puntos del PIB, según cálculos de Santos, tomando en cuenta ingresos, menos gastos, una diferencia que es cubierta con endeudamiento.

Para atender ese desorden en las cuentas, Santos señala que posiblemente se dé un ajuste cambiario. Aun con un aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) e incluso un alza significativa en el precio de la gasolina, no se cubriría esa cantidad.

"Con el aumento de un punto del IVA, apenas se recauda medio punto del PIB. Y llevando la gasolina de un céntimo el litro a 75 bolívares el litro, esa recaudación representaría solo 1,7 puntos del PIB", explica el economista.

Ajuste cambiario

El 2013 se vislumbra como un año postelectoral y de pago de compromisos de deuda, lo que lleva a adelantar un escenario de menos gasto.

Ante ese panorama y el déficit fiscal manejado para 2012, Santos no descarta un ajuste en el tipo de cambio. Para el experto, esta sería la alternativa que le permitiría al Ejecutivo asegurar ingresos de por lo menos seis puntos del PIB, en caso de que el precio del dólar oficial no suba más de dos bolívares por divisa.

Sin embargo, autoridades económicas del Gobierno han insistido en que Venezuela no tiene necesidad de una devaluación ni a corto ni a mediano plazo.

El financiamiento recogido a través de deuda interna posiblemente continúe en 2013, según estima Santos, pues cree que esos 11 puntos del PIB que arrojó esa estrategia seguirán necesitándose en el Gobierno.

viernes, 28 de septiembre de 2012

El oro, la bolsa y la vida

(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, analiza la reducción de reservas en oro de Venezuela, en una época en que la incertidumbre en los mercados ha llevado a la mayoría de los bancos centrales a proteger sus monedas y reservas a través de adquisiciones masivas del metal. Publicado en el diario El Universal, el 28 de septiembre de 2012)

Un cable inofensivo de Reuters, de no más de diez líneas, revela que durante agosto pasado el BCV liquidó 3,7 toneladas de oro, equivalente a 1% del volumen en reservas. A precios de mercado, representa algo así como doscientos millones de dólares, apenas suficiente para un día y medio de importaciones. Como resalta Reuters, Venezuela es el único país que redujo sus reservas en oro, en una época en que la incertidumbre en los mercados ha llevado a la mayoría de los bancos centrales a proteger sus monedas y reservas a través de adquisiciones masivas del metal.

Este movimiento viene inscrito dentro de una tendencia que viene teniendo lugar desde hace algún tiempo. Tras esta última liquidación, nuestras reservas alcanzan 362 toneladas, 3,4% menos que en diciembre de 2010 (375). En plena bonanza petrolera, tras multiplicar además por cuatro nuestra deuda externa en seis años, salimos a vender oro. Como suele suceder con asombrosa frecuencia, algunos ya lo han relativizado, alegando que es armar una alharaca por una magnitud relativamente pequeña. Para magnitudes pequeñas el "millardito" solicitado por el Presidente al BCV a finales del año 2003. Desde entonces, entre el ente emisor y Pdvsa, se han fletado 95,5 "millarditos" hacia Fonden. He aquí otra razón esencial para inclinarse por la tenencia de oro: el Gobierno barre todo el efectivo disponible en reservas hacia sus fondos, lejos del escrutinio público (el último prospecto de Fonden aclaraba que sus estados financieros son confidenciales), dejando en reservas sólo los lingotes de oro y los derechos de giro en el FMI. ¿Qué se ha hecho con todo ese dinero?

