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lunes, 13 de junio de 2011

Guatavo Roosen \\ Lecciones brasileñas

Está claro que cada país diseña su propio modelo o, mejor, construye su propia realidad. La de los demás sólo puede servir de referencia, y de aprendizaje cuando se tiene la capacidad de analizarla con sentido crítico. Las copias no funcionan. Está, de todos modos, en el orden del día mirar al Brasil. ¿Por qué se impone este país como punto de comparación inevitable? Desde luego, por los resultados: con un crecimiento del PIB de 7,5%, Brasil se convirtió en 2010 en la séptima economía del mundo. El crecimiento este año será de aproximadamente 4%. Podría traerse a cuento una gran cantidad adicional de indicadores.

Más importante que ellos puede ser, sin embargo, comprobar cómo es considerado hoy Brasil en el concierto de las naciones, por qué es consultado y escuchado. Cada vez más integrado al comercio internacional, sus productos están en todos los mercados, mientras sus importaciones se concentran en tecnología, equipos, maquinaria y bienes de capital.No se exagera al hablar de la pujanza de sus empresas y de su presencia en la vanguardia mundial. Cumplida la meta de independencia energética, avanza en el propósito de liderazgo, no sólo como productor de petróleo y gas sino también de energías alternativas.Las inversiones de Petrobras, empresa pública con accionistas privados y presencia en la bolsa de Nueva York, crecen de año en año, tanto como sus adelantos tecnológicos.

En lo social, Brasil puede mostrar una importante reducción de la pobreza y una efectiva incorporación de la clase media al empleo productivo y a mejores condiciones de vida. El acceso al crédito ha convertido a millones de pobres en consumidores y a millones de desempleados en trabajadores formales. Junto con medidas transitorias, se ha puesto el acento en las estructurales: educación, salud, infraestructura.¿Cuáles son las razones del éxito? Si en algo están de acuerdo los analistas es en señalar la continuidad de las políticas aplicadas desde Henrique Cardoso, seguidas ­con su estilo y variantes­ por Lula y ahora por Dilma Rousseff.

La pujanza de Brasil nace de esas políticas públicas: búsqueda de la productividad, apoyo a los sectores productivos, apertura, acción coordinada de los sectores público y privado, promoción comercial, empleo digno, creación de confianza interna y externa, promoción de las inversiones. Nace de haber comprendido la necesidad de la interacción para crecer ­con los otros países, con las instituciones, con los trabajadores, con los empresarios, con el mundo científico, con los diversos grupos sociales y políticos­. Se habla del "milagro brasileño". Para la periodista española Gabriela Mayorga López se trata de un milagro con explicaciones muy concretas: una inversión consistente en investigación y desarrollo iniciada hace más 30 años y volcada hacia 2 áreas estratégicas: la producción agrícola y la energética.Brasil no ha resuelto, ni mucho menos, todos sus problemas.

Persisten graves situaciones de miseria, inseguridad, corrupción, desigualdad, 6,4% de desempleo, deficiencias de calidad en el sistema educativo, en la prestación de servicios de salud, en la disposición de una infraestructura capaz de sostener su impulso.Como señala Moisés Naím, su propio éxito se ha convertido en fuente de ansiedad. ¿Hasta dónde es sostenible? ¿Sabrá tomar las medidas adecuadas? Los fantasmas hoy son la inflación, la expansión del crédito y el crecimiento del gasto público, un déficit cercano a 2,2% del PIB ¿Cómo controlar la inflación sin frenar bruscamente el crecimiento? ¿Cómo mantener la inversión social y controlar adecuadamente el gasto? ¿Cómo seguir atrayendo inversión productiva y alejar la especulativa?

Mirar al Brasil y aprender sus lecciones de ninguna manera nos ahorra la obligación de encontrar nuestro propio diseño.Lo que sí está claro es que no será por la vía de la destrucción del aparato productivo y de las instituciones, por el camino del autoritarismo y la exclusión, por el recurso a las grandes declaraciones y promesas como forma de cubrir la incapacidad o la falta de visión.

Artículo publicado en El Nacional
Lunes 13 de junio de 2011
www.el-nacional.com
www.iesa.edu.ve

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Gustavo Roosen \\Brasil: Centro y continuidad

Brasil ha optado por el centro y por la continuidad de las políticas que le han situado como uno de los líderes de los países emergentes, políticas iniciadas hace más de una década por Fernando Henrique Cardoso, seguidas en lo básico por Lula da Silva en sus dos mandatos y acogidas como punto de acuerdo entre los candidatos en la campaña electoral que acaba de concluir.

Si con Cardoso se iniciaron reformas para institucionalizar la democracia brasileña, estabilizar su economía y abrirla a las exportaciones, con Lula se mantuvo en la práctica, no importa si con acento diferente en el discurso, una política de fomento a la inversión, de impulso a la industria petrolera, de consolidación de la presencia de Brasil en el mundo tanto por el crecimiento de las exportaciones como por una acertada inserción en la globalización. El reciente debate electoral, desviado en momentos hacia otros temas y alterado por el natural fragor de la competencia, tuvo también un amplio espacio para los acuerdos en materias fundamentales como economía, salud, educación, desarrollo agrícola, desarrollo energético y medioambiente, así como en la definición de políticas públicas que garantizaran no el continuismo sino la continuidad de lo mejor y su perfeccionamiento.

