jueves, 31 de mayo de 2012

Somos consistentes, pero para mal


(El profesor Ernesto Blanco hace un análisis sobre los patrones de consumo de la sociedad venezolana cuando se presentan necesidades a cubrir. Publicado en el diario El Universal el martes 29 de mayo)

He leído algunas opiniones que critican el triunfo de Maldonado en una carrera de Fórmula Uno española. Debo aclarar que estoy de acuerdo con la mayoría de las críticas y que, además, admiro la valentía y sinceridad de Yon Goicoechea, quien pareciera fue el primero que emitió opiniones ásperas pero certeras acerca del asunto.

Los venezolanos frecuentemente mostramos patrones de consumo irracionales. No es extraño observar a personas de escasos recursos económicos ataviados con la llamada "ropa de marca" o haciendo gala de costosos teléfonos celulares. Muchos dirán que ellos también tienen derecho, respuesta por demás muy simple para un evento complejo, pues no son sólo estas personas las que muestran estos comportamientos. En estratos con mayor ingreso monetario observaremos lo mismo ¿Cuántas veces hemos visto a personas de estos estratos con carros de último modelo?

Si hurgamos un poco veremos patrones de consumo repetitivos en la mayoría de nuestros estratos sociales. No se da prioridad a lo que Maslow, en los años cuarenta, llamó necesidades básicas: alimentación, vivienda, salud y educación. Antes de cubrirlas, pasamos a satisfacer necesidades que pensamos nos darán imagen y que, por lo tanto, nos harán mejores que otras personas. Somos víctimas felices (o no) de la llamada sociedad de consumo, que nos impone, mediante la creación de necesidades inexistentes, lo que debemos comprar para distinguirnos, ser superiores a no sé quién y, sobre todo, felices. Esta última razón, probablemente es la que nos alucina y, al mismo tiempo, nos crea mayor frustración.

No utilizaré argumentos trillados, tales como que el dinero y los bienes materiales no traen felicidad ¡tonterías! Son necesarios para vivir y sí aumentan la calidad de vida. El punto es que deberíamos priorizar nuestros gastos, "arroparnos hasta donde nos alcanza la cobija" ¿Cómo podemos pensar en adquirir lujosos automóviles, si aún no tenemos vivienda?, ¿cómo podemos adquirir artefactos innecesarios, si no tenemos asegurada nuestra salud?, ¿cómo podemos comprar a nuestros hijos costosos juguetes, si no podemos enviarlos a un buen colegio?

Lo anterior es consistente con tener un piloto de Fórmula Uno. Igual que la sociedad a quien gobierna, nuestras autoridades parecen tener problemas para priorizar los gastos. No tenemos dinero para las prestaciones sociales de los empleados del sector público y, a veces, tampoco para algunas de sus nóminas. No tenemos dinero para dotar hospitales o para cárceles decentes o un sistema de educación bien remunerado. Tampoco tenemos para el gasto universitario, ni para un sistema de justicia competente. Sin embargo, sí tenemos dinero (y mucho) para financiar a la Escudería Williams con unos 70 millones de dólares para tener un campeón en una de las competencias del automovilismo mundial. De lo anterior sólo puedo concluir que somos muy consistentes a la hora de priorizar las necesidades a cubrir, aunque esto no es algo de lo que debemos enorgullecernos.

eabm@cantv.net