Para hacernos una idea, Brian Ellsworth y Evanir Chimea, también de Reuters, acaban de publicar un reporte de investigación sobre el destino de los 95.554 millones de dólares aspirados por Fonden. Partiendo de una lista de proyectos del Fonden (ya retirada del website del fondo), ambos periodistas hacen un recuento de galpones abandonados, primeras piedras cubiertas por maleza, o simple y llana inexistencia. Son de leyenda los 93 millones de dólares invertidos en el saneamiento del Guaire, los 312 invertidos en la Ciudad del Aluminio ("un enorme esqueleto de acero, unos cuantos galpones dispersos y un par de vallas con la imagen de Chávez lavada por el tiempo y el sol"), o los 540 para Pulpa y Papel, C. A. ("en la verja del sitio donde se levantará la fábrica, sólo dos avisos con un Chávez sonriente"). No todo el Fonden se ha desperdiciado: desde allí se han concretado las compras de aviones Sukhoi Su-30 rusos, o el levantamiento de casas prefabricadas en Guatemala, Bolivia, Cuba y Nicaragua. Esto es sólo la punta del iceberg.

Mientras tanto, el Presidente dice que "era una cosa horrible cómo la gran burguesía regalaba el petróleo, saqueaba el país" y advierte que el cierre de Fonden paralizaría "50, no sé, más de 100 obras". Es decir, insiste en que paralizaremos lo que nunca arrancó o está ya paralizado, repite que de ganar Capriles habrá una guerra civil, cuando ya nuestros muertos pasan de 19.500 por año. Parafraseando la fórmula tradicional de los atracos de antes, se llevan el oro, la bolsa, y un par de cientos de miles, también la vida. Y quieren seis años más.

@miguelsantos12

lunes, 17 de septiembre de 2012

Sobre "Tiempos de dictadura"

 (El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, da su opinión la película “Tiempos de dictadura” y cómo esta le hizo pensar en los héroes de todos los días. Publicado en el diario El Universal, el 9 de septiembre de 2012)


Alguna vez escuché a Antonio Cova, en los días aciagos que siguieron al referéndum revocatorio de agosto 2004, resaltar las virtudes del venezolano para la resistencia y la lucha, tomando como ejemplo a los héroes de nuestra independencia. Que si somos herederos de quienes recorrieron grandes distancias a caballo con muy pocas certezas, que si lo hicieron ya no por la libertad propia sino por la de nuestros hermanos, que si por esa noble causa pasaron hambre y frío, atravesando la cordillera pobremente equipados. Recuerdo que fue en un foro en un hotel de Puerto La Cruz y también que esa tarde llovía a cántaros.


Estos últimos detalles, relativamente irrelevantes, han quedado anclados en mi memoria por otra sensación, esa sí, mucho más duradera. Aquella referencia me ha resultado siempre ajena. Desde un punto de vista puramente conceptual es evidente que la gesta merece atención y a algunos les podría resultar hasta inspiradora. Pero, en mi caso, no viene asociada a ningún sentimiento de pertenencia o proximidad, al menos no más allá de los que evocarían San Martín o el mismísimo Mahatma Gandhi.

Esa es una sensación que contrasta con el espíritu de resistencia y la inspiración que destila la película documental "Tiempos de dictadura" de Carlos Oteyza. Tengo que reconocer que al menos una fracción de esta divergencia se debe a un hecho cosmético-situacional: Los héroes de "Tiempos de dictadura" no huelen a pulpa de papel, no andaban a caballo ni exhibían patillas, ni portaban uniformes afrancesados. Más aún, algunos de ellos están detrás de mí en la cola de la entrada del cine, o más allá, en la de las cotufas, e inclusive en las butacas de unas filas más adelante ya dentro de la sala. Ahí está Isabel Carmona, luchadora política presa durante la dictadura de Pérez Jiménez, que dio a luz en la cárcel a su tercer hijo, y permaneció allí mientras los dos mayores eran cuidados por familiares.

Está Américo Martín, con su sonrisa despistada, y Simón Alberto Consalvi, con una barbita de cuatro días. Aunque no los haya visto por aquí esta noche, hay también testimonios de otras figuras que nos resultan más próximas como Pompeyo Márquez o Teodoro Petkoff. Aún entre los que nos dejaron en aquella época, la memoria de Leonardo Ruiz Pineda, que se mantuvo en la clandestinidad al frente de la Dirección Nacional de AD nada menos que 42 semanas, me resulta mucho más próxima (acaso por cortesía de una amplia avenida que lleva su nombre no lejos de mi hogar en Valencia) que la de cualquier prócer.