La continuidad por la que ha optado Brasil no es la de las personas, sino la de políticas; no la de la irreversibilidad o el anquilosamiento, sino la de la flexibilidad y el perfeccionamiento.La decisión electoral de Brasil y su práctica política en los últimos años reafirma su visión de centro y obedece a la búsqueda de un equilibrio realista y creador que comienza a marcar una nueva línea en nuestro continente. Las experiencias de los extremos no han dejado buen resultado.El giro hacia el centro, lejos de representar un acomodo electoral pasajero, comienza a consolidarse como una postura que se basa en la profundización de la democracia y la justicia social efectivas, la promoción del desarrollo económico y la aplicación de políticas estables con profundo acento social.

Se trata de un punto medio muy bien definido que valora las posiciones consensuales, privilegia la inclusión frente al sectarismo, propone y defiende políticas de economía mixta, combina la libre empresa responsable con una participación estatal selectiva, especialmente atenta a las áreas de conducción de la economía, la educación, la salud, la infraestructura.En el caso de Brasil, la visión centrista se manifiesta en el mantenimiento de políticas públicas dirigidas a generar empleo productivo, defender al consumidor, fomentar la exportación, atraer la inversión, promover el Estado de Derecho y la propiedad privada.

Así ha sido en lo últimos años y todo hace esperar que se mantendrán con medidas de de apoyo a la inversión, a la actividad privada, a la concertación, al aprovechamiento de las oportunidades que la globalización abre al país.La opción de Brasil por el centrismo político y un inteligente continuismo de políticas no puede ser interpretada sino como una expresión de madurez política y de sensatez económica, nacidas de una firme voluntad de acuerdo nacional estimulado por un liderazgo efectivamente orientado a la unidad del país y al logro de una visión nacional realista, exigente y estimuladora.

Es el reconocimiento de que las cosas pueden ir mejor en la medida en que puedan ser escuchadas las voces divergentes y asumido su discurso como un aporte para superar las dificultades y crecer en bienestar.La gravitación de Brasil en el continente y su accionar como potencia mundial, que ya es, irá inclinando a los demás países hacia un centrismo realista y eficiente.

Artículo de opinión
Miércoles 03 de Noviembre de 2010
www.el-nacional.com
www.iesa.edu.ve

miércoles, 25 de agosto de 2010

Gustavo Roosen\\ Proponer y comprometer

La introducción al documento "La industria y Brasil: una agenda para crecer más y mejor", formulado recientemente por la Confederación Nacional de la Industria (CNI) de ese país, tiene un dato aleccionador: desde 1998, como tradición de un diálogo instituido, el sector industrial presenta su propuesta a los candidatos a la Presidencia de la República. Es su forma de comprometerlos y de comprometerse, de expresar su opinión sobre los temas nacionales de orden económico y social, de hacer proposiciones concretas sobre ellos y de propiciar acuerdos, desde una visión incluyente y de responsabilidad compartida.

El hecho revela, entre otras cosas, una capacidad para mirar con sentido de país y con dimensión de mediano y largo plazo, la conciencia del otro, la disposición a participar unida a la de escuchar, la convicción sobre el valor del aporte de todos los sectores y sobre la exigencia de definir y aplicar políticas con la convergencia de todos los actores. La propuesta de este año, enfocada en las prioridades para el periodo 2011-2014, se concreta en el desafío de doblar la renta per cápita cada 15 años como camino para reducir la pobreza y afianzar el crecimiento.

Más allá de la meta, llama la atención el señalamiento de las medidas concretas para lograrla, basadas en los principios de crecimiento sostenible, generación de riqueza, competitividad, equilibrio macroeconómico e institucional, con reconocimiento del valor de la inversión, de la innovación, de la educación, de la seguridad jurídica, del acceso a los mercados y a la tecnología, de la estabilidad en las relaciones laborales y de la preservación del ambiente.

Los industriales brasileños proponen desarrollar las nuevas competencias exigidas por una economía innovadora, de alta productividad y competividad, ambientalmente sostenible, que avance en la modernización de las instituciones económicas y políticas y mejore la estrategia y la capacidad de ejecución del Estado. Cuando la CNI brasileña presenta su propuesta lo hace desde la convicción del papel fundamental de la industria en la dinamización de la economía, en la generación de empleo, en la aplicación de los principios de la competividad, en el diálogo con el mundo exterior, en la promoción de inversiones, en el impulso a la innovación.

Coincide así con el Informe del Desarrollo Industrial de las Naciones Unidas de 2009, que señala que los países que presentan mejores y más sostenibles ritmos de crecimiento son aquellos que tienen la industria manufacturera como su mayor fuente de dinamismo.Vistos casos como el de Brasil, no basta, desde luego, con analizar las medidas que tomaron sino también cómo llegaron a ellas, los acuerdos políticos que las hicieron posibles, los caminos por los que lograron la necesaria confluencia entre Estado y sectores productivos.La capacidad de escucha y de acuerdos entre la clase política y la empresarial explica la prosperidad de algunos países.

La exclusión de un sector, la desconfianza en la relación Estado-ciudadano, la política de silenciamiento o de aislamiento, en cambio, sólo pueden conducir al entorpecimiento, el desaliento y el fracaso.Queda todavía tarea por hacer para sustituir este clima por otro en el cual sea posible presentar proposiciones y ser escuchado, en el que proponer sea el primer paso para comprometer y comprometerse. La experiencia insiste en la necesidad de tender puentes entre el mundo político y el empresarial, entre Poder Legislativo e instituciones del sector industrial, entre autoridad y ciudadano organizado. Las propuestas son una manera de hacerlo.

Artículo publicado en El Nacional
Miércoles, 25 de agosto de 2010
www.el-nacional.com