jueves, 11 de febrero de 2010

Gustavo Roosen\\ Optar por lo mejor

Progresar, debería ser la aspiración de cada persona y de cada pueblo. No siempre es así. Hay momentos en los que las sociedades se contentan con no retroceder, amortiguar la caída, capear el temporal.
En materia de elecciones, se da el caso, a veces, de decidir seleccionando lo menos malo o ajustarse al "más vale malo conocido que bueno por conocer". Pero también hay ocasiones en que un electorado se inclina por la oportunidad ideal: no desecha lo viejo pero opta por lo mejor.

Así es como muchos analistas explican la elección de Sebastián Piñera en Chile. No es el castigo al gobierno anterior, puesto de Michelle Bachelet deja el poder con un alto nivel de aprobación. No el resultado de la desesperación, de la necesidad de buscar un redentor. Tampoco el salto al vacío, el reclamo de cambio radical.

Es, por el contrario, la reiteración de que se va bien pero, al mismo tiempo, la decisión de ir a mejor, de perfeccionar. Se cree en la perfectibilidad de la democracia y se apuesta por ella. Una desapasionada lectura de los resultados electorales diría que los chilenos han optado por profundizar un esquema que ha probado su capacidad para producir buenos resultados, un modelo basado en la apertura, la competitividad, la eficiencia, la atención a la calidad de vida de la gente.

Diría también que ven el éxito y la excelencia como valores.
Por oposición a culturas en las que el éxito es castigado o donde la excelencia es denigrada o puesta en entredicho, Chile avala el éxito y convoca al país a metas de excelencia.

En consonancia con esa voluntad nacional, el nuevo Presidente ha anunciado los criterios para la selección de sus colaboradores: los mejores, no importa de dónde vengan ni en qué partido militen, los que hayan demostrado las mejores capacidades en su respectivo campo o especialidad, del sector público o del privado, de la empresa o de la academia, de la política o de las organizaciones ciudadanas.

Cuando la escogencia de colaboradores no se hace en función de lealtades ni acosado por la soledad del poder se puede contar con gente capaz, con mucho que aportar y con independencia para actuar. No así cuando lo que se busca son lealtades ciegas y silenciosas, en cuyo caso sólo queda el recurso al reciclaje de los incondicionales. Si la formación de equipo con los mejores pone a prueba el propio liderazgo, que se expresa en capacidad de dirección, respeto a la autoridad de los colaboradores, aprovechamiento de su talento, la selección de los simplemente leales alimenta el autoritarismo, la sumisión y la mediocridad. La desconfianza en los mejores nunca ha servido para resolver exitosamente los problemas. Hoy, en Venezuela, es la crisis eléctrica. Qué diferente sería si en lugar de desplazar a quienes tenían el conocimiento, la capacidad y la experiencia se hubiera contado con ellos. En su momento fue el "Curro" Aguerrevere, hoy son otros: los técnicos venezolanos cuyo criterio es desoído.

No es extemporáneo recordar a Francisco "Curro" Aguerrevere, un gerente exitoso en el sector eléctrico, ejemplo de integridad personal, de saber hacer, de profesionalismo, de capacidad para dirigir y vincularse positivamente con la base trabajadora. Su paso por Edelca y por la Electricidad de Caracas probó su condición de gerente público y privado eficiente y comprometido. Sus recomendaciones no fueron escuchadas. Se optó por el debilitamiento del sector privado. La decisión de concentrar en el Estado las operaciones del sector eléctrico, desvalorizando el aporte de quienes tenían la capacidad para vitalizarlo, tiene ahora sus consecuencias. La advertencia hecha en 1996 por el Comité de Profesionales de Edelca se ve fatalmente cumplida.

¿Optamos por lo mejor? Por este camino, no.

Artículo de opinión
El Nacional, 10 de febrero de 2010
www.el-nacional.com.ve

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