Eventos cruciales
Con base en los testimonios y una amplia selección de videos e imágenes de la época (se me ha quedado grabada la imagen de Carlos Delgado Chalbaud dentro del ataúd), acompasados por la voz de Laureano Márquez, la música más apropiada según el espíritu de cada escena y un conjunto de imágenes caricaturescas para identificar los eventos cruciales sobre los cuales no existe memoria visual, Carlos Oteyza le ha entrado de frente a una época que hasta ahora ha sido dominada por la leyenda dorada, para unos, y la leyenda negra, para otros. Aunque a ratos funge como un iluminista, alumbrando de lado y lado, la conclusión es clara y contundente: No tenemos por qué escoger entre la paz social y la libertad.

Espejo de la época

Así, los testimonios se van entretejiendo y confirmando, en algunos casos; contrastando, en otros. Se forma así un espejo de la época que viene a depender de lo que en definitiva depende siempre la historia: de la confluencia de testimonios. Ese espejo no siempre arroja una imagen nítida, no siempre es uniforme, ni tampoco se presta a la conclusión fácil. Dentro del conjunto de testimonios que desfilan por la cinta hay dos lugares extremos que en mi opinión proveen el contexto a todos los demás: El del editor José Agustín Catalá (fallecido en diciembre pasado a sus 97 años) y el de la bailarina Yolanda Moreno. Ambos ilustran dos posiciones distintas, dos lugares en los que la llegada de la dictadura sorprende por azar a los protagonistas.

El período de Pérez Jiménez en términos amplios (1948-1958) ocupa entre los 33 y los 43 años del editor del "Libro negro de la dictadura". Por esa osadía Catalá será sometido a las más crueles torturas, que narra con una serenidad e indiferencia que hielan la sangre. A la pregunta final responderá con la misma parsimonia: "Fueron tiempos de infamia". Y luego está Yolanda Moreno. A la incipiente bailarina la dictadura la sorprende en el colegio, su primer testimonio narra de forma divertida cómo recibieron la noticia de volver temprano a casa tras el golpe a Gallegos. Sus recuerdos están impregnados por los juegos y salidas callejeras (un espejo de la seguridad personal que forma parte de la leyenda dorada de la época), de los grandes desfiles de Carnaval ("en aquellos años el país entero se había convertido en un enorme desfile"), de las grandes fiestas navideñas que en 1952 distrajeron la atención del pueblo del fraude electoral perpetrado contra Jóvito Villalba. A la pregunta final responderá: "Fueron tiempos de arte".

Este contraste es esencial tanto para el ritmo como para la honestidad de la película, y encierra una decisión esencial que todos, una que ya unos en mayor grado que otros, de forma explícita o dejándose llevar de a poco, hemos ido tomando con el paso de los años: ¿Hasta qué punto debemos sacrificar nuestros principios, nuestras opiniones, nuestro deseo de ser libres, a cambio de la tranquilidad, de la comodidad, de la protección de nuestro patrimonio? "En aquella época el que no desfilaba, aplaudía". La dictadura de Pérez Jiménez es particularmente ilustrativa de este dilema, toda vez que la feroz represión fue acompañada de una fenomenal expansión económica como producto del ingreso petrolero (como destaca la película, Venezuela se convirtió en aquellos años en el mayor exportador de petróleo del mundo, mientras su economía se ubicaba entre las de mayor crecimiento en el planeta). Esa prosperidad económica la encarnan en la película los emigrantes que, como mi padre, llegaron a Venezuela en la primera parte de los años cincuenta. "Fueron años de trabajo, de riqueza".

Memoria visual

Este contraste tácito es un buen ejemplo de cómo Carlos Oteyza ha conseguido destilar de los testimonios y la memoria visual de aquella época, lecciones que siguen estando muy vigentes. Allí está el fracaso de las iniciativas independientes de partidos políticos diezmados y muy mal coordinados. La imagen todopoderosa que presentaba Pérez Jiménez y la desesperanza de los dirigentes políticos venezolanos tanto aquí como en el exilio hacia finales de 1957, a días de caer el régimen (Rómulo Betancourt llegaría entonces a decir que Venezuela se aproximaba hacia una nueva era gomecista, pero su testimonio no forma parte de la película). La presión sobre los empleados públicos. "En aquellos años se demostró que militarizar a los civiles era mucho más fácil que civilizar a los militares".

Y llego así a mi reflexión final. Decía el Emperador Adriano en su carta a Marco Antonio (refiriéndose a Trajano) que "mucho nos cuesta percibir y reconocer la verdadera grandeza entre quienes coinciden con nosotros en la época y el camino". Esos héroes relativamente comunes que ha retratado Carlos Oteyza me hicieron pensar en los héroes de todos los días, en los de nuestro tiempo, en los que han sacrificado lo más valioso que tienen, a fin de cuentas sus días y su tiempo, para mantener viva esa llama que nos alumbre mientras damos nuestra particular resistencia, nuestro esfuerzo por evitar deslizarnos hacia nuevos tiempos de oscuridad.

@miguelsantos12

jueves, 30 de agosto de 2012

Las reservas de la revolución bonita

(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, explica las razones de la disminución de las reservas internacionales de Venezuela y cuáles son sus posibilidades de recuperación según los escenarios que se vislumbran de cara al resultado de las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre. Publicado en el diario El Universal, el 24 de agosto de 2012)

Venezuela está en sus mínimos de reservas internacionales de los últimos cinco años. Habría que remontarse a la caída de los precios del petróleo tras la crisis financiera de 2007 para dar con un nivel menor. Sin considerar ese hito específico, estas son nuestras reservas más bajas de los últimos siete años. Los 25.581 millones de dólares registrados por el BCV esta semana apenas alcanzan para algo menos de siete meses de importaciones. Más de 70% está en oro, y aunque los volúmenes están allí, el valor ya es otra cosa.

Por ejemplo, la semana pasada el BCV cambió el precio al que valora el oro, de promedio de los últimos dos meses a promedio de los últimos seis meses. Con este cambio se evitó presentar una caída de 2,7% en las reservas como consecuencia del reciente debilitamiento del precio del oro en el mercado internacional. Otro 16% está en derechos especiales de giro a los que tenemos acceso por nuestra membresía en el Fondo Monetario Internacional. Estos dos rubros (oro y FMI) se consideran reservas no operativas, y representan más de 86% del total. Visto así, la parte líquida (14% del total) apenas alcanza para 28 días de importaciones.

Varios disparates legales, entre ellos la introducción de la idea de "reservas excedentarias" y la eliminación de la obligación de Pdvsa de liquidar todas las divisas que obtiene por venta de petróleo en el BCV, han ido drenando cada año miles de millones de dólares hacia fondos sin ningún tipo de mecanismos institucionales de rendición de cuentas. La introducción de las reservas excedentarias obliga al BCV a transferir a Fonden todo el "exceso" por encima de cierto límite, sin que en el proceso se recoja la contrapartida en bolívares que esos dólares generaron cuando ingresaron al BCV. Esta locura ha causado que la relación de liquidez a reservas supere ahora mismo los 21 bolívares fuertes por dólar, cinco veces el cambio oficial, cuatro veces el Sitme, más de dos veces la cotización del dólar paralelo.

Así, los bolívares se han quedado flotando en el aire, lo que entre otras cosas ha contribuido a que hayamos cumplido una década entre las inflaciones más altas del planeta. Esto, a su vez, ha corroído el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, particularmente en el sector privado. Según el BCV, el poder adquisitivo de los trabajadores privados (80% del total, pues este agregado combina privados formales e informales, que son acaso más privados que ningún otro) está ahora 27% por debajo de 1998.

Esta situación nos lleva a una profunda asimetría: de ganar Chávez las elecciones del próximo 7-O se vería obligado a ejecutar una macrodevaluación, sí, pero tendría disponibles algunos de los recursos de los fondos. Estas disponibilidades varían -según con quien se hable, según si se consideren comprometidos o no- de unos pocos miles de millones de dólares a decenas de ellos, así de transparentes son las cuentas. Por el contrario, existe un consenso unánime: de ganar la oposición será muy difícil contar con las disponibilidades de esos fondos paralelos, serían saqueados sin margen de duda entre octubre y diciembre (lo poco que podamos hacer nosotros para evitarlo ya se está haciendo). Así es la revolución bonita. 

@miguelsantos12

lunes, 13 de agosto de 2012

El pesimismo de la banca con Venezuela

(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, afirma que los reportes de la banca internacional se han puesto más pesimistas en relación con Venezuela y sostiene que las dos únicas estrategias que existen para ajustar el déficit en que se ha incidido en 2012 serían una macro devaluación y tratar de influir en la OPEP sobre un recorte de producción. Publicado en El Universal, el 3 de agosto de 2012)

Los reportes de la banca internacional se han ido poniendo cada vez más pesimistas en relación con Venezuela. Este es un hecho que resulta todavía más curioso cuando uno se da cuenta que muchos de los que contribuyen con esas notas son analistas venezolanos. Uno infiere (en algunos de estos reportes está explícito, en otros no) que ese pesimismo viene halado por su expectativa de una nueva victoria oficial en las elecciones de octubre. Pero no siempre es así.

Yo he sostenido en otra parte que las dos únicas estrategias que tendría disponibles la revolución para ajustar el colosal déficit en que ha incurrido en 2012 serían una macro devaluación y tratar de influir en la OPEP sobre un recorte de producción. En esto último ha demostrado ser muy poco exitosa.

Por el lado de las cantidades tampoco parece haber oportunidad. De hecho, Venezuela es el único país que se mantiene por debajo de su cuota OPEP. Nuestra producción ha caído en 22% en catorce años, mientras el resto de nuestros socios OPEP aumentaban 14%. Algunos de nuestros amigos en la región, Brasil (119%) y Ecuador (32%) también han incrementado significativamente su producción.

La revolución, que ha venido prometiendo desde el plan Siembra Petrolera de 2005 la expansión de nuestra producción a 5.8 millones de barriles día, llega a 2012 boqueando con algo menos de tres. Siendo así, sólo le queda disponible una devaluación, que las bancas han estimado entre 50% y 75%, para cuadrar las cuentas fiscales. Esta magnitud aún no corregiría el desajuste, lo que obligaría a recortes del gasto adicionales y más endeudamiento. En esas circunstancias, me llama la atención que, por citar un ejemplo, Nomura crea que el producto caería sólo 1%, dada la larga historia de devaluaciones contractivas de nuestro país.

La oposición tiene un margen de maniobra muchísimo más amplio de ganar las elecciones de octubre. Tiene la posibilidad de aumentar de forma inmediata el flujo de caja de Pdvsa, suspendiendo los subsidios que hoy totalizan un equivalente a 182.000 barriles diarios o 6.600 millones de dólares.

Puede aumentar la producción en un horizonte de un año en unos 200.000 barriles diarios, con inversiones mínimas en mejoradores que ya están ahí, lo que representaría otros 7.300 millones de dólares adicionales. Puede inscribir esta acción dentro de un plan de expansión similar al que el Gobierno nos ha prometido hasta en cuatro ocasiones diferentes desde 2005, que lleve nuestra producción efectivamente a la vecindad de 6 millones de barriles día.

Más aún, la oposición puede generar un cambio de expectativas, atraer inversión a través del desarrollo de un plan de política económica y social consistente, reduciendo así la prima de riesgo que hoy le exigen a Venezuela los mercados internacionales. Como resultado de estas políticas, el ajuste no sólo sería menos traumático, sino aun tendría posibilidades de ser expansivo.

Lo demás, que nadie se engañe, es seguir devaluando y seguir endeudando a la República, a tasas cada vez mayores, hasta que el flujo de caja se agote y se haga inminente un evento de default. De seguir al ritmo que trae la revolución, no es cuestión de si ocurrirá, sino más bien de cuándo.

@miguelsantos12

lunes, 23 de julio de 2012

Goldmund y Narciso: entre vivir y pensar

(El profesor del IESA, Miguel Ángel Santos, reflexiona acerca de la novela de Hermann Hesse, Goldmund y Narciso, la cual presenta dos personajes sumamente distintos y te hace preguntarte si es posible la estabilidad sin sacrificar los propios sentidos. Publicado en el diario El Universal, el 15 de julio de 2012)

La disputa sin límites entre la carne y el espíritu, entre las formas más puras de experimentar el arte y el pensamiento o la contemplación religiosa, entre la urgencia de vivir y la necesidad de estabilidad. En última instancia, entre el vagabundo y el sedentario que todos llevamos dentro. Narciso y Goldmund atraviesan todas estas esferas, cada uno en su orilla; la historia de una amistad intensa e incómoda. A fin de cuentas, también entre estas dos últimas -intensidad versus comodidad- debemos decidir de forma irrevocable. Hacía mucho tiempo que no dejaba tantas notas en las márgenes, tantos subrayados, como en esta novela de Hermann Hesse.

Vivir intensamente

Al claustro de Mariabrönn llegan una mañana a caballo un hombre entrado en años y su hijo adolescente, Goldmund. Este último ha sido inscrito en el colegio que funciona en el monasterio, y allí conoce a Narciso, uno de los monjes más jóvenes. Desde ese primer momento es evidente que ambos, tanto Narciso entre los frailes como Goldmund entre los alumnos internos, destacan muy por encima de sus pares. Este último se entrega a los deberes del claustro con una devoción que resulta más de la necesidad de pertenencia que de la convicción religiosa: su madre ha muerto cuando apenas era un niño y jamás se ha sentido a gusto al lado de su padre. Narciso, un aventajado intelectual, reconoce de inmediato esta realidad y el infranqueable abismo de cualidades que lo separan de Goldmund. Cada quien debe estar "en el lugar y la función en donde le resulte más fácil realizarse, según su naturaleza". Al principio Goldmund se revelará ante estas advertencias de Narciso, considerando que el monje menosprecia sus cualidades para la vida de contemplación religiosa. Esta tensión llevará a un primer choque entre ambos, uno de los momentos cumbres de la novela: "naturalezas como la tuya, Goldmund, con sentidos agudos, orientados al alma, soñadores y poetas, siempre serán superiores a la nuestra, meras criaturas del pensamiento. Vivirás intensamente, dotado de la habilidad y la fortaleza para amar, la capacidad para sentir. Mientras, otros como yo, criaturas de la razón, no viviremos a plenitud, existiremos en tierras áridas, aunque parezca a ratos que somos nosotros quienes guiamos y gobernamos sobre ustedes. Tuya será la plenitud de la vida, el jardín de la pasión, el magnífico paisaje del arte. Tu lugar será la tierra, el mío el mundo de las ideas. Correrás peligro de ahogarte en el imperio de los sentidos, mientras nosotros nos sofocamos en el vacío. Serás un artista, yo un pensador. Tu dormirás alimentado por la madre tierra, yo despertaré en el desierto".

Lejos de la vida

A partir de aquí Goldmund abandona el monasterio, y no volverá a ver a Narciso hasta el final, cuando volverán a tener un último encuentro de consecuencias igual de trascendentes. Goldmund hará su vida de vagabundo, dormirá bajo los puentes y en las puertas de las iglesias, ya en cobertizos de paja, al lado de los caballos, o acompañado por hermosas mujeres. Sobrevivirá a la peste negra, trabajará en diversos oficios, las más de las veces haciendo lo mínimo para subsistir y ganar algo de sustento para el viaje.

Tendrá compañeros a lo largo del camino, que terminarán por abandonarlo: "no llegarían muy lejos, sus manos eran muy delicadas, regresarán allí a donde la vida es más fácil y cómoda, una cama conyugal cálida y aburrida, algún claustro en donde engordarán en paz, o acaso algún despacho con calefacción". Goldmund descubrirá la vida "en el rápido y luminoso relámpago del deseo, en su llama menguante, solo allí encontraría el apogeo de la experiencia humana, de todos los placeres y sufrimientos".

Hay en toda su experiencia un paréntesis en donde Goldmund se encuentra con el arte. Tras descubrir la pureza de la creación en una madona, contactará con el maestro escultor y se convertirá en su aprendiz. Siguen aquí un buen número de años en donde se entregará a la escultura en madera y conseguirá tallar una impresionante imagen de San Juan, personificado en las facciones de Narciso. Recibirá el reconocimiento público y se le abrirán las posibilidades de una vida más afluente, más cómoda, más estable. A esto también renunciará. Admira a su maestro Niklaus, de quien ha aprendido todo lo que sabe de arte, pero también lo desprecia: "¿a dónde lo ha llevado esta vida? Se ha convertido en un padre temeroso, que nunca superó su condición de viudo, pasó su vida asistiendo a las reuniones del gremio, siempre en aquella casa con su hija y su sirviente, lejos de la vida, sin hambre, sin sed, sin bellezas y sin horrores".

El encuentro

Así se llega al encuentro final. Una serie de circunstancias afortunadas conducen a un Goldmund rico en experiencias y ya pleno de vida de vuelta al claustro de Mariabrönn, donde desde hace años ya Narciso es el superior de la abadía. Juntos evalúan nuevamente su naturaleza y los cursos de sus vidas. Según Goldmund, para seguir el camino del arte "habría sido necesario renunciar a una parte de mi juventud, a mi libertad, a mi vida errante, al placer del cortejo de hermosas mujeres, que es la fuente de donde he bebido... Me habría sentido vacío, mi corazón se habría secado". ¿Era posible la estabilidad sin sacrificar los propios sentidos? "Quizás... quizás habría gente que, habiéndose asentado, no habían visto vaciarse sus corazones por la ausencia de libertades y de riesgos. Quizás. Pero, en su largo trajinar, él nunca había conocido a ninguno".

La conmoción

Hesse tiene el coraje y la honestidad suficientes como para no tomar partido. Aún así, y quizás debido al enorme valor que nos inculcan por la estabilidad, dedicará sus páginas finales a describir la conmoción que este último encuentro causa en la vida de Narciso. Desde arriba, "tratando de ponerse en los ojos de Dios", reflexiona sobre su trayectoria vital. "¿Es esta vida ejemplar de orden y disciplina, de renuncia a los placeres de los sentidos, de distancia en relación con el barro y la sangre, acaso mejor que la de Goldmund? ¿No había sido mucho más valiente Goldmund, abandonándose a sí mismo, sumergiéndose en el raudal de la realidad, del caos, capaz de equivocarse, pecar, y aceptar sus amargas consecuencias, en lugar de aquel lavarse las manos, de aquel retiro a los jardines artificiales y armoniosos del pensamiento? ¿No era más noble y exigía más coraje el vagar por los bosques, con los zapatos rotos, el andar bajo el sol y la lluvia, el jugar el juego de los sentidos y estar dispuesto a pagar por él?". ¡Qué pobre se siente su vida, qué vano su conocimiento, su disciplina, su dialéctica!

Al final, toda la capacidad para las ideas, el análisis y el pensamiento abstracto que ha desarrollado Narciso no será suficiente para darle la respuesta. Ni siquiera cuando, tras un último esfuerzo por volver a los placeres de antaño, Goldmund caiga enfermo y muera de forma prematura. Aún en ese momento, Narciso se da cuenta de que un hombre predispuesto por sus dones a grandes cosas, no se vuelve común y fútil por el hecho de vivir en ese compromiso diario con el presente, en ese esfuerzo por mantener siempre encendida la chispa divina en el altar de su alma.

@miguelsantos12